{"id":44111,"date":"2026-01-20T13:00:40","date_gmt":"2026-01-20T16:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=44111"},"modified":"2026-02-02T12:49:43","modified_gmt":"2026-02-02T15:49:43","slug":"la-doctrina-donroe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2026\/01\/20\/la-doctrina-donroe\/","title":{"rendered":"La doctrina Donroe"},"content":{"rendered":"<p>A\u00fan enmarcada en un contexto geopol\u00edtico l\u00e1bil, sin margen para la sorpresa, la captura del presidente <strong>Maduro<\/strong> constituye un hecho de enorme impacto medi\u00e1tico. El mundo asiste con asombro al episodio, pese a la existencia de antecedentes de este tipo de operativos. La reacci\u00f3n dominante es ambigua y confusa: no queda claro si corresponde celebrar el fin de una dictadura \u2014tipificada como tal seg\u00fan los par\u00e1metros de Occidente\u2014 o, por el contrario, condenar el avasallamiento de la soberan\u00eda venezolana por parte del \u201cimperio\u201d.<\/p>\n<p>La tendencia inicial \u2014previsible\u2014 es atribuir la puesta en marcha de un operativo \u201cde pel\u00edcula\u201d a un inter\u00e9s petrolero. En menor medida, tambi\u00e9n habr\u00eda contribuido la imagen negativa que los medios han construido del chavismo, ya sea a partir de su pol\u00edtica de derechos humanos, de su supuesta implicancia con el narcotr\u00e1fico o del fracaso de su gesti\u00f3n econ\u00f3mica, responsable de la emigraci\u00f3n masiva de ciudadanos venezolanos.<\/p>\n<p>Como en toda intervenci\u00f3n compleja, en su explicaci\u00f3n confluyen m\u00faltiples razones, muchas de ellas sobradamente provistas por la propia gesti\u00f3n chavista. Sin embargo, sostenemos que existen causas adicionales, de car\u00e1cter estructural, que no se explican \u00fanicamente por este caso del hemisferio americano, sino que atraviesan el conjunto de acciones, amenazas y reacomodamientos que caracterizan al actual curso geopol\u00edtico internacional.<\/p>\n<p>El hecho \u2014inesperado solo en apariencia, a la luz del reciente documento emitido por el gobierno de los Estados Unidos, la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN)\u2014 ha opacado otros acontecimientos centrales de la agenda global. Entre ellos, las guerras de Ucrania y Palestina, as\u00ed como las amenazas del presidente <strong>Trump<\/strong> en relaci\u00f3n con Taiw\u00e1n, Nigeria y otras reivindicaciones insinuadas en el documento citado respecto de su <em>hinterland<\/em>.<\/p>\n<p>Para abordar el an\u00e1lisis de los eventos en curso resulta necesario abandonar miradas simplistas y poner en evidencia los aspectos esenciales de los procesos actualmente en desarrollo.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n geopol\u00edtica que se ha configurado en tiempo r\u00e9cord responde, en gran medida, al accionar de lo que podr\u00edamos denominar los hegemones del momento \u2014Estados Unidos, Rusia y China\u2014, con un protagonismo marcado de sus m\u00e1ximas figuras presidenciales. En ese marco, la hiperactividad del presidente estadounidense lo ha convertido en una suerte de gran titiritero del escenario medi\u00e1tico en formaci\u00f3n, estrechamente vinculado con el dise\u00f1o de los siete bloques o \u00e1reas de influencia en que, seg\u00fan la ESN, se dividir\u00e1 a partir de ahora la sociedad mundial.<\/p>\n<p>En primer lugar, destacan las definiciones relativas al hemisferio occidental, que incluye a la Argentina y constituye una preocupaci\u00f3n prioritaria para la actual administraci\u00f3n estadounidense. Sobre esas \u00e1reas nos detendremos para identificar sus principales caracter\u00edsticas y comenzar a explicar las razones de las actuaciones observadas, as\u00ed como aquello que cabe esperar, al menos, en el futuro inmediato.<\/p>\n<h2>&#8211;o0o&#8211;<\/h2>\n<p>El escenario internacional posterior a la Guerra Fr\u00eda estuvo marcado por la expectativa de un orden liberal estable, sustentado en instituciones multilaterales, apertura econ\u00f3mica y liderazgo estadounidense. Sin embargo, las primeras d\u00e9cadas del siglo XXI pusieron en evidencia el agotamiento de ese paradigma. En este contexto emergen tres liderazgos \u2014<strong>Donald Trump<\/strong>, <strong>Xi Jinping<\/strong> y <strong>Vladimir Putin<\/strong>\u2014 que no remiten a ideolog\u00edas cl\u00e1sicas, sino a <strong>modelos diferenciados de ejercicio del poder<\/strong>.<\/p>\n<p>Este trabajo sostiene que <strong>Trump<\/strong>, <strong>Xi<\/strong> y <strong>Putin<\/strong> encarnan <strong>tres respuestas estrat\u00e9gicas distintas frente a la crisis del orden liberal<\/strong>: una hegemon\u00eda transaccional y disruptiva (<strong>Trump<\/strong>), una hegemon\u00eda sist\u00e9mica y estructural (<strong>Xi<\/strong>) y una hegemon\u00eda hist\u00f3rico-territorial (<strong>Putin<\/strong>). El an\u00e1lisis comparado de estos modelos (v\u00e9ase Figura 1) permite comprender con mayor precisi\u00f3n la din\u00e1mica del sistema internacional contempor\u00e1neo.<\/p>\n<h3>Donald Trump y la hegemon\u00eda transaccional<\/h3>\n<p>La pol\u00edtica exterior de <strong>Donald Trump<\/strong> parte de un diagn\u00f3stico central: Estados Unidos habr\u00eda sido perjudicado por el orden liberal que \u00e9l mismo contribuy\u00f3 decisivamente a construir. Seg\u00fan esta visi\u00f3n, los aliados se benefician de manera desproporcionada de la protecci\u00f3n estadounidense, mientras que las instituciones multilaterales operan como restricciones a la soberan\u00eda nacional. Esta lectura ya estaba expl\u00edcitamente formulada en la <em>National Security Strategy of the United States<\/em> de 2017.<\/p>\n<p><strong>Trump<\/strong> introduce en la pol\u00edtica internacional una <strong>l\u00f3gica transaccional<\/strong>, propia del mundo de los negocios. Las alianzas dejan de concebirse como compromisos estrat\u00e9gicos de largo plazo y pasan a evaluarse como acuerdos revisables en funci\u00f3n de costos y beneficios inmediatos. El estilo es personalista y confrontativo, con un uso del discurso como acto pol\u00edtico en s\u00ed mismo: m\u00e1s orientado a generar impacto, presi\u00f3n y asimetr\u00eda que a la deliberaci\u00f3n o la construcci\u00f3n de consensos.<\/p>\n<p>Sus principales instrumentos son el uso extensivo de sanciones econ\u00f3micas, la pol\u00edtica arancelaria como herramienta de coerci\u00f3n, la amenaza como recurso diplom\u00e1tico recurrente y el empleo de la fuerza, como se ha visto recientemente en el caso venezolano. En Ucrania, su actuaci\u00f3n adopta una modalidad indirecta o \u201cproxy\u201d: si bien no se manifiesta de forma frontal, no puede ponerse en duda el compromiso asumido por Estados Unidos en su momento. La asistencia abierta y encubierta a la OTAN \u2014en armamento, financiamiento e inteligencia\u2014 en la guerra de Ucrania resulta incompatible con la pretensi\u00f3n de un rol neutral o mediador, como si Washington no fuera parte del conflicto, algo que contradice incluso declaraciones oficiales del pasado reciente.<\/p>\n<p>En suma, <strong>Trump<\/strong> no busca construir un nuevo orden internacional, sino <strong>forzar una renegociaci\u00f3n del existente<\/strong> en t\u00e9rminos favorables a Estados Unidos, a\u00fan a costa de un accionar profundamente desestabilizador de lo establecido.<\/p>\n<h3>Xi Jinping y la hegemon\u00eda sist\u00e9mica<\/h3>\n<p><strong>Xi Jinping<\/strong> parte de una premisa diferente: el declive relativo de Occidente es estructural y el centro de gravedad del sistema internacional se desplaza de manera sostenida hacia Asia. A diferencia de <strong>Trump<\/strong>, <strong>Xi<\/strong> considera que <strong>el tiempo juega a favor de China<\/strong>, como ya lo expresaba en 2014 en <em>La gobernanza de China<\/em>.<\/p>\n<p>El modelo chino se caracteriza por una <strong>acumulaci\u00f3n paciente y planificada de poder<\/strong>. China evita el enfrentamiento directo con Estados Unidos y prioriza la construcci\u00f3n de capacidades econ\u00f3micas, tecnol\u00f3gicas e institucionales propias. Para las \u00e9lites chinas, el horizonte temporal es largo, hist\u00f3rico y civilizacional.<\/p>\n<p>Sus principales instrumentos son la Iniciativa de la Ruta de la Seda, la creaci\u00f3n de instituciones financieras alternativas \u2014como el Banco Asi\u00e1tico de Inversi\u00f3n en Infraestructura (BAII\/AIIB) y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD\/NDB)\u2014, la diplomacia econ\u00f3mica y tecnol\u00f3gica y, no menos importante, el impacto medi\u00e1tico que logra a partir de los rasgos jingo\u00edstas de la narrativa oficial estadounidense, que muchas veces termina reforzando el posicionamiento chino a escala global.<\/p>\n<p>Algunos analistas sostienen que <strong>Xi<\/strong> persigue una multipolaridad organizada, en la que China se convertir\u00eda en el eje central del sistema internacional sin recurrir a una ruptura violenta del orden existente; en otros t\u00e9rminos, una estrategia orientada a evitar la llamada \u201ctrampa de Tuc\u00eddides\u201d mediante un reemplazo gradual.<\/p>\n<p>Esta lectura resulta, a mi juicio, err\u00f3nea. China no busca transformarse en el pivote ordenador del sistema internacional. As\u00ed lo demuestran de manera consistente tanto su discurso como su pr\u00e1ctica diplom\u00e1tica, y los acuerdos internacionales que viene celebrando. Es cierto que promueve un mundo multipolar y desarrollado, en el que pueda poner en valor su extraordinaria capacidad productiva y comercial, pero ello no implica sobreactuaciones ni expectativas desmesuradas respecto de su papel \u2014indiscutible\u2014 como potencia hegem\u00f3nica.<\/p>\n<p>Que China ocupe un lugar de privilegio en el podio mundial en t\u00e9rminos productivos y comerciales no supone, como sostienen algunas bibliotecas ya envejecidas, que la fortaleza econ\u00f3mica se traduzca autom\u00e1ticamente en poder pol\u00edtico.<\/p>\n<h3>Vladimir Putin y la hegemon\u00eda hist\u00f3rico-territorial<\/h3>\n<p>La visi\u00f3n de <strong>Vladimir Putin<\/strong> se apoya en una lectura de largo plazo del protagonismo que lo eslavo-ruso ha tenido en la historia de Eurasia. En ese recorrido, la experiencia sovi\u00e9tica ocupa un lugar central: su colapso es considerado una cat\u00e1strofe, aunque fundamentalmente en su dimensi\u00f3n geopol\u00edtica. No obstante, no hay evidencia de que las \u00e9lites rusas aspiren a restaurar el <em>statu quo<\/em> de la URSS ni su esquema de dominaci\u00f3n coercitiva sobre Europa del Este.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista objetivo, Rusia no carece de recursos naturales dentro de sus fronteras: por el contrario, es uno de los pa\u00edses m\u00e1s ricos del planeta en ese aspecto. En relaci\u00f3n con las fronteras surgidas en 1991, su accionar ha estado orientado a resolver disfuncionalidades heredadas \u2014Nagorno Karabaj, Osetia del Sur, Abjasia, Chechenia\u2014 m\u00e1s que a una expansi\u00f3n ilimitada.<\/p>\n<p>En Asia Central, las intervenciones rusas se han vinculado principalmente con la lucha contra el terrorismo islamista, en particular frente a los talibanes, una preocupaci\u00f3n que comparte con China debido a una eventual proyecci\u00f3n de esa influencia sobre los uigures de Xinjiang. No existe evidencia s\u00f3lida de que Rusia se aparte de este marco interpretativo, pese a las atribuciones que ciertos l\u00edderes de la Uni\u00f3n Europea le asignan a <strong>Putin<\/strong> respecto de la supuesta falsedad de los objetivos declarados en la intervenci\u00f3n en Ucrania.<\/p>\n<p>El modelo ruso se basa en el <strong>uso selectivo de la fuerza<\/strong> para restaurar profundidad estrat\u00e9gica y control sobre su <em>hinterland<\/em>. A diferencia de China, Rusia acepta el conflicto abierto como herramienta leg\u00edtima de pol\u00edtica exterior.<\/p>\n<p>Sus principales instrumentos son las intervenciones militares directas \u2014Georgia (Osetia del Sur y Abjasia), Chechenia, Ucrania, Kazajist\u00e1n, Nagorno Karabaj, Siria\u2014 y las operaciones indirectas o \u201cproxy\u201d \u2014Libia, \u00c1frica Central a trav\u00e9s del grupo Wagner\u2014, el uso de la energ\u00eda como instrumento de poder y su rol de gran potencia mediadora en conflictos latentes del espacio euroasi\u00e1tico, muchos de ellos heredados de la disoluci\u00f3n sovi\u00e9tica.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista estrat\u00e9gico, <strong>Putin<\/strong> no busca crear un nuevo orden global, sino <strong>revisar el orden heredado de la posguerra fr\u00eda<\/strong>, corrigiendo lo que percibe como injusticias hist\u00f3ricas. Su proyecto es, en este sentido, <strong>restaurador antes que revolucionario<\/strong>, como se\u00f1alara <strong>John Mearsheimer<\/strong> en <em>Foreign Affairs<\/em> en 2014.<\/p>\n<p>Figura 1. Comparaci\u00f3n de los tres modelos de poder<br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Figura1.png\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-44112\" src=\"http:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Figura1-300x62.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"62\" srcset=\"https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Figura1-300x62.png 300w, https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Figura1-1024x210.png 1024w, https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Figura1-768x158.png 768w, https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Figura1.png 1199w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><br \/>\nFuente: Elaboraci\u00f3n propia<\/p>\n<p><strong>Trump<\/strong>, <strong>Xi Jinping<\/strong> y <strong>Vladimir Putin<\/strong> no representan simplemente tres estilos de liderazgo ni tres trayectorias nacionales diferenciadas, sino <strong>tres funciones complementarias dentro de una misma arquitectura de poder global en transici\u00f3n<\/strong>. Lejos de un escenario de confrontaci\u00f3n ca\u00f3tica entre potencias desalineadas, lo que emerge es una <strong>convergencia estrat\u00e9gica de facto en la c\u00faspide del sistema internacional<\/strong>, donde los m\u00e1rgenes de conflicto estructural se encuentran notablemente acotados.<\/p>\n<p>Esta convergencia no adopta la forma de alianzas expl\u00edcitas ni de consensos ideol\u00f3gicos, sino que se expresa como un <strong>reconocimiento mutuo de esferas de acci\u00f3n, l\u00edmites sist\u00e9micos y prioridades estrat\u00e9gicas<\/strong>. En ese nivel, las grandes decisiones no se improvisan ni se dirimen en clave de choque frontal, sino que se procesan previamente, reduciendo el riesgo de disrupciones verdaderamente incontrolables. El conflicto, cuando aparece, es <strong>administrado, dosificado y territorialmente contenido<\/strong>.<\/p>\n<p>Las tensiones visibles \u2014guerras regionales, sanciones, guerras comerciales, ret\u00f3ricas maximalistas\u2014 cumplen as\u00ed una funci\u00f3n estructural: <strong>ordenan el sistema al mismo tiempo que simulan su desorden<\/strong>. Alimentan narrativas de confrontaci\u00f3n que resultan funcionales tanto al consumo interno como a la legitimaci\u00f3n externa del poder, sin poner en riesgo el equilibrio profundo que sostiene la gobernabilidad global.<\/p>\n<p>En este marco, el siglo XXI no asiste al retorno de un conflicto ideol\u00f3gico total, sino a la consolidaci\u00f3n de un <strong>pluralismo autoritario de alto nivel<\/strong>, donde modelos de poder divergentes coexisten, compiten y se friccionan sin anularse. <strong>Trump<\/strong> encarna la erosi\u00f3n transaccional del orden liberal desde su n\u00facleo; <strong>Xi Jinping<\/strong> construye un sistema alternativo capaz de absorber y reconfigurar ese orden; <strong>Putin<\/strong> tensiona sus bordes mediante una l\u00f3gica hist\u00f3rica y territorial que redefine los l\u00edmites de lo tolerable.<\/p>\n<p>La verdadera disputa, por lo tanto, no es entre democracia y autoritarismo, ni entre Oriente y Occidente, sino entre <strong>formas de administraci\u00f3n del orden global<\/strong>. Y es precisamente esta convergencia estrat\u00e9gica en la cima \u2014invisible para el debate p\u00fablico, pero decisiva en la pr\u00e1ctica\u2014 la que explica por qu\u00e9 el mundo parece permanentemente al borde del colapso sin llegar nunca a cruzar ese umbral.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>&#8211;o0o&#8211;<\/h2>\n<h2>El \u201cconflicto\u201d como categor\u00eda obsoleta<\/h2>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El siglo XXI no est\u00e1 marcado por un conflicto insoluble entre las grandes potencias, sino por la imposibilidad de su desmadre. Lo que se presenta como confrontaci\u00f3n es, en realidad, una forma avanzada de administraci\u00f3n del orden global, donde la guerra a ese nivel deja de ser un instrumento decisivo y pasa a ser un recurso narrativo, territorial y funcional.<\/em><\/p>\n<p>Llevar esta tesis al extremo supone cuestionar una de las premisas m\u00e1s arraigadas del pensamiento geopol\u00edtico moderno: la idea de que el sistema internacional contempor\u00e1neo est\u00e1 estructurado por un <strong>conflicto real y abierto entre grandes potencias<\/strong>. Desde esta perspectiva radical, el \u201cconflicto entre grandes potencias\u201d no es el principio ordenador del sistema, sino <strong>una categor\u00eda anal\u00edtica heredada, funcional al siglo XX, pero crecientemente inadecuada para describir el siglo XXI<\/strong>.<\/p>\n<p>Apelando a una vulgata de la <strong>regla fantasiosa del c\u00e1lculo proposicional<\/strong> -tal como lo plantea <strong>Douglas Hofstadter<\/strong> en <em>G\u00f6del, Escher y Bach<\/em>-, <strong>Trump<\/strong> puede afirmar que \u201cnecesita anexar Groenlandia por una cuesti\u00f3n de seguridad\u201d. No importa que la premisa sea falsa. Alcanza con preguntar: \u201c\u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda si lo fuera?\u201d. A partir de esta pregunta se puede ir encadenando una serie de relaciones causales (teoremas) que terminan legitimando la premisa inicial.<\/p>\n<h3>1. El \u201cconflicto\u201d ya no organiza el sistema: lo administra<\/h3>\n<p>En la Guerra Fr\u00eda, el conflicto era estructural: defin\u00eda alianzas, jerarqu\u00edas, econom\u00edas y subjetividades pol\u00edticas. Hoy, en cambio, el conflicto ha sido <strong>internalizado como una variable de gesti\u00f3n<\/strong>. Las grandes potencias no buscan derrotarse ni sustituirse mutuamente en un sentido cl\u00e1sico; buscan <strong>optimizar su posici\u00f3n relativa sin desestabilizar el sistema del que dependen<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>Trump<\/strong>, <strong>Xi<\/strong> y <strong>Putin<\/strong> \u2014m\u00e1s all\u00e1 de sus diferencias\u2014 comparten un entendimiento t\u00e1cito: la ruptura sist\u00e9mica total no es una opci\u00f3n racional. El conflicto, por tanto, deja de ser un fin en s\u00ed mismo y pasa a ser un <strong>instrumento sometido a reglas<\/strong><strong>,<\/strong> territorializado, con un control estricto de su escala.<\/p>\n<h3>2. Las \u201cl\u00edneas rojas\u201d como prueba de convergencia, no de antagonismo<\/h3>\n<p>Parad\u00f3jicamente, la proliferaci\u00f3n de \u201cl\u00edneas rojas\u201d confirma esta convergencia estrat\u00e9gica. En un escenario de conflicto real entre grandes potencias, las l\u00edneas rojas ser\u00edan sistem\u00e1ticamente cruzadas. En el mundo actual, en cambio, son <strong>explicitadas, negociadas y, en general, respetadas<\/strong>.<\/p>\n<p>Ucrania, Taiw\u00e1n y Medio Oriente no son los frentes de una guerra mundial larvada, sino <strong>teatros de demostraci\u00f3n de poder<\/strong>, donde cada actor testea capacidades, credibilidad y tolerancia al riesgo del otro, sin perder de vista el umbral que no debe ser traspasado.<\/p>\n<h3>3. La guerra como espect\u00e1culo sist\u00e9mico<\/h3>\n<p>Desde esta \u00f3ptica, muchas de las guerras contempor\u00e1neas cumplen una funci\u00f3n adicional: <strong>producen sentido<\/strong>. Alimentan la narrativa del caos, legitiman presupuestos militares, cohesionan identidades nacionales y refuerzan liderazgos. Pero su dise\u00f1o estrat\u00e9gico revela l\u00edmites claros: son intensas pero contenidas, prolongadas pero localizadas, dram\u00e1ticas pero previsibles.<\/p>\n<p>La espectacularizaci\u00f3n del conflicto \u2014amplificada por medios y redes\u2014 opera como una cortina que oculta lo esencial: <strong>la estabilidad profunda del sistema de grandes potencias<\/strong>.<\/p>\n<h3>4. De la rivalidad existencial a la competencia funcional<\/h3>\n<p>Lo que existe entre Estados Unidos, China y Rusia no es una rivalidad existencial, sino una <strong>competencia funcional<\/strong>. Cada potencia ocupa un rol distinto dentro del sistema global:<\/p>\n<ul>\n<li>Estados Unidos gestiona la disrupci\u00f3n desde el centro.<\/li>\n<li>China construye alternativas sin dinamitar el orden existente.<\/li>\n<li>Rusia tensiona los m\u00e1rgenes para redefinir reglas sin asumir los costos de la sustituci\u00f3n sist\u00e9mica.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Ninguna de las tres tiene incentivos reales para eliminar a las otras del tablero. El sistema funciona, precisamente, porque <strong>ninguna puede ganar una guerra total sin perderlo todo<\/strong>.<\/p>\n<h3>5. El verdadero conflicto: arriba no, abajo s\u00ed<\/h3>\n<p>Si el conflicto entre grandes potencias es, en gran medida, una ficci\u00f3n operativa, el conflicto real se desplaza hacia abajo: Estados medianos, regiones perif\u00e9ricas, sociedades fragmentadas. All\u00ed se descargan las tensiones del sistema, se prueban doctrinas, se ajustan equilibrios.<\/p>\n<p>Desde esta mirada, el orden internacional contempor\u00e1neo no est\u00e1 al borde del colapso, sino <strong>en un equilibrio inestable pero consciente<\/strong>, sostenido por una convergencia estrat\u00e9gica que evita el choque directo mientras externaliza el conflicto.<\/p>\n<h2>&#8211;o0o&#8211;<\/h2>\n<h2><em>Modus operandi<\/em><\/h2>\n<p>En un desglose anal\u00edtico y sistem\u00e1tico de las regiones y bloques identificados por la Estrategia de Seguridad Nacional \u2014entendidos no como \u201czonas administrativas\u201d formales, sino como espacios estrat\u00e9gicos diferenciados, tal como se desprende tanto del propio documento como de las interpretaciones p\u00fablicas del <em>establishment<\/em> estadounidense\u2014 adquiere particular relevancia el apartado referido al Hemisferio Occidental, que obviamente nos comprende y nos afecta. Lo primero que emerge de ese enfoque es la definici\u00f3n de una zona de primac\u00eda excluyente de Estados Unidos, una caracterizaci\u00f3n que remite de manera expl\u00edcita al esp\u00edritu de la <strong>Doctrina Monroe<\/strong>.<\/p>\n<p>La idea central es que el espacio vital inmediato constituye una cuesti\u00f3n de seguridad nacional. De all\u00ed se desprende el rechazo expl\u00edcito a la presencia estrat\u00e9gica de potencias extra hemisf\u00e9ricas \u2014China, Rusia e Ir\u00e1n\u2014 y una concepci\u00f3n de Am\u00e9rica Latina y el Caribe menos como un conjunto de \u201csocios\u201d que como un territorio a estabilizar y disciplinar.<\/p>\n<p>En ese marco, los primeros focos de atenci\u00f3n son los pa\u00edses identificados como parte del llamado \u201ceje del mal\u201d \u2014Venezuela, Cuba y Nicaragua\u2014 y, de manera m\u00e1s intermitente, otros Estados con gobiernos que ensayan desv\u00edos ocasionales hacia posiciones de izquierda, a\u00fan cuando estos movimientos sean err\u00e1ticos o de corta duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, aparecen los temas de tonalidad m\u00e1s social, como las migraciones, el crimen organizado y el narcotr\u00e1fico. Desde esta perspectiva, la lista de pa\u00edses involucrados se ampl\u00eda considerablemente y no siempre resulta previsible sobre cu\u00e1l de ellos se posa, de manera circunstancial, la lente de Washington.<\/p>\n<p>Finalmente, la agenda se completa con los asuntos considerados estrat\u00e9gicos en sentido estricto: infraestructura cr\u00edtica \u2014puertos, redes 5G\u2014, energ\u00eda, litio y otros recursos estrat\u00e9gicos. En este punto, el radar ya alcanza al Cono Sur, con Brasil como caso emblem\u00e1tico: un \u201cjarr\u00f3n chino\u201d, valioso pero inc\u00f3modo, cuya ubicaci\u00f3n estrat\u00e9gica nunca termina de resolverse. En todo caso, respecto de China, el consenso del <em>establishment<\/em> estadounidense es claro: no quiere su presencia en la regi\u00f3n, aunque a esta altura esa pretensi\u00f3n resulte dif\u00edcil de materializar.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la globalizaci\u00f3n contin\u00faa su curso. Asistimos a una etapa condicionada por \u201cganadores\u201d. Haber logrado eliminar la pobreza en un pa\u00eds de 1.500 millones de habitantes, mediante un proyecto de cuatro d\u00e9cadas iniciado en los a\u00f1os ochenta \u2014merced a otros \u201c<em>winers<\/em>\u201d que hab\u00edan llegado a la Luna\u2014 habilita a plantear, con responsabilidad, que ese logro \u2014probablemente el m\u00e1s importante de la historia de la humanidad\u2014 puede ahora extenderse al resto del mundo.<\/p>\n<p>En el n\u00facleo del poder global no hay demasiados secretos. A partir de ese desaf\u00edo y desde ese lugar, como en la teor\u00eda cu\u00e1ntica, los orbitales se suceden y funcionan poniendo en evidencia las contradicciones que atraviesan todos los niveles de la sociedad humana, desde los planos macro hasta llegar a la c\u00e9lula b\u00e1sica: la familia.<\/p>\n<p>La pregunta central es cu\u00e1l es la t\u00e1ctica adoptada para gestionar esta fase de la globalizaci\u00f3n \u2014la etapa superior previa al ingreso en una eventual civilizaci\u00f3n c\u00f3smica\u2014 que comienza a tomar forma cotidiana a trav\u00e9s de proyectos como SpaceX.<\/p>\n<p>Los elementos explicativos est\u00e1n a la vista. Por un lado, la Estrategia de Seguridad Nacional; por otro, un conjunto de medidas amplificadas por la performatividad de <strong>Donald Trump<\/strong>, donde las palabras importan menos que la gestualidad, y donde una panoplia de decisiones aparentemente dispersas conforma, en realidad, un proyecto coherente cuya l\u00f3gica resulta transparente para quien cuente con las herramientas conceptuales adecuadas para visualizarla.<\/p>\n<p>En ese marco pueden identificarse dos cometidos preparatorios fundamentales:<\/p>\n<ol>\n<li>la desarticulaci\u00f3n del sistema productivo, comercial y financiero existente, as\u00ed como de todas aquellas situaciones consideradas conflictivas desde la \u00f3ptica del realismo;<\/li>\n<li>la puesta en marcha de salidas \u2014o soluciones\u2014 para los m\u00faltiples conflictos larvados que afectan al sistema internacional.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En el primer caso, la tarea principal recae sobre <strong>Trump<\/strong> mediante la reasignaci\u00f3n universal de aranceles que impactan directamente en el comercio mundial. En el segundo, aparece el rol componedor de las tres superpotencias con mayor protagonismo en la coyuntura actual: Estados Unidos, Rusia y China.<\/p>\n<p>Pese a la densa niebla informativa \u2014nunca hubo una manipulaci\u00f3n de esta magnitud, ahora potenciada por la IA\u2014 es posible advertir que las herramientas centrales para reconfigurar la situaci\u00f3n internacional son de car\u00e1cter econ\u00f3mico, financiero, comercial y productivo (aranceles, sanciones, cuotas, inversiones, <em>shorings<\/em>, desdolarizaci\u00f3n, pol\u00edticas fiscales e infraestructura de conectividad), complementadas por instrumentos militares, como la amenaza y la intervenci\u00f3n directa.<\/p>\n<p>Se est\u00e1 desmontando de ra\u00edz un esquema que funcion\u00f3 durante cuatro d\u00e9cadas, en el cual Estados Unidos respald\u00f3 el \u201cmilagro\u201d chino mediante una balanza comercial desfavorable de seis a uno, el traslado de decenas de miles de empresas y una transferencia tecnol\u00f3gica quasi ilimitada a trav\u00e9s de las multinacionales \u2014con la excepci\u00f3n ahora de los chips de 2 nm o menos\u2014. En lo sucesivo, China deber\u00e1 replicar, en su propia \u00e1rea definida por la ESN, aquello que en su momento se hizo con ella, un proceso que ha sido, es y seguir\u00e1 siendo un prodigio hist\u00f3rico. De una sociedad desquiciada por el aventurerismo mao\u00edsta en los a\u00f1os setenta, pas\u00f3 a convertirse en la segunda econom\u00eda mundial y en la mayor infraestructura productiva del planeta con la participaci\u00f3n decidida e inteligente de sus \u00e9lites.<\/p>\n<p>Algo similar ocurrir\u00e1 en todas las regiones, incluso en el hemisferio americano, donde Estados Unidos parece replegarse estrat\u00e9gicamente, y tambi\u00e9n en la Argentina.<\/p>\n<p>Todo lo que est\u00e1 ocurriendo es relevante y habilita m\u00faltiples enfoques para explicar la geopol\u00edtica contempor\u00e1nea. Cada uno tendr\u00e1 raz\u00f3n en su dimensi\u00f3n espec\u00edfica, pero todos estar\u00e1n explicando apenas una parte del fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 tienen en com\u00fan situaciones tan dis\u00edmiles como Venezuela, Ucrania, Palestina o la Argentina? La respuesta es simple: desde distintos puntos de vista \u2014frente a los cuales se puede estar a favor, en contra, ignorar o subestimar, dado que \u201clo justo\u201d es una categor\u00eda de escasa relevancia en geopol\u00edtica\u2014 todas ellas constituyen o muestran trabas para el avance de la globalizaci\u00f3n en su etapa superior.<\/p>\n<p>En todos los casos, las acciones emprendidas tienden a \u201callanar el camino\u201d, incluso de manera brutal, para habilitar la aplicaci\u00f3n de pol\u00edticas destinadas a destrabar ese proceso globalizador por parte de los distintos hegemones, \u201ca la luz\u201d de un consenso alcanzado en alg\u00fan momento y lugar para el desarrollo de la sociedad humana.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que observar la intensidad y la forma en que el car\u00e1cter transitorio de estos cambios se proyecta en el encuentro anual de Davos, que se celebra del 19 al 23 de enero bajo el lema \u00ab<strong><a href=\"https:\/\/www.google.com\/search?q=Esp%C3%ADritu+de+di%C3%A1logo&amp;client=firefox-b-d&amp;hs=EPr9&amp;sca_esv=c8a3b072d1e1de02&amp;sxsrf=ANbL-n6TRw6qKHZVp0YBOA0ZUplCwGaCUA%3A1768833638514&amp;ei=ZkJuabyTH8bU5OUP87DH2QM&amp;ved=2ahUKEwjU4ann6peSAxVRAbkGHdU2HKUQgK4QegQIARAD&amp;uact=5&amp;oq=encuentro+anual+de+davos+2026&amp;gs_lp=Egxnd3Mtd2l6LXNlcnAiHWVuY3VlbnRybyBhbnVhbCBkZSBkYXZvcyAyMDI2MgUQIRigATIFECEYoAEyBRAhGJ8FMgUQIRifBTIFECEYnwUyBRAhGJ8FMgUQIRifBTIFECEYnwUyBRAhGJ8FMgUQIRifBUjTC1C9AVjKCnAAeAKQAQCYAdsEoAHbBKoBAzUtMbgBA8gBAPgBAZgCAqAC9QTCAgQQABhHmAMAiAYBkAYIkgcFMS41LTGgB_kJsgcDNS0xuAfoBMIHBTItMS4xyAcRgAgA&amp;sclient=gws-wiz-serp\">Esp\u00edritu de di\u00e1logo<\/a><\/strong>\u00ab. Algo similar cabe se\u00f1alar \u2014como novedad\u2014 respecto de la reuni\u00f3n que, en simult\u00e1neo, organiza la CAF en Panam\u00e1 impulsada por la aspiraci\u00f3n, todav\u00eda incipiente, de que desde ese punto del istmo centroamericano pueda emerger un \u2018nuevo Davos\u2019 de impronta latina.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Alberto Ford<\/strong><\/em><br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Alberto Ford<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":21671,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uag_custom_page_level_css":"","_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[34],"tags":[1970],"uagb_featured_image_src":{"full":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"thumbnail":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-150x150.png",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-300x80.png",300,80,true],"medium_large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"large":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"1536x1536":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"2048x2048":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-m":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",600,160,false],"ocean-thumb-ml":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"ocean-thumb-l":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false],"sow-carousel-default":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200-272x182.png",272,182,true],"sow-blog-portfolio":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",375,100,false],"sow-blog-grid":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",720,192,false],"sow-blog-alternate":["https:\/\/www.iri.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/opinionesIRI-FEAT-750x200.png",750,200,false]},"uagb_author_info":{"display_name":"Noel\u00ed Scarpelli","author_link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/author\/noeli\/"},"uagb_comment_info":0,"uagb_excerpt":"por Alberto Ford","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44111"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44111"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44111\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44114,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44111\/revisions\/44114"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/21671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44111"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44111"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44111"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}