{"id":40472,"date":"2025-05-05T11:02:34","date_gmt":"2025-05-05T14:02:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=40472"},"modified":"2025-10-20T17:54:50","modified_gmt":"2025-10-20T20:54:50","slug":"el-derecho-internacional-frente-al-poder-arrogante-una-defensa-de-lo-establecido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2025\/05\/05\/el-derecho-internacional-frente-al-poder-arrogante-una-defensa-de-lo-establecido\/","title":{"rendered":"El derecho internacional frente al poder arrogante: una defensa de lo establecido"},"content":{"rendered":"<p>Si en su amanecer el derecho internacional fue apenas un lenguaje cifrado entre soberan\u00edas, un c\u00f3digo funcional que ordenaba las competencias y las fronteras de los Estados como \u00fanicos sujetos dignos de interlocuci\u00f3n jur\u00eddica, el tiempo ha impuesto una lenta pero inexorable inflexi\u00f3n: la humanizaci\u00f3n de sus principios y estructuras. Porque lo humano, que anta\u00f1o asomaba apenas como objeto pasivo, como cifra estad\u00edstica o accidente colateral de las relaciones interestatales, ha reclamado, desde la tragedia y la memoria de los primeros a\u00f1os del s. XX, un lugar central en el discurso y la praxis del derecho internacional contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Esa humanizaci\u00f3n no es solo una ampliaci\u00f3n sem\u00e1ntica del derecho: es, en realidad, una transformaci\u00f3n ontol\u00f3gica del sujeto mismo del derecho internacional, donde el individuo transita desde el anonimato tutelado a la posibilidad, a\u00fan limitada para m\u00ed, pero no as\u00ed para otros acad\u00e9micos, de acceso directo a los foros jurisdiccionales internacionales. As\u00ed, la cultura de los derechos humanos, m\u00e1s que una mera superestructura normativa, se ha erigido en contrapeso moral y jur\u00eddico al poder de los gobernantes, desplazando el viejo monopolio estatal de la soberan\u00eda hacia una responsabilidad compartida y vigilada, donde la dignidad humana opera como frontera y fundamento.<\/p>\n<p>Pero no debe entenderse este proceso como una narrativa lineal ni triunfalista. La humanizaci\u00f3n del derecho internacional es, tambi\u00e9n, una arena de tensiones no resueltas, de resistencias estructurales y de inercias doctrinales. La subjetividad internacional del individuo sigue siendo parcial, contingente y asim\u00e9trica, confinada a ciertos espacios geogr\u00e1ficos y a determinados derechos de primera generaci\u00f3n, mientras los derechos econ\u00f3micos, sociales y culturales permanecen en el vasto territorio de las aspiraciones no justiciables. Y, sin embargo, en ese avance intermitente, en esas grietas que el derecho internacional ha abierto en la muralla de las soberan\u00edas, se cifra una promesa inacabada: la de que el poder, humanizado por el derecho, sea menos dominaci\u00f3n y m\u00e1s servicio; menos prerrogativa y m\u00e1s responsabilidad.<\/p>\n<p>Porque humanizar el derecho internacional no es solo ampliar las competencias del individuo frente al Estado, sino humanizar tambi\u00e9n el poder mismo, despoj\u00e1ndolo de su pretensi\u00f3n aut\u00e1rquica, someti\u00e9ndolo a una pol\u00edtica de derechos humanos \u2212y no con los derechos humanos\u2212 como principio cr\u00edtico y normativo. En esa dial\u00e9ctica entre poder y derecho, entre soberan\u00eda y dignidad, entre individuo y comunidad internacional, se juega, quiz\u00e1, la posibilidad misma de un derecho internacional que no sea solo la gram\u00e1tica del poder, sino el lenguaje de la justicia.<\/p>\n<p>Sin embargo, hace tiempo que se constata, sobre todo en este siglo XXI, que ese poder humanizado, en parte, declina ante un resurgimiento de formas de poder arrogantes e inhumanas. Este retroceso se manifiesta en la ret\u00f3rica de algunos gobernantes occidentales y no occidentales, en diversos conflictos armados actuales, aunque algunos perduran m\u00e1s en el tiempo que el propio tiempo, donde l\u00edderes pol\u00edticos y militares act\u00faan con impunidad, desafiando los principios fundamentales del derecho internacional.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hacer frente a este poder arrogante? Me pregunto, os pregunto. Acaso la pregunta, planteada de ese modo, parece arrastrar consigo la desesperanza de quien sospecha que toda resistencia es vana, que el poder \u2014ese leviat\u00e1n multiforme\u2014 acabar\u00e1 siempre imponiendo su peso, desfigurando las palabras, reescribiendo las normas a su capricho o, simplemente, ignor\u00e1ndolas. Pero precisamente en esa sospecha, en esa tentaci\u00f3n de claudicar, comienza la primera batalla, que no es contra el poder en s\u00ed, sino contra la renuncia a nombrarlo y enfrentarlo.<\/p>\n<p>Frente a ese poder arrogante, que hoy se muestra sin tapujos en Gaza, en Sud\u00e1n, en el Congo, en Ucrania e, incluso, en las devoluciones en caliente de los migrantes; frente a esos gobernantes que, amparados en discursos de seguridad o soberan\u00eda, reh\u00fayen cualquier l\u00edmite que no sea el de su propia fuerza, la respuesta no puede ser el silencio, ni la resignaci\u00f3n, ni ese cinismo c\u00f3modo que todo lo da por perdido.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer? La situaci\u00f3n ha llegado a tal punto, que ni siquiera pretendo escribir en estas l\u00edneas las reformas que deben realizarse normativa e institucionales en el ordenamiento jur\u00eddico internacional, sino defender lo establecido, porque lo establecido ya es en s\u00ed mismo una forma de resistencia. Defender el derecho, no como un c\u00f3digo muerto, sino como una promesa a\u00fan no del todo incumplida. Defender la Carta de las Naciones Unidas, los tratados de derechos humanos, los principios estructurales del Derecho Internacional, aunque hoy parezcan fr\u00e1giles o desbordados.<\/p>\n<p>Defender lo establecido es revolucionario porque implica insistir en que el poder debe ser limitado, que los gobernantes no son dioses inmunes al juicio de su tiempo ni al de la historia, que ning\u00fan c\u00e1lculo geopol\u00edtico puede suplantar el valor irreductible de una vida humana. Implica no callar, ni pensar que el infierno son los otros, como si la violencia y la impunidad solo ocurrieran \u201call\u00ed\u201d, en los territorios del mal ajeno, sino aceptar que la inhumanidad del poder es una tentaci\u00f3n universal, y que su l\u00edmite no es solo una cuesti\u00f3n jur\u00eddica, sino \u00e9tica, cultural, civilizatoria.<\/p>\n<p>Porque cada vez que el Derecho Internacional es vulnerado y tergiversado, no son solo las v\u00edctimas inmediatas quienes sufren, sino todos los dem\u00e1s, porque se erosiona la posibilidad de una comunidad internacional regida por normas y no por la fuerza bruta. La arrogancia del poder es contagiosa; su impunidad, expansiva. Por eso, la \u00fanica defensa posible (aunque modesta, aunque aparentemente insuficiente) es sostener el derecho all\u00ed donde a\u00fan se reconoce, hacerlo cumplir all\u00ed donde a\u00fan es exigible, nombrar sus violaciones all\u00ed donde a\u00fan es posible alzar la voz.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Carlos Gil Gand\u00eda<\/em><\/strong><br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Europa<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Carlos Gil Gand\u00eda<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":21671,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[34],"tags":[1581,1683,1143],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"thumbnail":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-300x80.png",300,80,true],"medium_large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"1536x1536":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"2048x2048":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-m":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",600,160,false],"ocean-thumb-ml":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-l":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"sow-carousel-default":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-272x182.png",272,182,true],"sow-blog-portfolio":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",375,100,false],"sow-blog-grid":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",720,192,false],"sow-blog-alternate":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false]},"uagb_author_info":{"display_name":"Noel\u00ed Scarpelli","author_link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/author\/noeli\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"por Carlos Gil Gand\u00eda","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40472"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40472"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40472\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":40474,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40472\/revisions\/40474"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/21671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}