Este año no es uno más para el continente americano y, en especial, para Hispanoamérica: es el año en que se conmemora el Bicentenario del célebre Congreso Anfictiónico de Panamá. Convocado por el Libertador Simón Bolívar, se celebró entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826 en la sala capitular del Convento de San Francisco, a orillas del Océano Pacífico.
Los primeros interrogantes que se nos presentan son por qué se lo llamó “Anfictiónico” y por qué se celebró en Panamá. Ya en 1815, en su recordada Carta de Jamaica, el Libertador Bolívar había expresado: “que bello sería que el Istmo de Panamá fuese lo que el de Corinto para los griegos”, “ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un Congreso de los representantes de las Repúblicas”, y proféticamente también mencionó: “esta magnífica posición entre dos mares podrá ser con el tiempo el emporio del Universo, sus canales acortarán las distancias del mundo y estrecharán los lazos comerciales”.
El Libertador era un hombre sumamente ilustrado, que conocía bien la importancia que, en la Grecia clásica, tenía el Istmo de Corinto, el cual conectaba dos penínsulas fundamentales: la de Ática, donde se encontraba la poderosa ciudad de Atenas, y la del Peloponeso, donde se ubicaba la potente ciudad de Esparta. Por su parte, las “Anfictionías” eran confederaciones de antiguas ciudades griegas vecinas, conformadas no sólo con fines religiosos, sino también para promover la paz y la cooperación entre sus miembros, a la vez que expresaban una identidad cultural común. Por ello, no fue casualidad que al Congreso de Panamá se lo denominara “Anfictiónico”.
La razón por la cual el Congreso debía celebrarse en Panamá fue claramente expuesta por el Libertador en sus cartas de invitación a las jóvenes Repúblicas de Hispanoamérica, suscriptas en Lima, Perú, en diciembre de 1824. Allí, en uno de sus párrafos, expresa: “Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá, sería señalado para este augusto destino, colocado como está en el centro del globo, viendo por una parte el Asia y por la otra África y Europa”, y acota además: “El Istmo está a igual distancia de las extremidades y por esta causa, podría ser el lugar de la primera Asamblea de los Confederados”.
Al Congreso Anfictiónico de Panamá concurrieron representantes de la Gran Colombia, Centroamérica, Perú y los Estados Unidos Mexicanos. Tras celebrar diez sesiones, suscribieron varios acuerdos, el más importante de los cuales fue el “Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua”, firmado el 15 de julio de 1826.
Los mencionados acuerdos debían ser ratificados por las Repúblicas que los habían suscripto, y estaba previsto que los instrumentos de ratificación se canjearan en un plazo de ocho meses en la Villa de Tacubaya, México, donde habrían debido continuar las sesiones del Congreso de Panamá. Sin embargo, por diversas circunstancias históricas, el Congreso no pudo seguir funcionando en Tacubaya como se había contemplado y terminó disuelto. De los países firmantes, sólo Colombia ratificó, en septiembre de 1827, los convenios que se habían alcanzado en Panamá.
En perspectiva histórica, y a pesar de que la mayoría de los signatarios no ratificaron los acuerdos suscriptos en el Congreso de Panamá, este constituyó un logro extraordinario. En efecto, más allá de los destacados avances en principios e instituciones del Derecho Internacional que contenían las distintas cláusulas del “Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua”, se plantó una poderosa semilla que, años más tarde, daría sus frutos: condujo a la creación de la Organización de los Estados Americanos y de los diversos organismos de integración regional existentes hoy en el ámbito latinoamericano.
En los párrafos finales de las aludidas cartas de invitación al Congreso de Panamá, el Libertador Bolívar remarcaba: “El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal”, y agregaba: “¿Qué será entonces el Istmo de Corinto con el de Panamá?”. Sin duda, tenía mucha razón.
Que la conmemoración de este magnífico Bicentenario sirva de impulso para alcanzar cada vez mayor cooperación, prosperidad y una férrea unión entre todos los pueblos latinoamericanos, quienes no sólo compartimos una historia y una cultura, sino que tenemos, fundamentalmente, un futuro en común en el mundo de nuestros días.
Juan Carlos Pérsico
Coordinador
Departamento de Europa
IRI-UNLP