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La COP17 de Biodiversidad en Ereván: entre la revisión y la implementación

Ante la crisis ecológica actual, signada por un ritmo acelerado de extinción de especies a escala global, resulta imprescindible reflexionar sobre la importancia y la urgencia de conservar la biodiversidad. La comunidad científica advierte que alrededor de un millón de especies se encuentran amenazadas de extinción, un panorama que se agrava con la pérdida anual de unos 10 millones de hectáreas de bosques.

El Convenio y el Marco Mundial de Biodiversidad

La Conferencia de las Partes (COP) sobre la Diversidad Biológica es el órgano rector del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), tratado firmado por 150 líderes gubernamentales en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992. En el ámbito de este Convenio se adoptó, en 2022, el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que establece 23 metas globales para 2030 y cuatro objetivos de largo plazo con horizonte en 2050.

El Marco aborda los principales motores de la pérdida de biodiversidad: los cambios en el uso de la tierra y del mar, la explotación no sostenible de especies, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras. Su meta más emblemática es la denominada «30 para 30», que propone conservar el 30 % de las superficies terrestres y marinas para 2030, año límite para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Sin embargo, su alcance es mucho más amplio: comprende el financiamiento de la biodiversidad, la reforma de los incentivos perjudiciales, el fomento de patrones de producción y consumo más sostenibles, y la consideración de los impactos y la dependencia de las empresas respecto de la naturaleza.

La COP17: una cumbre de revisión y de implementación

La COP17 se celebró en Ereván, Armenia, entre el 19 y el 30 de octubre del corriente año, en un momento clave: a mitad de camino del esfuerzo global por detener y revertir la pérdida de biodiversidad hacia 2030. Frente al llamado del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, a poner fin a la «guerra contra la naturaleza», cabe preguntarse: ¿se está haciendo lo suficiente para alcanzar esa paz y reencauzar los objetivos mundiales de biodiversidad?

El éxito de la cumbre de Armenia radica en su capacidad de consolidarse, en simultáneo, como una «COP de revisión» y una «COP de implementación». Así lo sintetizó Hambardzum Matevosyan, ministro de Medio Ambiente de Armenia y presidente de la COP17, al recordar que la COP15 sentó las bases del marco global y que la COP16 avanzó en los mecanismos operativos para su aplicación. En consecuencia, esta edición tuvo la misión de determinar «dónde estamos, qué está funcionando, qué aspectos quedan rezagados y qué cambios son urgentes». Con ese norte, la COP17 fue el escenario en el que los países evaluaron, por primera vez, sus avances en la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.

Esta primera evaluación reveló que la gran mayoría de las 196 Partes del CDB ya ha fijado sus metas nacionales. En concreto, cerca del 60 % de los países ha elaborado sus estrategias y planes de acción nacionales, y más del 70 % ha presentado sus respectivos informes nacionales. La movilización de recursos financieros, por su parte, se consolidó como otro eje central del debate. Organismos como el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) informaron avances significativos, con 780 millones de dólares en financiamiento azul destinados específicamente a la preservación de los recursos hídricos.

Sobre la base de este diagnóstico normativo y económico, la COP17 priorizó los grandes ejes que los gobiernos deben implementar con urgencia, entre los que se destacan:

  • Hacer un balance de la primera revisión global del progreso colectivo bajo el Marco: examinar los logros alcanzados desde 2022 e identificar las áreas críticas que requieren una acción más rápida y coordinada.
  • Cerrar la brecha de implementación: traducir las metas y los planes nacionales en resultados concretos, medibles y con impacto real en los territorios.
  • Movilizar recursos financieros: el Marco exige canalizar, hacia 2030, al menos 200.000 millones de dólares anuales provenientes de todas las fuentes, cifra que incluye el compromiso de aportar no menos de 30.000 millones en financiamiento internacional para la biodiversidad.
  • Fortalecer el seguimiento de los avances: mejorar los mecanismos de monitoreo, los datos, las capacidades y la cooperación, de modo que los países cuenten con las herramientas necesarias para evaluar si sus compromisos se traducen en resultados reales de conservación y restauración.
¿Cuál es la relación entre las COP de clima y de biodiversidad?

Aunque estas conferencias funcionan de manera independiente, sus objetivos están estrechamente entrelazados, ya que el cambio climático es uno de los principales motores del declive de la biodiversidad. El aumento de las temperaturas y la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos alteran hábitats, ecosistemas y patrones migratorios, y aceleran así la pérdida de especies.

Reflexión final

El interrogante que deja la cumbre de Ereván es si los países lograrán convertir un ambicioso acuerdo global en acción efectiva, con la celeridad que exige la actual crisis de biodiversidad. El futuro de la biodiversidad dependerá, en gran medida, de la rapidez con la que se consolide la implementación de los mecanismos ya establecidos.

 

Melisa Wilson
Integrante
Departamento de Medio Ambiente y Desarrollo
IRI-UNLP