El cierre del Estrecho de Ormuz no es solo una consecuencia de la guerra, sino más bien un elemento constitutivo de la misma. La guerra de Irán pone de manifiesto que la forma de confrontación de los Estados está experimentando una transformación. No es que hayan dejado de usar la fuerza militar, sino que ese tipo de fuerza ya no es suficiente para explicar un conflicto. Junto a misiles, drones, y portaviones, aparecen nuevos instrumentos, vinculados a la economía, que fueron ganando protagonismo: rutas comerciales, sistemas de pago, cadenas de suministro, o la limitación de acceso a mercados financieros, suelen ser parte de las sanciones económicas que recaen de unos Estados sobre otros. La guerra que se está desarrollando en la actualidad y el conflicto en torno al Estrecho de Ormuz es un ejemplo de que, en las relaciones internacionales, están siendo cada vez más relevantes las herramientas económicas.
Para algunos autores no se trataría de un hecho aislado. Es el síntoma de un orden internacional en transición, en el que los instrumentos económicos se han convertido en las armas preferidas de la política de poder como elemento de coerción entre Estados. Según autores como Roberts, Moraes y Ferguson, el sistema internacional está ingresando en un Orden Geoeconómico. En un trabajo publicado en 2019, se refieren a esta transformación como la creciente securitización de la política económica y economización de la política estratégica (Roberts, Moraes, & Ferguson, 2019). En el contexto del orden neoliberal, iniciado tras la finalización de la Guerra Fría, la seguridad era una cuestión separada de las cuestiones económicas; en el orden geoeconómico emergente, según estos autores, la seguridad ha pasado a ser el principio organizador del comercio y la economía en general.
Actualmente en el Medio Oriente, se ha utilizado el Estrecho de Ormuz como instrumento de presión económica y de disuasión por parte de Irán y de Estados Unidos, afectando el comercio mundial de petróleo y sus derivados, fertilizantes, y otros productos que son suministrados por barcos que atraviesan el mencionado estrecho.
El concepto que mejor captura esta dinámica es el de chokepoint, o punto de estrangulamiento. El ahora famoso estrecho es, en términos geopolíticos, uno de los chokepoint más relevante del planeta. A lo largo de sus 54 kilómetros transita cerca del 20% del petróleo y gas que se consume en el mundo. Su cierre implicó inflación e incertidumbre en los mercados. Ha sido utilizado como una poderosa arma en esta guerra, pues, se llevó adelante una armamentización o weaponization del estrecho. Lo más interesante es que para convertirlo en un arma —weaponizarlo— Irán no necesitó igualar la capacidad militar de Estados Unidos. (Farrell & Newman, 2025).
En medio del conflicto, el presidente Donald Trump exigió la reapertura del Estrecho de Ormuz como condición para negociar, pese a que permanecía abierto antes de los ataques. Fue la propia operación militar la que desencadenó su cierre. Esto demuestra que atacar a un adversario que controla un chokepoint global puede, paradójicamente, reforzar su capacidad de negociación. El fracaso de las conversaciones en Pakistán lo mostró con claridad: la superioridad militar pierde peso cuando el conflicto pasa a girar en torno al control de infraestructuras críticas, como ocurre con este caso.
Las consecuencias recaen sobre terceros actores que no participan de manera directa en el conflicto, aunque dependen de los flujos que se interrumpen. Las economías emergentes importadoras de energía, los países inmersos en procesos inflacionarios, los mercados que articulan su producción industrial en torno a esa ruta, reciben los golpes de esta weaponization. Esto no es un efecto colateral del conflicto entre Washington y Teherán, sino que sería la lógica misma del nuevo orden geoeconómico: quien controla un nodo crítico le puede infligir daño a todo el sistema, independientemente de quiénes sean los protagonistas directos del conflicto.
Leila Mohanna
Secretaria
Departamento de Relaciones Económicas Internacionales
IRI-UNLP
Referencias bibliográficas
Henry Farrell y Abraham L. Newman, «Weaponized Interdependence: How Global Economic Networks Shape State Coercion», International Security, vol. 44, n.° 1, 2019.
Anthea Roberts, Henrique Choer Moraes y Victor Ferguson, «Toward a Geoeconomic Order», Journal of International Economic Law, 2019.