{"id":43757,"date":"2025-11-11T09:15:43","date_gmt":"2025-11-11T12:15:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=43757"},"modified":"2025-11-14T12:33:51","modified_gmt":"2025-11-14T15:33:51","slug":"los-derechos-humanos-entre-la-utopia-y-la-mercantilizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2025\/11\/11\/los-derechos-humanos-entre-la-utopia-y-la-mercantilizacion\/","title":{"rendered":"Los derechos humanos entre la utop\u00eda y la mercantilizaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Hay un gesto que resume el modo en que el ser humano ha aprendido a dominar el mundo: el dedo que aprieta el gatillo, contra los seres vivos y el medioambiente. En ese acto m\u00ednimo se concentra la fascinaci\u00f3n por la eficacia inmediata, por el poder que se ejerce a distancia, sin contacto ni responsabilidad. Ese gesto revela una relaci\u00f3n con la realidad basada en el control, la objetivaci\u00f3n y la destrucci\u00f3n. Convertir la vida en blanco, la distancia en protecci\u00f3n y la muerte en espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Esa l\u00f3gica, otrora propia de los cazadores, es, a d\u00eda de hoy, la gu\u00eda al mercado global. Tambi\u00e9n el sistema econ\u00f3mico dispara a distancia: mata sin mirar, act\u00faa sin tocar, destruye sin sentir, como bien reflej\u00f3 <strong>Chirbes<\/strong> en Crematorio. En el fondo, el capitalismo contempor\u00e1neo comparte con la caza su misma pulsi\u00f3n de dominio. La globalizaci\u00f3n ha elevado esa pasi\u00f3n al rango de estructura. El poder no necesita ya enfrentarse al otro; basta con la mediaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, con el contrato, con el algoritmo. La mano invisible del mercado ha sustituido al dedo en el gatillo, pero el resultado es el mismo: alguien cae, alguien pierde, alguien muere, aunque no haya sangre a la vista.<\/p>\n<p>En este contexto, los derechos humanos se han convertido en una paradoja. Nacieron como afirmaci\u00f3n del valor absoluto de la persona, pero se han visto atrapados por la l\u00f3gica mercantil que todo lo mide, todo lo tasa, todo lo compra y todo lo vende. En nombre de la libertad, se ha hecho del ser humano una mercanc\u00eda. El trabajo, el tiempo, la salud, la educaci\u00f3n, incluso el amor y la intimidad se han transformado en bienes transables. La dignidad se ha vuelto un producto financiero; los derechos, un eslogan publicitario.<\/p>\n<p>El mercado, que se presenta como un espacio de libertad, es en realidad una nueva forma de dominaci\u00f3n. Promete prosperidad, pero concentra la riqueza. Habla de igualdad de oportunidades, pero produce desigualdades estructurales. Se disfraza de neutralidad, pero impone su ley a los Estados, a las instituciones y a las conciencias. Bajo su apariencia t\u00e9cnica late un principio moral devastador: la idea de que todo tiene un precio, incluso la vida humana y la vida del medioambiente.<\/p>\n<p>El lenguaje de los derechos ha sido absorbido por esta l\u00f3gica. Hoy se proclaman los derechos humanos en los foros internacionales al mismo tiempo que se privatizan los servicios esenciales y se condena a millones de personas al hambre o al desplazamiento. Las instituciones que deber\u00edan proteger la dignidad humana gestionan en realidad el equilibrio del mercado global. La ayuda humanitaria, los tratados, los organismos multilaterales, las cumbres y las conferencias repiten un discurso que disfraza de justicia lo que en el fondo es administraci\u00f3n de la desigualdad.<\/p>\n<p>No se trata de negar el valor de los derechos humanos, sino de reconocer que su sentido original se ha desvirtuado. Se los invoca como si ya fueran una conquista definitiva, cuando en realidad son una tarea inacabada. Al convertirlos en un producto institucional cerrado, se los priva de su fuerza transformadora. Los derechos no deber\u00edan describir lo que somos, sino lo que todav\u00eda no somos. No son un punto de llegada, sino una direcci\u00f3n, un horizonte, una promesa.<\/p>\n<p>La verdadera defensa de los derechos humanos no consiste en celebrarlos como logros, sino en mantener viva la tensi\u00f3n entre lo que existe y lo que deber\u00eda existir. Esa tensi\u00f3n es el coraz\u00f3n mismo de la utop\u00eda. La utop\u00eda no es un sue\u00f1o ingenuo ni un para\u00edso imaginario, sino la conciencia cr\u00edtica de la insuficiencia del presente. Es la resistencia frente a la resignaci\u00f3n, la afirmaci\u00f3n de que la justicia no se agota en los instrumentos jur\u00eddicos, sino que debe renovarse cada d\u00eda en la experiencia concreta de los seres humanos.<\/p>\n<p>Entender los derechos humanos como utop\u00eda significa devolverles su poder \u00e9tico. Es asumir que no son una propiedad de los Estados ni un patrimonio de las instituciones, sino una pr\u00e1ctica que nos compromete con los otros y con la tierra que habitamos. Supone tambi\u00e9n cuestionar la econom\u00eda que los reduce a valor de cambio. Mientras la vida tenga precio, la libertad ser\u00e1 un privilegio y la igualdad una ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el mundo actual, la violencia ya no necesita de la guerra para manifestarse. Se ejerce en forma de deuda, de exclusi\u00f3n, de precariedad, de abandono. Se mata lentamente con hambre, con contaminaci\u00f3n, con indiferencia, con la inexistencia de un futuro, por ende, de una esperanza (a los j\u00f3venes). La mano que dispara puede ser ahora una firma digital o una decisi\u00f3n algor\u00edtmica. La distancia entre el acto y la v\u00edctima es tan grande que la responsabilidad se evapora. El poder se ejerce sin rostro, sin cuerpo, sin culpa.<\/p>\n<p>Frente a ello, los derechos humanos deben recuperar su condici\u00f3n insurgente. No como adorno ret\u00f3rico de las democracias satisfechas, sino como instrumento de resistencia frente a la mercantilizaci\u00f3n del mundo. Defender los derechos humanos hoy es defender la vida frente al c\u00e1lculo, la gratuidad frente al beneficio, la dignidad frente al precio. Es recordar que lo humano no se mide, que no hay equivalencia posible entre el valor de un ser vivo y el beneficio econ\u00f3mico que su muerte o su explotaci\u00f3n puedan generar.<\/p>\n<p>El futuro depender\u00e1 de si somos capaces de romper con la l\u00f3gica del disparo, y de recuperar la conciencia de la condici\u00f3n vulnerable como cuesti\u00f3n casi antropol\u00f3gica. Mientras el mercado celebre el \u201cpelotazo\u201d econ\u00f3mico como la caza celebraba el tiro certero, seguiremos repitiendo el mismo gesto: apretar el gatillo y mirar hacia otro lado.<\/p>\n<p>La defensa de los derechos humanos debe comenzar desde los m\u00e1rgenes y avanzar hacia el centro. En cada espacio, p\u00fablico y privado, desde los bares hasta las instituciones, desde cada continente, es necesario reconstruir la conciencia de que su vigencia depende de la vida cotidiana y no solo de las declaraciones solemnes. De este modo, solo sobrevivir\u00e1n si dejan de ser una ideolog\u00eda complaciente y vuelven a ser una utop\u00eda viva; si, en lugar de justificar lo que hay, vuelven a exigir lo que falta; si, en lugar de servir al poder, lo interpelan.<\/p>\n<p>No hay tarea m\u00e1s urgente que impedir que la Humanidad con humanidad se disuelva en el mercado y que la dignidad se reduzca al precio de una transacci\u00f3n. Porque todo lo que tiene precio puede perderse; solo lo que carece de \u00e9l puede ser verdaderamente humano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Carlos Gil Gand\u00eda<\/em><\/strong><br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Europa<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Carlos Gil Gand\u00eda<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":21671,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[34],"tags":[1917,1947,1143],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"thumbnail":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-300x80.png",300,80,true],"medium_large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"1536x1536":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"2048x2048":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-m":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",600,160,false],"ocean-thumb-ml":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-l":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"sow-carousel-default":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-272x182.png",272,182,true],"sow-blog-portfolio":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",375,100,false],"sow-blog-grid":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",720,192,false],"sow-blog-alternate":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false]},"uagb_author_info":{"display_name":"Noel\u00ed Scarpelli","author_link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/author\/noeli\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"por Carlos Gil Gand\u00eda","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43757"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43757"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43757\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":43759,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43757\/revisions\/43759"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/21671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43757"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43757"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43757"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}