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{"id":39564,"date":"2025-02-10T11:58:41","date_gmt":"2025-02-10T14:58:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=39564"},"modified":"2025-02-10T12:05:05","modified_gmt":"2025-02-10T15:05:05","slug":"del-estado-de-derecho-al-estado-de-desecho-internacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2025\/02\/10\/del-estado-de-derecho-al-estado-de-desecho-internacional\/","title":{"rendered":"Del Estado de Derecho al Estado de Desecho Internacional"},"content":{"rendered":"<p>La crisis es una constante en el Derecho Internacional. Es su estado natural, pues conviven Derecho y Poder. Pero no por ello se debe dejar de poner de relieve, de reflexionar y de criticar.<\/p>\n<p>Los l\u00edderes actuales, como <strong>Donald Trump<\/strong> y otros gobernantes con tendencias autoritarias, han radicalizado este proceso de crisis actual, debilitando las instituciones multilaterales y promoviendo una instrumentalizaci\u00f3n de los derechos humanos en funci\u00f3n de sus propios intereses.<\/p>\n<p>Antes de la adopci\u00f3n de la Carta de las Naciones Unidas en 1945 y de la Declaraci\u00f3n Universal de Derechos Humanos en 1948, el mundo carec\u00eda de un marco jur\u00eddico robusto y universal. La humanizaci\u00f3n del Derecho Internacional y el fortalecimiento del Estado de Derecho permitieron la expansi\u00f3n de la democracia, imponiendo l\u00edmites al poder absoluto y estableciendo obligaciones internacionales en favor de la inclusi\u00f3n, los derechos humanos y la igualdad soberana entre los Estados. Sin embargo, este progreso no ha sido lineal ni irreversible.<\/p>\n<p>El Estado de Derecho, en esencia, es la norma que debe regir la acci\u00f3n del Estado, pero en la pr\u00e1ctica, muchos gobiernos que se proclaman democr\u00e1ticos act\u00faan en flagrante contradicci\u00f3n con este principio. A menudo, esta contradicci\u00f3n no es evidente, pues las estrategias que erosionan el Estado de Derecho hacia un Estado de Desecho responden a una l\u00f3gica m\u00e1s profunda: la conservaci\u00f3n del poder en su forma m\u00e1s elemental, sin restricciones jur\u00eddicas reales.<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente, la rebeli\u00f3n contra la ley ha ejercido un magnetismo mayor que su observancia. La desobediencia civil ha sido una herramienta leg\u00edtima contra la injusticia, como ilustra el mito de <strong>Ant\u00edgona<\/strong> desafiando el edicto de <strong>Creonte<\/strong>. Sin embargo, lo que hoy presenciamos no es una impugnaci\u00f3n \u00e9tica de normas injustas, sino una demolici\u00f3n deliberada del orden jur\u00eddico internacional com\u00fan. En su lugar, ciertos Estados imponen unilateralmente su voluntad a nivel global, sustituyendo el Derecho Internacional por un absolutismo normativo donde los valores universales quedan subordinados a intereses nacionales estrat\u00e9gicos. \u00bfAcaso no recordamos los tratados bilaterales de no extradici\u00f3n de personal militar norteamericano a la Corte Penal Internacional en caso de que estos se hallaran en terreno donde el tribunal ostenta jurisdicci\u00f3n?<\/p>\n<p>No se trata simplemente de rechazar normas espec\u00edficas por considerarlas injustas, sino de la eliminaci\u00f3n de toda norma com\u00fan en favor de un sistema donde solo decide quien ostenta el poder. Bajo la ret\u00f3rica actual de la \u00ablibertad\u00bb, se disfraza un proyecto de dominaci\u00f3n en el que la ley ya no opera como l\u00edmite, sino como un instrumento de exclusi\u00f3n. La aspiraci\u00f3n \u00faltima parece ser un mundo sin v\u00ednculos ni obligaciones colectivas, un escenario en el que las relaciones de poder se impongan sin mediaci\u00f3n alguna. Pero no nos enga\u00f1emos: lo que se presenta como emancipaci\u00f3n del orden jur\u00eddico es, en realidad, una regresi\u00f3n hist\u00f3rica a una \u00e9poca en la que las palabras \u201cigualdad\u201d y \u201clibertad\u201d ni siquiera figuraban en el vocabulario de la mayor\u00eda, y la ley exist\u00eda solo para los d\u00e9biles, mientras que los poderosos se situaban por encima de ella.<\/p>\n<p>Esta crisis del Derecho Internacional responde, en gran medida, tambi\u00e9n a una contradicci\u00f3n inherente a su propia estructura. La Carta de las Naciones Unidas estableci\u00f3 normas esenciales, como la prohibici\u00f3n del uso de la fuerza y el derecho de los pueblos a la libre determinaci\u00f3n, pero al mismo tiempo garantiz\u00f3 la soberan\u00eda estatal, permitiendo que los Estados poderosos eludan estas normas cuando les resulta conveniente. Desde su origen, el sistema internacional ha sido utilizado por las grandes potencias para consolidar su dominio, lo que ha llevado a su progresivo descr\u00e9dito.<\/p>\n<p>A medida que el universalismo es impugnado tanto por actores no occidentales como por potencias occidentales que lo instrumentalizan, el Derecho Internacional enfrenta un desaf\u00edo sin precedentes. Parad\u00f3jicamente, en todos los Estados existen movimientos internos que claman por derechos y libertades fundamentales, lo que demuestra que la aspiraci\u00f3n a la dignidad y el respeto por los derechos humanos sigue siendo universal.<\/p>\n<p>El problema radica en que la soluci\u00f3n dif\u00edcilmente puede venir desde dentro del sistema actual, pues este ha perdido legitimidad. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU han utilizado su poder de veto para bloquear cualquier intento de reforma significativa, perpetuando un <em>statu quo<\/em> que erosiona la confianza en las instituciones internacionales. Frente a esta par\u00e1lisis, surge la idea de que la \u00fanica salida es una transformaci\u00f3n desde fuera, impulsada por movimientos de la sociedad civil global. No ser\u00eda la primera vez: ha sido precisamente la presi\u00f3n de la sociedad civil la que ha permitido avanzar en cuestiones de protecci\u00f3n del Medio Ambiente y clim\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Siguiendo esta convicci\u00f3n, la sociedad internacional debe organizarse no como un sistema jer\u00e1rquico dominado por unas pocas potencias, sino como una asociaci\u00f3n de pueblos libres. Las instituciones globales del futuro deben dise\u00f1arse para impedir que cualquier Estado o grupo de Estados capture el poder y lo utilice en beneficio propio. Para ello, es imprescindible que emerja una opini\u00f3n p\u00fablica mundial convencida de la necesidad de un nuevo orden pol\u00edtico antihegem\u00f3nico, basado en principios democr\u00e1ticos y en mecanismos eficaces de rendici\u00f3n de cuentas.<\/p>\n<p>No obstante, en el contexto actual, donde el individualismo es promovido como dogma \u2014con la complicidad de gur\u00fas de la falsa felicidad basada en el ego\u00edsmo y el oscurantismo\u2014, la idea de lo colectivo parece estar en retroceso. Sin embargo, la inacci\u00f3n solo acelerar\u00e1 la cat\u00e1strofe. El mundo enfrenta conflictos b\u00e9licos sin soluci\u00f3n a la vista, el auge del autoritarismo, el colapso ambiental y la creciente impunidad de los poderosos. La cuesti\u00f3n no es si el sistema internacional colapsar\u00e1, sino si seremos capaces de construir una alternativa antes de que sea demasiado tarde. Como bien se\u00f1ala la tradici\u00f3n ut\u00f3pica, la utop\u00eda no es lo inalcanzable, sino el pensamiento de un mundo a\u00fan por llegar. Nos corresponde hacerla realidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Carlos Gil Gand\u00eda<\/em><\/strong><br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Europa<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La crisis es una constante en el Derecho Internacional. Es su estado natural, pues conviven Derecho y Poder. Pero no por ello se debe dejar de poner de relieve, de reflexionar y de criticar. 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