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Elecciones húngaras 2026: un giro histórico

El pasado 12 de abril de 2026 se celebraron las elecciones parlamentarias en Hungría, en las que estaba en juego no sólo quien obtendría la mayoría en la Asamblea Nacional sino, y especialmente, si el líder populista húngaro Viktor Orban y su modelo de “democracia iliberal” se podían seguir perpetuando en el poder que lo venía ejerciendo ininterrumpidamente desde el año 2010, por lo que el resultado de tan relevante acto eleccionario estaba siendo observado atentamente no sólo por Europa sino por el mundo entero.

Ya las encuestas previas vaticinaban que la reelección de Orban en esta ocasión se presentaba como difícil, y efectivamente no la pudo lograr. El partido opositor conservador Tisza (Partido Respeto y Libertad), quien llevaba como candidato a Primer Ministro a Peter Magyar, logró un claro triunfo al obtener más del 52 % de los votos, alcanzando 138 escaños parlamentarios, en tanto que el partido de Fidesz (Unión Cívica Húngara) junto a su partido asociado KDNP (Partido Popular Demócrata Cristiano), quienes postulaban nuevamente a Viktor Orban, sólo obtuvieron el 39 % de las preferencias, obteniendo 55 representantes en el cuerpo legislativo. Por su parte, en tercer lugar se ubicó el partido de extrema derecha MHM (Movimiento Nuestra Patria) que logró el casi el 6 % de los sufragios cosechando 6 diputados. De esta forma quedó establecida la composición del Parlamento húngaro que cuenta con 199 bancas. Era muy importante para la oposición obtener más de dos tercios de los representantes en la Cámara legislativa, no sólo para gobernar con mayoría absoluta, sino también porque ello le permitirá reformar la Constitución húngara. Asimismo, deberá modificar el sistema electoral implantado desde el año 2014 por el oficialismo, que establece que 106 diputados son elegidos por sistema uninominal mayoritario y otros 93 en forma proporcional, esta modalidad de elección había sido diseñada para favorecer la permanencia de Orban en el gobierno del país.

La participación en las urnas de los ciudadanos húngaros marcó un record alcanzando más del 79 % de los 7,6 millones de electores inscriptos, fue la más alta desde la caída del comunismo en el país. Esto es totalmente lógico ya que había mucho en juego.

Orban en los últimos meses había recibido el apoyo de representantes políticos extranjeros, habiéndolo visitado el responsable de la política exterior estadounidense Marco Rubio en el mes de febrero, y el vicepresidente JD Vance el pasado 7 de abril. Por otra parte, el 23 de marzo se había realizado en Hungría la Asamblea de los “Patriotas por Europa” (el grupo político al que pertenece el partido Fidesz en el Parlamento Europeo) que contó con la presencia de la francesa Marine Le Pen. Sin embargo, estas destacadas visitas resultaron insuficientes para lograr una nueva reelección del líder húngaro.

Luego de 16 años consecutivos de gobierno, la figura de Orban llegaba a este acto eleccionario con un gran desgaste. Su modelo de “democracia iliberal” se había caracterizado por la concentración del poder, la erosión de la independencia judicial y el control de los medios de comunicación. Ello provocó que la Unión Europea congelara desde fines del año 2022 el fondo de 18.000 millones de euros que debía recibir Hungría debido a las violaciones sistemáticas al estado de derecho en dicho país.

Otro factor muy importante para la victoria de la oposición sobre el oficialismo fue la difícil situación económica por la que transita Hungría. La tasa de inflación del país ha sido la más alta de Europa en los años 2022 y 2023, habiéndose disparado el costo de vida, en especial el precio de los alimentos, en tanto que los salarios se han quedado estancados. Hungría no tiene el euro y su moneda oficial, el florín húngaro, se ha depreciado mucho y es una de las más frágiles de la Unión Europea. Dentro del bloque regional Hungría ocupa el último lugar en términos de poder adquisitivo por habitante.

El líder del partido Tisza, Peter Magyar, anunció que seguirá un programa marcadamente pro europeo, estando su política exterior en sintonía con la Unión Europea y la OTAN, todo lo contrario a su antecesor que practicaba el euroescepticismo, se alineaba con la política de Moscú, y bloqueaba numerosas iniciativas de Bruselas. También prometió acabar con la dependencia de la energía rusa para el año 2035, manteniendo relaciones pragmáticas con Rusia.

La llegada de la oposición al gobierno húngaro implica un cambio geopolítico de gran relevancia, Hungría deja de ser percibida como representante de los intereses rusos dentro de la Unión Europea, fortaleciéndose de este modo la cohesión del bloque regional. Por otra parte, el fin del modelo de la “democracia iliberal” de Orban dejará a los líderes populistas de Europa y del mundo sin uno de sus principales e históricos referentes.

Sin dudas los desafíos que se le plantean al nuevo gobierno húngaro son enormes, ya que deberá consolidar el giro político de Hungría, realizando gradualmente las reformas institucionales necesarias y restaurando los contrapesos democráticos. Además, se tendrá que encargar de recuperar la economía húngara, en dicho sentido también deberá trabajar para desbloquear los cuantiosos fondos europeos destinados al país y que se encuentran retenidos por la Unión Europea, calculándose que la liberación de ese dinero sería un importante aporte para comenzar a cambiar la actual situación económica.

El pueblo húngaro decidió volver a mirar hacia la Unión Europea, volcarse hacia la unidad, la cooperación y los valores que representa dicho bloque regional, dejando atrás años de tensión entre ésta y su país. Bruselas sonríe aliviada, Hungría ha vuelto a la gran familia europea.

Juan Carlos Pérsico
Coordinador
Departamento de Europa
IRI-UNLP