Anuario de Relaciones Internacionales, Año 1994

PRESENTACION

"la historia no ha terminado"

 

Ella recomienza con nuevos actores y nuevos desafíos.

Estamos asistiendo más que a un "final de la Historia" a un nuevo período signado por una gran incertidumbre en cuanto a cual será la nueva configuración mundial.

Fragmentado, multicentrado, el mundo de hoy ha perdido sus certitudes, y está en búsqueda de nuevos valores en torno a los cuales se organizarán o ser destruirán las sociedades.

La política internacional no tiene un solo lugar de producción sino múltiples, surgen nuevos temas en la agenda internacional.

Por lo tanto todos los instrumentos de análisis de la realidad internacional deben ser revisados so pena de no entender los nuevos desarrollos históricos.

Asistimos a una soberanía cada vez más limitada e individuos cada vez más emancipados. La "aceleración de la historia" acentúa el desfasaje entre el Estado y la sociedad civil. El concepto de soberanía no es un concepto estático, depende de la evolución de la sociedad internacional, la soberanía del siglo XXI no será seguramente la del siglo XX.

Acostumbrados a vivir en un mundo de certidumbres nos encontramos hoy con muchas más preguntas que respuestas. Para construir un nuevo orden mundial, si lo pretendemos verdaderamente nuevo y no una desdibujada fotocopia, y que responda a las aspiraciones de todos los pueblos será necesario inventar una nueva ética, y evitar la dinámica perversa que sigue profundizando la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos. Los mañanas venturosos que nos pronosticaban y "el hombre Nuevo" está muriendo hoy en Sarajevo y en alguna otra parte del planeta víctima de toda clase de fundamentalismo.

El concepto de "enemigo" tan claramente discernible durante la guerra fría, que había acostumbrado a muchos a una visión maniqueista de la historia y a elaboraciones teóricas poco novedosas, hoy a desaparecido, como decía un antiguo jerarca soviético: "le hemos producido a Occidente un terrible dilema, lo hemos privado de su enemigo"

Sin saberlo hemos entrado al tercer milenio, a pesar que cronológicamente nos quedan todavía seis años, los grandes acontecimientos de estos últimos años así lo atestiguan.

La caída del Muro de Berlín, la guerra del Golfo, la implosión de la Unión soviética, la desaparición de los regímenes comunistas de la Europa del Este, la unificación alemana, el fin del apartheid en Africa del Sur, el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP, el nacimiento de 22 nuevos Estados, resultante de la desaparición de la Unión Soviética, de Yugoslavia y de Checoslovaquia que marca una nueva explosión de actores como en los primeros años de la década del 60.

La presencia del individuo, como integrante de la sociedad civil internacional esta cada día mas implicado en el juego internacional, como lo demuestran las últimas grandes conferencias de las Naciones Unidas.

Las relaciones políticas se desarrollan cada día mas a escala supranacional e infranacional.

El orden internacional se aleja cada vez mas de los paradigmas clásicos, a los modelos de integración se anteponen nuevas formas de exclusión. Como lo expresa el filósofo francés Edgar Morin en la sociedad internacional se da "la lucha multiforme entre las fuerzas de la asociación, de cooperación, de federación y las fuerzas de la implosión, de la descomposición, de ruptura, de conflictos"

Y entre las realidades de este fin de siglo, la tragedia de la ex-Yugoslavia que nos pone nuevamente frente a la condición humana en el extremo de su irracionalidad, con sus casi 4 millones de desplazados, los más de 200.000 muertos, ciudades destruidas, campos de concentración, "limpieza étnica".

Ante este horror, la respuesta "pragmática" de muchos es aceptar la realidad tal cual es, permitiendo la violación a los grandes principios del derecho internacional y las relaciones internacionales.

Estamos "lejos" de 1991, cuando la Comunidad Europea y la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en Europa juraban respetar la integridad territorial de una Yugoslavia democrática y por lo tanto la protección de los derechos de la minorías y del hombre. Con gruesos errores por parte del Vaticano (hoy lamentando su posición) y de Alemania, que cambiaron su posición tradicional e hicieron prevalecer el principio de autodeterminación por sobre el principio de no intervención. Pero, sin tener en cuenta otros grandes y fundamentales principios internacionales que nos permiten una auténtica comunidad internacional, como son los principios de la protección internacional de los derechos humanos y el de los pueblos, realizados en el marco de una sociedad democrática.

La destrucción de Bosnia pluriétnica consagra la victoria de la fuerzas más retrogradas que azolaron a Europa no hace mucho años.

Permanecer indiferente ante este crimen, es negar la idea misma de la existencia de una comunidad internacional.

Permitir un Estado racial es una afrenta a la humanidad.

El mundo no debería repetir la vergüenza de otro Munich, es inconcebible cualquier partición étnica, es el fracaso de la política con mayúscula, aquella que lucha por la convivencia pacífica de los pueblos.

Cuando en 1995, junto con el cincuentenario de las Naciones Unidas, festejemos el año mundial de la tolerancia, que esto no sea solo un slogan sino la practica común entre los hombres.

Es necesario recordar las palabras de Nelson Mandela, víctima durante décadas de la intolerancia: "esta emergiendo una clara división en el sistema internacional entre los países que toleran la diversidad y los otros"

En este mundo en transición cual es el nuevo rol de las Naciones Unidas.

En enero de 1992, por primera vez en su historia, El Consejo de Seguridad se reunió a nivel de Jefes de Estado o de Gobierno.

Desde 1988, se han creado 14 nuevas operaciones de mantenimiento de la paz, más que las 13 que se crearon entre 1947 y 1987. Actualmente participan más de 100.000 personas entre civiles y militares en estas operaciones. La que se realiza actualmente en la ex-Yugoslavia es la mayor en la historia de la organización.

Dada la nueva situación internacional no hay duda que es necesaria una reforma a la Carta de la ONU, pero la pregunta es qué clase de reforma?; cómo se integrará el Consejo de Seguridad?, no sólo desde un punto de vista cuantitativo, sino qué clase de Consejo debe prevenir o solucionar conflictos de nuevo tipo.

La aplicación del capitulo VII, a nuevas situaciones, ya no sólo de agresiones entre Estados sino de la desintegración de los mismos, producto de las luchas internas.

Es necesario desarrollar los métodos más adecuados para la aplicación de los grandes principios de las relaciones internacionales.

Como lo expresaba el Secretario General de las Naciones Unidas Boutros Boutros Ghali, la mayoría de las operaciones de mantenimiento de la paz prevén en efecto la restauración de la democracia y la protección de los derechos humanos. Surgen los primeros síntomas de la diplomacia de la democracia y los derechos humanos.

Existe una verdadera asistencia electoral, desde enero de 1992 a enero de 1993 se realizaron más de 35 operaciones de esta clase. También hay casos de asistencia constitucional. La ONU utilizo incluso el capitulo VII en el caso de Haití, para intentar restaurar el estado de derecho y el proceso democrático.

Podrá el imperativo democrático trasformarse en una nueva norma del derecho internacional contemporáneo?.

Porque sabemos que la mejor garantía para la paz es la democracia.

El esfuerzo internacional en materia de mantenimiento de la paz, debe intensificarse en dirección a la protección de las minorías, el respeto de los derechos humanos y la democratización de las sociedades.

Pero para hacer realidad los grandes objetivos de las Naciones Unidas es imprescindible la participación de todos, en una clima de diálogo y de confianza y no la monopolización de los valores por unos pocos, no queremos "nuevos directorios mundiales".

Debemos institucionalizar una estructura multipolar en la toma de decisiones mundiales.

Una de las grandes contradicciones actuales es la integración económica regional y mundial y la descomposición social de los países del llamado mundo periférico.

Estamos viendo el proceso de desintegración acelerada de Estados nacionales consecuencia de un doble proceso de exclusión, los Estados excluidos dentro del sistema internacional y de las poblaciones dentro de sus propios Estados nacionales.

Los mecanismos de exclusión juegan en el interior de las sociedades nacionales, incluso el propio mundo desarrollado, esta generando su "tercer mundo". Actualmente en los propios Estados Unidos, 34 millones de personas no tienen ningún tipo de cobertura social, es decir un 13% de la población y el número de prisioneros por número de habitantes más elevado del mundo. Los países desarrollados ven agravarse sus desigualdades, con 35 millones de desocupados, con sus regímenes de protección social amenazados, ver surgir nuevas formas de miseria, por ejemplo, el número de personas sin techo, sólo en Gran Bretaña llega a casi medio millón.

El proceso de exclusión se refuerza al acentuarse las desigualdades entre países.

Según las propias cifras de la Banca Mundial y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en 1990, el 77% de la población del planeta participa solamente en el 15% del ingreso mundial y el ingreso medio por habitante es en los países del Norte 18 veces superior a los del Sur, agravandose por la tasa de crecimiento demográfico, mucho más alta en los países en desarrollo, que en muchos casos había que denominarlos países en vía de subdesarrollo, incluso en algunos casos en tren de extinción.

Hay actualmente 1500 millones de hombres y mujeres del Sur, que no tienen acceso a los servicios de salud más elementales y la mayoría vive en condiciones infrahumanas.

Los movimientos migratorios hacia los países desarrollados, son como un espejismo, en vez de atenuar los efectos de la exclusión producen exactamente lo contrario, la refuerzan.

Los mecanismos de exclusión conducen a privar de legitimidad al orden político, debilitar su capacidad y promover los movimientos extremistas, con el resultado, en algunos casos de la desintegración de los Estados. La realidad africana de nuestros días es un doloroso ejemplo.

Para luchar contra estas sociedades duales, debemos privilegiar lo social, es necesario introducir cláusulas sociales y ecológicas en las negociaciones económicas internacionales.

Debemos construir sociedades solidarias frente al aumento del desempleo, la recesión y la exclusión.

Las Naciones Unidas deberían presentar en la próxima Cumbre sobre el Desarrollo Social que se realizará el año próximo en Copenhague, un proyecto sobre seguridad económica mundial, donde instituciones del sistema de las Naciones Unidas, concretamente la Banca Mundial y el Fondo Monetario Internacional trabajen sobre objetivos de cooperación, de desarrollo y de solidaridad.

Se deben promover nuevos indicadores sobre desarrollo humano y social, como lo viene haciendo el PNUD desde 1990.

Las ONG y las Universidades no pueden estar ausentes en estos trabajos.

La incipiente "conciencia planetaria" conlleva necesariamente una diplomacia de la solidaridad entre las naciones y entre las generaciones.

No podemos ni debemos contemplar el futuro hay que crearlo con un precioso instrumento LA SOLIDARIDAD.

 

Dentro de este contexto histórico, creamos el Instituto de Relaciones Internacionales el 28 de setiembre de 1990, casi un año después, en diciembre de 1991, editamos la primera revista "Relaciones Internacionales" de nuestra Universidad, y en 1993, iniciamos las series, "Estudios" y "Documentos" con el objetivo de aportar nuevos desarrollos al conocimiento de la comunidad internacional.

Ahora presentamos el primer ANUARIO en relaciones internacionales en la historia de nuestro país.

Con el mismo pretendemos reflejar los principales acontecimientos que se producen durante el año dentro del área de los Departamentos que conforman el Instituto.

El mismo contiene, una Presentación, a cargo de los coordinadores de cada Departamento, una sección Cronológica (que por ser esta la primera edición, abarca períodos más extensos y no solamente el último año), una sección Documental (con características particulares, pues incluye, por esta vez, artículos de opinión) y un Anexo (con información general)

Finalmente, nuestro reconocimiento a todos aquellos que trabajaron en este Anuario, que sin ningún tipo de retribución material, solo imbuidos de una gran vocación académica, lo hicieron posible.

Prof. Dr. Norberto E. Consani