La UCR y la política exterior. Análisis de cien años del discurso radical

 

 

5. El discurso de Arturo Illía sobre política exterior (1963-1966)

 

Don Arturo Illía asume la presidencia el 12 de octubre de 1963 tras una elección en donde las tres fuerzas políticas con mayor caudal electoral sacaron los siguientes resultados UCRP un 25%, la UCRI un 16% y UDELPA un 7.3%. Ante la proscripción del peronismo existieron una gran cantidad de votos en blanco -un 20 %-, aunque fue menor que en la anterior elección presidencial, pero con una definición contundente en el Colegio Electoral, de 270 contra 194 votos de otros candidatos.

Para este capítulo contamos por un lado, con la escasa bibliografía específica sobre el gobierno de Illía y los textos generales del período1; por otro, hemos agrupado en un corpus, a los mensajes de Illía al H. Congreso de la Nación en 1963, 1964, 1965 y 19662.

Encontraremos el puctum, según la formula barthesiana, de sus mensajes cuando define que "La democracia necesita perfeccionamiento; pero, que quede bien establecido, perfeccionamiento no es sustitución totalitaria. " (1963, 66)

El juego de estos dos elementos -democracia y totalitarismo-, marca el fracaso de la cultura política argentina precedente que se instaurara desde los albores de la Nación en 1880, y que a pesar de los esfuerzos realizados desde 1890, se agravó a partir de 1930 por la impronta totalitaria y las soluciones frágiles que la precedieron, concluyeron en que:

... después de la restauración conservadora de 1930, 1955 señalaba el retorno de los partidos democráticos víctimas del peronismo; 1962 la revancha de los radicales derrotados en las elecciones de 1958 por Frondizi y, en justa compensación, 1966 mostraba a los frondizistas complotando para derrocar el gobierno de la UCRP3

Esta crisis es parte de otra más global que es la crisis de la democracia liberal decimonónica, tan denunciada por Husserl, quien concluye en declarar el fracaso del proyecto europeo de convivencia y la necesidad de buscar nuevas alternativas desde otras experiencias4

Para Illía, el establecimiento "del estado de derecho no <es> solamente formal, sino sustancial"(1966,8). En esta definición creemos observar una prefiguración de lo que Claude Lefort ha denominado l'inventión democrátique:

El estado derecho siempre trajo la posibilidad de una oposición al poder, fundada en el derecho. Pero el Estado democrático excede los límites tradicionalmente asignados al Estado de derecho poniendo a prueba los derechos que no le son incorporados, es el teatro de una contestación, en donde el objetivo no se reduce a la conservación de un pacto tácitamente establecido, sino que se forma después de juegos en los que el poder no se puede enteramente matrizar. De la legitimación de la huelga o de los sindicatos, al derecho relativo al trabajo, a la seguridad social, así se desarrolla sobre la base de los derechos del hombre toda una historia que transfiere las fronteras en la cuales el Estado pretendería definirse, una historia que está abierta.5

Sin lugar a dudas, este concepto de invención en la democracia tiene necesariamente una estrecha vinculación, aunque no tenga un mismo origen, con el término "reparación" -palabra utilizada con frecuencia en el léxico radical y del cual Illía no es la excepción-. Illía era consciente de esto cuando indicó que "el concepto social de la democracia no es nuevo, ni es sólo nuestro, se nutre en la filosofía social contemporánea" (1963,67). Avanzando sobre éste señaló:

Nuestra democracia como forma de vida, no podrá lograrse a no ser que estemos resueltos a aceptar modificaciones sustanciales en las actuales estructuras económico-sociales de nuestro país, que devuelvan al pueblo la fe en sus instituciones y gobernantes. (1963, 66)

Esta definición ubica una tensión entre la libertad y la propiedad que es señalada por Halperin Donghi, cuando al inicio de la democratización del "Régimen" se logra una frágil solución política entre la conservación de las clases propietarias y las exigencias de democratización6. Esta contradicción de la democracia se trasluce en mucha de la más reciente bibliografía política de todo el mundo7.

Pero volviendo al discurso de Illía, ¿cuáles son las fuentes en que se basa? Unas son explícitas como Hipólito Yrigoyen, Crisólogo Larralde, John Kennedy, Juan XXIII, Alfredo Palacios, Sarmiento y Alberdi, y la documentación partidaria como la Profesión de Fe Doctrinaria. Pero existen algunas implícitas -que creemos legitiman a las explícitas-, como lo es el krausismo. Esta adhesión implícita, fue prolijamente ocultada durante años, tal como señala Alvarez Guerrero:

En un par de páginas solamente, Manuel Gálvez cuenta, en su libro, algo de lo que era Krause y el krausismo español. Y eso era todo lo que sabíamos sobre el krausismo radical; las dos paginas de Manuel Gálvez, que después recogió el otro biógrafo de Yrigoyen, Félix Luna8

La bibliografía sobre el krausismo fue incrementándose a partir de los años 80 -un fenómeno que habría que investigar más detenidamente- en los trabajos de Alfonsín, Passalacqua y Alvarez Guerrero, entre otros9.

Pero, ¿qué relación tiene Illía con el krausismo? Volvemos sobre el planteo inicial, cuando Alvarez Guerrero asevera que "don Arturo era un auténtico y convencido krausista, quizás el último al estilo del siglo XIX"10. Su cultura sobre este tema era amplia ya que:

Don Arturo Illía sí había leido ya el libro de Roig <Los Krausistas Argentinos>, que es el primer estudio profundo sobre los krausistas argentinos. Fue Illía quien me dijo dónde podía encontrar ese libro, que era y sigue siendo prácticamente inhallable.11

Una vez aclarada esta cuestión, queremos pasar a puntualizar las ideas y las palabras del radicalismo de entonces y de Arturo Illía. El:

... Creía optimistamente en la "armonía universal", en la racionalidad de las cosas, que por sí solas, como en un gran reloj, se iban a arreglar y funcionar armoniosamente, en la medida que tomáramos conductas y asumiéramos compromisos de acción política, que nada tenían que ver sin embargo, con la "propaganda política"12

En la anterior afirmación tenemos varias definiciones interesantes para desarrollar, por un lado la adhesión al krausismo, en segundo lugar, la positividad ("optimismo", "el gran reloj") y finalmente la conducta asumida por la acción política.

La positividad destacada por Alvarez Guerrero en Illía, la hemos podido comprobar en muchísimas oportunidades, como por ejemplo, cuando dice: "el pasado no puede dividir a los argentinos, del mismo momento que no puede regresar"(1965, 29) o "la posibilitad y mantenimiento de un proceso continuo de crecimiento económico"(1963, 68). Incluso, el "gran reloj" está dentro de esta presencia racionalista decimonónica. Estas ideas son típicas del pensamiento racionalista decimonónico -ó para decirlo más precisamente del pensamiento maduro moderno-, y las encontramos presentes en todo el discurso de Illía, como, por ejemplo, la idea de progreso hacia el futuro, de allí su "optimismo".

Sobre política exterior son importantes dos expresiones realizadas por Illía, la primera "Para universalizar la paz hay que universalizar el progreso y el bienestar" (1963, 72); y la segunda"Fiel a la visión universalista, unitiva y cristiana creemos que no hay ni habrá más que solo un mundo" (1964, 12).

Ambos juicios nos parecen de por sí muy significativos, ambos destilan un krausismo clásico, expresado en El Ideal de la Humanidad, en donde se establece la necesidad de una convivencia armónica entre las naciones que algunos cultores de la derecha reaccionaria no dudan en calificar de delirante13

En el primer juicio observamos alguna influencia kennedyana, basada en la tradición universalista de los demócratas norteamericanos, expresada por los famosos catorce puntos de Wilson a fines de la Gran Guerra, de profunda inspiración kantiana14. Krause desarrolla su idea de humanidad basándose en textos de Kant, por eso no es casual esta coincidencia.

En el segundo, existe un elemento novedoso -que a muchos autores cultores del krausismo los ha escandalizado, la posible vertiente social-cristiana del radicalismo, que crea confusión ha quiénes han ubicado al krausismo como generador de una "socialdemocracia rioplatense"15. Esta adhesión no resulta extraña, por la característica teosófica que tuvo el pensamiento de Krause, y debido a que las citas provienen de sectores sumamente progresistas dentro de la Iglesia vaticana, como lo fue el Papa Juan XXIII16.

Por último, también se pone de manifiesto la percepción de un mundo que ha entrado en una era planetaria y que puso en crisis el proceso de europeización del mundo iniciado hacia el siglo XV17.

Illía define su gestión como realista al señalar que "Nos interesa, como auténtica expresión del realismo, que la República recupere su propia conducción. "(1966, 18/9) La base del desarrollo de toda política, según esta concepción, se sustenta en su propia legitimidad, aspecto que tiene larga data en el discurso radical pero que además evoluciona hacia otros aspectos que lo alejan del idealismo de principios de siglo.

Volviemos aquí a la terminología krausiano-yrigoyenista de que tras la "reparación" la nación se gobierna a si misma. Para él, el realismo y su política es definida del siguiente modo:

No es realismo tomar ubicación con oportunismo sobre hechos imprevistos o naturales, y pensar que las conclusiones inexprimentadas deben ser ley y que los gobernantes tienen la obligación de aparecer histriónicamente al frente de los sucesos. (1966, 18)

En toda esta definición de realismo encontramos algunas peculiaridades. Nos parece importante hacer una comparación con Maquiavelo como pensador realista para observar si existe tal situación. Este pensador afirma con respecto al oportunismo "ser impetuoso y no cauto, porque la fortuna es mujer y se hace preciso... golpearla y zaherirla. "18 Las divergencias como vemos son importantes, Illía sostiene la prudencia como valor, mientras que Maquiavelo no. La definición de Illía ayuda a comprender los motivos de su renuencia a ser protagonista y a la acción política de la propaganda. En 1964 precisa esta concepción acercándose al paradigma por nosotros sugerido cuando señala que:

El arte de gobernar exige del gobernante prudencia y sabiduría. Conscientes de nuestras propias limitaciones, hemos tratado de dotar a nuestros actos decisorios de ambas cualidades... Los argentinos tenemos que acostumbrarnos a sobrellevar nuestros problemas, a clasificarlos conforme el grado de sus urgencias y a establecer escalas de valores para la solución racional y realista.

Debemos retornar a la razón. Ella no es el patrimonio de falsas ideologías, ni muchas veces es común hallarla en la defensa de ciertos intereses particulares, cuando éstos están alejados del interés de la Nación. (1964, 20)

Como vimos, la prudencia parece que no es un valor apreciado por el realismo, pero sí la sabiduría, el saber, que reconoce Illía en este párrafo. Para Maquiavelo "quien en un principado no descubre males sino una vez nacidos no es verdaderamente sabio"19 Hasta aquí podemos observar una brecha importante entre el pensamiento de Maquiavelo y la palabra de Illía aunque para ambos el saber tiene un valor, como dice el florentino:

... Esta debe ser la conducta de un príncipe prudente: no permanecer inactivo durante los tiempos de paz, sino, por el contrario, hacer acopio de conocimientos para valerse de ellos en la adversidad, a fin de que, si la fortuna cambia, lo halle dispuesto para resistirle.20

Parecería que en Maquiavelo existiera una contradicción pero no es así. Mientras que en el autor florentino la prudencia está sólo en la previsión de los problemas a través del conocimiento y no en la acción, en Illía la prudencia tiene valor como saber, en el mismo sentido que aquél aunque ésta se traslada también a la acción.

Para entrar en tema creemos necesario plantear primero lo señalado en la plataforma, y luego lo dicho en el discurso inaugural para poder definir la agenda. Y posteriormente hacer un seguimiento discursivo sobre política exterior.

En la introducción de la Plataforma partidaria sancionada para la elección de Illía por la Convención Nacional, se señala:

Inspirar una política internacional con sentido americanista que permita la participación fraternal del país en la tarea de construir un mundo libre democrático, exento del temor, de la ignorancia y de la necesidad.21

Dos son las ideas fuerza que están presentes: una, el sentido "americanista" de la política exterior; y la otra, la tarea "de construir un mundo libre y democrático".

La primera de ella tiene una larga data en las plataformas y los gobiernos de la UCR, es decir una amplia apertura hacia los países de América Latina fundamentalmente.

Con respecto a la segunda, si bien reconoce una tradición profunda en la UCR -e incluso demarcada por la influencia krausista-, debe ser interpretada también en el marco de la Guerra Fría como una adhesión a los valores de Occidente.

Estos dos aspectos, son explicitados cuando el Presidente marca su política exterior:

Debemos tener en cuenta que la paz ya no consiste sólo en el equilibrio de poder de las grandes potencias, sino también en dar a la naciones sin desarrollo las oportunidades y los medios para hacer desaparecer la tremenda humillación de su desigualdad y de la miseria en que viven sus habitantes. Para universalizar la paz hay que universalizar el progreso y el bienestar. (1963,72)

Illía, fiel al idealismo, rescata a la paz como principal valor en las relaciones entre los pueblos, pero ésta tiene un valor político y económico a la vez. Por el lado político, el equilibrio entre las Grandes Potencias es una preocupación permanente en la Guerra Fría, pero además es necesario un equilibrio económico entre los países pobres y ricos -cosa novedosa en el discurso radical-. En este punto es donde se delinea el interés nacional, basado en el necesidad de un desarrollo económico para las naciones del sur.

La relación política de la Argentina con el resto del mundo sigue este lineamiento:

No habrá para nosotros, países grandes que debamos seguir ni paises chicos que debamos dirigir. Habrá solamente pueblos y seres humanos igualmente respetables, a cada uno de los cuales ofrecemos una amistad sin prevenciones. (1963,72)

En este punto existe un presupuesto idealista, al no reconocer las relaciones de poder y manejarse como si no existieran, pero creemos necesario ver como evoluciona esta apreciación.

Los presupuestos realistas están presentes a la hora de definir un rol económico a la Cancillería, ya que esta pondrá "las estructuras de nuestra representación exterior al servicio de la ampliación constante de nuestros mercados. " Las relaciones comerciales no excluirán a "ningún país que ofrezca condiciones ventajosas de intercambio, sin perjuicio del esfuerzo que debe dedicarse a nuestros mercados tradicionales"(1963, 70). Lo resaltado aquí son los ejes de la política de desarrollo, sin lugar a dudas un presupuesto realista, en donde la Argentina debe aprovechar los mercados ya existentes y la ampliación hacia otros.

Existe en este marco una prioridad asignada a la región, ya que señaló:

... impulsaremos decididamente la integración del mercado latinoamericano, para lo cual es fundamental propender a un mayor grado de complementación regional a través de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio. (1963, 70)

Esto está en concordancia con las declaraciones políticas hechas sobre la región, además del hecho de la "aparición de importantes mercados potenciales en el mundo afroasiático que han de ser debidamente consideradas en el futuro. "(1963, 70)

La política hacia América Latina está signada también por una prioridad:

América no puede ser únicamente una nomenclatura geográfica, sino que tiene que ser una unidad activa orientada y orientadora, complementaria de un orden universal... Pero frente al problema de América Latina como existencia y crecimiento la Organización <la OEA> sufre la heterogeneidad de su composición. En efecto, en ella se han reunido dos mundos... Un mundo tiene la lógica preocupación de su defensa; el otro tiene la perentoria necesidad de su crecimiento. (1963,72)

La importancia económica y política de la región marca la prioridad dada a la misma. Este es un rasgo realista, ya que potencia el objetivo fijado para el interés nacional, ratificando esta política con el apoyo a la Alianza para el Progreso y creer "con profunda fe" en sus fines. (1963,72)

La política territorial ocupa un lugar importante ya que entre otras consideraciones dice que:

Pacífica, pero incansablemente, seguiremos procurando la integración del territorio patrio. Queremos que la geografía nacional sea efectiva en Malvinas y en la Antártida Argentina.

La soberanía nacional tiene que quedar afirmada como un imperativo irrenunciable. (1963,72)

La reivindicación sobre las Islas Malvinas aparece como propuesta desde la plataforma de 1957, y ratificada en la de esta gestión, es un dato de fuerte inspiración en una política de poder, ya que denota la intención de revertir la política de debilidad territorial22.

Podemos puntualizar tres temas sobre los cuales se desarrolla la política exterior del gobierno radical de Arturo Illía: el primero es: construir un mundo libre y democrático, basado en una política para la paz que se divide en un aspecto político, dentro de un marco general de acción, y otro, económico como la búsqueda de una mejor inserción en el marco de países pobres y ricos; el segundo es una política americanista en el marco de la organización regional; y el último una política territorial atenta al problema de las Islas Malvinas.

Como evaluación preliminar podemos decir que es una política con una fuerte presencia regional, como lo hemos resaltado en los discursos anteriores, sirviendo de base para una proyección multilateral que aumenta los márgenes de autonomía.

Pero a pesar de lo adecuado de los temas, esta política se encontró condicionada por:

... la extrema complejidad de algunas de las situaciones a que debió hacer frente en un contexto regional cada vez menos propicio en razón a la intensificación de las turbulencias revolucionarias y el progresivo endurecimiento de las posturas estadounidenses...23

En su primer mensaje definirá que su accionar en política exterior "no está sometida a ningún calculo, sino que está decidida exclusivamente por una convivencia universal donde nadie puede pasar inadvertido. " (1964,11) En esta afirmación aparece claramente un rechazo a la política de inspiración realista, ya que se rechaza la especulación y se prioriza la convivencia universal que es un principio idealista.

Sin lugar a dudas la categorización de esta política, ya sea como realista o como idealista, posee muchas dificultades, prueba de ello es la posición de Miranda cuando señala que "las posturas del gobierno de Illía, basadas en el multipolarismo político y económico, representaron un idealismo mucho más cercano a la realidad de lo que sucedía en el mundo..."24

Voviendo a lo señalado con respecto a la acción general del gobierno para nuestro caso específico sigue en esa misma dirección:

... con un sentido realista de las circunstancias y previsor de las perspectivas. Sin descuidar lo regional ni lo tradicional, no ha dejado de ubicarse en el vasto mundo contemporáneo sin incurrir en ninguna exclusión, pero cuidando las afinidades. (1966,16/7)

Es decir, el realismo para Illía es evaluar el marco internacional circundante para poder determinar política en la coyuntura y en el largo plazo, sin dejar de lado "lo tradicional", es decir algunas de las tendencias profundas de nuestra política exterior25 aunque priorizando la región. En una primera instancia no se hacen exclusiones, suponemos que se refiere a las fronteras ideológicas pero aclara "cuidando las afinidades" pudiendo tener esto por lo menos dos lecturas. Una es la afinidad regional, que es de la que se viene hablando, pero tampoco se nos escapa una segunda de fuerte contenido político, sobre todo por la presión norteamericana.

Más allá de las perplejidades de la categorización, Illía considera que su política es, como buen krausista:

... una manifestación permanente e integral de la Nación misma. Hemos cuidado de no manejarla con un pensamiento de partido... Y hemos llamado para construir y conducir la política exterior -nacional, única y permanente- a distintas corrientes del pensamiento ciudadano. (1964, 11)

En 1964 se sostiene que los marcos políticos y económicos de la gestión para la construcción de un mundo libre y democrático son:

Mejorarlo procurando la paz entre las naciones, la igualdad entre los pueblos, el respeto de sus soberanías, el reconocimiento de los derechos humanos, la institucionalización universal de la libertad, la plena vigencia de los derechos sociales y la mejor distribución de los ingresos internacionales. (1964, 12)

La búsqueda de la paz es sentenciada contundentemente por Illía cuando dijo "Estamos dispuestos a contribuir para la eliminación de todo tipo de guerra atómica convencional o revolucionaria. " (1965, 11) Muestra de ello, es la importante participación en los distintos foros multilaterales sobre este tipo de cuestiones26.

El punto de vista económico de la paz, es decir el principio de seguridad económica para desarrollar a las naciones del sur, ocupa un lugar muy destacado en el discurso -ya sea por la descripción de la acción en los foros intenacionales o con respecto al diagnóstico y propuesta a seguir. Reiteradas veces en los discursos se sostendrá que:

... el desarrollo y aun la seguridad económica de nuestros países, requeriría no solo una política bilateral adecuada, sino principalmente, una política multilateral del comercio exterior. Evidentemente, no puede haber desarrollo ni seguridad económica si no hay mercados estables con receptividad creciente que posibilite correlativamente el aumento de nuestra producción. (1966, 13)

Un elemento importante de esta política multilateral es la firma del Acta de Alta Gracia, como exigencia de los países del sur del continente que pretenden "una rectificación en el nivel de los países dominantes del comercio internacional" y no "una ayuda exterior"27. Esta es la expresión donde nuestro país mostró junto con otros de la región que su "pensamiento y la acción" era de:

... singular coincidencia con el resto de América Latina. Esa identidad de principios, que consiguiéramos plasmar en el Acta de Alta Gracia, sirvió de ejemplo en el ulterior proceso de alineamiento de actitudes de lo que fue definido como el mundo en desarrollo, y que con unidad y fuerza surgiera de la conferencia de Ginebra. (1965, 25)

Existe una crítica a la política comercial de los países desarrollados en general, en todos los mensajes, que podemos ejemplificar con el siguiente párrafo:

Argentina mantiene y mantendrá... . una predica y una acción continuada en contra de las exageradas políticas proteccionistas de los grandes países industrializados en el campo agrícola, que atentan contra nuestro legítimo derecho de participar en condiciones competitivas en los mercados mundiales. (1965, 24)

Los problemas del comercio internacional plantean un serio desafío a la política de desarrollo económico. Existen, por lo menos dos serios obstáculos: uno con EEUU -única vez que es mencionado explícitamente en los mensajes- y el Mercado Común Europeo. Ambos merecen un tratamiento bilateral pero además la acción multilateral en la Ronda Kennedy del GATT.

La diversificación es visualizada como opción, tanto de productos como de mercados y es señalada constantemente. Desde el punto de vista de los productos "la Argentina ha iniciado el proceso de incorporar a su comercio de exportación, productos industrializados en proporción cada vez mayor. (1965, 25)

Para los mercados no se reconocen fronteras ideológicas, en tanto negocios,

... ningún distanciamiento ideológico impedirá una buena negociación para el país, pero aclaramos que ni la mejor negociación apartará al país de su línea política internacional. (1965, 24)

La búsqueda del mercado asiático es señalada nuevamente, basándose en el hecho de que "los pueblos de Asia":

... en su mayoría tienen como primer problema la falta de alimentos, que la Argentina pude comprometerse a ser fuerte abastecedora en gran medida de las necesidad asiáticas si podemos establecer compromisos recíprocos de largo alcance. (1966, 14)

Este análisis se basa en una estrategia que tiene dos puntos neurálgicos: el primero "la necesidad de expandir al máximo las exportaciones argentinas como fuerza dinámica e impulsora para un crecimiento económico sostenido"; el segundo "la defensa de los precios de nuestros productos básicos de exportación. " (1965, 24)

Dentro de esta estrategia de comercio exterior y desarrollo, la región ocupa un lugar privilegiado. Por ello es necesario aprovechar "la diversidad de los recursos, la continuidad geográfica y la histórica amistad de nuestros pueblos, buscamos la integración económica y la complementación industrial. "(1965, 25)

Esta tiene dos caminos: uno el bilateral con acuerdos de complementación económica como los seguidos con Chile, Brasil y Bolivia; el otro multilateral en el marco de la ALALC. Considerada como un:

... instrumento básico abierto al ingreso de otros paises de América latina <con el cual> se puede lograr un sistema económico regional de trascendentes beneficios para nuestras economías y un fuerte poder de negociación económica en el orden internacional. (1965, 25)

La decripción de la acción y la percepción nos abre las puertas para el otro tema relevante que también ocupa un lugar destacado en el discurso analizado, que es la política americanista de este gobierno.

Se continúa bregando para hacer de América Latina una "fuerza internacional de cada uno de nuestro países y el ámbito natural para el desarrollo de nuestras economías. (1964, 12) Aunque aclara que su política no busca hegemonías ya que "ha terminado la época de la competencia interamericana", (1964, 12) ofreciendo a nuestro país para "contribuir a la solución de los problemas de nuestros hermanos, se ha puesto a disposición de ellos" (1964, 12)

En 1964 se indica la necesidad de mejorar la OEA:

... proyectando la realización de asambleas anuales... Propusimos la creación de la Oficina Americana de Trabajo que... aproxime a nuestro pueblos americanos a través de sus trabajadores y empresarios, uniforme la legislación laboral y facilite la complementación económica a cargo de la ALALC. (1964, 12)

Al año siguiente se continúa en esta línea señalando que este organismo es un "instrumento regional indispensable; contribuiremos al mejoramiento de sus mecanismos con iniciativas recomendadas por la experiencia. "(1965, 10)

En su último mensaje al Parlamento, sostiene que a pesar de las críticas es necesario reformar el Organismo para que se convierta en un mecanismo útil a la región.

En este marco institucional, un análisis particular merece la posición del gobierno frente al principio de no intervención ante el caso de Santo Domingo. Ya hemos señalado, como en 1964 existía la predisposición para solucionar los problemas de los países americanos. En el siguiente mensaje señala al respecto que:

Hemos dado nuestro apoyo a la aplicación del contrato americano de asistencia recíproca, pero pensamos que si la asistencia merece darse en todos los casos de agresión o amenaza de agresión, también debe darse para corregir los males económicos y sociales que afligen a nuestros pueblos. (1965, 10)

Por ello, se reivindica la fórmula presentada en la IX Reunión de Consulta -por el caso venezolano-, en donde al derecho de no intervención se lo ha dotado de "un eficiente mecanismo defensivo" al considerar el "ataque armado... <a> los casos de agresión subversiva. " (1965,11) Esta posición se relaciona con el hecho de que Illía evalúa "la existencia de un factor provocador permanente de la guerra... Es que... disfrazado de revolución o de mera actividad política... es políticamente subversivo. " (1965, 11)

Porque:

... la intervención que debemos impedir no solo está en los hechos evidentes, sino también en los hechos ocultos o causantes, juzgará nuestro representante ante la Organización de Estados Americanos los dolorosos sucesos en Santo Domingo. Señalará la responsabilidad correspondiente, sea quien fuere, a quien deba atribuirla y hacer todos los esfuerzos para la paz entre los hermanos dominicanos y en defensa de sus derechos a darse las instituciones, los sistemas y los gobernantes que libremente elijan. (1965, 11)

En el mensaje del año 1966 dirá que se ha "afirmado y defendido" el principio de no intervención pero que es necesario:

... que si queremos defenderlo con eficiencia, sobre todo con sinceridad, debemos tener en cuenta las diversas técnicas que han modificado las formas conocidas de la agresión convencional. (1966, 17)

La bibliografía en esta percepción muestra variantes, la mayoría28 se inclina a pensar que es producto del escaso margen de maniobra que la realidad regional estaba dando, aunque también están quienes sostienen que era producto de un "replanteo de la noción de soberanía como concepto político"29. Nos parece que ambos factores influyen y hay que tenerlas en cuenta en el análisis, no excluyendo a ninguno.

Dentro de este marco multilateral, pero fuera de la OEA, en 1966 se rescata la posibilidad de generar los Acuerdos de la Cuenca del Plata, al cual se invitó a Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay:

... para estudiar el aprovechamiento de los recursos naturales y la posibilidad de obras que puedan asegurar la navegación, liberar a los pueblos de las inundaciones y recuperar el aprovechamiento de miles de hectáreas actualmente inmovilizadas. (1966, 17)

Desde el punto de vista bilateral, Chile es el que ocupa el mayor lugar entre los vecinos, ya que es mencionado en todos los mensajes, luego siguen Uruguay, Paraguay y Bolivia (en 1965 y 66) y el Brasil sólo en 1966.

La política hacia los vecinos tiene como objetivo la complentación económica y la solución de los problemas de límites por medios pacíficos, en cierta manera forman parte del tercer nudo temático de la gestión de Illía, el de la política territorial.

El aspecto más relevante con referencia a este aspecto es el conflicto por Malvinas. En 1964 se señala que se han "actualizado" los reclamos sobre Malvinas al tomar las "precauciones para que la recuperación de ese territorio argentino no se frustre mediante una forzada independencia, que jamás reconoceremos. (1964, 11)

Al año siguiente se señala que la internacionalización de la disputa con Gran Bretaña fue posible:

... gracias a la justicia de nuestra causa, al respeto de los pueblos hermanos, al esfuerzo universal de nuestra defensa y al mérito de los antecedentes históricos y jurídicos han servido para formularle... Por primera vez, el Reino Unido, al expresar los fundamentos de su actitud, pone de manifiesto la injusticia de su causa y las razones morales y jurídicas para una pronta rectificación. (1965, 11)

Para finalizar, en el año 1966 señala que el proceso abierto es posible "como fuimos escuchados con aprobación por 97 países del mundo, alcanzaremos finalmente la anhelada satisfacción de recuperar esa parte de nuestro territorio nacional. " (1966, 17/8)

La sanción por parte de la Asamblea General de la ONU de la Resolución 2065/64, fue un acto de perspicacia política al tener una correcta lectura de la realidad internacional y un sentido de la oportunidad que dan muestra de un pragmatismo muy significativo.

El abrupto corte de esta experiencia constitucional impidió que los planteos desarrollados tuviesen sus frutos, muchos fueron simplemente abortados, aunque queremos remarcar sus características más sobresalientes.

La primera es la búsqueda del principio de seguridad económica que se plasmó en un documento, la Carta de Alta Gracia, que será guía para los gobiernos democráticos siguientes (o por lo menos el gobierno justicialista de 1973 y el radical de 1983).

La búsqueda de la integración con los paises vecinos, tanto en el marco bilateral como multilateral, para aumentar los márgenes de autonomía, como lo señala Puig30.

Desde el punto de vista económico cumplió las obligaciones del país sin endeudamiento, dejó saldos positivos en la balanza de pagos, incremento de las exportaciones industriales, etc.31

Pero su obra más trascendente fue haber abierto un diálogo con Inglaterra respecto a la soberanía de las islas Malvinas, producto de ese idealismo con tanto arraigo en la realidad y que fue desaprovechado por el gobierno militar de Onganía, tan afecto a la geopolítica y a la doctrina de la seguridad nacional, tal vez, como señala Miranda, toda una paradoja.32

Todos estos puntos tienen una fuerte presencia de elementos realistas basados en una definición del interés nacional, pero lo curioso es que no se abandona un marco conceptual plagado de elementos idealistas.

A pesar de haber realizado una política exterior con tales características, su debilidad interna permitió que todos los factores de poder (militares, entidades empresariales y sindicales, los medios de comunicación, etc.) conspiraran contra el gobierno de Illía, y que éstos trabajaron para su derrocamiento que se concretó finalmente el 28 de junio de 1966.