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El conflicto en Irán. Del desorden al no-orden internacional

A partir de la tesis de Mark Leonard, según la cual el sistema internacional se ha transformado en un espacio de interacción estratégica donde las reglas se ignoran antes que romperse, este trabajo analiza el accionar de Estados Unidos e Irán en el conflicto que los enfrenta desde febrero de este año.

En primer lugar, conviene distinguir la idea de no-orden de la de desorden. En este nuevo contexto internacional, los actores principales ya no justifican sus actos al amparo del derecho internacional, a diferencia de lo que ocurre en el desorden, donde la transgresión confirma paradójicamente la regla al exigir una justificación legal. Rahman Dağ y Özgür Tüfekçi profundizan en esta idea al señalar que hoy nos enfrentamos a una incertidumbre estructural: en el escenario de no-orden, el riesgo se ha transformado en incertidumbre, esto es, en una situación en la que resulta imposible conocer o estimar de antemano los resultados de las acciones. Cuando esa incertidumbre se vuelve irreducible y estructural, las reglas ya no se infringen, sino que se ignoran por completo, pues se las considera herramientas obsoletas de un sistema que carece de un garante efectivo.

Las instituciones internacionales creadas tras la Segunda Guerra Mundial atraviesan una crisis profunda, que se refleja con claridad en la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU. Amitav Acharya propone que habitamos ya un “mundo multiplex”, en alusión a una sala de cine donde se proyectan distintas películas de manera simultánea sin que ninguna acapare por completo la atención del público. Concibe así el sistema internacional como una estructura descentralizada y pluralista, en la que las ideas sobre estabilidad y paz ya no emanan de una única fuente hegemónica, sino de múltiples centros de influencia.

A pesar de esa fragmentación, el mundo está más conectado que nunca. El “defecto mariposa” que describe Ian Goldin ilustra con claridad esta frágil situación: en alusión al célebre efecto mariposa, según el cual el aleteo de un insecto puede alterar el curso de la historia, la interdependencia global es tal que un shock localizado, como el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, desencadena un efecto dominó capaz de provocar una crisis económica y otra energética con consecuencias en todo el planeta.

Retomando lo planteado por Leonard, los Estados recurren a la estrategia del artesano para afrontar esta situación de fragmentación y fragilidad institucional. A diferencia de las potencias más poderosas, que se conciben como arquitectos empeñados en construir estructuras e instituciones permanentes y universales, los artesanos reutilizan y recombinan elementos institucionales ya existentes para adaptarlos a sus propias realidades y agendas.

Mientras Estados Unidos participa en la contienda con objetivos propios de un arquitecto —la búsqueda de un cambio de régimen mediante el uso de su poder militar—, Irán ha actuado como un Estado artesano típico. Al no contar con un poder militar convencional equiparable al estadounidense, el régimen de los ayatolás se ancló en su único punto de presión, el Estrecho de Ormuz, y transformó una contienda militar en una de resistencia económica a través del control de los flujos comerciales y energéticos de la región.

La resistencia iraní en el Estrecho de Ormuz demuestra que la supervivencia en el mundo multiplex ya no reside en la rigidez de los tratados, sino en la plasticidad para recombinar elementos existentes y gestionar las disrupciones globales. Resulta evidente, además, que el poder de los arquitectos posee puntos ciegos que, de no ser atendidos, pueden acarrear grandes costos para el propio sistema que han edificado.

En suma, el enfrentamiento entre Washington y Teherán parece confirmar el diagnóstico de un no-orden global en consolidación, donde la inobservancia de las reglas compartidas vuelve obsoletas a las instituciones multilaterales, al menos en su configuración actual. Ante la desintegración del sistema de posguerra, el escenario geopolítico no parece exigir la restauración de un orden en crisis, sino que obliga a los Estados a dominar una estrategia del artesano que les permita navegar un sistema internacional donde la interacción estratégica y la resiliencia resultan fundamentales.

Nicolás Jaimez Leguina
Integrante
Departamento de Medio Oriente
IRI-UNLP