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El descuido de una diplomacia proactiva en defensa de los intereses nacionales en el Mercosur fue aprovechado por el Reino Unido para fortalecer su logística colonial

El 25 de junio de 1996, en la reunión de Potrero de Funes, Provincia de San Luis, la República Argentina logró que los presidentes de los Estados Partes del Mercosur, Bolivia y Chile, firmaran un histórico acuerdo de apoyo a nuestro país en la Cuestión de las Islas Malvinas y a partir de esa fecha la denominada “Declaración de Potrero de Funes” se reiteró en todos los documentos finales de estas cumbres presidenciales, con la sola excepción de la realizada el 8 de julio de 2024 en Asunción, Paraguay, por un “descuido” de la canciller argentina Diana Mondino y ante la ausencia del nuevo presidente Javier Milei, quien habría considerado que no era importante estar presente en la misma.

Durante los 20 años siguientes la República Argentina fue logrando que esta declaración se convirtiera en compromisos concretos, y se fueron aprobando medidas por las cuales los países de Mercosur y los Estados Asociados se comprometían a dificultar la logística colonial británica, evitando el aterrizaje a aeronaves de guerra en vuelo desde el Reino Unido a la base militar de Monte Agradable, el atraco en sus puertos de buques que enarbolaran la bandera ilegítima de la colonia británica, y otras medidas dirigidas a complicar las campañas de captura de recursos marinos, la explotación de hidrocarburos en la zona usurpada por el Reino Unido y las comunicaciones entre el enclave colonial británico y el continente sudamericano.

Al provocar el Brexit, el Reino Unido decide darle la espalda al continente europeo y volcar toda la fuerza de su diplomacia en recuperar su antigua influencia en América Latina, donde cuenta con una tradición de cercanía con las elites tradicionales y una gran influencia cultural, económica y financiera, actitud de política exterior que se expresara claramente en las declaraciones de la ex primera ministra, Theresa May: “Luego del Brexit convertiremos a Gran Bretaña en una verdadera potencia global”. Se sucedieron hasta hoy 7 primeros ministros en el Reino Unido y todos coincidieron en privilegiar sus relaciones con los países del Mercosur y Estados Asociados, sin importar las diferencias ideológicas con sus gobernantes de turno.

Durante el mismo período gobernaron en la República Argentina tres presidentes de distintos signos políticos, pero con una conducta coincidente: privilegiaron sus afinidades ideológicas por sobre los intereses nacionales, no solo en su relación con los países del Mercosur -en los que algunas veces han intervenido erróneamente en sus asuntos internos en desafío a las autoridades legalmente constituidas- sino hasta en su cercanía, en algunos casos, con el Reino Unido. Descuidando tanto en lo interno como en lo externo los triunfos que con tanto esfuerzo la diplomacia argentina había logrado en el plano regional.

Esta ventana de oportunidades fue aprovechada por el Reino Unido que no solo logró consolidar su presencia diplomática, cultural, económica y financiera en la región, sino también en el ámbito militar, y durante estos años ha firmado convenios de colaboración para la Defensa con Uruguay, Brasil y Chile. Es indudable que aquellas medidas conseguidas por la diplomacia argentina en el Mercosur estarían en contradicción con la esencia de estos acuerdos.

Hoy, a 10 años de aquellas declaraciones de Theresa May nos encontramos con el siguiente cuadro de situación:

Han sido frecuentes los aterrizajes de aeronaves de la RAF con destino a la base de Monte Agradable en aeropuertos brasileños y uruguayos; el puerto de Montevideo se ha convertido en el eje logístico silencioso del Reino Unido en el Atlántico Sur, consolidándose como el puerto de soporte más estable que utiliza Londres en la región para sostener su presencia colonial en las Islas Malvinas, ofreciendo escalas logísticas en forma periódica, como las utilizadas recientemente por el buque de investigación geológica Fugro Supporter, que estuvo realizando relevamientos del lecho marino cerca de Puerto Argentino; y ahora, la empresa naviera chilena Easter Inland, asentada en Punta Arenas, tiene proyectado inaugurar a partir del mes de noviembre una ruta comercial directa a través del Estrecho de Magallanes para abastecer a las Islas Malvinas,  previendo las oportunidades de negocios que ofrecerá en el futuro la extracción de hidrocarburos en el yacimiento León Marino.

Estos hechos no son producto del azar o de la improvisación ya que en la embajada del Reino Unido en Montevideo trabaja una funcionaria dedicada específicamente a promover los intereses políticos, comerciales y estratégicos del gobierno colonial de las Islas Malvinas, identificada como Falkland Islands Adviser, con responsabilidades en Uruguay y Chile, y desde 2020 también en Brasil, cargo desempeñado en estos momentos por la ciudadana uruguaya Carolina Da Silva, quien habría estado vinculada al gobierno de ese país. Esto no es ningún secreto diplomático ya que se puede ver en la página oficial del gobierno colonial (la Falkland Islands Government), por lo que estimamos que también lo debe conocer la cancillería argentina.

En los Anuarios en Relaciones Internacionales del IRI-UNLP de los últimos 10 años veníamos advirtiendo que finalmente esto iba a ocurrir al ver las actitudes altamente ideologizadas de muchos gobiernos argentinos y su error de interpretación de la realidad regional. Ante el cuadro de situación actual insistimos nuevamente que, si nuestra clase dirigente no privilegia los intereses nacionales por sobre su utópico imaginario, esta situación va a perdurar en el tiempo, y es indispensable que las distintas fuerzas políticas se pongan de acuerdo en un grupo de ideas fuerzas y ofrezcan un futuro de previsibilidad a nuestros posibles aliados, como precisamente les ofrece el Reino Unido.

 

Carlos Alberto Biangardi Delgado
Coordinador
Departamento del Atlántico Sur
IRI-UNLP