{"id":40878,"date":"2025-06-23T11:07:57","date_gmt":"2025-06-23T14:07:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=40878"},"modified":"2025-06-27T09:54:16","modified_gmt":"2025-06-27T12:54:16","slug":"el-triste-y-grotesco-atentado-contra-el-derecho-internacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2025\/06\/23\/el-triste-y-grotesco-atentado-contra-el-derecho-internacional\/","title":{"rendered":"El triste y grotesco atentado contra el Derecho Internacional"},"content":{"rendered":"<p>Escribo estas l\u00edneas tras enterarme del ataque estadounidense contra Ir\u00e1n, en un momento en que los gazat\u00edes siguen siendo asesinados con regularidad y sin pausa, casi con una rutina que ya no escandaliza; mientras la Comisi\u00f3n Europea \u2014esa entidad que finge neutralidad mientras trivializa lo evidente\u2014 se permite hablar de \u201cindicios\u201d en Gaza, como si el horror necesitara a\u00fan confirmaci\u00f3n o prueba documental; mientras, al mismo tiempo, los ni\u00f1os y las ni\u00f1as se ba\u00f1an en la playa, en alguna parte, quiz\u00e1 ajenos a todo o quiz\u00e1 no del todo; mientras el mundo entero parece tambalearse, aunque para algunos \u2014los de siempre\u2014 su mundo, ese que han blindado con privilegios, asistencias diplom\u00e1ticas y cierta ceguera voluntaria, sigue exactamente igual. Tantos mundos en uno, pero diferentes entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Recuerdo una tarde remota, en los a\u00f1os de la universidad, cuando un profesor \u2014de esos que ense\u00f1aban con m\u00e1s fe que pruebas\u2014 afirm\u00f3 que el Derecho Internacional era <em>la conciencia jur\u00eddica de la humanidad<\/em>. Lo dijo sin vacilar, con una solemnidad casi lit\u00fargica, y muchos lo escuchamos como si pronunciara una revelaci\u00f3n. Yo ten\u00eda poco m\u00e1s de veinte a\u00f1os, cre\u00eda en las palabras (a\u00fan lo hago), y me parec\u00eda razonable que el mundo pudiera organizarse en torno a nociones como la paz, la justicia o la dignidad. Aquella tarde, al salir del aula, anot\u00e9 en los m\u00e1rgenes de una libreta: <em>el Derecho como esperanza<\/em>. No lo sab\u00eda entonces, pero esa fue mi primera experiencia de fe laica.<\/p>\n<p>Hoy, tras tantos tratados traicionados, guerras justificadas como misiones, instituciones convertidas en escenograf\u00eda y resoluciones que nadie respeta, sigo pregunt\u00e1ndome qu\u00e9 queda de aquella promesa. Desde esa herida, desde esa perplejidad, nace este texto: una tentativa de nombrar el triste y grotesco atentado que sufre el Derecho Internacional.<\/p>\n<p>Hablar hoy de Derecho Internacional es como invocar la decencia en medio de una licitaci\u00f3n ama\u00f1ada. Es un gesto ceremonial, desprovisto de efecto, grotesco por la distancia abismal entre lo que promete y lo que ocurre. Se tiene la impresi\u00f3n \u2014\u00edntima, f\u00edsica\u2014 de que este orden jur\u00eddico fue, alguna vez, un altar para la raz\u00f3n y la paz entre las naciones, y que hoy no es m\u00e1s que una reliquia que apenas veneran algunos diplom\u00e1ticos obstinados, unos juristas idealistas (entre los que me cuento y defiendo), y ciertos manuales escolares que nadie se atreve a tirar.<\/p>\n<p>En el origen de esta decadencia hay una constante que nunca desapareci\u00f3: la guerra. Siempre presente, siempre al acecho, siempre dispuesta a irrumpir con sus botas sucias y sus verdades de acero. La guerra ha sido, es y seguir\u00e1 siendo el \u00e1rbitro final de los asuntos internacionales. Y frente a ella, el Derecho \u2014con sus art\u00edculos, convenciones y solemnidades\u2014 queda reducido a un gesto sin efecto. Se cita, se proclama, se escribe, pero no se cumple. O se cumple s\u00f3lo cuando conviene a los que pueden imponerlo: los vencedores, los poderosos, los arquitectos de ese orden que se construye a fuerza de desequilibrio.<\/p>\n<p>Nada de esto es nuevo. El Derecho Internacional siempre fue, en el fondo, una cristalizaci\u00f3n jur\u00eddica de un equilibrio de fuerzas. Cuando ese equilibrio se quiebra, el Derecho no cae por ser violado, sino por revelarse irrelevante, accesorio, prescindible.<\/p>\n<p>Durante siglos \u2014de Westfalia a Sarajevo hasta llegar a Gaza\u2014 el Derecho Internacional fue modelado sobre esa tensi\u00f3n. Pero incluso entonces, hubo quienes advirtieron que ese equilibrio era una trampa: un modo elegante de consagrar la desigualdad. Sin embargo, en ausencia de equilibrio, ni siquiera queda el barniz. Y hoy, bajo la l\u00f3gica global del mercado, ya ni eso subsiste. La guerra ha vuelto, pero sin necesidad de nombres \u00e9picos. Es constante, difusa, an\u00f3nima. Se llama \u201cintervenci\u00f3n humanitaria\u201d, \u201coperaci\u00f3n especial\u201d, \u201cguerra contra el terrorismo\u201d. Y detr\u00e1s de esos nombres, se abre un abismo jur\u00eddico: no de prudencia, sino de sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las Naciones Unidas \u2014sue\u00f1o herido del siglo XX\u2014 han sido relegadas a los m\u00e1rgenes, sin voz, sin poder. El \u201cG-194\u201d que se re\u00fane para salvar el planeta es ignorado por el \u201cG-20\u201d que decide cu\u00e1ntos ceros agregar al rescate financiero que lo destruye. Las cumbres, las resoluciones, las declaraciones finales se multiplican como papeles sin lector, firmados por notarios del desastre que a\u00fan creen en la autoridad de su sello, aunque ya nadie lo reconozca.<\/p>\n<p>Y en este escenario, tan grotesco como desolador, el espect\u00e1culo contempor\u00e1neo nos ofrece un consuelo perverso: la distop\u00eda como distracci\u00f3n. Se ha vuelto costumbre imaginar futuros arrasados, colapsos inevitables, sociedades sometidas por m\u00e1quinas o tiran\u00edas hipertecnol\u00f3gicas. No para evitarlos, sino para habituarnos a ellos. Las pantallas nos sirven distop\u00edas empaquetadas como entretenimiento, y el mercado las presenta como ejercicio cr\u00edtico, cuando en realidad son f\u00e1bulas anest\u00e9sicas. Bajo su influjo, la indignaci\u00f3n se vuelve espect\u00e1culo y la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica se reduce a contemplar la cat\u00e1strofe como destino. La publicidad hace el resto: nos invita a consumir el fin del mundo como si fuera una bebida azucarada. La conciencia se duerme. La pol\u00edtica se disuelve.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el Derecho Internacional languidece. Pero no por debilidad te\u00f3rica. Sus normas son claras, sus principios v\u00e1lidos. Su condena es otra: ya no importa. Su irrelevancia es funcional. Y esa irrelevancia no es casual: se sostiene gracias a sus propios agentes \u2014t\u00e9cnicos, bur\u00f3cratas, diplom\u00e1ticos, incluso juristas\u2014 que, sin mala intenci\u00f3n, pero con servilismo, firman lo que se les ordena firmar, callan lo que deben callar y aplauden cuando corresponde.<\/p>\n<p>La decadencia del Derecho Internacional no es s\u00f3lo el fracaso de un ideal. Es la historia de su domesticaci\u00f3n. De c\u00f3mo su lenguaje fue vaciado de sentido para adaptarse al dialecto del poder. Y en ello reside su grotesco: sigue present\u00e1ndose como neutral, civilizador, humanista, cuando hace tiempo es parte del engranaje que consagra el desorden.<\/p>\n<p>No es s\u00f3lo decadencia: es obscenidad. Y, como ocurre con todo lo realmente fatal, no lleg\u00f3 de golpe. Lleg\u00f3 gota a gota. Hasta convertir al Derecho Internacional en lo que quiz\u00e1 nunca debi\u00f3 ser: un discurso sin destinatarios, una esperanza sin fundamento, una llama extinta.<\/p>\n<p>Pero que no se diga que no lo vimos venir. Que no se diga que no lo advertimos. Lo grotesco no es su muerte, sino el funeral hip\u00f3crita que muchos celebran con trajes oscuros, comunicados diplom\u00e1ticos y gestos de luto fingido. \u00bfY mientras tanto, qu\u00e9 hacer?<\/p>\n<p>Ante esta devastaci\u00f3n, y frente a la industria del entretenimiento que transforma el horror en h\u00e1bito y la injusticia en argumento de taquilla, queda a\u00fan una afirmaci\u00f3n radical: hay que volver a la utop\u00eda. Reivindicar el Derecho incluso \u2014y sobre todo\u2014 cuando parece ilusorio. Defender la paz donde a\u00fan sea posible hablar. Oponerse, con lucidez y sin concesiones, al cinismo de los poderosos y al servilismo de los gestores del orden. Defender el Derecho Internacional no es un gesto acad\u00e9mico ni ret\u00f3rico. Es un acto de resistencia. Una afirmaci\u00f3n \u00e9tica. Un deber. Quien esto escribe lo cree as\u00ed. Y, en la medida de sus fuerzas, as\u00ed lo intenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Carlos Gil Gand\u00eda<\/em><\/strong><br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Europa<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Carlos Gil Gand\u00eda<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":21671,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[34],"tags":[1581,1736],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"thumbnail":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-300x80.png",300,80,true],"medium_large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"1536x1536":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"2048x2048":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-m":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",600,160,false],"ocean-thumb-ml":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-l":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"sow-carousel-default":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-272x182.png",272,182,true],"sow-blog-portfolio":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",375,100,false],"sow-blog-grid":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",720,192,false],"sow-blog-alternate":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false]},"uagb_author_info":{"display_name":"Noel\u00ed Scarpelli","author_link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/author\/noeli\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"por Carlos Gil Gand\u00eda","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40878"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40878"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40878\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":40880,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40878\/revisions\/40880"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/21671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40878"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40878"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40878"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}