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{"id":42809,"date":"2025-09-22T13:50:47","date_gmt":"2025-09-22T16:50:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=42809"},"modified":"2025-10-20T16:18:54","modified_gmt":"2025-10-20T19:18:54","slug":"gaza-y-el-simulacro-del-derecho-internacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2025\/09\/22\/gaza-y-el-simulacro-del-derecho-internacional\/","title":{"rendered":"Gaza y el simulacro del derecho internacional"},"content":{"rendered":"<p>El plausible genocidio en Gaza, como antes la guerra y las masacres en los Balcanes o Irak, vuelve a situar al derecho internacional ante su mayor prueba: no la de su existencia formal, sino la de su eficacia real. El derecho est\u00e1 ah\u00ed, entre otros, en la Carta de las Naciones Unidas, en los Convenios de Ginebra, en la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia, en la Declaraci\u00f3n de Principios. Pero la dificultad no est\u00e1 en la carencia de normas, sino en la ausencia de voluntad pol\u00edtica para hacerlas efectivas. Por eso, lo que se juega en Gaza no es s\u00f3lo una tragedia humanitaria, sino tambi\u00e9n la credibilidad de un sistema jur\u00eddico internacional que corre el riesgo de convertirse en un mito encubridor: invocar solemnemente principios universales que, en la pr\u00e1ctica, se transforman en m\u00e1scaras que legitiman la dominaci\u00f3n del fuerte sobre el d\u00e9bil.<\/p>\n<p>Dominada por econom\u00edas militarizadas, la sociedad internacional se encuentra comprometida en una fase regresiva desde el punto de vista de los fundamentos jur\u00eddicos y pol\u00edticos de lo que podr\u00eda haber sido una comunidad internacional. Su actitud en el conflicto palestino-israel\u00ed es emblem\u00e1tica de esta situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Opini\u00f3n Consultiva de la CIJ del 19 de julio de 2024 sobre \u201cLas consecuencias jur\u00eddicas de las pol\u00edticas y pr\u00e1cticas de Israel en el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusal\u00e9n Oriental\u201d es inequ\u00edvoca: Israel mantiene una ocupaci\u00f3n ilegal; debe cesar los asentamientos; evacuar colonos; reparar los da\u00f1os; terminar con las pol\u00edticas discriminatorias. Adem\u00e1s, recuerda que todos los Estados tienen obligaciones erga omnes: no reconocer la situaci\u00f3n il\u00edcita, no asistirla, cooperar para poner fin a las violaciones. El derecho est\u00e1 claro, pero \u00bfqu\u00e9 ocurre cuando los destinatarios se niegan a cumplirlo? La respuesta, tantas veces repetida, es la par\u00e1lisis: los vetos en el Consejo de Seguridad, las alianzas pol\u00edticas, las prioridades estrat\u00e9gicas. El derecho, que deber\u00eda ser escudo del d\u00e9bil frente al fuerte, se convierte entonces en decorado: una puesta en escena donde la norma se recita, pero no se ejecuta.<\/p>\n<p>Le\u00ed a <strong>Paco Jarauta<\/strong>, fil\u00f3sofo murciano, que todo esto se produce, adem\u00e1s, en un marco hist\u00f3rico que acent\u00faa la sensaci\u00f3n de impotencia. Las r\u00e1pidas y profundas transformaciones de las \u00faltimas d\u00e9cadas, la imprevisibilidad de los cambios y la agitaci\u00f3n de los acontecimientos nos han convertido, en gran medida, en espectadores globales: testigos de un drama del que percibimos la magnitud, pero frente al cual carecemos de capacidad de intervenci\u00f3n real. El mundo avanza a un ritmo vertiginoso, sacudido por crisis sucesivas \u2014desde las guerras hasta la pandemia reciente\u2014 que han desmoronado las seguridades b\u00e1sicas, instalando una nueva vulnerabilidad, increment\u00e1ndose con las teor\u00edas conspiranoicas. La confianza moderna en la raz\u00f3n como fuerza capaz de organizar y transformar el mundo se cubre hoy de sombras: ya no nos sentimos protagonistas del futuro, sino sujetos perplejos, desconcertados, que contemplan con ansiedad un porvenir cada vez m\u00e1s incierto.<\/p>\n<p>A ello se suma una dimensi\u00f3n pol\u00edtica que raya en lo tr\u00e1gico. Desde los Acuerdos de Oslo hasta hoy, Israel ha actuado de forma sistem\u00e1tica para impedir la viabilidad de un Estado palestino. La Autoridad Palestina carece de poderes soberanos, el territorio est\u00e1 fragmentado en islotes no contiguos, Jerusal\u00e9n ha sido confiscada, y el derecho al retorno prohibido. Gaza es un lugar devastado f\u00edsica y emocionalmente, sometido a control militar israel\u00ed.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la Asamblea General de la ONU se ha convertido en el foro donde Palestina encuentra un m\u00ednimo de reconocimiento jur\u00eddico. El 19 de septiembre de 2025, aprob\u00f3 \u2014con 145 votos a favor y 5 en contra\u2014 que Palestina pudiera intervenir por videoconferencia en la 80\u00aa sesi\u00f3n y en la conferencia sobre la soluci\u00f3n de los dos Estados, despu\u00e9s de que Estados Unidos negara visados a su delegaci\u00f3n. El hecho es relevante: reafirma que la Asamblea General no es un \u00f3rgano decorativo, sino depositaria de la legitimidad representativa universal. All\u00ed donde el Consejo de Seguridad se bloquea, la Asamblea puede ofrecer salidas jur\u00eddicas y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Sin embargo, soy consciente de que, aunque un determinado discurso (que comparto) insiste en mantener la \u201csoluci\u00f3n de los dos Estados\u201d como horizonte, se trate de una \u201cpostura ilusionista\u201d. Como si nombrar lo imposible lo volviera realizable. El derecho, en este punto, corre el riesgo de quedar atrapado en una ret\u00f3rica que maquilla la realidad: se habla de negociaciones, pero se perpet\u00faan los asentamientos; se invoca la paz, pero se multiplican las operaciones militares; se pronuncian resoluciones, pero se ignoran sus efectos.<\/p>\n<p>La violencia no se ejerce solo con bombas, sino tambi\u00e9n con palabras. El lenguaje pol\u00edtico la disfraza de racionalidad y necesidad: los muertos son \u201cda\u00f1os colaterales\u201d, la ocupaci\u00f3n es \u201cseguridad\u201d, la resistencia es \u201cterrorismo\u201d. Nombrar de este modo no es un recurso t\u00e9cnico, sino una forma de colonialidad: invisibilizar al Otro, negar su existencia pol\u00edtica, despojarlo de reconocimiento. Prohibir la bandera palestina, como ocurre en Israel y en ciertos lugares de Estados Unidos, no es un acto anecd\u00f3tico, sino un intento de borrar la representaci\u00f3n simb\u00f3lica de un pueblo. El derecho deber\u00eda resistirse a esta manipulaci\u00f3n del lenguaje, porque si la norma se deja capturar por el simulacro, deja de ser derecho y se convierte en pura ret\u00f3rica.<\/p>\n<p>El dilema jur\u00eddico es, entonces, c\u00f3mo reconectar el derecho con su funci\u00f3n originaria: limitar el poder, proteger a los vulnerables, garantizar la paz. La Carta de la ONU ofrece caminos: el art\u00edculo 10 otorga a la Asamblea General competencias para discutir cualquier asunto relativo a la paz y la seguridad; el cap\u00edtulo VII permite medidas coercitivas; el cap\u00edtulo VIII prev\u00e9 el papel de organizaciones regionales. Pero en Gaza, como antes en Kosovo o Irak, esos mecanismos se ven sustituidos por interpretaciones t\u00e1cticas que encubren la inacci\u00f3n o la unilateralidad.<\/p>\n<p>El derecho internacional no est\u00e1 desprovisto de herramientas; est\u00e1 desprovisto de aplicaci\u00f3n. Y eso, en \u00faltima instancia, socava su legitimidad. Si Israel, admitido en 1949 en la ONU con la promesa solemne de respetar la Carta, ha incumplido reiteradamente esa obligaci\u00f3n sin sanci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 mensaje reciben los dem\u00e1s Estados? Que el derecho es vinculante para los d\u00e9biles y opcional para los poderosos.<\/p>\n<p>La paradoja es devastadora: cuanto m\u00e1s se invoca el derecho, menos parece cumplirse. Estamos ante un juego cruel: invocar al derecho para aniquilarlo en la pr\u00e1ctica, hacer del lenguaje jur\u00eddico un conjuro vac\u00edo, mientras las v\u00edctimas mueren bajo las bombas.<\/p>\n<p>La salida pasa por devolver seriedad a la Asamblea General, activar los mecanismos de responsabilidad internacional y reconocer de manera efectiva el derecho de Palestina a existir como Estado. Todo lo dem\u00e1s, toda ret\u00f3rica sobre \u201cprocesos de paz\u201d, \u201csoluciones de dos Estados\u201d u \u201coperaciones temporales\u201d, no es m\u00e1s que un simulacro. Visto lo visto con perspectiva hist\u00f3rica. Y el simulacro, cuando se trata de vidas humanas, es una forma m\u00e1s de violencia.<\/p>\n<p>Pero la cuesti\u00f3n no se agota en Palestina. Lo que est\u00e1 en juego es m\u00e1s profundo: la posibilidad misma de que la sociedad internacional se piense como comunidad y no como un mero escenario de intereses cruzados. Gaza simboliza, con crudeza, la fractura m\u00e1s honda de nuestro tiempo: la p\u00e9rdida de confianza en que el derecho pueda limitar la fuerza, en que las instituciones puedan representar a todos, en que la justicia no sea un privilegio de los vencedores.<\/p>\n<p>En este contexto, el riesgo mayor es que la sociedad internacional quede atrapada en una actitud de mero espectador global, resignada a contemplar c\u00f3mo se desmorona la promesa de justicia sin atreverse a intervenir para revertirla. Frente a esa pasividad, se impone la necesidad de una pol\u00edtica cosmopolita que piense la comunidad internacional como un todo, capaz de reconocer la vulnerabilidad compartida de la humanidad y de asumirla como fundamento de un nuevo pacto social y pol\u00edtico. Solo desde all\u00ed podr\u00e1 surgir una \u00e9tica renovada, que supere la l\u00f3gica de la exclusi\u00f3n y devuelva sentido al derecho como horizonte com\u00fan.<\/p>\n<p>Frente a ello, la respuesta no puede ser el cinismo ni la resignaci\u00f3n. Se impone una poderosa llamada a reconstruir la confianza en una sociedad internacional fracturada. Esa confianza no se decreta ni se improvisa: se construye con actos de coherencia, con la aplicaci\u00f3n efectiva de las normas, con la voluntad pol\u00edtica de que la justicia sea igual para todos. Y, sobre todo, con una \u00e9tica que parta de las v\u00edctimas y no de los vencedores. Solo as\u00ed el derecho internacional recuperar\u00e1 su credibilidad, y la promesa de una comunidad internacional dejar\u00e1 de ser un espejismo para convertirse en horizonte.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Carlos Gil Gand\u00eda<\/strong><\/em><br \/>\nProfesor de Derecho Internacional<br \/>\nUniversidad de Murcia (Espa\u00f1a)<br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Europa<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Carlos Gil 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