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{"id":44061,"date":"2026-01-09T11:11:50","date_gmt":"2026-01-09T14:11:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=44061"},"modified":"2026-02-02T12:47:50","modified_gmt":"2026-02-02T15:47:50","slug":"venezuela-ocho-millones-de-historias-que-merecen-ser-libres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2026\/01\/09\/venezuela-ocho-millones-de-historias-que-merecen-ser-libres\/","title":{"rendered":"Venezuela: Ocho millones de historias que merecen ser libres"},"content":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos d\u00edas, Venezuela volvi\u00f3 a ocupar el centro de la agenda internacional al conocerse la noticia de la ejecuci\u00f3n de la llamada <strong>operaci\u00f3n \u201cdeterminaci\u00f3n absoluta\u201d en la que fuerzas especiales de Estados Unidos<\/strong> procedieron al secuestro de <strong>Nicol\u00e1s Maduro<\/strong> <strong>y de su esposa<\/strong>, en un contexto de m\u00e1xima tensi\u00f3n pol\u00edtica y militar. M\u00e1s all\u00e1 de las declaraciones oficiales, este suceso marca hasta qu\u00e9 punto el r\u00e9gimen venezolano se encuentra en una <strong>fase de fragilidad terminal<\/strong>, sostenida m\u00e1s por la coerci\u00f3n que por legitimidad real.<\/p>\n<p>Las reacciones no tardaron en aparecer y volvieron a dividir aguas. Para algunos sectores de la opini\u00f3n p\u00fablica mundial lo ocurrido representa una <strong>injerencia inaceptable de Washington<\/strong> en los asuntos internos de un pa\u00eds soberano, es decir una clara violaci\u00f3n al derecho internacional. Para otros, se trata de una consecuencia inevitable de a\u00f1os de autoritarismo, violaciones sistem\u00e1ticas a los derechos humanos y destrucci\u00f3n institucional. Sin embargo, reducir el debate a una dicotom\u00eda entre \u201cimperialismo\u201d y \u201csoberan\u00eda\u201d resulta no solo insuficiente, sino profundamente injusto con la realidad de la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n venezolana.<\/p>\n<p>Porque el verdadero punto de partida no es Estados Unidos, sino <strong>Venezuela<\/strong>. Un pa\u00eds del que <strong>m\u00e1s de ocho millones de personas se vieron forzadas a emigrar<\/strong>, y donde quienes permanecen enfrentan pobreza extrema, colapso de servicios b\u00e1sicos, persecuci\u00f3n pol\u00edtica y una violencia ejercida desde el propio Estado. El r\u00e9gimen no cay\u00f3 en desgracia por una conspiraci\u00f3n externa, sino por haber transformado un proyecto pol\u00edtico en un <strong>sistema de poder cerrado, corrupto y represivo<\/strong>, sostenido por fuerzas armadas cooptadas, redes criminales y alianzas internacionales opacas.<\/p>\n<p>Independientemente de lo que finalmente ocurra con la figura de <strong>Maduro<\/strong>, el interrogante central es <strong>qu\u00e9 sucede con el n\u00facleo duro del poder<\/strong> que a\u00fan permanece activo: mandos militares, aparatos de inteligencia, estructuras econ\u00f3micas ilegales y operadores pol\u00edticos que han garantizado la supervivencia del r\u00e9gimen. Sin desarticular ese entramado, cualquier salida corre el riesgo de ser apenas cosm\u00e9tica. La transici\u00f3n hacia un gobierno democr\u00e1tico \u2014si es que se abre esa posibilidad\u2014 no ser\u00e1 autom\u00e1tica ni indolora: requerir\u00e1 acuerdos internos, garant\u00edas m\u00ednimas, justicia transicional y, sobre todo, la reconstrucci\u00f3n de un Estado devastado.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed aparece un punto inc\u00f3modo pero ineludible: <strong>los latinoamericanos debemos hacernos cargo de nuestros propios liderazgos autoritarios y antidemocr\u00e1ticos<\/strong>. Durante a\u00f1os, buena parte de la regi\u00f3n opt\u00f3 por mirar hacia otro lado, relativizar abusos o justificar lo injustificable en nombre de alineamientos ideol\u00f3gicos. Hoy, ante \u00e9sta intervenci\u00f3n externa, muchos prefieren se\u00f1alar a Estados Unidos como \u201cel villano de la pel\u00edcula\u201d, olvidando deliberadamente el sufrimiento concreto de millones de venezolanos. Esa inversi\u00f3n moral del problema no solo es hip\u00f3crita: es peligrosa.<\/p>\n<p>Nada de lo que ocurre en Venezuela puede entenderse sin reconocer que se trata de un <strong>r\u00e9gimen responsable de cr\u00edmenes, corrupci\u00f3n estructural y destrucci\u00f3n social<\/strong>. Se\u00f1alar eso no implica avalar autom\u00e1ticamente cada acci\u00f3n externa, pero s\u00ed obliga a <strong>no borrar a las v\u00edctimas del centro del an\u00e1lisis<\/strong>. La soberan\u00eda no puede ser un escudo para la impunidad, ni el antiamericanismo un atajo para eludir responsabilidades propias.<\/p>\n<p>Venezuela enfrenta horas decisivas. El desenlace a\u00fan es incierto y los escenarios posibles son m\u00faltiples, desde una transici\u00f3n negociada hasta nuevas formas de inestabilidad. Pero hay algo que deber\u00eda quedar claro: <strong>el problema no empez\u00f3 ahora ni afuera<\/strong>, y la regi\u00f3n no puede seguir delegando en actores externos la resoluci\u00f3n de tragedias que incub\u00f3 con su propio silencio y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n con la complicidad de ONG\u00b4s y organismos internacionales. Si Am\u00e9rica Latina quiere defender la democracia, deber\u00e1 hacerlo primero hacia adentro, sin excusas y sin dobles est\u00e1ndares. Quienes hoy denuncian con vehemencia cualquier acci\u00f3n contra el r\u00e9gimen, guardaron silencio durante a\u00f1os frente al dolor de las familias venezolanas, relativizando abusos, justificando la represi\u00f3n o simplemente mirando hacia otro lado.<\/p>\n<p>Por supuesto que Estados Unidos tiene intereses, y negarlo ser\u00eda caer en una ingenuidad que no resiste ning\u00fan an\u00e1lisis serio, sobre todo partiendo de la base de la propia historia y desarrollo de la industria petrolera venezolana que le debe mucho a las empresas estadounidenses. Lo que ocurre en Venezuela se inscribe en una l\u00f3gica de poder que retoma, bajo nuevas formas, un corolario contempor\u00e1neo de la <strong>Doctrina Monroe<\/strong>, hoy reinterpretado desde la impronta pol\u00edtica de <strong>Trump <\/strong>y del nacionalismo estrat\u00e9gico estadounidense. Pero incluso aceptando ese dato \u2014que debe ser dicho con claridad\u2014, la pregunta central no es si Washington act\u00faa por altruismo, sino qu\u00e9 alternativa real existe para los venezolanos. Para los m\u00e1s de ocho millones de ciudadanos dispersos por el mundo, que quieren volver a su patria, Estados Unidos aparece hoy como el mal menor frente a un r\u00e9gimen que destruy\u00f3 el Estado de derecho, clausur\u00f3 la justicia independiente y convirti\u00f3 al pa\u00eds en un espacio de persecuci\u00f3n y miedo. No se trata de celebrar una potencia, sino de reconocer una tragedia: Venezuela dej\u00f3 de ofrecer condiciones m\u00ednimas para que su propio pueblo viva y regrese. En ese contexto, aferrarse a una pureza anti-imperial abstracta resulta un lujo acad\u00e9mico que no pueden darse quienes perdieron su pa\u00eds, su familia y su futuro.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Alejandro Safarov<\/strong><\/em><br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Am\u00e9rica Latina y el Caribe<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Alejandro Safarov<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":21671,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"ocean_post_layout":"","ocean_both_sidebars_style":"","ocean_both_sidebars_content_width":0,"ocean_both_sidebars_sidebars_width":0,"ocean_sidebar":"","ocean_second_sidebar":"","ocean_disable_margins":"enable","ocean_add_body_class":"","ocean_shortcode_before_top_bar":"","ocean_shortcode_after_top_bar":"","ocean_shortcode_before_header":"","ocean_shortcode_after_header":"","ocean_has_shortcode":"","ocean_shortcode_after_title":"","ocean_shortcode_before_footer_widgets":"","ocean_shortcode_after_footer_widgets":"","ocean_shortcode_before_footer_bottom":"","ocean_shortcode_after_footer_bottom":"","ocean_display_top_bar":"default","ocean_display_header":"default","ocean_header_style":"","ocean_center_header_left_menu":"","ocean_custom_header_template":"","ocean_custom_logo":0,"ocean_custom_retina_logo":0,"ocean_custom_logo_max_width":0,"ocean_custom_logo_tablet_max_width":0,"ocean_custom_logo_mobile_max_width":0,"ocean_custom_logo_max_height":0,"ocean_custom_logo_tablet_max_height":0,"ocean_custom_logo_mobile_max_height":0,"ocean_header_custom_menu":"","ocean_menu_typo_font_family":"","ocean_menu_typo_font_subset":"","ocean_menu_typo_font_size":0,"ocean_menu_typo_font_size_tablet":0,"ocean_menu_typo_font_size_mobile":0,"ocean_menu_typo_font_size_unit":"px","ocean_menu_typo_font_weight":"","ocean_menu_typo_font_weight_tablet":"","ocean_menu_typo_font_weight_mobile":"","ocean_menu_typo_transform":"","ocean_menu_typo_transform_tablet":"","ocean_menu_typo_transform_mobile":"","ocean_menu_typo_line_height":0,"ocean_menu_typo_line_height_tablet":0,"ocean_menu_typo_line_height_mobile":0,"ocean_menu_typo_line_height_unit":"","ocean_menu_typo_spacing":0,"ocean_menu_typo_spacing_tablet":0,"ocean_menu_typo_spacing_mobile":0,"ocean_menu_typo_spacing_unit":"","ocean_menu_link_color":"","ocean_menu_link_color_hover":"","ocean_menu_link_color_active":"","ocean_menu_link_background":"","ocean_menu_link_hover_background":"","ocean_menu_link_active_background":"","ocean_menu_social_links_bg":"","ocean_menu_social_hover_links_bg":"","ocean_menu_social_links_color":"","ocean_menu_social_hover_links_color":"","ocean_disable_title":"default","ocean_disable_heading":"default","ocean_post_title":"","ocean_post_subheading":"","ocean_post_title_style":"","ocean_post_title_background_color":"","ocean_post_title_background":0,"ocean_post_title_bg_image_position":"","ocean_post_title_bg_image_attachment":"","ocean_post_title_bg_image_repeat":"","ocean_post_title_bg_image_size":"","ocean_post_title_height":0,"ocean_post_title_bg_overlay":0.5,"ocean_post_title_bg_overlay_color":"","ocean_disable_breadcrumbs":"default","ocean_breadcrumbs_color":"","ocean_breadcrumbs_separator_color":"","ocean_breadcrumbs_links_color":"","ocean_breadcrumbs_links_hover_color":"","ocean_display_footer_widgets":"default","ocean_display_footer_bottom":"default","ocean_custom_footer_template":"","ocean_post_oembed":"","ocean_post_self_hosted_media":"","ocean_post_video_embed":"","ocean_link_format":"","ocean_link_format_target":"self","ocean_quote_format":"","ocean_quote_format_link":"post","ocean_gallery_link_images":"on","ocean_gallery_id":[],"footnotes":""},"categories":[34],"tags":[1859,1970,1142],"class_list":["post-44061","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opiniones-iri","tag-a2026opalatina","tag-noticias6022026","tag-opalatina","entry","has-media"],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"thumbnail":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-300x80.png",300,80,true],"medium_large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"1536x1536":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"2048x2048":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-m":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",600,160,false],"ocean-thumb-ml":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-l":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"sow-c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