Departamento de Medio Ambiente y Desarrollo
Artículos
Cooperación ambiental transfronteriza y Desarrollo turístico: Una aproximación teórica entre ambos fenómenos en las Reservas de las Biosferas Transfronterizas
Román Martínez[1]
Introducción
Las Áreas Naturales Protegidas (de aquí en adelante, ANP) representan una estrategia fundamental para la conservación a largo plazo de los ecosistemas. En Argentina, por ejemplo, existen 614 ANP terrestres y 38 ANP marinas registradas en el Sistema Federal de Áreas Protegidas (de aquí en adelante SiFAP), representando el 20% del territorio argentino (SiFAP, s.f). En la definición que brinda el SiFAP se habla de “zonas de ecosistemas continentales (terrestres o acuáticos), costeros/marinos o marinos, o una combinación de los mismos, con límites definidos y bajo un marco normativo acorde con sus objetivos de conservación” (SiFAP, 2021, citado en Lizzárraga, 2020). En este sentido cobra relevancia una cuestión fundamental; si bien presentan un límite definido, debemos entenderlas en el marco de ecosistemas continentales que en algunas ocasiones traspasan las fronteras del país. Los límites políticos pueden pasar a un segundo plano por la importancia que tiene la estabilidad ecológica de la región, todo ello sin perder soberanía (Zagel y Nagy, 2021). En el trazado humano de los límites políticos entre los Estados, se han subestimado los elementos naturales, y grandes ecosistemas han quedado fragmentados, repercutiendo en su estado de conservación (Carreras Casas, 2013).
Ante esta situación, emergen como una herramienta crucial para la conservación de grandes ecosistemas que traspasan los límites estatales las Áreas Naturales Protegidas Transfronterizas (de aquí en adelante ANPT). Una ANPT puede ser definida como “un área de tierra y/o mar que está ubicado entre uno o más límites entre los países, unidades subnacionales tales como provincias y regiones, áreas autónomas y/o áreas fuera de los límites de soberanía o jurisdicción nacional, cuyas partes constituyentes están principalmente dedicadas a la protección y mantenimiento de la diversidad biológica y a los recursos culturales naturales y asociados y administrados cooperativamente a través de instrumentos u otros medios eficientes” (Sandwith, et al., p. 6, 2001). En este sentido, la cooperación entre dos o más áreas protegidas individuales es un prerrequisito para ser reconocida como tal. Las ANPT tienen un gran valor por el papel que juegan en términos de cooperación ambiental, entendiendo esta última como los mecanismos que permiten generar pautas y acuerdos a varios niveles, así como el trabajo desde las diferentes administraciones que realicen la investigación y diseñen la planificación pertinente para la conservación de los ecosistemas (Carreras Casas, 2013).
Siguiendo esta línea, hacia 1960 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (de aquí en adelante, UICN), fundó la Comisión Mundial de Áreas Protegidas, la cual tenía como objetivo promover la conservación de la naturaleza y de los servicios ecosistémicos asociados a los valores culturales, dentro de un marco de promoción de la paz y la cooperación entre las naciones (Zagel y Nagy, 2021), y desde 1977 promueve la iniciativa de Parques para la Paz como un instrumento de cooperación regional para la conservación de la biodiversidad, la prevención de conflictos, las resoluciones y conflictos y el desarrollo regional sostenible (Sandwith, et. al, 2001). Luego, entre las décadas de 1990 y 2000, se profundizó la globalización de las iniciativas de conservación, un proceso que quedó evidenciado en el 5º Congreso Mundial de Parques Nacionales y Áreas Protegidas de 2003 (Porcaro, Vejsbjer y Benedetti, 2018).
En este contexto, la conservación es una preocupación mundial y las ANP han pasado a ser patrimonio de toda la humanidad: se multiplicaron los convenios internacionales sobre biodiversidad, se promovieron las redes mundiales de áreas protegidas, se crearon diferentes programas globales de conservación y se extendieron por todo el mundo los fondos de financiamiento para estos fines. Los impulsos globalizadores promovieron, a su vez, el desarrollo de áreas protegidas transfronterizas, como las Reservas de Biósfera Transfronterizas (de aquí en adelante, RBT), en la década de 1990 (Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti, 2018). Las RBT se establecen como un reconocimiento oficial a nivel internacional y por parte de del programa Man and The Biosphere (de aquí en adelante MAB) de la UNESCO, con la voluntad política de cooperar en la conservación y el uso sostenible mediante la gestión común de un ecosistema compartido (Capdepón Frías, 2024).
Con la designación de un territorio como RBT, el turismo entra al territorio como un actor que ha de ser tenido en cuenta en este marco complejo de conservación de ecosistemas en ANPT. Esto se debe a que se le agrega un valor de interés turístico a dicho territorio, por poseer una categoría de manejo reconocida por un organismo internacional como la UNESCO (Carreras Casas, 2013). Además de este factor, en el renovado contexto de valorización de la naturaleza como atractivo turístico, las áreas protegidas se consolidan como destinos turísticos privilegiados debido a que garantizan espacios naturales prístinos o intocados (Bertoncello y Troncoso, 2018).
Sin embargo, la simple existencia de RBT que incluyan al turismo en sus estrategias de planificación no garantizan los impactos positivos que pueda tener la actividad turística en el ambiente y las ANPT. La contaminación arquitectónica a través de desarrollos urbanos no integrados con el paisaje, el tratamiento de los residuos, desde su recogida hasta su almacenamiento y la depuración de las aguas residuales, la contaminación acústica y la polución del aire, la erosión de los suelos por actividades recreativas/deportivas en algunas zonas montañosas por ejemplo, son algunos de los ejemplos que manifiestan los impactos negativos que puede tener el desarrollo de la actividad turística en el entorno natural y urbano (Sancho, 1998). Estos impactos más “tradicionales” del turismo se encuentran ligados fuertemente con la conservación del ambiente, pero la relación entre cooperación ambiental y turismo en las RBT requiere una mirada integral, incorporando también las dimensiones institucionales, territoriales y socioculturales que intervienen en estos espacios de gestión compartida, ya que lejos de operar como un mecanismo neutral, la actividad turística puede reforzar asimetrías territoriales entre los países involucrados, generando tensiones entre conservación, patrimonio, y desarrollo turístico.
En este contexto, las Reservas de Biosfera Transfronterizas constituyen espacios particularmente interesantes para analizar la articulación entre cooperación ambiental transfronteriza y desarrollo turístico. Por tal motivo, el presente trabajo tiene como objetivo analizar las principales contribuciones teóricas vinculadas a la cooperación ambiental transfronteriza y al desarrollo turístico en las Reservas de Biosfera Transfronterizas, identificando puntos de encuentro, tensiones y vacíos en la literatura especializada. El trabajo se estructura en base a los tres ejes en los que se organiza dicha bibliografía, los cuales son: Cooperación ambiental transfronteriza y gestión de áreas protegidas; Turismo sostenible en espacios transfronterizos; y Las RBT como espacios de articulación. Finalmente se presentan una serie de reflexiones sobre los principales desafíos que se presentan tanto para la gestión del turismo en las RBT como también para la literatura académica sobre el tema.
Cooperación ambiental transfronteriza y gestión de áreas protegidas
Asumiendo que la naturaleza no respeta fronteras, se evidenció la necesidad de gestionar los territorios naturales con un alcance que debía superar las divisorias políticas. Ya sea por motivos ambientales, políticos o económicos se han puesto en marcha una serie de iniciativas que apuntan a lograr que estas fronteras no perjudiquen a la conservación de las áreas naturales, considerando a la cooperación transfronteriza en materia de conservación como elemento indispensable en estos procesos (Carreras Casas, 2013).
Algunos de los motivos que pueden impulsar el inicio de un proceso de cooperación ambiental en una ANPT son:
- Cuando existen cuerpos de agua compartidos como ríos o lagos, así como posibles acuíferos subterráneos.
- En fenómenos de la naturaleza tales como montañas, glaciares o arrecifes de coral.
- En ecosistemas naturales que requieren un manejo como si fuera una única unidad para proteger las especies que lo habitan, las comunidades y los procesos ecológicos.
- Cuando existen comunidades y pueblos originarios en áreas naturales que están conectados a través de una frontera por compartir realidades étnicas o socioculturales, tradiciones y prácticas.
- Cuando el uso o manejo de un recurso compartido puede ser origen de conflictos.
- Cuando un conflicto transfronterizo implica desacuerdos en aspectos como tierra o agua.
- Cuando, en un periodo de conflicto armado, surge la necesidad de restablecer la confianza y seguridad para las comunidades locales y forjar una base estable para la conservación y el desarrollo sustentable.
- Cuando existe la necesidad de cooperar para asegurar la integridad de los ecosistemas que están expuestos a amenazas comunes (Carreras Casas, 2013).
La cooperación transfronteriza ambiental se desarrolla a través de la firma de convenios o reuniones bilaterales, el diseño de corredores biológicos o parques naturales y proyectos binacionales (Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti, 2018). Ello implica una mayor interrelación entre actores a ambos lados de los límites internacionales y un consenso sobre las formas de conservación de la naturaleza (Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti, 2018). Tal como se mencionó anteriormente, la idea subyacente es que la naturaleza ha sido cortada arbitrariamente por las fronteras estatales, y por lo tanto los límites internacionales se tornan obstáculos a superar.
Según Carreras Casas (2013), los aspectos que van a dar cuenta de que se está realizando la cooperación en materia de conservación son:
- el intercambio de informaciones,
- el intercambio de know how y tecnología,
- el intercambio de experiencias,
- la cooperación en el ámbito normativo y
- la búsqueda conjunta de financiamiento.
En su mismo trabajo, no obstante, la autora advierte que, así como pueden aparecer aspectos para cooperar, también pueden existir barreras que dificulten los procesos institucionales entre los distintos países implicados en la conservación transfronteriza de las ANP. En base a esto último, la autora enumera cuatro aspectos a considerar como barreras a la cooperación ambiental, los cuales son:
- diferencias legales y gubernamentales que compliquen la coordinación y la implementación,
- barreras de comunicación, movimiento e información,
- diferencias sociales y culturales, incluso de lenguaje, que inhiben el desarrollo estricto y el sentido común de comunidad, y
- disparidades económicas que dificulten la buena voluntad de los implicados o la capacidad de participar en el proyecto.
Sandwith et al. (2001), en su trabajo clásico y base para entender a las ANPT, describen nueve pautas útiles para ayudar a gerentes de áreas protegidas, así como a funcionarios de gobierno, autoridades, ONGs, líderes de la comunidad, donantes etc., en la cooperación ambiental transfronteriza. Como primera pauta, establecen la necesidad de identificar y promover valores comunes entre los territorios implicados. La segunda pauta es la de involucrar y beneficiar a las comunidades locales. Como tercera pauta determinan como aspecto importante contar con el apoyo entre todas las autoridades de los países implicados. La cuarta pauta es la de promover actividades coordinadas y cooperativas. En quinta instancia, se busca un planeamiento coordinado y desarrollo de áreas protegidas implicadas en el territorio. La sexta instancia es la de desarrollar acuerdos de cooperación. La séptima instancia es la de contar con una financiación sostenible a lo largo del tiempo y que supere los cambios de gestiones. Como octava instancia tenemos la etapa de monitoreo y evaluación de los procesos que se estén llevando a cabo en el ANPT. De hecho, en esta octava pauta, es interesante destacar los seis niveles de cooperación (ver Anexo 2) que establece Zbicz (citado en Sandwith, et al., 2001) que existen en una ANPT. Desde un nivel 0 (cooperación nula), donde los gestores de dos áreas protegidas nunca se comunican ni se comparte información, o cooperación en ningún tema específico, hasta el nivel 5 (cooperación total), en la que la planificación está totalmente integrada y basada en un ecosistema, con toma de decisiones implícitas combinadas y metas comunes. Finalmente, como novena instancia se propician indicadores prácticos para los gestores de una ANPT a modo de prevenir situaciones de tensión y conflicto armado en el territorio (Sandwith, et al., 2001).
Un trabajo que aporta para poder reflejar estos procesos a través de un caso real es el de Zagel y Nagy (2021), quienes estudian la relación entre Argentina y Paraguay en la gestión del patrimonio natural. Este trabajo se centra en una zona conocida localmente como los “rápidos de Apipé”, que si bien no está formalmente creada como ANPT, comparte características con este tipo de gestión si se considera la relación existente entre las ANP y los entes bilaterales que gestionan el área próxima al Complejo Hidroeléctrico Yacyretá-Apipé en la frontera de Argentina y Paraguay donde se ubican cuatro ANP; las Reservas Nacionales Isla Apipé Grande, Yacyretá, Rincón de Santa María, y la Reserva Íctica del Río Paraná (Zagel y Nagy, 2021). Como parte de sus resultados, se refleja que no se ha desarrollado un programa de acción binacional ni un manejo común (transfronterizo) que armonice la gestión de las diferentes ANP y que enmarque la cooperación (Zagel y Nagy, 2021). Por lo tanto, el escenario en el que se encuentra la región es el de potencial para crear un ANPT de gestión binacional, lo cual supondría una mayor superficie protegida y una relación más equilibrada entre los usos sociales y los servicios ecológicos esenciales, en la que las actividades de turismo, educación y recreación cumplirían un papel fundamental.
La revisión bibliográfica expuesta en este apartado permite comprender que la cooperación ambiental transfronteriza constituye una condición necesaria para la conservación de ecosistemas compartidos, aunque su implementación efectiva depende de la capacidad de articular intereses políticos, institucionales, económicos y sociales entre los países involucrados. En este sentido, la existencia de ecosistemas comunes no garantiza por sí misma la cooperación, sino que requiere mecanismos institucionales capaces de superar los límites políticos. Las ANPT emergen, así como espacios privilegiados para analizar las posibilidades y limitaciones de estos procesos de articulación territorial.
Desarrollo sostenible del turismo y espacios transfronterizos
El turismo sostenible se ha convertido en el paradigma imperante en la actividad turística. Tal es así que los principios de sostenibilidad se constituyen en el objetivo primordial de cualquier modalidad turística, tanto de las tradicionales y mayormente asociadas a las conflictivas en su relación con el ambiente, como también en aquellas modalidades alternativas (ecoturismo, turismo de naturaleza, y afines) al turismo tradicional (Falcón y Peréz Márquez, 2015). Si la actividad turística es planificada, favorece a la conservación de los sistemas naturales y al desarrollo de las comunidades locales (Falcón y Peréz Márquez, 2015). El turismo sustentable, en este sentido, no sólo es un aliado para la conservación de los ecosistemas presentes en las ANP, ya que, en contextos transfronterizos, el turismo representa tanto una oportunidad de desarrollo local, como también un vector potencial de integración regional, circulación territorial y resignificación simbólica de las fronteras (Zagel y Nagy, 2021). Se torna necesario bajo esta concepción del turismo, entender al mismo como un sistema complejo de interrelaciones que se dan en un territorio. El turismo no es un sistema que opera de manera autónoma, sino que el Estado toma acción en su planificación para dar respuesta a las problemáticas asociadas a la actividad turística (Falcón y Pérez Márquez, 2015). No obstante, es importante advertir que el funcionamiento sistémico del turismo se basa en un juego de actores de distintas escalas.
En este marco, entendemos mejor, por ejemplo, el modo en el que el impacto de los tour-operadores (internacionales, nacionales o regionales) en los territorios puede conformar o, por el contrario, contrarrestar las estrategias de desarrollo local (Amilhat-Szary y Guyot, 2009). Para regular este juego de actores, se han adoptado varias medidas de protección del ambiente, pudiendo mencionar la consolidación de los espacios naturales protegidos existentes, extensión de los perímetros de conservación, clasificación de los centros naturales y arquitecturales en la lista del patrimonio mundial de la humanidad, entre otras. Dichas medidas contribuyen al mismo tiempo a aumentar el carácter transfronterizo y atractivo del espacio considerado (Amilhat-Szary y Guyot, 2009).
Sobre estas dinámicas territoriales del turismo, Amilhat-Szary y Guyot (2009), centran sus estudios en el “turismo transfronterizo” en la región de los Andes centrales (frontera con Bolivia, Argentina y Chile). Los autores, desde una perspectiva geopolítica, entienden al turismo no solo como una actividad económica, sino como una herramienta de construcción territorial, cooperación internacional y producción de fronteras, de ahí su designación como transfronterizo. Los autores se interesan en determinar hasta qué punto la introducción de una problemática turística ha acelerado procesos de integración regional en curso, y cómo transformó las relaciones de fuerzas internacionales, interregionales y locales (Amilhat-Szary y Guyot, 2009). En dicho trabajo, destacan como los distintos actores que intervienen en el espacio (Estados en sus distintos niveles administrativos, actores privados de la actividad turística, comunidades locales, ONG’s, organismos internacionales, entre otros) utilizan el turismo de montaña[2] como un instrumento para promover la integración regional, el desarrollo local y la conservación ambiental, pero dejando en claro que no están exentos de asimetrías de poder, ya que las políticas turísticas suelen responder más a lógicas nacionales o globales que a las necesidades de las comunidades locales (Amilhat-Szary y Guyot, 2009).
El hecho de que el producto turístico esté atravesado por tres fronteras, dicen los autores, “hace que los retos de rivalidades por la apropiación de los mismos sean aún más complejos y aviva la necesidad de una red de lectura geopolítica” (Amilhat-Szary y Guyot, p. 69, 2009). La región que estudian los autores tiene un alto valor turístico, ya que se encuentran la Quebrada de Humahuaca en la provincia de Jujuy en Argentina, la zona de San Pedro de Atacama, con la Reserva nacional Los Flamencos, y el parque Llullaillaco en Chile, y la Reserva nacional de fauna Eduardo Avaroa, en la zona de Uyuni en Bolivia. En el texto se menciona que muchos proyectos turísticos transfronterizos se apoyan en ANP ubicadas a ambos lados de las fronteras promoviendo iniciativas de conservación conjunta, corredores ecológicos y circuitos turísticos integrados, pero que sin embargo suelen estar poco coordinadas entre países, con normativas, prioridades y capacidades institucionales diferentes, lo que limita su efectividad real (Amilhat-Szary y Guyot, 2009).
De hecho, las interacciones transfronterizas se terminan dando a través de tours organizados por las empresas privadas de turismo, reguladas por el Estado, pero sin intervención en su planificación. Uno de los elementos más interesantes del trabajo de los autores está en los conflictos ambientales y socio-culturales de la actividad turística en esta región transfronteriza. La apropiación de los recursos naturales, la segregación espacial, y la interpretación del patrimonio natural y cultural, son los principales puntos de disputa entre los turistas y la población local. Mediante acuerdos de cooperación destinados a proteger la fauna y la flora de los Andes o incluso en los proyectos transnacionales de reivindicaciones identitarias y socio-económicas indigenistas, se busca atender a las problemáticas anteriormente mencionadas (Amilhat-Szary y Guyot, 2009). Sin embargo, termina resultando un “trinomio” algo contradictorio: en algunas ocasiones se da la cooperación (llevada a cabo sobre todo por las comunidades y ONG’s locales), también se da la complementariedad en circuitos como el Camino del Inca, o en proyectos regionales como el corredor bioceánico de la ZICOSUR y por último también hay lugar para la competencia (moneda, precios aplicados, reivindicaciones rivales de auténtico andinismo, etc.) entre países para atraer a más cantidad de turistas (Amilhat-Szary y Guyot, 2009).
Un trabajo revelador que complementa la tríada de turismo, ANP y cooperación ambiental transfronteriza es de los autores Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti (2018). Los autores caracterizan y comparan los procesos en curso en las ANP y su vinculación con el turismo en dos regiones de la doble frontera argentino-chilena: la araucano-patagónica (hacia el sur) y la circumpuneña (en el norte). Los autores sostienen que las ANP no pueden comprenderse únicamente desde una lógica ambiental, sino como construcciones históricas y geopolíticas que participan activamente en la producción del territorio fronterizo. El análisis muestra que en la región araucano-patagónica las ANP se consolidaron tempranamente, asociadas a proyectos estatales de afirmación de soberanía y de desarrollo turístico, integrando desde sus orígenes funciones de conservación y recreación (Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti, 2018). En contraste, en la región circumpuneña la patrimonialización de la naturaleza fue más tardía y fragmentada, con un peso significativo de declaratorias internacionales y una articulación más reciente con el turismo. En ambos casos, el turismo aparece como una práctica que reconfigura el sentido de la frontera, ya sea promoviendo la integración binacional o reforzando asimetrías institucionales y territoriales entre ambos países (Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti, 2018). Los vínculos entre las ANP y el turismo permiten ubicar a este último como una estrategia geopolítica que, aunque en diferentes contextos históricos, ha sido constitutiva de los procesos de patrimonialización de la naturaleza (Porcaro, Vejsbjerg y Benedetti, 2018).
La cooperación transfronteriza vinculada al turismo no supone necesariamente la desaparición de las fronteras como espacios de diferenciación política, económica o institucional. Por el contrario, los procesos de integración turística suelen desarrollarse en escenarios donde persisten asimetrías entre los territorios involucrados, diferencias normativas y disputas por la apropiación de los beneficios derivados de la actividad. De esta manera, la frontera se configura simultáneamente como un espacio de cooperación y de competencia.
Las Reservas de la Biosfera Transfronterizas como espacios de articulación: Para acercarnos al concepto de RBT, primero se debe hacer mención a las principales características que presentan las Reservas de la Biosfera (de aquí en adelante RB). Las RB surgen del Programa MAB de la UNESCO en el año 1974 con el fin de abordar y desarrollar iniciativas orientadas a lograr y mantener un equilibrio entre la conservación de la naturaleza y su biodiversidad y el desarrollo socioeconómico de los distintos territorios y poblaciones (UNESCO 2008, citado en Carreras Casas, 2013). Son un instrumento para favorecer el bienestar de los seres humanos y la naturaleza. Debe beneficiar tanto a las personas como al ambiente (UNESCO, 2022). Para ser designada como tal, debe ser representativa de su región biogeográfica y significativa en términos de biodiversidad, debiendo abarcar un mosaico de sistemas ecológicos de las principales regiones biogeográficas, incluyendo una progresividad de intervenciones humanas (UNESCO, 2022). Además, debe superar una serie de instancias en un proceso de candidaturas. Debido a que no se encuentra entre los objetivos de este trabajo, no se ahondará en dicho procedimiento.
Continuando con la caracterización de las RB, deben cumplir tres funciones, las cuales son:
1. Una función de conservación de la diversidad natural y biocultural.
2. Una función de desarrollo económico, social y a la diversidad cultural sostenible.
3. Una función de apoyo logístico a la promoción de proyectos modelo, formación y educación para el desarrollo sostenible, investigación y seguimiento relacionados con la conservación de la naturaleza y el desarrollo sostenible a nivel local, teniendo en cuenta las escalas nacionales y globales (UNESCO, 2022).
Asimismo, la misma debe presentar una distribución del espacio determinada, denominada zonificación (Figura 1), organizando el territorio en tres zonas con funciones y objetivos específicos. Una o varias zonas centrales (core zone) dedicadas a la protección a largo plazo de la biodiversidad, de acuerdo a los objetivos de conservación de la RB; una o varias zonas de amortiguamiento (buffer zone), continuas a las anteriores en las que se realizan actividades compatibles con los objetivos de conservación; y finalmente una zona de transición (transition area) en la que se promueven y desarrollan prácticas de gestión sostenible de los recursos. El objetivo principal de la zona de transición es apoyar y alentar a las comunidades locales en el desarrollo sostenible de sus actividades (UNESCO, 2022).
Figura 1. Zonificación Reservas de la Biosfera

Fuente: UNESCO, 2022.
Con esta introducción sobre las RB en general, se da paso a las RBT. En la Estrategia de Sevilla de 1995 se promueve la creación de otro tipo de RB que supera las fronteras nacionales (objetivo VI.2, 16). De esta forma se instala la idea de RBT, en la cual el énfasis recae en una mayor integración de estos espacios, a partir de la cooperación para la conservación como uno de los pilares fundamentales (Carreras Casas, 2013). Dada la importancia que se le dio a la conservación transfronteriza, la UNESCO, mediante la ayuda de los gobiernos nacionales, impulsó la creación de Reservas de la Biosfera Transfronterizas poseedoras de un reconocimiento oficial por parte de dicho organismo (Carreras Casas, 2013). Las mismas proporcionan una herramienta para la gestión común de un ecosistema compartido entre dos o más países (UNESCO, 2022). También representan el compromiso de dos o más países de adoptar un enfoque ecosistémico para la conservación de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos naturales, un aspecto que, como se viene desarrollando en esta investigación, se torna en indispensable en el contexto actual. La designación de una RBT establece una estructura de gestión conjunta, donde las autoridades gubernamentales de ambos países deben firmar un acuerdo oficial. Asimismo, se deben indicar los principales componentes de un plan de cooperación futura tras la designación de la misma (UNESCO, 2022).
En la actualidad existen 25 RBT (ver Anexo 1), siendo la primera de ellas establecida en el año 1992, la RBT “Krkonoše/Karkonosze”, la cual se administra de forma conjunta por el Parque Nacional Krkonoše (en República Checa) y el Parque Nacional Karkonosze (en Polonia) (UNESCO, 2025). La distribución geográfica de las Reservas de Biosfera Transfronterizas permite identificar algunos aspectos relevantes. Se observa que se trata de una herramienta de cooperación ambiental aún limitada en términos cuantitativos, pero en expansión y con una fuerte concentración en Europa (alberga el 60% de las mismas). Asimismo, las RBT suelen localizarse en ecosistemas compartidos de alto valor ecológico (cordilleras, humedales y deltas, entre otros) y, en numerosos casos, en espacios fronterizos que históricamente constituyeron áreas de separación política. Estas características permiten comprender a las RBT no sólo como instrumentos de conservación de la biodiversidad, sino también como mecanismos de gobernanza territorial capaces de promover la cooperación internacional, la integración regional y el desarrollo sostenible.
Aun así, resulta llamativa la escasa representación de América Latina (3 de las 25 en total), lo que pone de manifiesto el potencial aún existente para el desarrollo de nuevas iniciativas de cooperación ambiental bajo la figura de las RBT. El trabajo de Capdepón Frías (2024) “una aproximación al turismo de naturaleza en las Reservas de la Biosfera transfronterizas. La Reserva de la Biosfera transfronteriza de Gerês-Xurés como estudio de caso” plantea cuestiones fundamentales para el desarrollo de esta investigación. El ANPT estudiada en dicho trabajo es un ejemplo de cooperación y acuerdos mediante políticas binacionales entre España y Portugal a través de los Parques Nacionales Gerês y Xurés, respectivamente. Particularmente sobre la actividad turística, esta RBT deja de manifiesto desde la misma propuesta de creación a la UNESCO que el objetivo del área protegida es coordinar la conservación ambiental con las actividades de la zona, centradas principalmente en el sector servicios y el turismo (Capdepón Frías, 2024). El desarrollo turístico en dicha RBT fue propiciado gracias al apoyo de programas internacionales, como lo fue el caso del Interreg UE, y particularmente del Interreg UE POCTEP VA, el cual promueve el desarrollo y la cooperación transfronteriza con fondos del Fondo Europeo de Desarrollo Regional entre España y Portugal. Para ello, contempla acciones como el impulso de la participación de los territorios, el apoyo al desarrollo económico regional y la potenciación de un turismo sostenible sobre la base de un modelo de desarrollo capaz de garantizar la protección y conservación del patrimonio natural y cultural (Docampo 2022, citado en Capdepón Frías, 2024). En el marco de dicho programa, se aprobó el proyecto “Gerês-Xurés Dinámico-Dinamización conjunta de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurés”, el cual a su vez tenía por objetivo la promoción de su desarrollo económico y turístico sostenible y la protección y conservación de su patrimonio natural y cultural (Capdepón Frías, 2024).
A pesar de contar con un Plan de Gestión que apuesta por una estrategia común de los dos territorios que la conforman como una importante oportunidad para la consolidación de un modelo de desarrollo turístico, sostenible, adecuado y participativo, en armonía con los principios fundamentales de conservación de la naturaleza (Capdepón Frías, 2024) y el paquete de programas, proyectos e iniciativas descritos anteriormente, que tienen como objetivo el desarrollo del turismo sostenible, la mera existencia de estos instrumentos no implica que el turismo conviva de manera totalmente armoniosa con el entorno.
En cuanto a las asimetrías de poder existentes entre un territorio y el otro, las dinámicas turísticas son mucho mayores y más intensas en la parte portuguesa que en la parte española (Capdepón Frías, 2024). El Parque natural Baixa-Lima-Serra do Xures (de la parte española) ha sido visto como un “espacio invisible” y marginal en relación con otros destinos turísticos gallegos y los municipios incapaces para llevar a cabo proyectos de desarrollo turístico. Por su parte, el área protegida portuguesa “Parque Nacional Peneda-Gerés», presenta un mayor dinamismo turístico, y una serie de fortalezas internas (sobre su oferta turística) que lo ponderan sobre el parque español como destino turístico (Capdepón Frías, 2024). Por lo tanto, se evidencia una importante desigualdad entre ambos territorios. Mientras para la portuguesa encontramos al espacio más protegido del país, desde el lado español nos encontramos con un destino turístico estacional y que no cuenta siquiera con una fuente confiable para estimar una cantidad de visitantes (Capdepón Frías, 2024).
Para atender estas desigualdades, el Plan de Gestión 2022-2025 de la RBT marca un total de 13 líneas de actuación futuras articuladas a partir de 4 ejes estratégicos, entre los que se encuentra el eje de “Desarrollo socioeconómico”. Cabe subrayar la ‘promoción de turismo sostenible’ dentro de ese eje, una medida que, de hecho, implica el mayor volumen de inversión estimada de todo el plan con unos 4.130.000 de euros, los cuales representan aproximadamente el 23,50% de la inversión total (Capdepón Frías, 2024).
Al mismo tiempo el Plan de Gestión establece que si bien es importante para la economía local, aumentar el número de visitas no debe ser un objetivo primordial para la región de la Reserva, considerando que es más importante lograr un mayor equilibrio en la distribución temporal y espacial de esas visitas a lo largo del año y un aumento en la estadía promedio de los turistas (Capdepón Frías, 2024). A pesar de esta declaración de intereses para atender una de las problemáticas presentes en el territorio como lo es la afluencia mayor sobre el lado portugués en detrimento del lado español, no se hace mención específica de financiamiento o instrumentos de planificación específicos. Pareciera que al atender las asimetrías turísticas en ambos parques que conforman la RBT, se presenta un sesgo hacia la dimensión económica del turismo. Si bien, en las conclusiones, la autora deja entrever que la gestión de la reserva debe apuntar a incorporarse a estrategias supranacionales de cooperación internacional entre España y Portugal, lo cierto es que la perspectiva turística y las acciones que se llevaron a cabo o podrían hacerlo en un futuro sobre la RBT, se limitan a la promoción turística, dejando de lado aspectos más ligados a la dimensión ambiental y socio-cultural del turismo sustentable.
Finalmente, Carreras Casas (2013), en su tesis de maestría titulada “La Reserva de la Biosfera Transfronteriza andino norpatagónica. Nuevas perspectivas de cooperación en materia de conservación entre Argentina y Chile”, observa la evolución de la cooperación y las barreras que tuvo el proceso de creación de una RBT entre los gestores del proyecto de Argentina y de Chile, llamada “Reserva de la Biosfera Transfronteriza Andino Norpatagónica”. Entre sus aspectos más interesantes, podemos mencionar que uno de los motivos para la creación de la RBT, estaba el potencial turístico que tenía la zona y como la ANPT podría mejorar aún más dicho potencial (Carreras Casas, 2013). Además, a través de una serie de entrevistas que realiza la autora, se resalta la intención de las autoridades de planificar la actividad turística, de ser manejada de forma integrada, tomando como pilar a la conservación. Inclusive, en la propuesta de zonificación de la ANPT, se estableció que en la zona núcleo de la RBT se permitirían actividades ecoturísticas e infraestructura de servicios turísticos de bajo impacto; en la zona buffer o de amortiguación actividades turísticas extensivas (turismo de aventura) que no atenten contra los objetivos de la zona núcleo; y en la zona de transición se habla de un uso turístico más intensivo (Carreras Casas, 2013). A pesar de estos avances, el proyecto de la RBT no prosiguió, quedando las gestiones para la materialización de la misma inconclusas (Carreras Casas, 2013).
Si bien en este caso se habla de una RBT que no terminó de formalizarse, los paralelismos con la RBT que comparten España y Portugal se notan en la declaración de intereses que los gestores de Argentina y Chile tenían sobre los beneficios económicos que la actividad turística podía tener sobre el territorio. Se priman las potencialidades económicas, la valoración turística que trae consigo la designación de un territorio como RBT, la importancia de la promoción turística, y quedan en un escalafón menor (que se ve reflejado en la falta de estrategias, en el menor financiamiento, entre otros aspectos) las políticas o herramientas que permitan articular el turismo con la conservación del ambiente, en la armonía de las comunidades locales con el desarrollo turístico, en la preservación del patrimonio, entre otras.
Los casos analizados permiten advertir que la incorporación del turismo dentro de las estrategias de gestión de las RBT suele justificarse principalmente por su capacidad para generar desarrollo económico y dinamizar territorios periféricos. Sin embargo, esta orientación puede producir una visión parcial del turismo sostenible, en la medida en que las dimensiones ambientales y socioculturales aparecen menos desarrolladas en los instrumentos de planificación y gestión. En consecuencia, las RBT se presentan como espacios con un importante potencial para articular conservación y desarrollo, aunque dicha articulación continúa siendo más una aspiración normativa que una realidad plenamente consolidada.
Reflexiones finales
Las estrategias de conservación han implicado en ecosistemas que traspasan las fronteras políticas de los Estados evolucionar hacia modelos de gestión transfronterizos entre distintas ANP, dando origen a procesos de formación de ANPT. Entre las distintas figuras que existen de ANPT, encontramos las RBT, con sus requisitos para ser designada como tal, la zonificación del territorio para conservar los ecosistemas, y el compromiso de las instituciones de los distintos países involucrados en la gestión de la ANPT. Una RBT se caracteriza, entre otras cosas, por permitir en su zonificación, el desarrollo de actividades económicas de las comunidades locales. Y, tanto por esta última cuestión, así como también por la valoración turística que adquiere un territorio designado como RBT, el turismo se introduce en el complejo proceso de planificación de una ANPT.
La literatura especializada ha tendido a abordar estos fenómenos de manera fragmentada, privilegiando los aspectos institucionales de la cooperación o las dimensiones económicas del turismo, sin profundizar en las relaciones existentes ni en las tensiones socio-ambientales de la actividad turística trae consigo en dichos territorios. Además, si bien existe abundante literatura sobre cooperación ambiental transfronteriza y sobre turismo sostenible en áreas protegidas, son menos frecuentes los trabajos que analizan de manera integrada cómo ambas dimensiones se articulan dentro de las Reservas de Biosfera Transfronterizas. Entendiendo que el paradigma actual de la actividad turística es el del desarrollo sostenible, no se pueden dejar de atender las dinámicas ambientales y socio-culturales que se dan en el territorio de una RBT cuando la actividad turística se encuentra presente. Por ello, entre los principales desafíos que se encuentran para la gestión de las ANPT (y específicamente de las RBT), está en incorporar estas dimensiones en sus planes de gestión, en sus instrumentos de planificación turística, y en los objetivos del desarrollo turístico de la misma. El principal potencial de las RBT es el de construir modelos de gobernanza capaces de integrar la cooperación internacional, la participación de las comunidades locales y la sostenibilidad del turismo dentro de una estrategia común de gestión territorial.
Referencias Bibliográficas
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ANEXO
Anexo 1. Lista de las RBT
| Países | Nombre de la RBT | Año de designación |
| Polonia y Eslovaquia | Krkonose / Karkonosze | 1992 |
| Eslovaquia y Polonia | Tatra | 1992 |
| Rusia y Mongolia | Uvs Lake Depression | 1997 |
| Francia y Alemania | Vosges du Nord / Pfälzerwald | 1998 |
| Rumania y Ucrania | Danube Delta | 1998 |
| Ucrania, Polonia y Eslovaquia | East Carpathians | 1998 |
| Ucrania, Bielorrusia y Polonia | West Polesie | 2003 |
| Mauritania y Senegal | Delta du Fleuve Senegal | 2005 |
| Marruecos y España | Intercontinental BR of the Mediterranean | 2006 |
| España y Portugal | Géres-Xurés | 2009 |
| El Salvador, Honduras y Guatemala | Trifinio Fraternidad | 2011 |
| Francia e Italia | Mont-viso / Area del Monviso | 2013 |
| Albania y Macedonia del Norte | Ohrid-Prespa | 2014 |
| España y Portugal | Meseta Ibérica | 2015 |
| España y Portugal | Tejo / Tajo Internacional | 2016 |
| Benin y Togo | Mono | 2017 |
| Ecuador y Perú | Bosques de Paz | 2017 |
| República Dominicana y Haití | Jaragua-Bahoruco-Enriquillo / La Selle | 2017 |
| Kazajistán y Rusia | Great Altay | 2017 |
| Polonia y Ucrania | Roztocze / Roztochya | 2019 |
| Burkina Faso y Niger | Complex W-Arly-Pendjari | 2020 |
| Croacia, Hungría, Austria, Eslovenia y Serbia | Five-country Mura Drava Danube | 2021 |
| Kenia y Uganda | Mount Elgon | 2023 |
| Bélgica y Reino de los Países Bajos | Kempen-Broek | 2024 |
| Italia y Eslovenia | Julian Alps | 2024 |
Extraído de UNESCO (2025).
Anexo 2.
Niveles de cooperación entre dos áreas protegidas adyacentes
| Nivel de cooperación | Características |
| Nivel 0 (No cooperación) | Personal de dos áreas protegidas (AP) nunca se comunican, ni se comparte información, o cooperación en ningún tema específico. |
| Nivel 1 (Comunicación) | Existe un sistema de doble vía de comunicación entre las AP, se llevan a cabo por lo menos una vez al año reuniones, se comparte alguna vez información, se envía notificaciones de acciones que pueden afectar a la otra AP |
| Nivel 2 (Consultas) | La comunicación es por lo menos tres veces al año, existe cooperación diferentes actividades (al menos dos), se comparten información y se envían notificaciones de acciones que afectan al AP contigua. |
| Nivel 3 (Colaboración) | La comunicación es frecuente (bimensual), hay reuniones cada tres meses, las dos AP cooperan activamente por lo menos en cuatro actividades, algunas veces coordinan sus planificaciones y consultan con la otra AP antes de tomar una decisión |
| Nivel 4 (Coordinación de planeamiento) | Las dos AP se comunican seguido y coordinan acciones en algunas áreas especialmente en planificación. Además, las dos AP trabajan juntas por lo menos en cinco actividades, se reúnen regularmente y se notifican mutuamente en casos de emergencia. |
| Nivel 5 (Coordinación total) | La planificación está totalmente integrada y basada en un ecosistema, con toma de decisiones implícitas combinadas y metas comunes. |
[1] Licenciado en Turismo (UNR). Miembro el Departamento de Medio Ambiente y Desarrollo (IRI-UNLP). romannnmartinez@gmail.com
[2] El turismo de montaña se encuentra relacionado con prácticas específicas que por una parte son deportivas y por otra, están vinculadas con la naturaleza y los grandes espacios, desglosadas en una amplia diversidad de fórmulas que abarcan desde el alpinismo hasta el trekking, así como nuevas formas de prácticas como las aventuras en todoterreno.
