Recuerdo bien el Gran Teatro José Asunción Flores de Asunción (Paraguay). Lo conocí en 2017 con motivo de una visita académica y de investigación en los procesos de integración iberoamericanos a la Universidad de Asunción, invitado por el profesor Hugo Mendoza. En ese lugar se firmó el Tratado de Asunción que ponía en marcha el Mercosur. En función de la rotación de la presidencia de dicho proceso de integración, la presidencia pro tempore, a partir de 2026, le correspondía a Paraguay, y este país anfitrión decidió que la ceremonia de firma de la Asociación entre Mercosur y la Unión Europea -que tuvo lugar el 17 de enero de 2026- se celebrara en el mismo lugar: mejor imposible.
Después de la firma del principio de acuerdo entre ambos bloques, que tuvo lugar en diciembre de 2024 en Montevideo (Uruguay), parecía que había llegado el momento de comenzar a trabajar en incentivar el Acuerdo de Asociación después del inicio formal de las negociaciones entre Mercosur y la Unión Europea en 1999[1].
No obstante, sin solución de continuidad, se comenzaron a plantear una serie de objeciones al Acuerdo, en especial desde ciertos sectores económicos europeos, con especial foco en el sector agropecuario que argumentaba la falta de reciprocidad de dicho sector por parte de los países del Mercosur, lo que suponía, según los agricultores europeos, una competencia desleal que no se podía aceptar. En función de lo anterior, el Parlamento Europeo se apresuró a legislar creando las llamadas “cláusulas de salvaguardia” o “cláusulas espejo” para aminorar el impacto de los bienes susceptibles de llegar al Viejo Continente desde el Mercosur..
Lo anterior ha producido una situación inaudita reflejando los errores de partida de los responsables de la Unión Europea -liderado por la Comisión Europea- en el proceso negociador con el Mercosur, una negociación que se ha extendido por treinta años. Tres décadas desaprovechadas por la impericia de los responsables de la negociación en el ámbito de la Unión Europea, y a quienes el Parlamento Europeo les acaba de cambiar el paso al aprobar el 21 de enero de 2026 (por 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones) una resolución remitiendo el Acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Esto implica la paralización del Acuerdo hasta que el Tribunal decida si el mismo es compatible con los Tratados Comunitarios y se vote en el Parlamento Europeo para su ratificación o no, lo que podría retrasar la puesta en marcha del proceso establecido en el Acuerdo de uno a dos años. Aunque también pudiera ocurrir que la Comisión Europea, con el visto bueno del Consejo Europeo, decidiera dejar de lado, por el momento, la resolución del Parlamento Europeo y activara la puesta en marcha del Acuerdo de Libre Comercio. Un procedimiento enormemente controvertido en función de la dinámica propia de la Unión Europea.
¿Y si los árboles no nos dejaran ver el bosque? Pareciera que estamos ahítos de comentarios, planteamientos y noticias -como nunca se han producido en estas tres décadas de relaciones entre la Unión Europea con Mercosur – sobre lo que significaría implementar el Acuerdo UE-MERCOSUR en estos momentos y lo perverso del mismo sobre todo en el sector agropecuario. Aunque, curiosamente, poco se dice sobre las otras variables del Acuerdo, en especial las relativas al impulso del comercio en general, el crecimiento de las exportaciones y a las ventajas industriales generadas.
Nos centramos en las particularidades del Acuerdo UE-MERCOSUR, pero sin un equilibrio entre los distintos sectores de la economía afectados por el mismo. Nos centramos en lo concreto y dejamos de lado el impulso que supondría la convergencia entre la Alianza del Pacífico, el Sistema de la Integración Centroamericana y el Mercosur. . Al respecto, el Dr. Eduardo Cavieres Figueroa, (que fuera Premio Nacional de Historia de Chile), se preguntaba:
“(…) ¿Cuál es el camino a seguir en materias de integración, aun cuando se trate solo de posibles beneficios económicos? ¿Está bien suponer que, formando parte de estos bloques, podemos deshacernos de nuestros problemas internos regionales? ¿Por qué Mercosur y Alianza del Pacífico no logran conectarse en un solo gran proyecto latinoamericano? ¿Hasta dónde mirar hacia el Pacífico del siglo XXI significa dejar atrás todas las huellas atlánticas de los siglos anteriores? (…).”
Al plantear la pregunta, se puede intuir que el profesor Cavieres Figueroa entendía que dicha conexión en un solo gran proyecto de integración iberoamericano -sin solución de continuidad con el SICA, añadimos nosotros- era posible y necesaria, como también lo entendemos por nuestra parte.
En todo caso, para resaltar la importancia de la convergencia que aquí se propugna, solo debemos reparar en lo que las láminas del atlas nos muestran: la potencial unidad de Iberoamérica, en función de los tres procesos mencionados anteriormente. Su ámbito de actuación empieza al sur del Río Bravo -o Grande-, actual frontera de México con Estados Unidos, sigue desde México al Istmo centroamericano, continúa por los demás países de la AP, desde Colombia, pegada a Centroamérica, más Perú y Chile, que sellan dicha hipotética unidad geopolítica con los países del Mercosur -con Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina, más Bolivia en la actualidad, excluyendo a Venezuela-. Aquí tenemos la potencialidad de los tres procesos de integración iberoamericanos a la espera de que sus responsables den un paso más allá y conformen un vínculo de relación efectivo llamado a desempeñar un extraordinario papel -en caso de confirmarse- en el mundo actual. En este sentido, aunque el proyecto de convergencia no esté dando al día de hoy los resultados esperados -aspecto en el que parecen no haber caído tampoco los responsables de la Unión Europea al día de hoy-, esto no le resta importancia a la integración: la aumenta.
No es que los árboles no nos dejen ver el bosque, sino que, parafraseando al escritor cumbre de las letras en español, nos enfrascamos en la disputa estéril de si son “galgos o podencos”. Y así hasta cuándo.
Guillermo Á. Pérez Sánchez
Integrante
Departamento de Europa
IRI-UNLP
*Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid
y antiguo director de su Instituto de Estudios Europeos
Referencias
[1] Cabe recordar que en 1995 se firmó en Madrid el Acuerdo Marco de cooperación entre la Unión Europea y el Mercosur, una reafirmación del papel de España como puente entre Europa e Iberoamérica.