Segundas Jornadas de Medio Oriente

 

Crisis y continuidad de un Proceso de Paz :Una necesaria Generalización

 

Lucas Domingo Hernandez Polledo * 

 

Introducción

El exhaustivo tratamiento de lo singular en detrimento de lo general, ha impedido la comprensión de los sucesivas reflujos en el actual proceso de paz árabe-israelí en general y palestino-israelí en lo particular, percibiéndose las denominadas crisis única y exclusivamente como factura de la decadencia, y no como resultados lógicos de las regularidades propias de los diferentes fenómenos y procesos, que en Medio Oriente se complejizan por las peculiaridades de la región.

Si bien, el abordar lo singular permite conocer en detalle algunos de las momentos más significativos que caracterizan las reiteradas crisis en el proceso de paz en curso, también es cierto que la estrechez en el análisis y el distanciamiento analítico, no han hecho mucho más que realizar aproximaciones sucesivas, en gran medida coyunturales, lo que ha impedido la capacidad de evaluar el fenómeno de forma más integral.

De modo que se hace necesario comenzar a incorporar un sistema de argumentos, lo más rigurosamente posible, que nos permita organizar, sistematizar, y explicar los innumerables hechos y acontecimientos políticos que vive hoy la región, a fin de impedir, que la palabra crisis se imponga única y exclusivamente como categoría interpretativa, deviniendo en culpable de todo.

De lo que se trata es de presentar con un relativo grado de interpretación la utilización del siempre necesario aparato conceptual, que nos permita entender de manera general que lo que allí ocurre, sucede principalmente por el funcionamiento mismo del proceso y no porque algo haya fallado.

De modo que el objetivo del presente trabajo es interpretar, adecuar y aplicar al actuar proceso de paz árabe-israelí conceptos generales tales como: Crisis, procesos, conflictos, negociación, violencia, cambio y legitimidad entre otros, a fin de poder entender de forma más abarcadora el ¿Por qué de los reiterados momentos de crisis ( entiéndase violencia) en el actual proceso de paz árabe-israelí en general y palestino-israelí en su versión singular?

Desarrollo

Lo cierto es que los reiterados momentos de crisis en el proceso de negociación árabe-israelí en general y palestino-israelí en particular desde la conferencia de Madrid hasta hoy han sembrado en muchos las dudas, el pesimismo e incluso la total descalificación de las negociaciones, sin valorarse de que se trata de un complejo proceso de paz que a pesar de su singularidad como en la generalidad de cualquier otro proceso histórico, se mueve en medio de flujos y reflujos, avances y retrocesos en medio del caos y las dificultades.

La violencia que hoy observamos en las políticas levantinas y que promueven las reiteradas crisis no necesariamente significa la descalificación del proceso de paz en su conjunto. Esta se explica primero que todo, porque con independencia de las negociaciones, continua la política de ocupación de Israel sobre territorios árabes. Pero también, y como es lógico, porque las partes fueron a la mesa de negociaciones y permanecen en ella con objetivos mutuamente incompatibles. Así Israel trata de utilizar el proceso de paz para continuar protegiendo sus intereses conquistados por la fuerza durante la guerra de 1967, incluso para ganar nuevos beneficios. Por el contrario, los palestinos y el resto de los Estados Arabes cuya parte de sus territorios permanecen bajo ocupación de fuerzas israelíes, siguen dirigiendo las acciones tanto en la mesa de negociaciones como en el terreno contra las ventajas o por derechos que consideran legítimos. Sin embargo con independencia del alto nivel de violencia que impone la ocupación al actual proceso de negociación árabe-israelí, este en sí mismo es, una forma de conflicto. De hecho el inicio de las pláticas entre árabes e israelíes no puso fin al conflicto, tampoco debería esperarse tales consecuencias, por el contrario, devino aún más en catalizador de antagonismos. Y entre otros aspectos, porque la negociación aún cuando persigue establecer la armonía entre grupos antagónicos, el acto en si mismo, es un proceso de des-armonía, de contradicciones, de propuestas y contrapropuestas entre actores sociales. Dado entre otros factores porque las partes en conflictos tienen objetivos mutuamente incompatibles para una misma comunidad de intereses.

Aquel 30 de octubre de 1991, las respectivas delegaciones árabes e israelíes, llegaran a Madrid sede de la Conferencia Internacional de Paz enarbolando agendas con objetivos mutuamente incompatibles, convirtiendo de hecho las pláticas negociadoras en un proceso violento. Las delegaciones árabes vinculadas estrechamente al conflicto ( Siria, Líbano, Jordania y los palestinos ) abogaron y continúan abogando por la salida de Israel de los territorios ocupados en 1967. Por el contrario Tel Aviv utilizaba el forum en aras de proteger su presencia colonizadora en territorios árabes y si era preciso ganar nuevos beneficios a partir de un explícito reconocimiento internacional y en especial regional.

Las negociaciones iniciadas oficialmente en Madrid, desde sus inicios mostraban su imagen de competencia. Israel trata de mantener aún en la mesa de negociaciones la misma posición hegemónica que mantiene en el terreno, lo que le permitiría continuar distribuyendo a su favor las escasas « ventajas materiales» de la zona. Por cierto, que dicha escasez hace más difícil y complejas las negociaciones, determinando en buena medida la naturaleza de las acciones violentas.

Resulta que en la interpretación de muchos israelitas en las perspectivas de escasez se hace muy difícil ganar beneficios. Es decir que cualquier ventaja o reintegración de los derechos del pueblo palestino significa notables pérdidas para la sociedad judía, en otras palabras: los beneficios de uno, automáticamente se convierten en las pérdidas de las otros, y en esa perspectiva es aconsejable continuar utilizando la fuerza e incluso la violencia a fin de mantener sus intereses. El proceso negociador iniciado en Madrid no ha puesto fin a las necesidades humanas de árabes e israelíes, por el contrario en muchos casos estas se exacerbaron, lo que explica la continuidad del conflicto y muy específicamente de la violencia, en medio del proceso negociador. Las negociaciones, hasta el momento, no han puesto fin a la ocupación de Israel de territorios árabes, ni los palestinos han logrado su plena soberanía, ni mucho menos la creación de su Estado, ni han logrado frenar la política colonizadora que aplica Israel en los territorios ocupados, ni la solución del problema de los refugiados, ni resolver la cuestión sobre Jerusalén. Israel por su parte no ha podido alcanzar ni la necesaria seguridad, ni el necesario reconocimiento en la región. Pero quizás lo más complicado de todo es que los partes representadas o no en la mesa de negociaciones han tratado de conseguir sus percepciones de objetivos mutuamente incompatibles, socavando directa o indirectamente los objetivos buscado por el otro, es decir, han tratado de prever al oponente de alcanzar sus objetivos, pero dañándolo física o psicológicamente, incluso tratando de destruir sus altos valores simbólicos. O como entender que en medio de las negociaciones Israel haya incrementado su empresa colonizadora en la Cisjordania ocupada, y especialmente la colonización sobre Jerusalén Oriental y haya enardecido su discurso contra un futuro Estado Palestino. Como respuesta en la mayor parte de los casos, grupos palestinos han fortalecido su accionar militar dentro del territorio de Israel, socavando la tan deseada seguridad personal del ciudadano judío.

Resulta paradójico, pero no descabellado que el uso de la amenaza o de la utilización de la violencia de forma directa a indirecta, sea también parte de las negociaciones, usada muy a menudo para conseguir objetivos políticos en medio de las pláticas. Carl Von Clausewitz señalaba:" ...Cada golpe por la fuerza física obliga al otro a someterse a sus deseos. Cada esfuerzo por derrocar a su adversario y rendirlo lo incapacita de ofrecer resistencia...»1 . Clausewitz también se refería al objeto último que de forma muy acertada comenta Vilho Harle al señalar : « Que no es difícil imaginar una gran variedad de otros objetos detrás de este, el obligar la sumisión del enemigo por métodos violentos es siempre un medio de obtener algo...»2  que no se puede alcanzar de otra manera. Como entender entonces que en medio del proceso negociador se incremente las acciones violentas de Hizbollah a la frontera norte de Israel con apoyo del eje Teherán- Damasco- sin el objetivo último de presionar a Israel a retirarse del sur de Líbano. O el incremento de las acciones israelíes en el sur de Líbano para presionar a este país y Siria a participar más activamente en el proceso negociador.

Claro está, que el impedir que las partes alcance sus objetivos en medio de un proceso negociador comporta en si mismo un fenómeno sumamente violento, máxime cuando el inicio de las platicas Levantinas crearan grandes expectativas entre los estados y fuerzas políticas de la región.

Los magras resultados alcanzado hasta el momento en el proceso de paz y los múltiples obstáculos impuesto por Israel a las aspiraciones de las estados árabes en general y palestino en lo particular ha generado en un estado de frustración general a ambos lados de la fronteras con la lógica manifestación de incremento de la agresión. Arnold K. Sherman recordaba que:» Los movimientos sociales devienen más violento, cuando las personas piensan que tienen mejor oportunidad de ganar...»

Hay en las negociaciones israelo-palestino como en muchas otras negociaciones algo de utilitarismo hobbesiano que significa que cada actor social hace una elección racional pero solamente desde su propio punto de vista, en interés de maximizar sus propias utilidades, desentendiéndose de sus interlocutores, acción que como es lógico crea violentos conflictos de intereses. Israel desea negociar la paz con sus vecinos árabes, pero sin Estado Palestino, con política colonizadora y con Jerusalén como su capital eterna e indivisible. Los palestinos como es lógico, desean la paz con Estado, con Jerusalén Oriental como capital, sin política colonizadora y por supuesto con la devolución de todos sus derechos políticos escamoteados durante la guerra de los seis días.

Aun así, y con independencia del derecho que le asisten a los palestinos, estos tendrán que tener muy en cuenta los peligros a que se verán sometidas las respectivas sociedades, gobiernos y el proceso negociador en general, si Israel decide acceder unilateralmente y de forma violenta a satisfacer las necesidades de su interlocutor. Lo mismo sucederá si: el liderazgo palestino decidiera renunciar, al menos temporalmente, a algunas de sus aspiraciones fundamentales. 3 

De ahí al parecer, que el liderazgo israelo-palestino decidiera aplazar las principales asignaturas de la negociación y acudiera a la ambigüedad de los proyectos negociadores como reductor de la violencia. La ambigüedad esa forma incierta y confusa con la que han sido presentados los diferentes planes de paz, respondía, entre otros elementos, a la necesidad expresa de las partes en hacer avanzar o más exactamente de mantenerse en el proceso negociador. Nada se hubiese logrado, ni siquiera las 12 rondas de conversaciones, que condicionaron los acuerdos sobre Gaza-Jericó primero y que los más pesimistas han considerado de estériles, si Madrid u Oslo hubiesen definido desde aquellos momentos algunos de los temas candentes de la negociación.

La ambigüedad de los planes negociadores respondía entre otros factores a la desconfianza entre los líderes. Quienes estuvieron llevando la mayor parte de las iniciativas negociadoras fueron precisamente los mayores responsables de las innumerables acciones bélicas del pasado reciente, (Issac Rabin, Shimon Peres y Yasser Arafat), era lógico que tal desconfianza también se reflejara en las vacilaciones y ambigüedades que caracterizaron los proyectos negociadores.

La ambigüedad negociadora por supuesto que también respondía a una significativa oposición, que de uno u otro lado rechazaban y continúan rechazando cualquier iniciativa de paz con sus vecinos, lo que suscitaba entre los principales líderes del proceso de paz el lógico temor personal de perder legitimidad, es decir aceptación popular, frente a sus electores.

Lo anterior explica en buena medida las posturas y actitudes de los líderes negociadores, como la forma incompleta fragmentaria, transitoria y comprometida con que fueron diseñadas los diferentes proyectos de paz, de la misma forma que la necesaria precaución, prudencia y si se quiere inteligencia, con que actuó el liderazgo palestino-israelí en las primeras fases del proceso. Tal indefinición dejaba abierto, para el liderazgo israelí frente a sus ciudadanos la posibilidad de ganar la paz, seguridad y reconocimiento sin hacer grandes concesiones ante los palestinos. Por su parte permitía al liderazgo palestino, mostrar frente a su pueblo la posibilidad de estar acercándose al logro de las máximas aspiraciones a través de un gradual proceso negociador. Lo anterior si bien permitía la continuidad del proceso, también creó la necesaria impaciencia y con ellas los reiterados momentos de crisis en el proceso de paz.

En resumen, la ambigüedad de los diferentes planes y proyectos negociadores que venían actuando en medio de grandes dificultades como elemento de continuidad del proceso de paz, devienen hoy en factor de crisis y conflictos violentos. Era de esperar que la introducción de la ambigüedad como variable a la supuesta «solución natural», complicara y dificultara el supuesto «desenlace natural» del propio proceso negociador.

Frente a la oposición de importantes sectores de ambas sociedades al proceso de paz, el liderazgo para mantener vivas las pláticas, trató de introducir remedios que pudieran ser considerados como «contraindicados». De ahí lo deliberado de la ambigüedad, que aunque motivo de innumerables reflujos en las negociaciones, cumplió su papel, como garante de la continuidad del proceso de paz, al menos para aquella etapa. Sin embargo hoy, el haber arrastrado el conjunto de indefiniciones, hace más dramática la actual etapa, que es también consecuencia lógica de una fase donde se extreman y en cierto modo explotan todas las contradicciones que venían arrastrándose en fases anteriores.

El arribar a esta etapa, se quiera o no, es expresión de la marcha del proceso de negociaciones que no impide los reiteradas momentos de reflujos. El proceso de paz ha entrado en el momento donde comienzan a producirse los acercamientos a las decisiones verdaderamente vitales, de las decisiones verdaderamente dolorosas y peliagudas. Debe tenerse en cuenta que con el tiempo la intensidad de las crisis aumenta, y estas devienen más abarcadoras. Es el momento de negociar al decir de Shlomo Ben-Amin: «Las grandes asignaturas pendientes: el futuro de los asentamientos, las cuestiones de los refugiados, el estatuto político de las tierras palestinas y sus fronteras con el Estado de Israel, los conceptos de seguridad, paz, y reconocimiento para Israel y, por si fuera poco, aún queda por negociar en torno a Jerusalén. 4

Y es lógico, aunque aparentemente paradójico, que la violencia, sea percibida en el marco de un proceso negociador, pero acaso, conflicto y violencia, dentro o fuera de la mesa de negociaciones, no son dos fuerzas que dirigen el cambio? John Burton ha señalado: « Conflicto es un elemento esencial creativo en las relaciones humanas. Este es el medio para el cambio, el medio por el cual nuestros valores sociales de bienestar, seguridad, justicia y oportunidades para el desarrollo personal pueden ser alcanzado... Lo que es bueno...es que el conflicto es una señal que algunas cosas no están muy bien en las relaciones (o en las negociaciones) y estas deberían ser arregladas (o nuevamente negociadas) 5. Acaso la continuidad de los reiterados momentos de crisis en medio del actual proceso de paz árabe-israelí no es la mejor expresión de que los mecanismos de paz (no digo el proceso) no han mostrado hasta el momento su real eficacia y necesitan ser reconsiderado para el necesario cambio.

Pero aún si el cambio que representó la Conferencia Internacional de Paz en Madrid para las relaciones internacionales, regionales y para los principales protagónicos del conflicto fue por naturaleza violento, como violento es cada paso que den los principales protagonistas de las pláticas en busca de una solución negociada a tan complicado y peliagudo conflicto.

Se trata precisamente, que tanto, Israel, para fortalecerse y consolidarse, como palestinos, para sobrevivir y más tarde vivir entran en las pláticas Levantinas, pero ambas para alcanzar sus objetivos, tendrán que renunciar, o mejor dicho, sacrificar una parte de su mismo clásico, algo que se traduce en hacer una negación parcial de las ideas y actitudes de la fase anterior, y este proceso, en el marco de las negociaciones, es de por si violento, no sólo entre las partes, sino también y mucho más agudo hacia el interior de las diferentes fuerzas, grupos y partidos. Lo anterior se complejiza aún más cuando el liderazgo ha estado comprometido con la retórica y la praxis anterior. De ahí que la mayoría de los teóricos se inclinen en afirmar que: «La violencia está estrechamente vinculada al cambio» .6

Claro está que esta violencia asociada al cambio, no sólo se expresa en la variable política, también se vincula a variables objetivas tales como: movilidad territorial, de recursos, demográficas e incluso psicológicas. O como entender entonces los efectos que en la saciedad israelí y palestina han tenido los limitados, pero redespliegue al fin, de las fuerzas de ocupación de Israel.

De más estaría señalar los temores que han despertado en importantes sectores de la sociedad judía los limitados corrimientos del ejército de ocupación de Israel, así como el incremento de las tensiones y hostilidades de los colonos judíos, hacia la población palestina, incluso, hacia el ejército, gobierno y liderazgo israelí.

Por otro lado se expresan las lógicas manifestaciones de ansiedad por parte de la población palestina, quienes ven en el incremento de las acciones violentas la vía idónea de continuación de la revolución nacionalista, a fin de crear el Estado Palestino, proteger la integridad territorial de lo que se ha ganado hasta el momento y sobre todo acabar de clarificar, a través del conflicto-negociación, y premeditada violencia, si es necesario, la identidad y fronteras territoriales del grupo social frente a los intentos israelíes de eliminar la viabilidad de un posible Estado Palestino.

Esta lucha por no renunciar a su ser clásico, a desdecirse, es la razón principal que explica las innumerables crisis dentro del proceso negociador.

Otro factor no menos violento asociado al cambio, que representó el inicio de la Conferencia Internacional de paz en Madrid fue sin duda la imperiosa necesidad de los principales actores sociales a nivel de Estado-Gobierno como de comunidad y grupo de ganar ventajas para sus propios miembros es decir alcanzar en el marco de las negociaciones la necesaria legitimidad.

El inicio de la negociación, en opinión del autor, la única vía para la solución del conflicto, trajo consigo nuevas dificultades. El intercambio paz por territorio, sólo podía tener lugar, al menos que los territorios de Gaza, Cisjordania y las Alturas del Golán fueran reconocido por ambas partes como propiedad legítima. Proudhon señalaba que: « ...Al menos que el intercambio sea legitimado este no puede tener lugar...» 7

Con el inicio del proceso de paz árabe-israelí en su versión general y palestino israelí en lo particular, la ocupación pareció legitimarse, más exacto la ocupación devino en intercambio. Quizás por esta razón, el gobierno sirio, ha rechazado iniciar negociaciones sin que antes el gobierno de Israel reconozca la plena soberanía de Damasco sobre el Golán, postura poco compartida entre analistas de la región. Como pudiera entenderse también las innumerables críticas recibidas por las autoridades palestinas y especialmente por el líder Yasser Arafat por mantenerse en el marco de las pláticas Levantinas. O quizás peor, los efectos del peligroso cambio terminológico de territorios ocupados, por territorios en disputa.

Kenneth E. Boulding ha argumentado que: «...administración de conflicto (negociación) es precisamente el intento por legitimar una estructura de propiedad a través de un mutuo acuerdo. Esto es convertir el sistema de amenaza hacia un sistema de intercambio y el conflicto giró hacia el comercio.»8

El inicio del proceso negociador incorporaba nuevas variables de conflictos, con cierta igualdad en términos de legitimidad, elemento este que elevó las expectativas de las partes antagónicas por los territorios en conflicto. A partir de entonces era necesario negociar, entiéndase en el más amplio sentido de la palabra, no solo los territorios en conflictos o en disputa, también el estatuto final de esos territorios, la situación de los refugiados palestinos, la situación de las colonos judíos y el problema de Jerusalén. Todo entraba en el marco de la negación, incluso y aún con reticencia palestina, la creación de su futuro Estado. O como poder entender, algunas propuestas, avanzadas por cierto, en Israel, de como debería ser un futuro Estado Palestino.

Las principales partes a nivel de organización estatal, comunidad y grupo ven las negociaciones con prismas diferentes, teniendo en cuenta sus respectivas necesidades e intereses ( espirituales o materiales ).

Con medios legales o fuera de la legalidad establecida por las respectivas instituciones políticas, los representantes de los diferentes sectores, fuerzas y grupos, tratarán de ganar las necesarias ventajas para sus respectivos miembros. Claro está que muchas de las necesidades y aspiraciones de las fuerzas minoritarias articulados en sus respectivos programas e incluso con amplia proyección nacional desde su óptica, no coinciden con el diseño de la política estatal de Israel, o de la Autoridad Nacional Palestina, que representan los intereses de la mayoría de la sociedad. No obstante cualquier acción de estos grupos minoritarios en correspondencia con sus objetivos, dará la necesaria legitimidad a su colectivo de autores, aún cuando no coincidan con el diseño estatal. Esto como es lógico incrementa el conflicto al interior de las respectivas sociedades, y exacerba las llamadas acciones terroristas en medio del proceso de paz.

Precisamente el terrorismo, es generalmente la acción de contraviolencia a la violencia estatal y por consiguiente, policial, política, ideológica, cultural y otras, que generalmente representan los intereses de la mayoría. Tanto en el nivel nacional como internacional. El control e incremento de la fuerza incrementará solamente la probabilidad de conflicto.

En este caso el «débil» par llamarle de alguna forma a las fuerzas minoritarias no tienen ni armas efectivas ni aviones de combates, para oponerse a los modelos estatales o interestatales que se les impone, ellos solamente tienen terrorismo para enfrentarse a las fuerzas legales de sus respectivos países o para obstaculizar y rechazar un diseño negociador «que no tiene en cuenta» los intereses y aspiraciones de los miembros de su grupo. De lo que se trata, es que las acciones de violencia de los denominados grupos terroristas es solamente un medio para mostrar, y para mostrarse que ellos están viviendo, que existen y necesitan que se les tengan en cuenta «... Es un medio para vencer la enajenación y mostrar que ellos aún son algo.» Quizás bajo estos preceptos podamos entender el accionar de grupos y fuerzas minoritarias como Hamas, Jihad Islámico y también de los colonos judíos, en Gaza, Cisjordania y las Alturas del Golán.

Pero además muchas de estas acciones provienen y encuentran caldo de cultivo en sectores que por las condiciones de vida en que se encuentran y por las que le han sido impuesta, no tienen ningún valor humano en el orden social existente, por lo que ciertamente, no crearan en ellos ningún valor sobre la vida de otras personas. Este es el caso de los territorios ocupados, incluso los que recientemente han alcanzado la condición de autónomos. Tales condiciones propician un terreno fértil para el desarrollo de las acciones «terroristas» bajo el paraguas del denominado integrismo islámico.

De modo que a escala del Estado de Israel y la entidad Palestina, gobierno y liderazgo en la mesa de negociaciones y en el terreno, trataran de luchar a fin de satisfacer los intereses de la mayoría de sus ciudadanos, a fin de legitimar su autoridad, que precisamente está basada en lo que el sistema social existente pueda ofrecer a sus miembros. Esta búsqueda de legitimidad por satisfacer a toda costa las necesidades humanas de sus miembros en la mayor escala posible de la sociedad, convierte las pláticas en un conflicto violento.

Lo anterior complejiza al máximo cualquier proceso de negociación, que por demás intenta más que resolver, arreglar el conflicto. Cualquier cambio impondrá que las partes para ganar algo tendrán que ceder algo. En tal sentido las partes buscaran que prevalezcan en las negociaciones los intereses de la mayoría teniendo necesariamente que relegar los intereses de las minorías. El obstáculo será cómo armonizar los intereses de los colonos judíos en Gaza y Cisjordania o de aquellos más radicales dentro del movimiento palestino que aún no reconocen la existencia del Estado de Israel en una única y coherente alternativa de «Paz por territorios»

La solución tendrá necesariamente que contemplar que queden relegado los intereses de las minorías pero su solución pasa necesariamente por la fuerza, pero paz a través de la fuerza no elimina las causas del conflicto, máxime cuando los colonos judíos y del movimiento islámico Hamas representan aún una significativa e influyente minoría.

Por otro lado ¿Podrá dejar de ser violenta una negociación que se desarrolla en medio de una región con una marcada cultura de violencia?.

Claro está que las actuales negociaciones reflejan simple y llanamente el contexto histórico en el cual estas se desarrollan. La historia de las relaciones entre árabes e israelíes ha sido la historia de sus conflictos violentos, caracterizados a saber por cinco guerras de mayor envergadura y períodos de intervalo de violencia de mediana intensidad.

Lo que sí es cierto es que la región del Medio Oriente y sus pobladores en sus últimos 50 años ha vivido entre la guerra y la sicosis de guerra.

A ello unamos las pésimas condiciones de vida en que se desenvuelve la mayoría de sus habitantes haciendo aún más violento el escenario subregional y conformando como es lógico una cultura de violencia.

Ya desde poco antes de 1948 un nacionalismo de diáspora comienza a conformarse en medio de una región donde le son completamente ajenos e incompatiblemente aceptable lengua, cultura y religión. La necesidad de resistir los modelos ideológicos y las acciones del nacionalismo árabe consolidó el movimiento sionista, que se hizo cada vez más expansivo y agresivo, la que a su vez contribuyó al fortalecimiento del nacionalismo árabe en general y palestino en lo particular.

Demás está decir que la mutua resistencia a modelos incompatibles fortaleció ambos nacionalismo con los consiguientes radicalismo en preceptos, conceptos y accionar, agudizando los enfrentamientos violentos que se extiende hasta nuestros días. Los intentos negociadores, como es de suponer, llevan intrínseco los necesarios ajustes y estos también constituyen factores de conflictos violentos sobre todo en el momento de realizar el necesario reacomodo a una cultura y tradición de conflicto armado.

Cinco décadas de continuos enfrentamientos, sirvieron para argumentar y justificar ideológicamente las diversas conflagraciones bélicas, argumentaciones y justificaciones que perduran hoy en importantes sectores de la sociedad árabe e israelí.

De forma tal comenzaron a ganar espacio en el espectro de ambas sociedades los criterios que observan en la guerra una forma de promover la evolución del hombre, su sociedad y su cultura, hasta aquellos que consideran que la guerra es el medio principal en la creación, integración, expansión y sobrevivencia del estado.

Para muchos árabes e israelíes a través de la participación en la violencia, el hombre tiene la oportunidad de demostrar sus mayores cualidades morales. Devienen virtuosos al combatir por una causa justa. El individuo afirma su identidad, manifiesta madurez y participa en la vida política activa. De igual forma a través de la violencia se preserva la cohesión y solidaridad del grupo social, al tiempo que se mantiene vivo el enemigo común quien destruirá el grupo si este no está preparado para resistir.

En una región donde el Islam marca no sólo el sentido religioso de los individuos, sino prácticamente toda su conducta humana, la guerra y especialmente la guerra sagrada es un acto sincero de restablecimiento de las relaciones entre el hombre y su Dios.

Estos argumentos se unieron a las formulaciones estratégicas que conformaron el marco ideológico para justificar la violencia ayer y que hoy de una u otra forma entran en aparente contradicción con el proceso negociador. A lo que muchos sectores de la sociedad árabe-israelí temen es que las negociaciones debiliten lo que la violencia por naturaleza fortalece.

Arabes e israelíes observan con diferentes ópticas el llamado balance de poder. El Estado de Israel nació en 1948 en medio de un mar de población de árabes que se negaban a reconocerlo. El fortalecimiento militar y la consiguiente política agresiva y expansionista pareció perfilarse como alternativa al desequilibrio de fuerza. Hoy el poderío militar, económico y tecnológico de Israel, gracias entre otros, a la ayuda de occidente y especialmente de EE.UU., alcanza niveles impresionante, que siembran las necesarias dudas y los lógicos temores entre sus vecinos árabes.

Debido al desarrollo alcanzado por Israel es natural que importantes sectores dentro de la sociedad árabe vean con recelos que variables negociadoras, puedan significar la asimilación de los valores y símbolos de los más poderosos, especialmente de occidente y se niegan a realizar el necesario reacomodo. No menos destacado son los temores que dentro de la sociedad judía despierta cualquier transacción de paz por territorios y el supuesto peligro de verse absorbidos por la mayoría de sus vecinos.

Tales posturas entran en contradicción ya no sólo con el diseño norteamericano de paz para la región, sino también, con aquellas fuerzas árabes e israelí que abogan por el cambio a través de las negociaciones, contribuyendo con la violencia en medio de la negociación.

Por otro lado, el hecho de que el proceso de paz esté diseñado por EE.UU., principal aliado de Israel en la región, en un mundo caracterizado por la hegemonía política y militar de Washington, echa más leña al fuego, a la ya violenta negociación árabe-israelí. Máxime cuando se trata de un conflicto que tiene lugar en una región estratégicamente vital -por sus reservas de petróleo y ubicación geográfica- para los intereses de los principales poderes internacionales, y especialmente para EE.UU. Es también una zona donde concurre una inmensa cantidad de tropas y armamentos.

Lo anterior demuestra en qué medida las actuales condiciones internacionales estimulan la violencia en el marco del proceso negociador, aún cuando EE.UU. tiene un papel importante en las pláticas Levantinas. Las presiones de la Casa Blanca por imponer su plan de paz en el Levante encuentra la resistencia de importantes fuerzas dentro de la sociedad judía. De la misma forma que las estrechas relaciones de EE.UU. con Israel encuentran la oposición de influyentes sectores árabes que descalifican a Washington como eficaz y válido interlocutor.

De modo que aunque parezca paradójico, si bien desde Madrid acá, la paz continua siendo el objetivo de palestinos e israelíes, el modo para lograrlo todavía sigue estrechamente vinculado a la violencia, como fuerza que se opone a otra fuerza, lo que confirma que aún, con el lógico dramatismo, esta violencia que a diario vemos en el escenario palestino-israelí, también pertenece al tejido mismo del proceso negociador y de sus dinamismos esenciales, provocando reiteradas crisis. Violencia que en su forma creciente entraña el peligro de una guerra, la que si bien significaría la interrupción del proceso, no necesariamente representa el capítulo final de la tendencia negociadora para este conflicto. De lo que se trata es, que para importantes sectores de la política árabe-israelí la guerra puede ser además de manifestación y expresión de crisis, elemento catalizador de solución con «éxito» de las dificultades en torno al funcionamiento del proceso de paz. Aún en la actualidad importantes fuerzas de uno u otro lado se empeñan en demostrar la tesis de que la crisis «se cura» o se puede curar con la guerra. De ahí el permanente estado de psicosis de guerra en el marco del proceso negociador y factor de crisis en el proceso de paz.

En muchos sectores árabes existe la percepción de que la violencia, entendida como lucha armada, obliga a Israel a sentarse en la mesa de negociaciones; entonces, por qué no continuar con ella, incluso en medio del proceso de paz, para alcanzar rápidas y factibles modalidades de solución definitiva a la ocupación. De la misma forma, sectores de Israel consideran que la represión fue el elemento catalizador de la toma de posiciones moderadas por parte del movimiento palestino, por lo que continúan estimulando la opción militar como forma más eficaz de doblegar las decisiones árabes en la mesa de negociaciones.

No obstante, si de algo han servido las diversas guerras en la región, es para crear un sentimiento mayoritario de repudio a la violencia armada; lo que pudiera devenir como factor anti-crisis y principal elemento de continuidad del proceso de paz.

En este sólo caso pudiéramos entonces compartir la tesis de Jyki Kakonen cuando señala que: «La violencia es solamente una vía de solución de intereses antagónicos (...) es un fenómeno que es parte de la relación social y un medio de solución de conflictos». 10

Ahora bien, la posibilidad del estallido de una guerra dependerá en gran medida del factor regional e internacional en el cual está estrechamente inmerso el conflicto palestino-israelí, que si bien en innumerables ocasiones ha actuado como catalizador de las reiteradas crisis, respondiendo a intereses y aspiraciones políticas hegemónicas de las partes estrechamente vinculadas, es justo decir que esos mismos intereses y aspiraciones pueden actuar como poderosas palancas para la negociación.

Como quiera que sea la violencia en el actual proceso de negociaciones se justifica por ser este precisamente un proceso de paz y como cualquier otro proceso histórico estos no se desarrollan en línea recta sino de manera zigzagueante, en espiral, en medio de flujos y reflujos, avances y retrocesos en fin en medio del caos y las dificultades. Como proceso en fin le son inherentes las crisis y estas como ya han abordado la mayoría de los teóricos: «Son una manera de resolver violentamente las contradicciones existentes...»11 y estas contradicciones no se resuelven ni por una vía directa, ni automática, sino a través de fortísimas sacudidas. En fin, esta violencia en medio de un proceso negociador es también parte de la propia marcha de la historia, que no procede sin conflictos, sin choques, sin dramatismo.

En mi opinión no creo que, para que palestinos e israelíes descubran los fundamentos de un nuevo equilibrio, necesiten de una nueva guerra .

Notas

1. Viho harle, On the Alternatives to War and its Functions; En Current Research on Place and Violence. Conflict and Conflict Resolution. edited by Jyrki Kakonen pag. 134.

 2. Ibdem. pag. 134.

 3. Arnold K, Shermen. The Nature and porms op conflict. En current research on peace violence. Conflict and conflict resolution. Edited by Jyrki Kakonen, pág. 108

4. Shlomo Ben-Amin: El Proceso de Paz Arabe-Israel y sus desviaciones geoestratégicas. En política exterior. Vol. IX Nº 43 Febrero-Marzo 1995 Pagina 89.

5. Dennis J.D. Sandole. Traditional Approaches to conflict management: Short-Terms Gains vs Long-term cost pag. 119.

6. Jyeki Kakonen Scarcity and violence. En current research on peace and violence. Conflict resolution-. Edited by Jyrki Kakonen. Pag. 110.

7. Tomado de Kennet E. Boulding The Role of conflict in the dynamics of society. En current research on peace and violence conflict resolution. Edited by Jyrki Kakonen. Pag. 101.

8. Kenneth E. Boulding pag. 101.

9. Jyrki Kakonen pag. 115.

10. Jyrki Kakonen: Scarcity and Violence, en Current Research on Peace and Violence. Conflict and Conflict Resolution. 3/1986. Pag. 110.

11. Rikard Stajner Crisis. Anatomía de las crisis contemporánea y una teoría sobre las crisis en el desarrollo del capitalismo en la fase neoimperialista del desarrollo del capitalismo. Gas. Cuestiones actuales del socialismo Beograd 1976. Pag. 51.