Departamento de Medio Oriente
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Entre la condena y la contención: la respuesta de los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) frente a los ataques iraníes (febrero de 2026 – junio de 2026)
Ornela Fabani
El 28 de febrero de 2026 Estados Unidos y el Estado de Israel iniciaron una ofensiva conjunta contra la República Islámica de Irán. Tal como en su momento lo había advertido el vice ministro de Relaciones Exteriores iraní, la respuesta del país persa no se vería confinada a un Estado (Rfi, 2026). Por el contrario, el régimen optó por atacar las bases militares de sus enemigos en la región, pero también dirigió drones y misiles contra países no involucrados en la contienda -tal es el caso de Azerbaiyán y Chipre- y, con el correr de los días, disparó contra instalaciones civiles.
De cualquier forma, el gran as bajo la manga de Teherán ha sido el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita un 20% del petroleo y en torno a una 30% de los fertilizantes que se comercializan a nivel global, lo que ha supuesto un impacto mayúsculo, no solo sobre las economías de los países del Golfo sino a nivel mundial. Al punto que la Agencia Internacional de la Energia (IEA, 2026) ha hecho referencia a la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial, con todo lo que esto conlleva.
Conforme con Ulrichsen (2026), los ataques se han convertido en las amenazas más graves y sostenidas a la seguridad física de los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -leasé, Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán- desde la ocupación iraquí de Kuwait en 1990–91, habiendo afectado negativamente a la aviación, el turismo y el deporte, sectores que han resultado centrales para los proyectos de diversificación económica de las naciones del Golfo. De esta forma, se ha atentado contra modelos económicos erigidos sobre una imagen de estabilidad como centros globales de logística y finanzas, y como líderes en inversión en tecnologías emergentes, afectando negativamente la confianza, la inversión y la llegada de turistas (Lons, 2026). Todavía más, el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz debido a los ataques a la navegación, y la cancelación generalizada de las coberturas de seguro contra riesgos de guerra existentes, ha creado el mayor impacto en las cadenas de suministro energéticas y globales en 50 años (Ulrichsen, 2026).
En línea con lo hasta aquí expuesto, este trabajo se asienta sobre la siguiente pregunta de investigación ¿cómo se han posicionado los Estados del CCG frente a los ataques iraníes en respuesta a la ofensiva conjunta norteamericano-israelí? En tanto, la presente comunicación tiene por objetivo analizar la posición de los Estados miembros del CCG frente a los ataques iraníes en respuesta a la ofensiva conjunta norteamericano-israelí. Con tal fin, se recurre la recopilación documental de fuentes secundarias y primarias. Entre estas últimas comunicados de prensa de los ministerios de Relaciones Exteriores del Golfo y de la secretaria del CCG. Asimismo, como técnicas de ánalisis de datos se opta por al análisis documental y de contenidos.
La respuesta del Consejo de Cooperación del Golfo
En lo que respecta al posicionamiento del CCG como bloque frente a los ataques iraníes, el Consejo Ministerial del organismo subregional, órgano que nuclea a los Ministros de Relaciones Exteriores de los seis países miembros, se reunió el 1 de marzo con vistas a abordar la escalada regional y coordinar una respuesta común frente a la misma. Entonces, condenó los ataques dirigidos contra los países del CCG y sostuvo que éstos constituyen una grave violación de la soberanía de los países del Golfo, de los principios de buena vecindad y una afrenta al derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. En esta misma dirección, subrayó que atacar a civiles e infraestructura civil supone una grave violación de las normas del derecho internacional humanitario.
En dicha oportunidad el Consejo también expresó la plena solidaridad entre las naciones del bloque, destacando que la seguridad de los Estados socios es indivisible y que cualquier ataque contra un Estado miembro constituye un ataque directo contra todos.
A raíz de las agresiones sufridas, el citado órgano dio cuentas de que las naciones del CCG se reservan su derecho a responder, de acuerdo con el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, así como a tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar su soberanía, seguridad y estabilidad (Secretariat General GCC, 2026).
En esta misma dirección, el 22 de marzo, el secretario general del organismo subregional, Jasem Mohamed Albudaiwi, calificó los ataques iraníes contra países del Golfo como “actos inaceptables de agresión” y afirmó que amenazaban la seguridad regional y el suministro energético mundial (Nuevo Diario de Salta, 2026).
En tanto, días después, Albudaiwi denunció que más del 85 % de los ataques que la República Islámica había realizado hasta ese momento habían tenido por blanco los países del Golfo. Como correlato, exigió el cese inmediato de los mismos, destacando, a su vez, que los Estados del Golfo han dejado claro que no forman parte del conflicto en curso y que han realizado amplios esfuerzos para evitar una escalada (Al Arabiya English, 2026).
Ahora bien, es importante señalar que aunque el principio de seguridad colectiva fue refrendado por los miembros del CCG en 1981 y luego cobró estatus legal a partir de la firma del Acuerdo de Defensa Conjunta de 2000, todavía más, aunque el bloque posee una fuerza militar conjunta, el Peninsula Shield Force, la realidad es que no existió una acción militar coordinada frente a la embestida iraní. En virtud de lo expuesto, y de que tampoco existió una ofensiva diplomática conjunta, más allá de ciertos encuentros entre funcionarios del CCG o de los propios dichos del secretario general del bloque, dificilmente pueda pensarse en una respuesta común, coordinada, de los seis países bajo análisis frente al conflicto.
Kuwait
Kirkhoupe-Arkley (2022) define a Kuwait como una presencia mediadora en los asuntos de Medio Oriente. Un actor que ha permanecido neutral frente a distintos conflictos acaecidos en la región, que ha optado por la diplomacia y por impulsar la unidad árabe.
En lo que respecta al vínculo con Irán, través del tiempo las relaciones con el país vecino han tenido sus altos y bajos. En 2015 el ministerio del interior de Kuwait anunció el arresto de mas de 20 individuos presuntamente vinculados a una célula terrorista relacionada con Irán y Hezbollah y, la confiscación de armas. Un año después, tras la crisis diplomática desatada entre Arabia Saudita e Irán por el ataque a la embajada saudita en Teherán, Kuwait, siguiendo los pasos de Riad, retiró a su embajador de la república islámica. Todavía más, en 2017, una conflicto diplomático en torno al ya referido “caso Abdali” derivó en que Kuwait expulsase diplomáticos iraníes, cerrase oficinas culturales y militares iraníes, y congelase algunos mecanismos de cooperación bilateral. Tras la degradación de sus relaciones diplomáticas, Kuwait recién envió a su embajador de vuelta a Teherán en 2022.
Ahora bien, ante el inicio de la actual crisis Kuwait ha abordado el deterioro de la situación de seguridad dentro del marco de una estrecha unidad entre los Estados árabes del Golfo. Conforme con Cafiero (2026), en línea con su postura tradicional, el emirato se ha inclinado por la cohesión y ha apostado por la acción colectiva del CCG y de la Liga Árabe entendiendo que coordinar posiciones es la mejor manera de contrarrestar la agresión de Irán.
En esta dirección, al tomar la palabra en el marco de la 50.ª reunión extraordinaria del Consejo Ministerial del CCG, celebrada por videoconferencia, el ministro de Asuntos Exteriores de Kuwait, Sheikh Jarrah Jaber Al-Ahmad Al-Sabah, condenó los ataques iraníes contra Kuwait y afirmó su derecho a la autodefensa conforme al Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Asimismo, calificó los ataques como una violación flagrante de la soberanía de Kuwait, así como una clara infracción del derecho internacional, del derecho internacional humanitario y de la Carta de las Naciones Unidas. Para finalmente subrayar que la seguridad de los Estados miembros del CCG es indivisible, advirtiendo que cualquier vulneración de la soberanía de uno de sus miembros constituye una amenaza directa para la seguridad colectiva del Golfo (Fananews, 2026).
Días después, 26 de marzo, Kuwait, junto con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y Jordania, emitieron un comunicado conjunto condenando a Irán y a sus grupos afines en Irak, así como también sus ataques contra países de la región y sus instalaciones e infraestructura (CNBC, 2026). En tanto, durante la reunión de la Liga Árabe celebrada en marzo, el ministro de Asuntos Exteriores de Kuwait pidió una respuesta firme y unificada frente a los ataques iraníes (Kuwait Tiimes, 2026).
Bahréin
La tirantez en el vínculo entre Bahréin y la República Islámica de Irán no es un dato nuevo de la política exterior del reino, por el contrario, se convierte en uno de los pilares de su política externa. Esta animosidad responde a un conjunto de condicionantes internos, entre ellos las acotadas capacidades económicas, políticas, así como también militares de Bahréin, pero también a que Teherán ha llegado a reclamar el territorio del país vecino como su provincia número catorce en reiteradas oportunidades. Razón por la cual, históricamente, Manama ha percibido a Irán como una de las principales amenazas a su seguridad (Fabani, 2021). Al punto que, tras la ruptura o degradación de relaciones diplomáticas que distintos países del Golfo consustanciaron con el país vecino en 2016, tras el ataque a la embajada saudita en Teherán, Bahréin es la única de las monarquías del Golfo que a la fecha no ha restablecido relaciones diplomáticas con la República Islámica.
Debido a su proximidad, a los vínculos que construyó con Israel -tras la firma de los Acuerdos Abraham- y, asimismo, a su rol dentro de la estrategia de seguridad norteamericana en el Golfo, por ser sede de la quinta flota de marina norteamericana, Bahréin ha sido un target primario de los ataques iraníes.
En este marco, el 28 de febrero de 2026, día en el que comienzan los ataques iraníes, el reino emitió un comunicado en el que condena enérgicamente “los traicioneros ataques” con misiles iraníes dirigidos contra su territorio, así como contra los del Reino de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Jordania y describe los ataques como una flagrante violación de la soberanía, la seguridad y la estabilidad de las naciones afectadas. Asimismo, la misiva destaca que tales acciones amenazan la seguridad y la vida de civiles y residentes, al tiempo que demuestran un completo desprecio por el derecho internacional, las normas internacionales y los principios de buena vecindad. Fruto de ello Bahréin insta a la comunidad internacional a condenar esta atroz agresión y a adoptar una postura inmediata para detener estos actos que ponen en peligro la vida de civiles. Aún más, reitera que los Estados soberanos conservan el derecho legal absoluto de responder y tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar su seguridad, estabilidad y la protección de sus ciudadanos y residentes (Saudi Press Agency, 2026 a).
Cabe agregar que, ese mismo día, y en su rol de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, Bahréin envió una carta al referido órgano, en nombre de los miembros del CCG, señalando que los ataques iraníes eran criminales y contravenían la ley internacional. En efecto, su respuesta al accionar iraní estuvo mediada por dicho rol. Tal es así que Bahréin se convirtió en el autor de una resolución que presentó en nombre de los miembros del CCG y Jordania.
La resolución 2817 condena “en los términos más enérgicos” los ataques de Irán contra Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania, y reitera su firme apoyo a la soberanía, integridad territorial e independencia política de esos países, señala que los ataques constituyen una violación del derecho internacional y una grave amenaza para la paz y la seguridad internacionales; deplora que hayan sido atacados objetivos civiles y que los ataques hayan provocado víctimas; y exige que Irán detenga inmediatamente la ofensiva contra estos países y cumpla plenamente con sus obligaciones conforme al derecho internacional.
La citada resolución, que contó con 135 co-patrocinadores, el mayor número de adhesiones alguna vez alcanzado dentro del Consejo, fue aprobada con 13 votos a favor y dos abstenciones, la de China y la de la Federación Rusa.
Por otra parte, como correlato del papel que asumió como reprentante de los intereses de sus vecinos del Golfo en el máximo organismo internacional, Bahréin también ha impulsado, junto a Estados Unidos, una resolución del Consejo de Seguridad para para defender la libertad de navegación y garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz. A raíz del rol que jugó el reino en torno a este tema, Irán amenazó a Bahréin con cerrarle “para siempre” el estrecho de Ormuz. Una advertencia que llegó de la mano de Ebrahim Azizi, jefe de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, quien reaccionó al proyecto promovido por Estados Unidos y Bahréin, alertando al “país microscópico de Bahréin […] sobre las graves consecuencias de esta acción” (Mehr News, 2026). Ello sin mencionar que, Bahréin y Emiratos Árabes, son los únicos dos países árabes que se han sumado a la coalición internacional, compuesta por más de 40 países, que busca garantizar la libre navegación por el estrecho de Ormuz.
Qatar
En lo que respecta a Qatar, es importante tener en consideración que, en los últimos años, este país venía protagonizando un acercamiento con la República Islámica, actor con el que comparte el campo de gas de North/South Pars. En efecto, en 2014, estas naciones anunciaron el establecimiento de tres zonas de libre comercio entre ambos. Todavía más, tras el inicio del bloqueo por parte de los socios del Golfo contra el emirato, en 2017, este último fortaleció sus vínculos con Irán, quien le permitió a Doha utilizar su espacio aéreo y puso a su disposición alimentos. Al punto que, en dicho periodo, las exportaciones de Irán al país del Golfo se incrementaron en un 100%.
Pese a ello, la cercanía en el vínculo parece haber quedado atrás si se tiene en cuenta que Irán atacó la base norteamericana de Al Udeid en junio de 2023 y que, tras el inicio de la ofensiva norteamericano-israelí, Qatar recibió no menos de 700 ataques con misiles y drones dirigidos primordialmente contra bases norteamericanas en su territorio (Nereim, 2026).
Ello si bien es cierto que la infraestructura crítica qatarí también se vio bajo asedio, tal como se constata el rememorar los ataque sobre la ciudad industrial de Ras Laffan, donde se afinca una de las mayores instalaciones de gas natural licuado (GNL) del mundo. Allí los daños han sido mayúsculos. Conforme con el ministro de Energía qatarí, Saad al-Kaabi, la restauración de la instalación podría tardar hasta cinco años y la pérdida anual de ingresos de Qatar se estima en 20.000 millones de dólares, suma que representa aproximadamente el 37 % de los ingresos totales del gobierno previstos para este año (León, 2026).
Como respuesta a los ataques, Qatar declaró persona non grata y expulsó a los agregados militar y de seguridad de la embajada iraní en Doha, otorgando un plazo máximo de 24 horas para que estos funcionarios y toda su oficina abandonasen el país. En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores dio a conocer que la decisión se tomó “a la luz de los repetidos ataques y la brutal agresión iraní” contra la soberanía y la seguridad de Qatar, “en una flagrante violación de los principios del derecho internacional, la Resolución nº 2817 del Consejo de Seguridad y las normas de buena vecindad”. Todavía la misiva advirtió que si Irán continuaba con “esta actitud hostil, Qatar tomará medidas adicionales para proteger su soberanía, seguridad e intereses nacionales» (Abushamala, 2026).
Lo cierto es que, pese a la dura retórica del referido comunicado, Majed al-Ansari, asesor del primer ministro y portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar, señaló que, “desde el primer día de la guerra, la posición del Estado de Qatar ha sido completamente clara en cuanto a la necesidad de ponerle fin por medios diplomáticos”, señalando que esta es una postura que Qatar ha defendido en todos los conflictos mundiales. Para luego agregar, “Irán es un país que ha existido en la región desde tiempos antiguos y que seguirá aquí, al igual que los demás países vecinos. Esta guerra o cualquier evento político no hará desaparecer a estos pueblos, y todos seguirán siendo vecinos en la región. Por lo tanto, deben encontrarse formas de coexistencia”. De esta forma se evidencia que Qatar asume una posición dialoguista que con el correr de los días se conjugará con su rol como mediador, en tanto el emirato sumó sus esfuerzos a los de Pakistán, Arabia Saudita y Turquía para que fuese posible arribar al Memorandum de Islamabad, que establece el cese de las operaciones milatares en todos los frente y se firma el 17 de junio.
Arabia Saudita
Por décadas el vínculo entre Riad y Teherán se ha visto atravesado por la puja por el liderazgo regional. En este marco, Arabia Saudita, un país árabe, máximo representante del islam sunita y custodio de los sagrados lugares del islam, hace años viene midiéndose, incluso enfrentándose indirectamente, a través de sus proxies, con la República Islámica de Irán, heredera del imperio persa y gran baluarte del islam shiíita. Ambos países rompieron relaciones diplomáticas en 2016, tras la muerte del clérigo Nimr al Nimr y las consiguientes protestas frente a la embajada saudí en Teherán, para reestablecer sus lazos tras la mediación de la República Popular China en 2022. En virtud de lo expuesto, atendiendo al rol que juega Riad dentro del escenario regional, pero también a sus capacidades relativas de poder y a su reciente acercamiento, los ataques recibidos por el reino de parte de Teherán han sido más acotados en términos comparados con aquellos que sufrieron otros socios del CCG.
Sin ir más lejos, conforme con Minor (2026), en las primeras cuarenta y ocho horas desde que comenzaron los ataques estadounidenses e israelíes, Irán consumó solo dos ataques contra Arabia Saudita, en comparación con más de 150 misiles y quinientos drones que se lanzaron contra Emiratos Árabes Unidos.
Ahora bien, a días de iniciada la contienda, el 9 de marzo, el Ministerio de Asuntos Exteriores, vía un comunicado de prensa, reiteró la firme condena de Arabia Saudita a los ataques iraníes contra el reino y los Estados miembros del CCG, así como también contra un número de países árabes, islámicos y amigos. Todavía más, en dicha misiva el reino afirma que conserva su pleno derecho a tomar todas las medidas necesarias para salvaguardar su seguridad, soberanía y la seguridad de sus ciudadanos y residentes, y para disuadir la agresión (Saudi Press Agency, 2026 b).
Al respecto, puede darse cuenta de que la respuesta de Riad frente al devenir de los acontecimientos en la región transitó por diferentes carriles. Por un lado, el reino expulsó al agregado militar de la Embajada de la República Islámica de Irán en el reino, el agregado militar adjunto y tres miembros del personal de la misión, medida adoptada tras los ataques iraníes sobre el puerto de Yanbu. Asimismo, diversos medios de prensa (Iran International, 2026) han dado cuentas de que Arabia Saudita aceptó abrir la Base Aérea King Fahd, en Taif, a las fuerzas norteamericanas. Esta base es importante porque se encuentra a mayor distancia del alcance de los drones iraníes que la base aérea Príncipe Sultan, que ha sido objeto del asedio iraní. Todavía más, diversos reportes indican que los líderes saudíes habrían insistido frente a sus homólogos en Washington en la necesidad de continuar la guerra hasta obtener una victoria decisiva frente a Irán. Ello sin mencionar que, conforme a información brindada por la agencia Reuters, Arabia Saudita habría bombardeado “en numerosas ocasiones” a Irán desde finales de marzo (Azhari, Hafezi, 2026).
Pese a ello, el reino, al igual que sus socios del CCG, optaron por no ingresar de forma directa en el conflicto una decisión que, de adoptarse, podría implicar acciones iraníes aún más fuertes contra objetivos en sus territorios. En este sentido, siguiendo a Nama (2026 a), cualquier represalia integral desencadenaría un escenario de destrucción mutua: los ataques a instalaciones iraníes serían respondidos con ataques a la infraestructura vital de Arabia Saudita, desde instalaciones petroleras hasta plantas desalinizadoras.
Lo cierto es que, en paralelo con estas acciones, Arabia Saudita también ha recurrido a la acción diplomática. En efecto, en reiteradas oportunidades el ministro de Asuntos Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, se comunicó con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, con vistas a discutir sobre los acontecimientos en la región. Aún más, Arabia Saudita es parte del bloque de poder regional que intenta frenar la escalada y presionar por el fin de la guerra, del cual también forman parte Pakistán, Egipto y Turquía. Respecto a este último, el mismo se erige como un mecanismo de cooperación que apuesta por tomar acciones con el objetivo de evitar quedar subsumidos en un orden regional de posguerra dominado ya sea por Irán o por Israel, en un contexto marcado por el repliegue de Estados Unidos en la zona (Dost, 2026).
Oman
Desde su independencia el sultanato de Omán ha mantenido una política exterior pragmática que tiene por algunos de sus pilares la no intervención en los asuntos internos de otros Estados y la solución pacifica de controversias, siendo uno de sus objetivos mantener relaciones cordiales con sus vecinos.
En este marco, y conforme con Vakil (2018), es el país miembro del CCG que mantiene los vínculos más cercanos con Irán. En efecto, décadas atrás, Teherán le ofreció apoyo a Manama para suprimir el levantamiento en Dhofar que tuvo sus orígenes en 1965, como contrapartida, tiempo después, Oman declaró su neutralidad en la guerra entre Irán e Irak. Más cerca en el tiempo, bajo el gobierno de Barak Obama, el sultanato medió entre Estados Unidos y la República Islámica, posibilitando un primer acercamiento entre las partes que luego derivaría en la firma del Plan de Acción Integral Conjunto entre Irán y el Grupo 5+1. El país del Golfo estuvo a la vanguardia de la campaña para reintegrar a Siria en la Liga Árabe y se mantuvo al margen de la guerra en Yemen, donde lejos de sumarse a la coalición que lideró Arabia Saudita medió altos al fuego. Asimismo, junto a Bagdad y Beijing contribuyó a facilitar el acuerdo de normalización entre la República Islámica y Arabia Saudita; además, trabajó en pos del restablecimiento de las relaciones entre Irán y Bahréin, que aún no llegó a consustanciarse.
En torno a la posición adoptada por Omán frente al actual conflicto, el sultanato ha optado por seguir manteniendo vínculos cercanos con el régimen persa, lo que resulta consistente con la posibilidad de continuar mediando acuerdos entre las partes (Smith Diwan, 2026).
En esta dirección, el 28 de febrero, día del inicio de la ofensiva, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Omán expresó, a través de un comunicado, su profundo pesar por las operaciones militares lanzadas por Israel y los Estados Unidos contra Irán, y advirtió sobre el grave riesgo de una ampliación del conflicto. Asimismo, el documento hizo hincapié en que Omán consideraba que estas acciones constituían una violación del derecho internacional y del principio de resolución de disputas por medios pacíficos (Foreign Ministry of Oman, 2026 b).
También en esta línea, días después, el ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, escribió una nota para The Economist en la que sostuvo que la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán era “inmoral e ilegal”, a la par que condenó los ataques iraníes contra países vecinos del Golfo. Asimismo, en dicho artículo el alto funcionario argumentó que “Estados Unidos ha perdido el control de su propia política exterior” y calificó los ataques iraníes contra sus vecinos del Golfo como un curso de acción “inevitable, aunque profundamente lamentable” y “probablemente la única opción racional disponible para el liderazgo iraní”. Todavía más, Abudaisi dio cuentas de la “mala decisión estratégica” de Washington que se dejó arrastrar al conflicto. Mientras, sentenció “Esta no es la guerra de Estados Unidos” (Albusaidi, 2026).
En torno a la posición omaní, Nama (2026 b) arguye que Omán no está tomando posición del lado de Irán; sino que está defendiendo un principio: que la región no puede sobrevivir a otra guerra catastrófica, y que convertir el Golfo en un campo de batalla para los cálculos estadounidenses, iraníes e israelíes es una forma de suicidio colectivo. Todavía más, puede agregarse que la posición omaní se encuentra en línea con la ya referida apuesta por mantener relaciones cordiales con todos sus vecinos.
En línea con la búsqueda de preservar el vínculo con Irán, tras los ataques que recibió el sultanato, una nueva comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores omaní, hizo expreso que las autoridades continuaban investigando quienes se encontraban detrás de los mismos, sin recurrirse a una asignación de responsabilidades. A lo que agregó que, si bien Omán condenaba la guerra en curso y todos los actos de violencia y ataques militares contra los países de la región, mantenía su compromiso con una política de neutralidad positiva, enfoque que aboga por “el establecimiento de la paz, el logro de la seguridad y la estabilidad para todos los países de la región, el fin de la guerra en curso y el retorno al diálogo y la diplomacia para abordar las causas profundas del conflicto actual, con el fin de preservar los pilares de la región, su prosperidad y la seguridad de sus pueblos” (Foreign Ministry of Oman, 2026 b).
Aún más, por aquellos días, el ministro de Relaciones Exteriores omaní, defendió la neutralidad en los conflictos como otro de los pilares sobre los que se asienta la política exterior del sultanato, al alegar: “Nuestra neutralidad está al servicio de la causa de la paz” es “la piedra angular de nuestra seguridad nacional y nuestro aporte singular al mundo” (Foreign Ministry of Oman, 2026 c).
Ahora bien, lo cierto es que la política de neutralidad del sultanato y su apuesta por la desescalada ha resultado beneficiosa si se considera que Omán es el país del Golfo que ha recibido el menor número de ataques sobre sus territorios, lo que redunda en que este se convierta en la nación que ha debido afrontar menores costos tanto humanos como materiales a raíz de la contienda.
Emiratos Árabes Unidos
Emiratos Árabes Unidos (EAU) es uno de los países firmantes de los Acuerdos de Abraham, que supusieron la normalización y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre dos naciones del Golfo y el Estado de Israel. La rúbrica de estos documentos, impulsada por el gobierno de Donald Trump, en septiembre de 2020, supuso para Israel no solo un paso importante con vistas a romper con el aislamiento que Tel Aviv sufre hace décadas sino un incluso un hecho histórico. Ello en virtud de que, hasta el momento, solo dos países árabes mantenían relaciones con Israel, Egipto y Jordania (Fabani, 2022).
Fruto del devenir de estos vínculos, en materia política pero también económica, en tanto el volumen de intercambio comercial tan solo a un año de la firma de estos acuerdos se incrementó más de un 500% (Fabani, 2023), Emiratos buscó adoptar una postura más moderada a la hora de posicionarse frente al accionar israelí. Sin ir más lejos, ya frente a la guerra en Gaza, Abu Dhabi optó por una postura más equilibrada que aquella que asumieron sus socios del CCG. Tal es así que, un comunicado de prensa de Ministerio de Relaciones Exteriores de EAU, del 8 de octubre de 2023, subraya que los ataques de Hamás contra ciudades y pueblos israelíes cercanos a la franja de Gaza, incluido el lanzamiento de miles de cohetes contra centros de población, constituyen una escalada grave. A lo que se agrega que el Ministerio se encuentra consternado por los informes de que civiles israelíes han sido secuestrados como rehenes en sus hogares (Ministry of Foreign Affairs of United Arab Emirates, 2023). Todavía más, la referida búsqueda de equilibrio también se hizo patente cuando el representante emiratí ante la Corte Internacional de Justicia hizo referencia a “Los horrores que se han producido en los últimos meses”, en alusión a “el ataque del 7 de octubre contra Israel” y “la destrucción de la Franja de Gaza y la opresión en la Ribera Occidental” (Web Site of the UAE Pemanent Mision in United Nations, 2024).
En el marco de dicho conflicto, se difundió información que dio cuentas de un quiebre del vínculo diplomático entre Abu Dhabi y Tel Aviv, si bien, días después, la noticia fue desmentida. Aún más, según se ha dado a conocer, el Embajador de Israel en Emiratos habría sido el único que habría permanecido en un país árabe (Rose & Cornwell, 2024).
En virtud de lo expuesto, el tenor de la relación que Emiratos supo construir con Israel, se convierte en uno de los condicionantes que permiten explicar los más de 2.800 drones y misiles que la República Islámica lanzó contra EAU, incluso más que contra Israel (Said, Holiday, 2026).
Conforme con las propias autoridades emiratíes, EAU fue el país más golpeado por Irán, al haber sido blanco de 2.256 drones y más de 563 misiles, de los cuales más del 90% fueron interceptados. Lo que no resulta siquiera comparable con los aproximadamente 850 proyectiles lanzados por Irán contra Israel. A raíz de lo expuesto, hay quienes sostienen que, entre los miembros del CCG, EAU ha sufrido los daños más extensos y variados. Debiendo afrontar ataques contra sitios tanto emblemáticos como estratégicos, entre ellos el edificio Burj Al Arab y el Dubai International Financial Centre, el puerto de Jebel Ali, el complejo petroquímico y de almacenamiento de Fujairah Oil Industry Zone, la refinería de Ruwais Refinery, aeropuertos internacionales y centros de datos de Amazon Web Services (Shah, 2026).
En este marco, EAU ha adoptado frente a Irán una posición mucho más dura que la de sus vecinos del Golfo. En efecto, no solo ha degradado sus relaciones diplomáticas con la República Islámica, tal como lo hicieron Qatar y Arabia Saudita al expulsar al agregado militar iraní, sino que, a su vez, decidió cerrar su embajada en Teherán. A los indicadores que exponen el deterioro en el vínculo se suman el cierre del hospital iraní, lo que supuso la cancelación de las visas de algunos empleados cuya residencia estaba vinculada al hospital, así como de una universidad, escuelas y un club social en Dubai. Ello sin mencionar que Abu Dhabi ha mencionado estar considerando congelar miles de millones de dólares en activos iraníes (Fitri Alias, 2026).
Más aún, funcionarios emiratíes han afirmado que esperan que Irán rinda cuentas por los daños y pague reparaciones por los ataques contra las instalaciones energéticas y la infraestructura del país (AJN, 2026). Sin embargo, un hecho trascendental que permite diferenciar el accionar de Abu Dhabi al menos de la mayoría de sus socios y que, junto a los ya referidos indicadores nos permitiría hablar del país miembro del bloque que adoptó una postura más dura contra el vecino persa, reside en sus ataques contra las instalaciones petroleras iraníes en la isla de Lavan. Ataques a los que han dado difusión distintas notas de prensa (Infobae, 2026).
El encono con Teherán y la dureza de la respuesta para con el país vecino se hace palpable, asimismo, en las palabras vertidas por diversos funcionarios emiratíes. Al respecto, en un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal, el embajador emiratí en Estados Unidos, Yousef Al Otaiba, sostuvo: “Un simple alto el fuego no es suficiente. Necesitamos un resultado concluyente que aborde toda la gama de amenazas iraníes: capacidades nucleares, misiles, drones, proxies terroristas y bloqueos de rutas marítimas internacionales”. Para luego agregar: “Las capacidades nucleares de Irán han sido degradadas. Sus aliados regionales se han debilitado. Es necesario hacer más para eliminar las amenazas de misiles y drones. Y estamos dispuestos a unirnos a una iniciativa internacional para reabrir el Estrecho de Ormuz y mantenerlo abierto” (Otaiba, 2026). Mientras Anwar Gargash, asesor del presidente emiratí y ex ministro de Asuntos Exteriores, afirmó sobre Teherán: “No confiamos en él y lo consideramos nuestro principal enemigo” (Reynolds, 2026).
Conclusión
Independientemente a que los Estados del Golfo no hay deseado, mucho menos buscado la guerra, los mismos parecen haberse convertido en la variable de ajuste en el medio de la disputa entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro. En definitiva, la ofensiva militar contra la República Islámica se libró a sus expensas, siendo que fueron los actores del Golfo aquellos que recibieron el mayor número de ataques, con sus consiguientes consecuencias sobre la economía, los vínculos políticos y las sociedades mismas del Golfo.
En efecto, lo que tanto temieron los Estados miembros del CCG al momento de su conformación, un posible efecto derrame de los conflictos que asolaban a la región entre finales de la década del 70 y principios de los 80, termina consustanciándose por estos días. La ofensiva norteamericano-israelí, emerge como un conflicto con efecto derrame sobre sus propios territorios, mientras estos países buscan resistirse a ser arrastrados a un involucramiento directo en la contienda. Participación que, por otra parte, y conforme con diversos medios, se habría producido, si bien en las sombras, a partir de la información que da cuentas de los ataques de EAU y Arabia Saudita contra el vecino persa.
Esto nos lleva a reflexionar sobre las distintas respuestas de las monarquías del Golfo frente a los ataques iraníes, en dicho sentido puede concluirse que, EAU ha asumido la respuesta más dura, degradando sus relaciones diplomáticas e, incluso, cerrando su embajada en Teherán, ello sin mencionar los supuestos ataques sobre la isla de Lavan. Mientras tanto, en las antípodas de la posición asumida por EAU se encuentra aquella de Omán, que ha buscado preservar los vínculos con Irán, ello en líneas con los lineamientos tradicionales de su política exterior: neutralidad, no intervención en los asuntos internos de otros Estados y solución pacífica de controversias. Por su parte, la respuesta de Bahréin ha estado atravesada por su rol como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En tanto Kuwait ha mantenido un bajo perfil a la hora de dar respuesta al accionar iraní y la posición de Arabia Saudita ha transitado por dos caminos. Por una parte, ha expulsado al agregado militar de la Embajada de la República Islámica de Irán en el reino, ha puesto a disposición de Estados Unidos la base de Taif e, inclusive, habría cursado ataques directos contra Irán. Por otra, ha recurrido a la acción diplomática, a través de conversaciones directas con el ministro de Asuntos Exteriores saudí, así como también con represen/tantes de Pakistán, Egipto y Turquía.
En virtud de lo expuesto, las diferentes posiciones y cursos de acción asumidos por los seis miembros del CCG dan cuentas de las dificultades que detenta el bloque para dar paso a un curso de acción conjunta, más aún cuando algunos de sus miembros definen públicamente a Irán como la principal amenaza a su seguridad, mientras otros buscan preservar las relaciones con el país vecino, aún pese a los ataques que han sufrido. En este sentido, resta por verse el cuán profundo será el impacto de los ataques iraníes sobre los vínculos político-diplomáticos con sus vecinos, incluso sobre las propias relaciones entre las sociedades del Golfo, ello considerando el temor con el que los ciudadanos de estos Estados tuvieron que convivir por semanas, las pérdidas de recursos, el impacto sobre la vida cotidiana, que en algunos casos ha resultado tan mayúsculo/que seguramente se tornará muy difícil de olvidar.
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