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Irán, Trump y Milei: cuando el Golfo vuelve a llamar

El 18 de marzo de 2026, el secretario de Comunicación y Prensa, Javier Lanari, confirmó en una entrevista con el diario español “El Mundo” que el gobierno argentino estaria dispuesto a brindar “cualquier ayuda que consideren” a Estados Unidos si Washington lo solicitaba. Aunque aclaró que no existe aún un pedido oficial, la declaración de Lanari confirma el alineamiento del presidente Javier Milei con Donald Trump y abre la puerta a una posible participación militar en el conflicto entre Israel, EE. UU. e Irán.

Esta situación hace recordar a lo ocurrido en 1991, durante la invasión iraquí a Kuwait, cuando Argentina participó en una coalición internacional de 35 países enviando cuatro unidades navales (el destructor ARA Almirante Brown, las corbetas ARA Spiro y ARA Rosales, y el transporte ARA San Blas) bajo la Operación Alfil I y II. La misión fue enmarcada dentro del contexto de las “relaciones carnales” con Washington e impulsada por el presidente argentino Carlos Menem, contando tambien con pleno respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU por medio de 12 resoluciones que autorizaron el uso de la fuerza para restaurar la soberanía del emirato de Kuwait y mantener el bloqueo naval. Si bien el rol argentino fue limitado a misiones de interdicción marítima y defensa de los suministros logísticos sin ingresar en combate directo, sirvió para reposicionar al país en el nuevo orden unipolar que se formaba tras el fin de la Guerra Fría.

Hoy el escenario es diferente al de los 90’s, ya que no existe una coalición multilateral avalada por la ONU, ni un marco jurídico internacional que legitime una intervención contra Irán similar a la empleada contra Irak. Además, no puede pasarse por alto que Irán fue atacada preventivamente debido al supuesto desarrollo de armas nucleares que, según la visión de EE. UU., ponían en riesgo a toda la región. Por otra parte, la hegemonía indiscutida con la que contaba EE. UU. en 1990 se ha disipado con el tiempo; en 2026, el ascenso de China y la multipolaridad han erosionado su dominio haciendo que Washington busque cercar a Pekín mediante alianzas en Taiwán, Japón, India y, paradójicamente, presionando a Irán, pero esto le está costando caro en recursos y prestigio.

Ahora bien, teniendo en cuenta la perspectiva que estamos planteando ¿Qué podría buscar el presidente de Argentina al involucrarse en un conflicto tan lejano? La clave parecería estar en las Islas Malvinas. Un funcionario republicano cercano a Trump, Marc Zell, publicó en X que, ante la negativa británica a apoyar a EE. UU. en el conflicto por el estrecho de Ormuz sería “apropiado” que la administración Trump revisase su política sobre las islas, señalando un posible respaldo al reclamo argentino a cambio de lealtad en el Golfo. Aunque no hay confirmación oficial de que esto sea parte de una negociación entre Buenos Aires y Washington, el planteo encaja perfectamente con las formas que tiene Trump de manejarse en la politica exterior: reforzar la influencia en el “patio trasero” sudamericano y premiar a los aliados incondicionales. La acción de la armada argentina en un conflicto semejante podría traducirse en dólares frescos en inversiones, una renegociación más favorable de la deuda con el FMI o, como se dijo anteriormente, una gran ayuda en la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas.

Sin embargo, los beneficios pueden ser contrastados con los riesgos de involucrarse en una guerra. Si la misma se prolongase, EEUU podría perder apoyo doméstico, lo que significaría una erosión en el respaldo al gobierno Libertario. Adicionalmente, el envío de buques posiblemente generaría un rechazo popular debido al contexto de inflación persistente, incremento de la pobreza y otros indicadores económicos que muestran los desafíos que aún debe afrontar la Argentina. Por otra parte, la capacidad operativa de la Armada Argentina es muy limitada ya que cuenta con solo unas pocas unidades en condiciones de realizar un viaje de unas 12mil millas náuticas. Entre ellas el destructor ARA Almirante Brown -el cual ya fue enviado en los 90- podría volver a la zona operativa en Medio Oriente, pero hay que tener en cuenta que es un buque con 40 años de trayectoria. El presupuesto de defensa sigue siendo otro limitante en estos casos, ya que se mantiene por debajo del presupuesto regional desde el 2003.

En cuanto al entorno de amenazas que se pueden encontrar hoy en el estrecho de Ormuz, la situación es mucho más letal que en 1990. Irak disponía entonces de lanchas rápidas suicidas, minas y misiles de mediano alcance; Irán, pese a las pérdidas sufridas en las operaciones Epic Fury y Roaring Lion, mantiene un arsenal formidable de drones Shahed los cuales son baratos, fáciles de armar y con capacidad para neutralizar un destructor a varios kilómetros de distancia. Un dron kamikaze o un enjambre podría hundir una unidad sin que la Armada tenga defensas electrónicas o contramedidas avanzadas suficientes. En 1991, el riesgo era bajo; hoy significaría exponer las pocas unidades que tiene Argentina en un conflicto asimétrico donde la superioridad tecnológica no garantiza la inmunidad.

En conclusión, una nueva Operación Alfil en 2026 pareciera ser inviable desde el punto de vista militar y estratégico, aunque por supuesto, en una guerra nada está dicho y la situación puede cambiar segundo a segundo. El alineamiento ideológico Milei-Trump es claro, y el incentivo que llega de manos de Malvinas o incluso del alivio financiero es tentador en la situación en la que se encuentra el pais, pero los posibles costos como la pérdida de naves, las bajas potenciales, el aislamiento regional o el desgaste político superan con creces los beneficios. Como en los 90, Argentina podría ganar prestigio simbólico, pero a un precio que hoy el país no debería permitirse.

Julián Urain
Integrante
Departamento de Medio Oriente
IRI – UNLP