«Teníamos un juguete. Era el más divertido del mundo.
Todavía no sabemos si fue un accidente,
pero rompimos el juguete en mil pedazos…
Y lo más triste es que no sabemos jugar a otra cosa”[1]
La historia marca el 11 de junio de 2026 como el día en que comenzó el primer Mundial de fútbol con 48 equipos, organizado por tres países.
El Mundial FIFA 2026 ya comenzó, pero el clima mundialista no. Todo lo sucedido en el último año lo ha eclipsado por completo, incluso más que lo ocurrido con Qatar 2022. México – Canadá – Estados Unidos 2026 batió todos los récords en cuanto al deterioro del mayor evento deportivo internacional.
Que esté organizado por tres Estados que no se pueden ni ver (tan así que hubo una ceremonia inaugural distinta en cada país anfitrión), sumado a los problemas de migración, las deportaciones, las guerras y las propias historias de cada uno, impide que se hable de fútbol. Ese megaevento deportivo, que incluso ha sido utilizado para mostrar al mundo una cara distinta de la realidad que se vive día a día, ya no es lo que era.
Derecho a huelga, madres buscadoras y el “Ajolote Buscador”
El 11 de junio tuvo lugar la ceremonia inaugural de México. En la previa, una movilización sindical y de las madres buscadoras de personas desaparecidas fue brutalmente reprimida por las fuerzas de seguridad.
Sus testimonios dan cuenta de más de 133.000 personas desaparecidas en el Estado mexicano. Para visibilizar el reclamo, intervinieron una de las mascotas del Mundial: le colocaron una remera blanca con el dibujo de una pala y la leyenda “+133.000 desaparecidos”, el “Ajolote Buscador”.
Veinte días antes, el 21 de mayo, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió una Opinión Consultiva a solicitud de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En ella, la CIJ determinó que el Convenio Nº 87 de la OIT protege el derecho a la huelga.
En este sentido, los Estados deben regirse por estándares estrictos:
- Prohibición de criminalizar: las huelgas no pueden ser calificadas arbitrariamente como “provocaciones” o actos de desestabilización.
- Garantía de ejercicio: el Estado tiene la obligación de proteger a quienes ejercen la huelga pacífica, incluso durante la realización de megaeventos deportivos internacionales.
En México, al parecer, la huelga no es un derecho. Pero los problemas laborales continúan y la crisis de personas desaparecidas es más grave que nunca.
¿Donald Trump o Estados Unidos?
Cuenta una parte de la historia que, en la noche del 24 y la madrugada del 25 de diciembre de 1914, en la zona de Ypres (Bélgica), los soldados británicos y alemanes salieron de sus trincheras y se enfrentaron en un partido de fútbol improvisado. Barro, una pelota y latas marcando el arco: la Tregua de Navidad. Aquello que el fútbol siempre fue: unión.
El FIFAGate fue un terremoto que lo cambió todo: la mayor muestra de cómo el poder se enredó con el fútbol. Como consecuencia, Gianni Infantino llegó a presidir el órgano máximo del fútbol mundial. Fue él quien le entregó a Donald Trump el primer Premio FIFA de la Paz.
Resulta polémico entregar el premio de la “Paz” a quien comanda el Estado que, a nivel interno, lleva meses desplegando las “redadas ICE”: deporta a cientos de miles de personas sin el debido proceso y detiene a menores de edad y a integrantes del colectivo LGBTIQ+. La seguridad es inexistente. Y, a nivel externo, bombardea —con aranceles o con misiles— a todo aquel que no coincida con sus ideas.
Además, ha endurecido las leyes migratorias de cara a este megaevento deportivo. Se les ha negado la visa a numerosos periodistas, a integrantes de delegaciones de fútbol y a hinchas de algunos Estados (sobre todo de aquellos que se encuentran en abierto conflicto con Estados Unidos, como Irán). También deportó al árbitro somalí Omar Artan, elegido el mejor árbitro de África, a pesar de contar con la visa y el pasaporte diplomático.
En cuanto a los equipos, los planteles de Irak, Uzbekistán y Senegal fueron interrogados durante horas y debieron someterse a controles de seguridad muy invasivos, con perros y detectores de metales.
El caso más problemático es el de Irán: se le ha negado la visa a parte de su cuerpo técnico y a sus acompañantes por considerarlos integrantes de los servicios de inteligencia. Además, no pueden permanecer en el país, por lo que la delegación se concentra en México (que se ofreció a albergarla) y debe trasladarse a Estados Unidos para disputar cada uno de sus partidos. En medio de todo esto, se mantiene el principal foco de conflicto en el Estrecho de Ormuz, con bombardeos mutuos entre ambos Estados. No existe garantía de seguridad para nadie.
En el fútbol se dice que, cuando el árbitro interviene demasiado, el partido se vuelve aburrido (en Argentina sabemos que a algunos les gusta ser la figura del partido). A esta altura, ya nadie habla de Estados Unidos como sede del Mundial FIFA 2026, ni como selección, ni como Estado. Borrado del mapa Gianni Infantino, el árbitro y la figura ahora son Donald Trump y las órdenes que dicte mientras dure el megaevento (a quien, dicho sea de paso, poco le importan el deporte o mejorar su imagen ante el mundo).
ACNUR y el gamechanging Team
La Agencia de la ONU para los Refugiados ha formado su propio equipo de futbolistas profesionales para dar visibilidad a la situación que atraviesan las personas refugiadas en el mundo[2].
ACNUR seleccionó a once futbolistas profesionales cuyas vidas han estado marcadas por el desplazamiento: nacidos en campamentos de refugiados, reasentados cuando eran niños o criados en el exilio después de que sus familias huyeran de un conflicto. Alphonso Davies, Asmir Begović, Antonio Rüdiger, Eduardo Camavinga, Victor Moses, Mohamed Touré, Ali Al-Hamadi, Bernard Kamungo, Awer Mabil, Nestory Irankunda y Ermedin Demirović. Hoy, algunos representan a su país natal; otros, al país que los recibió en el exilio o en el reasentamiento; y otros, al país de origen de sus padres, forzados a exiliarse en otro Estado. Bosnia y Herzegovina es un ejemplo claro de esas historias.
Conclusiones
Sobre el papel, el lema “El fútbol une al mundo” suena bien. Pero es letra muerta para la FIFA. Los avances en materia de derechos humanos que la organización había comenzado a implementar quedaron estancados: por ejemplo, para este Mundial decidió eliminar la campaña “Unite for inclusion” (unidos por la inclusión).
Al parecer, la FIFA se considera una entidad superior, ajena a las exigencias de los derechos humanos. Pero no es así. Deben tenerse presentes los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos[3] que en 2011 aprobó por unanimidad el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Ese documento involucra también a todos los actores que participan en la organización de megaeventos deportivos: Estados (incluida su responsabilidad de proteger), organizaciones y empresas.
Algo quedó claro desde aquel 11 de junio: estamos muy lejos de la Tregua de Navidad de 1914 que unió al mundo por unas horas.
Noeli Scarpelli
Coordinadora
Departamento de Derechos Humanos
IRI-UNLP
[1] Hernán Casciari. “Teníamos un juguete” https://hernancasciari.com/blog/teniamos_un_juguete/
[2] Ver: https://www.unhcr.org/gamechangers
[3] Ver: https://www.ohchr.org/en/publications/reference-publications/guiding-principles-business-and-human-rights