{"id":41617,"date":"2025-08-22T11:26:53","date_gmt":"2025-08-22T14:26:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=41617"},"modified":"2025-09-30T11:28:00","modified_gmt":"2025-09-30T14:28:00","slug":"imperialismo-sistemico-y-crisis-del-derecho-internacional-hacia-una-relectura-emancipadora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2025\/08\/22\/imperialismo-sistemico-y-crisis-del-derecho-internacional-hacia-una-relectura-emancipadora\/","title":{"rendered":"Imperialismo sist\u00e9mico y crisis del derecho internacional: hacia una relectura emancipadora"},"content":{"rendered":"<p class=\"departamento\">Departamento de Derecho Internacional<\/p>\n<h6>Art\u00edculos<\/h6>\n<h1>Imperialismo sist\u00e9mico y crisis del derecho internacional: hacia una relectura emancipadora<\/h1>\n<p class=\"autor\">Carlos Gil Gand\u00eda<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><strong>[1]<\/strong><\/a><\/p>\n<p>Recuerdo con nitidez el momento en que le\u00ed <em>\u00a1Indignaos!<\/em> de St\u00e9phane Hessel. No fue solo una lectura, sino una sacudida: me oblig\u00f3 a mirar el mundo con otros ojos, a no resignarme ante la injusticia disfrazada de normalidad. Desde entonces, la conciencia pol\u00edtica dej\u00f3 de ser un ejercicio intelectual para convertirse en una urgencia vital; tambi\u00e9n en consonancia con la raz\u00f3n vital e intelectual de Mar\u00eda Zambrano. Este texto nace tambi\u00e9n de esa indignaci\u00f3n, y del compromiso de no callar frente al desmantelamiento del derecho como horizonte com\u00fan.<\/p>\n<p>La sociedad internacional contempor\u00e1nea ha ingresado en una fase avanzada de imperialismo sist\u00e9mico, no articulado ya en torno a un imperio nacional cl\u00e1sico, sino encarnado en un entramado global de poder econ\u00f3mico, tecnol\u00f3gico y militar que se manifiesta a trav\u00e9s de redes multinacionales (tambi\u00e9n lo es la OTAN), alianzas estrat\u00e9gicas selectivas, corporaciones transnacionales y plataformas digitales. Este sistema, movido por la l\u00f3gica combinada del algoritmo y la ganancia, impone sus reglas sin apenas hallar resistencia estructural, erosionando tanto la soberan\u00eda estatal como los principios fundantes del derecho internacional. La guerra en Ucrania, el estancamiento cr\u00f3nico del conflicto palestino-israel\u00ed, el silencio c\u00f3mplice ante las atrocidades en Yemen o Sud\u00e1n o Congo, la manipulaci\u00f3n del derecho humanitario en escenarios como Siria o Gaza, y la cooptaci\u00f3n discursiva de los derechos humanos por potencias que los violan con sistematicidad, configuran un orden internacional donde ya no rige el derecho sino el c\u00e1lculo: la fuerza, el capital y la geoestrategia dictan las condiciones, desplazando los valores normativos que alguna vez se aspir\u00f3 a universalizar.<\/p>\n<p>La solidaridad (aunque prefiero el t\u00e9rmino caridad) no es solamente una categor\u00eda jur\u00eddica; es, ante todo, un imperativo \u00e9tico. La empat\u00eda, capacidad radical de ponerse en el lugar de otro, nos constituye como humanos con humanidad. Sin lazos afectivos entre sujetos vivos, ning\u00fan orden normativo podr\u00e1 sostenerse ni imaginarse como justo, o, al menos, como protector de los colectivos m\u00e1s vulnerables.<\/p>\n<p>En este contexto, el individualismo imperante: cultivado como forma de subjetividad funcional al orden neoliberal, debilita la posibilidad misma de construir un proyecto colectivo emancipador. La primac\u00eda del yo sobre el nosotros, del inter\u00e9s sobre el v\u00ednculo, favorece la aceptaci\u00f3n pasiva de un orden profundamente injusto. Recordemos que la colonizaci\u00f3n no solo oprime cuerpos, sino que configura subjetividades alienadas; es decir, el colonialismo no ha desaparecido, se ha transformado. Hoy opera de forma sist\u00e9mica, disfrazado de normalidad globalizada, y penetra incluso los modos en que nos pensamos a nosotros mismos.<\/p>\n<p>En este panorama, la pregunta no puede sino brotar con crudeza: \u00bfestamos condenados a la pasividad? \u00bfDebemos seguir delegando en una Europa dividida y vacilante la defensa de los principios que habr\u00edan de sostener un orden internacional justo? \u00bfAcaso debemos resignarnos al retorno de una l\u00f3gica bipolar, con Estados Unidos y China como polos rivales, que legitima la rivalidad permanente y militariza la pol\u00edtica global bajo la coartada de la seguridad? La respuesta, si ha de ser digna, no puede ser afirmativa. Persisten, incluso hoy, armas despreciadas por su falta de inmediatez: las ideas, los valores que las nutren, y la acci\u00f3n pol\u00edtica que surge cuando los pueblos se niegan a aceptar la injusticia como destino. Los movimientos anticoloniales del siglo XX no vencieron por la superioridad de sus arsenales, sino por la potencia de una idea: la autodeterminaci\u00f3n. Esa misma fuerza reconfigur\u00f3 el orden jur\u00eddico internacional, deslegitimando el colonialismo hasta entonces naturalizado. Hoy, ante un nuevo despotismo: no ya territorial, sino estructural, digital y financiero, urge reactivar el potencial transformador del derecho como herramienta cr\u00edtica.<\/p>\n<p>La devaluaci\u00f3n del derecho internacional no proviene solo de su manipulaci\u00f3n por parte de las grandes potencias. Su fragilidad radica tambi\u00e9n en la brecha creciente entre principios y operatividad, entre norma y vigencia. El Consejo de Seguridad, prisionero de una arquitectura de posguerra, se revela incapaz de actuar con eficacia o legitimidad ante las crisis que exigen respuesta. La Corte Penal Internacional, minada por el incumplimiento de sus propios Estados parte, arrastra una credibilidad mermada. No obstante, el derecho conserva una potencia subversiva si logra ser apropiado por una sociedad civil planetaria, por sujetos pol\u00edticos que no aceptan la subordinaci\u00f3n de lo humano al mercado o a la raz\u00f3n de Estado (t\u00e9rminos peligros en su operatividad, en el c\u00f3mo de la misma). Pese a los retrocesos, el n\u00facleo normativo del derecho internacional permanece: la prohibici\u00f3n del uso unilateral de la fuerza, el respeto a los derechos humanos, la protecci\u00f3n de los bienes comunes, la primac\u00eda de la dignidad humana y la emergencia de nuevos sujetos de derecho, como los ecosistemas.<\/p>\n<p>El capitalismo en su fase avanzada ha logrado penetrar toda dimensi\u00f3n de la vida. Incluso el amor, como ha demostrado Eva Illouz (y la psicoanalista Lola L\u00f3pez Mondejar, con su modelo Tinder), ha sido reconfigurado bajo la l\u00f3gica mercantil. Datos personales, conocimiento, salud, medio ambiente, cuerpos y afectos: todo se convierte en activo, todo es intercambiable. Este vaciamiento ontol\u00f3gico de lo vinculante genera subjetividades hiperracionales, funcionales al orden del rendimiento, incapaces de la alteridad o del reconocimiento del otro. Ya no se ama, se transacciona. El amor deviene simulacro, afinado por algoritmos. Y as\u00ed, se vac\u00eda tambi\u00e9n la polis: la desafecci\u00f3n afectiva se traduce en desafecci\u00f3n pol\u00edtica, debilitando la capacidad de imaginar lo com\u00fan. Todo se negocia; nada es indisponible. Pero esta ficci\u00f3n contractual oculta una violencia estructural: el contrato celebrado entre partes desiguales es un instrumento de dominaci\u00f3n. Frente a ello, la noci\u00f3n de orden p\u00fablico reaparece como l\u00edmite necesario: no como preservaci\u00f3n del statu quo, sino como afirmaci\u00f3n de principios no negociables que sostienen la comunidad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En el derecho comparado continental, el orden p\u00fablico distingue entre una funci\u00f3n de direcci\u00f3n (que orienta el sistema hacia fines colectivos) y otra de protecci\u00f3n (que ampara a los vulnerables). Para que exista orden p\u00fablico, debe existir comunidad: un nosotros que se reconoce como tal, capaz de articular normas fundamentales que expresen sus valores irrenunciables. Esta arquitectura ha sido erosionada por la desregulaci\u00f3n y la hegemon\u00eda tecnocr\u00e1tica del mercado. Y en la sociedad internacional, ni siquiera ha llegado a consolidarse. All\u00ed, domina el \u00abtodo contrato\u00bb: tratados donde los actores d\u00e9biles no negocian en pie de igualdad, acuerdos comerciales que supeditan lo p\u00fablico a lo corporativo, pactos militares que fijan esferas de influencia. Incluso los tratados de paz \u00bfson realmente tratados, o actos unilaterales de imposici\u00f3n?<\/p>\n<p>El derecho internacional reconoce un l\u00edmite al contrato en las normas de jus cogens, pero la pr\u00e1ctica lo desmiente: jam\u00e1s se ha anulado un tratado que otorgue privilegios a una gran potencia, por devastadoras que sean sus consecuencias. La asimetr\u00eda revela un derecho a\u00fan intersubjetivo, fundado en la voluntad estatal, donde los m\u00e1s d\u00e9biles carecen de recursos efectivos y las normas universales flotan en el plano declarativo.<\/p>\n<p>La Carta de las Naciones Unidas, dise\u00f1ada como esqueleto normativo de una comunidad internacional regida por la ley, ha visto frustrada su promesa. Aunque su naturaleza contractual aspiraba a la universalidad, el incumplimiento sistem\u00e1tico de sus disposiciones por el propio Consejo de Seguridad ha vaciado de sentido esta pretensi\u00f3n. La resoluci\u00f3n 1441 sobre Irak, por ejemplo, no puede ser interpretada como base leg\u00edtima de una invasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito penal el derecho internacional ha sido cooptado. El Estatuto de Roma, nacido con vocaci\u00f3n universal, fue negociado bajo el signo del compromiso. Algunos Estados, como Estados Unidos, no solo no lo han ratificado, sino que han firmado acuerdos bilaterales para blindar la inmunidad de sus nacionales. Esta actitud subvierte el principio de igualdad ante la ley y convierte a la Corte Penal Internacional en un tribunal selectivo. La impunidad de los poderosos (Netanyahu entre ellos) es la negaci\u00f3n misma del derecho.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta crisis no es s\u00f3lo de eficacia, sino de sentido. Una parte esencial de la debilidad del derecho internacional se debe a la reconfiguraci\u00f3n de los derechos internos de relaciones exteriores. En muchos Estados, estos marcos se han tecnocratizado, blindado y sometido a la voluntad del poder ejecutivo. El resultado es un derecho sin deliberaci\u00f3n, sin controles democr\u00e1ticos, sin articulaci\u00f3n con la voluntad popular. As\u00ed, la propia arquitectura interna del derecho exterior alimenta la impotencia del derecho internacional: al reducirlo a una herramienta de conveniencia, lo priva de su vocaci\u00f3n transformadora.<\/p>\n<p>Frente a esta deriva, urge reactivar una noci\u00f3n de derecho internacional no como espejo de la geopol\u00edtica, sino como horizonte de emancipaci\u00f3n. Ello exige una relectura cr\u00edtica de sus fundamentos y una apropiaci\u00f3n activa por parte de actores no estatales: pueblos, movimientos sociales, universidades, magistratura, periodistas, organizaciones de base. La sociedad internacional no existe como realidad dada: es un proyecto inacabado, o quiz\u00e1 una utop\u00eda que solo existe en la letra escrita. Si quiere sobrevivir el asedio del poder financiero, tecnol\u00f3gica y militar m\u00e1s descarriado, deber\u00e1 no solo estructurarse sino cumplirse sobre principios comunes, inderogables, cueste lo que cueste. En esa lucha, el derecho no es un adorno ni un lujo, sino es una trinchera indispensable, que depende en manos de qui\u00e9nes est\u00e9, es un instrumento de dominaci\u00f3n o uno de inclusi\u00f3n e igualdad. Y acaso, hoy m\u00e1s que nunca, lo verdaderamente reivindicativo frente a lo hegem\u00f3nico sea lo humano con humanidad. Porque sin humanidad, el derecho se vac\u00eda; lo humano se reduce a un mero cuerpo f\u00edsico, y sin esto, la Humanidad con humanidad se disuelve.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Universidad de Murcia. ORCID ID: <a href=\"https:\/\/orcid.org\/0000-0002-0325-6517\">https:\/\/orcid.org\/0000-0002-0325-6517<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Carlos Gil Gand\u00eda<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":41241,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[1688],"tags":[1772],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"thumbnail":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025-300x80.png",300,80,true],"medium_large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"1536x1536":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"2048x2048":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"ocean-thumb-m":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025-600x200.png",600,200,true],"ocean-thumb-ml":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"ocean-thumb-l":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false],"sow-carousel-default":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025-272x182.png",272,182,true],"sow-blog-portfolio":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025-375x200.png",375,200,true],"sow-blog-grid":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025-720x200.png",720,200,true],"sow-blog-alternate":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/feat-anuario-2025.png",750,200,false]},"uagb_author_info":{"display_name":"Juana Alvarez Eiras","author_link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/author\/juana-alvarez-eiras\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"por Carlos Gil Gand\u00eda","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41617"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41617"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41617\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":43119,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41617\/revisions\/43119"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/41241"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41617"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41617"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41617"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}