{"id":48338,"date":"2026-10-27T12:43:24","date_gmt":"2026-10-27T15:43:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/?p=48338"},"modified":"2026-10-27T12:43:48","modified_gmt":"2026-10-27T15:43:48","slug":"europa-el-contrato-social-que-ya-no-cierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iri.edu.ar\/index.php\/2026\/10\/27\/europa-el-contrato-social-que-ya-no-cierra\/","title":{"rendered":"Europa: el contrato social que ya no cierra"},"content":{"rendered":"<p>Las im\u00e1genes de j\u00f3venes incendiando veh\u00edculos, destruyendo comercios o enfrent\u00e1ndose con la polic\u00eda en Francia no pueden leerse como otro episodio de violencia urbana. Ser\u00eda quedarse en la superficie. Europa no enfrenta una crisis. Varias tensiones que durante a\u00f1os pudieron administrarse por separado est\u00e1n coincidiendo al mismo tiempo.<\/p>\n<p>El Estado de bienestar no desapareci\u00f3. Francia sigue gastando m\u00e1s del 57% de su PIB a trav\u00e9s del sector p\u00fablico y posee una de las mayores cargas tributarias del mundo desarrollado. El problema es distinto: cuesta cada vez m\u00e1s financiar ese Estado y, para una parte de los j\u00f3venes, pagar impuestos, estudiar y trabajar ya no garantiza independencia, vivienda o una vida mejor que la de sus padres.<\/p>\n<p>El contrato construido despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial supon\u00eda crecimiento econ\u00f3mico, empleo, movilidad social y una poblaci\u00f3n activa suficientemente numerosa para financiar educaci\u00f3n, salud y jubilaciones. Aquella ecuaci\u00f3n comenz\u00f3 a alterarse.<\/p>\n<p>Francia destina alrededor del 13 al 14% de su PIB a pensiones. No porque los jubilados sean responsables del problema, sino porque la pir\u00e1mide que sostiene el sistema cambi\u00f3. Europa envejece mientras nacen menos europeos. La tasa de fecundidad de la Uni\u00f3n Europea cay\u00f3 a 1,34 hijos por mujer en 2024, muy lejos del 2,1 necesario para el reemplazo poblacional sin migraciones.<\/p>\n<p>Menos nacimientos significan menos trabajadores futuros para financiar m\u00e1s jubilaciones durante m\u00e1s a\u00f1os. Al mismo tiempo, intentar modificar edades de retiro, beneficios o gasto p\u00fablico provoca una resistencia pol\u00edtica enorme.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s Francia cerr\u00f3 2025 con un d\u00e9ficit fiscal superior al 5% del PIB y una deuda cercana al 116%. La Comisi\u00f3n Europea proyecta que la deuda alcance alrededor del 118% en 2026 y supere el 120% en 2027 si no cambia la trayectoria. Los intereses tambi\u00e9n consumen una proporci\u00f3n creciente del presupuesto.<\/p>\n<p>El dilema pol\u00edtico es evidente: para corregir las cuentas hay que gastar menos, recaudar m\u00e1s, crecer mucho m\u00e1s r\u00e1pido o combinar las tres cosas. Pero Francia ya cobra muchos impuestos; por lo tanto, reducir prestaciones genera protestas y reformar las pensiones tiene un costo electoral inmediato. En s\u00edntesis, las soluciones estructurales producen resultados a\u00f1os despu\u00e9s, mientras las elecciones se deciden ahora.<\/p>\n<p>El Dr. Jekyll electoral promete conservar el contrato social, mientras Mr. Hyde espera detr\u00e1s de las cuentas p\u00fablicas recordando que alguien deber\u00e1 pagarlo.<\/p>\n<p>A esa tensi\u00f3n se agreg\u00f3 otra obligaci\u00f3n. Europa debe volver a invertir seriamente en su defensa, ya que la guerra en Ucrania y el desaf\u00edo ruso modificaron una arquitectura de seguridad en la que durante d\u00e9cadas Estados Unidos soport\u00f3 buena parte del esfuerzo militar occidental. En 2025 los pa\u00edses de la OTAN acordaron orientar hacia 2035 un 5% del PIB a defensa y gastos vinculados con seguridad, de los cuales 3,5% ser\u00edan para capacidades militares y hasta 1,5% para infraestructura, resiliencia e innovaci\u00f3n. Eso puede revitalizar industrias, investigaci\u00f3n y empleo. Tambi\u00e9n significa competir por recursos con pensiones, salud, educaci\u00f3n, vivienda y transici\u00f3n energ\u00e9tica.<\/p>\n<p>Mientras Europa discute c\u00f3mo distribuir el presupuesto, enfrenta otro problema m\u00e1s profundo: c\u00f3mo producir la riqueza que lo financia.<\/p>\n<p>China dej\u00f3 de competir solamente mediante textiles, juguetes o manufacturas baratas. El Banco Central Europeo ya habla de un \u201c<em>China shock 2.0<\/em>\u201d, en donde las empresas chinas avanzan en autom\u00f3viles el\u00e9ctricos, bater\u00edas, electr\u00f3nica, maquinaria y manufacturas de contenido tecnol\u00f3gico medio y alto, mientras Europa pierde participaci\u00f3n frente a ellas dentro de su propio mercado, en China y en terceros pa\u00edses. En el caso de Alemania, debido a su especializaci\u00f3n automotriz y en bienes de capital, aparece especialmente expuesta.<\/p>\n<p>No todo puede atribuirse a China. Europa arrastra altos costos energ\u00e9ticos, problemas de productividad, exceso regulatorio en determinados sectores, inversi\u00f3n insuficiente y decisiones empresariales equivocadas. Pero la competencia china altera una premisa esencial del modelo: Europa necesita una econom\u00eda industrial din\u00e1mica para sostener salarios altos, recaudar impuestos y financiar su Estado social.<\/p>\n<p><strong>Niall Ferguson<\/strong> explic\u00f3 el ascenso hist\u00f3rico de Occidente mediante aquellas instituciones que denomin\u00f3 sus \u201c<em>killer apps<\/em>\u201d, las cuales son: competencia, ciencia, propiedad, medicina, sociedad de consumo y \u00e9tica del trabajo. El problema comenz\u00f3 cuando esas aplicaciones dejaron de ser exclusivas. China y otras econom\u00edas aprendieron ciencia, producci\u00f3n a escala, tecnolog\u00eda, innovaci\u00f3n y comercio global; por lo tanto Occidente ya no compite contra pa\u00edses tecnol\u00f3gicamente atrasados sino contra sociedades que incorporaron herramientas que antes explicaban buena parte de su ventaja.<\/p>\n<p>No se puede repartir indefinidamente una riqueza que cuesta cada vez m\u00e1s producir. Y cuando parec\u00eda suficiente, regres\u00f3 la vulnerabilidad energ\u00e9tica.<\/p>\n<p>El conflicto en Medio Oriente y las interrupciones alrededor del Estrecho de Ormuz volvieron a encarecer petr\u00f3leo, transporte y seguros. El BCE calcul\u00f3 que el salto inflacionario de comienzos de 2026 estuvo explicado casi enteramente por el shock energ\u00e9tico. En octubre el <em>Brent<\/em> volvi\u00f3 a superar los 110 d\u00f3lares por barril. Para una familia europea, esas discusiones geopol\u00edticas terminan apareciendo en la estaci\u00f3n de servicio, la calefacci\u00f3n, el transporte y los precios. Ormuz no cre\u00f3 el malestar europeo. Cay\u00f3 sobre un vaso que ya estaba lleno.<\/p>\n<p>La demograf\u00eda agrega otra contradicci\u00f3n: Europa necesita inmigrantes para sostener actividades econ\u00f3micas y compensar parcialmente una poblaci\u00f3n que envejece. Durante d\u00e9cadas llegaron trabajadores para cubrir empleos en construcci\u00f3n, transporte, industria, servicios y cuidados; <strong>pero importar trabajadores no equivale autom\u00e1ticamente a construir ciudadan\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p>La dificultad se vuelve m\u00e1s visible con los hijos y nietos de aquellos inmigrantes. Nacieron en Francia, B\u00e9lgica, Alemania, Espa\u00f1a, Italia o Suecia. No llegaron como mano de obra invitada: son europeos y esperan pertenencia, reconocimiento y oportunidades. Persisten, sin embargo, brechas laborales, territoriales y de percepci\u00f3n de discriminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El multiculturalismo permiti\u00f3 reconocer que distintas culturas pod\u00edan convivir bajo las mismas leyes, pero qued\u00f3 incompleta otra pregunta: \u00bfqu\u00e9 las mantiene unidas despu\u00e9s de dos o tres generaciones?<\/p>\n<p>Europa necesita algo parecido a un <em>onboarding<\/em> c\u00edvico que incluya temas como idioma, historia, instituciones, deberes, derechos, inserci\u00f3n laboral y una narrativa com\u00fan de pertenencia. Integrar no significa pedirle a alguien que abandone su origen. Tampoco alcanza con instalar comunidades distintas una al lado de la otra y esperar que el tiempo produzca cohesi\u00f3n porque el miedo de una parte de la poblaci\u00f3n a perder su identidad tampoco puede reducirse autom\u00e1ticamente a xenofobia. Existe xenofobia y debe combatirse. Tambi\u00e9n existen preguntas leg\u00edtimas sobre velocidad de los cambios, seguridad, lengua, costumbres y cohesi\u00f3n social. Podemos entonces afirmar que la pol\u00edtica fracasa cuando convierte toda preocupaci\u00f3n identitaria en racismo y tambi\u00e9n cuando convierte al inmigrante en culpable de problemas econ\u00f3micos que comenzaron mucho antes.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s aparece una cuesti\u00f3n todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil: <strong>el prop\u00f3sito.<\/strong><\/p>\n<p>Trabajo, familia, religi\u00f3n, naci\u00f3n, sindicatos, partidos y comunidades proporcionaron durante buena parte del siglo XX estructuras de pertenencia de las cuales muchas se debilitaron porque el mercado puede ofrecer consumo y el Estado prestaciones, pero ninguno responde por s\u00ed mismo a una pregunta elemental: <strong>\u00bfpara qu\u00e9 formo parte de esta sociedad? <\/strong>Una generaci\u00f3n puede disponer de derechos, educaci\u00f3n y salud y, sin embargo, dudar de si conseguir\u00e1 una vivienda, un empleo estable, formar una familia o vivir mejor que sus padres. All\u00ed el problema deja de ser exclusivamente econ\u00f3mico.<\/p>\n<p><strong>Europa se ocup\u00f3 de construir durante d\u00e9cadas un extraordinario sistema para distribuir bienestar.<\/strong> Ahora tiene que volver a producir crecimiento, financiar jubilaciones, reconstruir su defensa, competir con China y Estados Unidos, pagar energ\u00eda m\u00e1s cara, integrar inmigrantes, recuperar cohesi\u00f3n y ofrecer a sus j\u00f3venes una expectativa de futuro; y todo esto al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Esa combinaci\u00f3n tambi\u00e9n altera la pol\u00edtica. Fuerzas de izquierda reclaman proteger prestaciones y aumentar la contribuci\u00f3n de patrimonios y grandes empresas. Fuerzas nacionalistas y de derecha encuentran espacio en la inmigraci\u00f3n, la seguridad, la identidad y el descontento con las \u00e9lites tradicionales. Los partidos de gobierno intentan conservar un centro cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de sostener. Las pr\u00f3ximas elecciones francesas ocurrir\u00e1n mientras todas esas tensiones permanecen abiertas.<\/p>\n<p>Pero quiz\u00e1s falte revisar algo todav\u00eda m\u00e1s antiguo. Francia es la tierra de una revoluci\u00f3n que proclam\u00f3 que el poder deb\u00eda tener l\u00edmites. Dos siglos despu\u00e9s, los mecanismos creados para controlar aquel poder fueron dise\u00f1ados para un mundo anal\u00f3gico; mientras que en el actual mundo digital las decisiones circulan entre gobiernos, burocracias, lobbies, fondos financieros, plataformas digitales, algoritmos y compa\u00f1\u00edas globales capaces de procesar m\u00e1s informaci\u00f3n y recursos que muchos Estados.<\/p>\n<p>Entonces resulta urgente que el Estado de Derecho necesita actualizar sus mecanismos de transparencia, rendici\u00f3n de cuentas y ciberseguridad sin transformar esa necesidad en vigilancia sobre los ciudadanos. Quienes gobiernan deben ser controlables incluso cuando la tecnolog\u00eda vuelve opacos los procesos de decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La misma discusi\u00f3n alcanza al poder econ\u00f3mico; por ejemplo, si determinadas empresas pueden escalar beneficios mundialmente utilizando mercados, infraestructura, educaci\u00f3n p\u00fablica, consumidores y sistemas jur\u00eddicos que las sociedades financian, corresponde debatir cu\u00e1l debe ser su contribuci\u00f3n. No se trata de castigar la innovaci\u00f3n ni de convertir cualquier ganancia en objeto de expropiaci\u00f3n. Se trata de preguntarse c\u00f3mo se distribuyen las responsabilidades cuando los beneficios pueden globalizarse con enorme facilidad mientras los costos sociales siguen siendo nacionales.<\/p>\n<p>El contrato social no puede sostenerse indefinidamente exigiendo m\u00e1s al trabajador, al contribuyente o al jubilado mientras una parte creciente de la ciudadan\u00eda percibe que quienes poseen poder pol\u00edtico o econ\u00f3mico encuentran maneras de escapar a los controles que pesan sobre los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A Europa le urge decidir c\u00f3mo volver a producir riqueza, c\u00f3mo distribuirla sin destruir los incentivos que la generan, c\u00f3mo financiar a una poblaci\u00f3n que envejece, c\u00f3mo integrar a quienes necesita, c\u00f3mo defenderse, c\u00f3mo competir y qu\u00e9 identidad com\u00fan puede ofrecer a las pr\u00f3ximas generaciones. <strong>Quiz\u00e1s \u00e9sa sea la crisis europea de nuestro tiempo: no la desaparici\u00f3n del Estado de bienestar, sino el agotamiento de las condiciones que permitieron construirlo.<\/strong><\/p>\n<p>Una sociedad empieza a perder legitimidad cuando exige sacrificios a muchos mientras el poder \u2014pol\u00edtico o econ\u00f3mico\u2014 parece escapar al control de todos. Reconstruir el contrato social europeo exige algo m\u00e1s dif\u00edcil que repartir lo que queda: volver a generar riqueza, confianza, l\u00edmites y prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alejandro Safarov<br \/>\nIntegrante<br \/>\nInstituto de Relaciones Internacionales<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Alejandro 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