{"id":46095,"date":"2026-06-22T09:59:23","date_gmt":"2026-06-22T12:59:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=46095"},"modified":"2026-06-22T10:10:42","modified_gmt":"2026-06-22T13:10:42","slug":"en-el-bicentenario-del-congreso-anfictionico-de-panama-1826-2026-una-mirada-desde-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2026\/06\/22\/en-el-bicentenario-del-congreso-anfictionico-de-panama-1826-2026-una-mirada-desde-espana\/","title":{"rendered":"En el bicentenario del Congreso Anficti\u00f3nico de Panam\u00e1 (1826-2026): una mirada desde Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfEstaremos ahora en una situaci\u00f3n tan frustrante como hace doscientos a\u00f1os en lo que se refiere a la evoluci\u00f3n de Hispanoam\u00e9rica? \u00bfDe nuevo nos encontraremos con <strong>S\u00edsifo<\/strong> \u2014es decir, con las naciones hispanoamericanas\u2014 condenado a repetir, siglo tras siglo, el castigo de los dioses? \u00bfDe nuevo nos encontraremos con <strong>Pen\u00e9lope<\/strong> \u2014tambi\u00e9n las naciones hispanoamericanas\u2014 tejiendo y destejiendo, como recuerda <strong>Carlos Gran\u00e9s<\/strong> en su obra <em>El rugido de nuestro tiempo<\/em>? Y, ante el fracaso secular, <strong>Jano<\/strong> \u2014esto es, los historiadores y analistas de los procesos de integraci\u00f3n hispanoamericanos\u2014 nos muestra su rostro marcado por las huellas indelebles de la oposici\u00f3n entre las partes \u2014entre las naciones hispanoamericanas\u2014 y anuncia a todos, como anta\u00f1o a los romanos, que las puertas del Templo siguen abiertas, pues los tiempos presentes del proceso de integraci\u00f3n hispanoamericano \u2014como hace doscientos a\u00f1os\u2014 siguen siendo de confusi\u00f3n y de zozobra. Pero, qui\u00e9n sabe, tal vez ma\u00f1ana \u2014un ma\u00f1ana que desear\u00edamos pr\u00f3ximo\u2014 las puertas del Templo se cierren por fin, anunciando que la oposici\u00f3n y la divergencia en el quehacer hist\u00f3rico de la antigua Am\u00e9rica espa\u00f1ola han llegado a su t\u00e9rmino. Y entonces, cumplida la penitencia, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s, haciendo de la necesidad virtud \u2014pues, en el fondo y en la forma, era m\u00e1s lo que un\u00eda que lo que separaba\u2014, de las ruinas del pasado podr\u00eda al fin levantarse la nueva Hispanoam\u00e9rica unida.<\/p>\n<p>Hace doscientos a\u00f1os, como sabemos, la nueva Hispanoam\u00e9rica unida no fue posible. Conviene resaltar que nuestra reflexi\u00f3n hist\u00f3rica parte de una paradoja que aflora al historiar los esfuerzos integradores en el \u00e1mbito hispanoamericano: parapetada en la desuni\u00f3n, la Am\u00e9rica espa\u00f1ola \u2014Hispanoam\u00e9rica\u2014 lleva doscientos a\u00f1os empe\u00f1ada en buscar la unidad. Una integraci\u00f3n que existi\u00f3 y se destruy\u00f3; una unidad alcanzada en el seno de la monarqu\u00eda hispana \u2014la <em>patria grande<\/em>, de dimensiones continentales, seg\u00fan la expresi\u00f3n de <strong>Jaime Eyzaguirre<\/strong> que record\u00f3 <strong>Bernardino Bravo Lira<\/strong> y sobre la que vuelve <strong>Marcelo Gullo<\/strong> en su obra <em>Madre patria<\/em>\u2014 que fue dilapidada y desaprovechada. Su p\u00e9rdida oblig\u00f3 a los \u201cespa\u00f1oles del hemisferio sur\u201d \u2014los espa\u00f1oles de Am\u00e9rica, hoy denominados hispanoamericanos, iberoamericanos o latinoamericanos\u2014 a intentar reconstruirla o reformularla desde las ruinas del proceso de emancipaci\u00f3n que condujo a la proclamaci\u00f3n de las independencias (de cuyo inicio tambi\u00e9n se cumplen ahora doscientos a\u00f1os). Y ello reconociendo, con <strong>Jos\u00e9 Ortega y Gasset<\/strong> \u2014el pensador de Europa, a quien <strong>Albert Camus<\/strong> consider\u00f3 el mayor escritor europeo despu\u00e9s de <strong>Nietzsche<\/strong>\u2014, que solo desde las ruinas es posible la reconstrucci\u00f3n, como dej\u00f3 escrito en su <em>Meditaci\u00f3n de Europa y otros escritos afines<\/em>.<\/p>\n<p>En el caso de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola, quiz\u00e1 se hubiera podido evitar la demolici\u00f3n total del edificio \u201cunitario\u201d y bastara con rehabilitarlo, tras siglos en pie, para adecuarlo a los nuevos tiempos que se avecinaban \u2014con la Espa\u00f1a metropolitana enzarzada en una guerra patri\u00f3tica contra el ej\u00e9rcito invasor napole\u00f3nico y en el umbral de su decadencia decimon\u00f3nica\u2014. Pero, como todos sabemos, se produjo la demolici\u00f3n. No fue total, ciertamente, como demuestra la pervivencia de lo que hoy se denomina \u2014con m\u00e1s que dudosa propiedad\u2014 \u201cla colonia\u201d (seg\u00fan se\u00f1al\u00f3 el ya citado <strong>Bernardino Bravo Lira<\/strong>); pero s\u00ed afect\u00f3 sobre todo a los puentes que un\u00edan unos territorios diversos, aunque hermanados por una misma lengua y una misma religi\u00f3n y, por tanto, portadores de una misma cultura, que compon\u00edan la \u201cdesahuciada\u201d monarqu\u00eda espa\u00f1ola en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Y, recurriendo al refranero espa\u00f1ol, los espa\u00f1oles de Am\u00e9rica \u201cen el pecado llevaron la penitencia\u201d: apenas demolido el edificio unitario \u2014la unidad que los cobijaba\u2014, comenzaron a imaginar procesos de integraci\u00f3n (algunos de ellos concebidos ya a finales del siglo XVIII), procesos que todav\u00eda hoy, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s, son m\u00e1s una aspiraci\u00f3n que una realidad. Como <strong>S\u00edsifo<\/strong>, los espa\u00f1oles de Am\u00e9rica quedaron condenados a una tarea sin fin: la de reunificarse o, simplemente, integrarse, empezando a recomponer los desechos hace ahora dos siglos.<\/p>\n<p>Curiosa y parad\u00f3jicamente, los luchadores por la emancipaci\u00f3n \u2014\u00bfpatriotas, aunque equivocados en su quehacer?, \u00bftraidores, aunque poco despu\u00e9s h\u00e9roes locales de la independencia?, \u00bfrevolucionarios, aunque m\u00e1s tarde devorados por la revoluci\u00f3n, como corresponde a todo buen revolucionario? (sobre esta cuesti\u00f3n remitimos a <strong>Jaime Eyzaguirre<\/strong> y a su obra <em>Ideario y ruta de la emancipaci\u00f3n chilena<\/em>, donde propon\u00eda la necesaria revisi\u00f3n \u2014para superarlo\u2014 del \u201ccatecismo emancipador\u201d de la historiograf\u00eda al uso)\u2014 comenzaron a reclamar la unidad de los territorios hispanoamericanos antes incluso de que sonara \u201cla campana de la libertad\u201d a partir de 1810, con la Espa\u00f1a metropolitana en llamas frente a la invasi\u00f3n militar del imperio napole\u00f3nico. \u00a1He aqu\u00ed la gran paradoja! As\u00ed lo hicieron <strong>Francisco de Miranda<\/strong>; el chileno <strong>Juan Mart\u00ednez de Rozas<\/strong> \u2014que aspiraba a crear una sola naci\u00f3n y un solo Estado\u2014 y su compatriota <strong>Juan Ega\u00f1a<\/strong>; <strong>Bernardino Rivadavia<\/strong>; <strong>Sim\u00f3n Bol\u00edvar<\/strong>, y tantos otros impulsores de las independencias, como <strong>Jos\u00e9 de San Mart\u00edn<\/strong>, <strong>Bernardo Monteagudo<\/strong>, <strong>Jos\u00e9 Cecilio del Valle<\/strong>, <strong>Lucas Alam\u00e1n<\/strong>, <strong>Hidalgo<\/strong>, <strong>Morelos<\/strong> o <strong>Jos\u00e9 Mart\u00ed<\/strong>.<\/p>\n<p>Sin embargo, los proyectos \u201cunitivos\u201d de los pensadores, pr\u00f3ceres y caudillos hispanoamericanos no llegaron a consolidarse en algo duradero. Fue el caso del Congreso Anficti\u00f3nico de Panam\u00e1, convocado por <strong>Bol\u00edvar<\/strong> en Lima el 7 de diciembre de 1824 y celebrado en Panam\u00e1 entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826. Participaron en \u00e9l representantes de la Gran Colombia, M\u00e9xico, Per\u00fa y la Rep\u00fablica Federal de Centroam\u00e9rica, pero no mostraron inter\u00e9s en asistir los gobiernos de las Provincias Unidas del R\u00edo de la Plata, Chile o Brasil, y Bolivia lleg\u00f3 tarde. Curiosamente, tambi\u00e9n fue invitado el Gobierno de los Estados Unidos \u2014cuyo representante no lleg\u00f3 a tiempo\u2014, y enviaron observadores los gobiernos del Reino Unido y de Holanda. Con gran esfuerzo, al t\u00e9rmino del congreso se aprob\u00f3 el llamado \u201cPacto General sobre Uni\u00f3n, Liga y Confederaci\u00f3n Perpetua\u201d, que, a la postre, solo ratific\u00f3 la Gran Colombia, ese mismo a\u00f1o de 1826. El resultado sumi\u00f3 en el desaliento a <strong>Bol\u00edvar<\/strong>, quien vio en el congreso una ocasi\u00f3n fallida, de la que apenas quedar\u00eda la sombra de lo que pudo ser y no fue (aunque podr\u00eda volver a ser, seg\u00fan <strong>Pedro Ba\u00f1os<\/strong> en su obra <em>Geohispanidad<\/em>). Desde aquella experiencia de finales de los a\u00f1os veinte del siglo XIX, y durante m\u00e1s de un siglo, la idea de la uni\u00f3n de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola \u2014tras la demolici\u00f3n de la estructura que la monarqu\u00eda espa\u00f1ola hab\u00eda levantado en Am\u00e9rica Central y del Sur, en esencia desde el R\u00edo Bravo o Grande hasta la Tierra del Fuego\u2014 y sus proyectos dejaron de ser relevantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Guillermo P\u00e9rez S\u00e1nchez<br \/>\n<\/strong>Universidad de Valladolid<br \/>\nEspa\u00f1a<br \/>\nIntegrante<br \/>\nDepartamento de Historia de las Relaciones Internacionales<br \/>\nIRI-UNLP<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Guillermo P\u00e9rez 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