22 diciembre 1990. Radioactividad a cielo abierto: A 30 años de la independencia de las Islas Marshall

22 diciembre 1990. Radioactividad a cielo abierto: A 30 años de la independencia de las Islas Marshall

30 años atrás, 60 mil habitantes de un conjunto de 1.200 islas fueron reconocidos por Naciones Unidas como un territorio independiente, dando por terminado el fideicomiso que sobre ellos ejercía Estados Unidos. A pesar de su una noticia que entusiasmaba a la población de las Islas Marshall, con el transcurso de los años se dieron a conocer los grandes riesgos de habitar en ellas: es que se trata de una zona con los índices de radioactividad más altos del mundo, 10 veces superior a la de Chernobyl.

Descubierta por España en 1526, a lo largo de los siglos estas islas pasaron por la soberanía del Reino Unido, Alemanía y Japón. En 1947, después de la Segunda Guerra mundial, Estados Unidos obtuvo un acuerdo con las Naciones Unidas para que las islas de Micronesia, de las cuales las Marshall forman parte, quedaran bajo su jurisdicción en forma de “Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico”.

Desde 1947 y hasta 1968 -fecha en la que se prohibieron los test nucleares al aire libre-, durante la carrera armamentística los Estados Unidos utilizaron el territorio como base militar para probar lanzamientos nucleares. La propaganda de las superpotencias asegurando que estas pruebas cumplían todos los requisitos de seguridad eran falsos. Se trataban de bombas menos conocidas y con mayor letalidad que aquellas que habían sido arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Entre las consecuencias de estas operaciones no sólo encontramos islas que desaparecieron por completo sino también grandes impactos medioambientales y humanitarios no previstos. El Atolón “Bikini” fue aquél elegido por los Estados Unidos durante la operación Castle para detonar su mayor bomba atómica conocida como “Castle Bravo”. El 28 de febrero de 1954 varias islas cercanas al Atolón fueron afectadas por una nube de polvo radioactivo que acabó contaminando el agua potable. Como consecuencia, muchos de los nativos no tardaron en sufrir pérdida de pelo, vómitos y diarrea. Respecto de los propios habitantes de Bikini, fueron por obligados a moverse de una isla a otra en calidad de refugiados por el ejército norteamericano. Abandonados a su suerte, su situación se prolongó durante años.

Lo más preocupante respecto de las islas se trata de lo que quedó. El acuerdo de 1986 por el que las islas adquirieron su independencia incluyó el hecho de que se desecharan todas las reclamaciones pasadas y futuras vinculadas a los ensayos nucleares y la transferencia del cuidado de la “tumba” al gobierno local. La tumba, nombre que le asignan sus pobladores, se trata de una cúpula de hormigón de 40 cm de espesor construida en el cráter del atolón Enewetak donde solía estar la isla Elugelab.

Entre 1977 y 1980, soldados norteamericanos recogieron los residuos radioactivos equivalentes a 33 piscinas olímpicas. Tanto los materiales como el suelo contaminados fueron ubicados y sellados en esta cúpula. El proyecto costó unos 218 millones de dólares y se había concebido como una “medida temporal” hasta encontrar una solución de fondo a la cuestión. A pesar de dicho compromiso, no se aplicó ninguna otra medida y, con casi 4 décadas pasadas, cada día la conservación de este lugar se complica.

Mantener la cúpula, en la situación de un país que tiene un tercio del PBI de Florida, no es para nada fácil. Con grandes grietas visibles, la situación es tan fragil que los expertos creen que una fuerte tormenta podría romper la cúpula. De hecho, la zona también esta sumamnete expuesta a los efectos del cambio climático: al igual que Tubalú y Kirivati se encuentra a merced de la subida del nivel del mar, lo cual dejaría a la cúpula sumergida y a los desechos radioactivos en contacto con el oceano. De hecho, quienes visitan el atolón aseguran que no existe personal de seguridad alguna: cualquiera puede llegar allí.

Si bien el gobierno de las Islas es soberano en sus relaciones y es miembro pleno de las Naciones Unidas, en el acuerdo de 1986 que se firmó con Estados Unidos se le concedió a dicha potencia plena autoridad respecto de su seguridad y defensa. De hecho, como compensación por los daños radioactivos EEUU otorgó a los ciudadanos de las islas el derecho a trabajar y estudiar en Estados Unidos sin necesidad de visado. Además, en ese mismo tratado, Estados Unidos buscó librarse de responsabilidad pagando una indemnización de 150 millones de dólares a las Islas. En 2004, y luego de una serie de disputas respecto de mayores montos, el gobierno norteaméricano acordó transferir 57 millones de dólares al año a las islas hasta 2023.

En julio de 2019, la revista científica Proceedings Of the National Academy of Sciences of the USA publicó 3 estudios en donde se reflexionó sobre la magnitud y vigencia de aquellas explosiones durante la guerra fría. En esos informes, se descubrió que los niveles de plutonoio 239 y 240 son entre 10 y mil veces más altos que en Fukushima y 10 veces más altos que en Chernobyl. Esto le da al atolón Bikin el poco deseado titulo de ser el lugar con mayor radiación del mundo.

Este enclave ubicado en el medio del pacífico es una clara muestra de los peligros que el cambio climático puede suponer. Esta realidad, que se presta cada vez más irreversible, supondrá la afección de una gran parte de las generaciones futuras si no se actúa al respecto.


Augusto Gabriel Arnone
Colaborador de la Red Federal de Historia de las Relaciones Internacionales (CoFEI)
Departamento de Historia
IRI – UNLP

 

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