Más allá de la cooperación: el rol de la diplomacia científica en la consolidación del ecosistema espacial argentino

Grupo de Estudios Espaciales y Nucleares

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Más allá de la cooperación: el rol de la diplomacia científica en la consolidación del ecosistema espacial argentino

Stefanía Pintos[1]>

Al abordar el análisis de Relaciones Internacionales contemporáneas, se observa como la ciencia y la tecnología han mutado de variables exógenas a elementos constitutivos del poderío nacional y la política exterior. Al orientarse a la resolución de problemáticas concretas, la ciencia y la tecnología aplicada trascienden el ámbito estrictamente teórico y se incorpora en el juego del poder global. En esta línea, el despliegue de capacidades científico-tecnológicas supera el imperativo industrial para proyectarse como un eje del soft power (Nye, 2008). Como sostiene Joseph Nye, el poder no se limita a la imposición económica o militar, sino que reside en la capacidad de lograr resultados deseados a través de la atracción, dinámicas de persuasión y reconocimiento mutuo; por lo tanto, el liderazgo estatal en sectores de alta complejidad científica y tecnológica opera como un mecanismo de atracción que legitima su posición en el orden internacional (2017, p. 2).

En la actualidad, el desarrollo del sector aeroespacial atraviesa una profunda transformación denominada New Space. A diferencia del modelo tradicional –dominado por agencias estatales y sector militar– este nuevo paradigma se caracteriza por la emergencia de diversos actores privados, la adopción de nuevos estándares tecnológicos y una reducción drástica en los costos de acceso al espacio. Este cambio y apertura permite el acceso de actores no tradicionales, tales como las universidades, empresas privadas, Pymes y diversos centros de ciencia y tecnología, que se incorporan de forma activa a la cadena de valor, impactando directamente en la seguridad nacional, el desarrollo económico y el monitoreo ambiental.

En efecto, la diplomacia científica se erige como el marco conceptual idóneo para aprehender estas dinámicas. Aquí me interesa poner en evidencia que, aunque no se trata de un fenómeno novedoso, el mismo se despliega históricamente en prácticas y principalmente en la articulación de tratados internacionales de desarme o de gestión de espacios compartidos –tales como el Espacio Exterior, océanos y la Antártida– con fines de exploración y ciencia, y en grandes acuerdos de investigación conjunta (Melchor et al., 2020, p. 15).

Frente a la recurrente falta de claridad teórica al buscar un significado único, el concepto no se agota en fórmula. Por lo tanto, si se aspira a obtener una determinación del concepto de diplomacia científica, es necesario comprenderlo como una categoría amplia cuyo alcance varía según los rostros bajo los cuales puede expresarse o manifestarse, ya sea desde una óptica formal o informal. Establecido y precisado este punto, y antes de aventurarnos a profundizar en casos específicos, podemos introducir en este contexto la taxonomía clásica expuesta por The Royal Society (2010), cuya fecunda reflexión estriba en demostrar que esta articulación diplomática opera en tres dimensiones fundamentales:

En primer lugar, nos encontramos con la dimensión denominada “Ciencia en la Diplomacia” que se configura como una función de carácter consultiva y de asesoramiento técnico. Un ejemplo claro que ilustra este punto es la delegación de científicos y expertos que participan del Comité de Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre (COPUOS), en Naciones Unidas. Aquí me interesa poner en evidencia que, al aportar su know-how técnico, la labor de estos actores resulta determinante en la formulación de políticas globales sobre sostenibilidad espacial, mitigación de basura espacial, entre otros.

En un segundo plano, se da “Diplomacia para la ciencia” que implica las acciones y estrategias formales de los gobiernos para potenciar proyectos que viabilicen la cooperación tecnocientífica internacional. En el caso argentino, el establecimiento de marcos jurídicos y acuerdos de cooperación habilita a actores claves –tales como la CONAE, INVAP, universidades del país– a participar en proyectos de codesarrollo de satélites de alta complejidad en conjunto con otras agencias del mundo.

Finalmente, en su formulación original, “Ciencia para la Diplomacia” consiste en usar la cooperación científica para la eficacia de las relaciones internacionales (Gluckman et al., 2017). De los argumentos que esboza Eduardo Diez (2016), al remontarnos a la década de los setenta y principios de los ochenta, el vínculo entre Argentina y Brasil estaba marcado por la desconfianza mutua y rivalidad geopolítica. Sin embargo, la progresiva cooperación diplomática en ciencia y tecnología reconfiguró dicho escenario, trascendiendo de una mera plataforma de entendimiento mutuo para afianzarse como un recurso estratégico. Es innegable que la diplomacia en materia científico-tecnológica fue un pilar fundamental para transformar escenarios de recelo en una alianza estratégica, la cual se materializa con proyectos como la misión satelital SABIA-Mar (pp. 160-171). Podemos observar como la ciencia y la tecnología puede ser un catalizador de confianza mutua en la región, constituyéndose como un interés compartido.

En el marco de estos aportes, resulta pertinente introducir la perspectiva de Ruffini (2017). Es dentro de esta concepción donde postula que la diplomacia científica emerge de la intersección entre la política exterior, la ciencia y la tecnología. Para él se manifiesta como un conjunto de prácticas en las que interactúan investigadores y diplomáticos para retroalimentar la cooperación internacional y asistir estratégicamente la conducción de negociaciones.

La línea donde una actividad de cooperación técnica se transforma en diplomacia científica radica en la intencionalidad política que la sostiene; esto es, un diseño más bien estratégico de política exterior articulado por el Estado, la academia y el sector privado bajo una estructura institucional sólida. Bajo esta lógica al insertarse en estas redes técnicas globales, el “ecosistema espacial argentino” (López et al., 2021, p. 42) no solo intercambia información, sino que valida sus capacidades estratégicas y activos tecnológicos propios, consolidándose como un actor “confiable”, legitimando su posición y ampliando su margen de maniobra frente a la comunidad internacional (Blinder, 2017). Esta búsqueda de “confiabilidad” es central, donde la diplomacia científica no funciona como una carta de presentación y demostración de capacidades técnicas, sino demostrar en la arena internacional que el país cuenta con la estabilidad institucional necesaria para ser un socio estratégico a largo plazo.

Conviene volver hacia el otro polo de atracción: la aplicación de esta estrategia de diplomacia científica en la industria espacial argentina. En este escenario, el sector espacial se erige como una dimensión de gran relevancia, fundamental para la proyección y construcción de poder a largo plazo de los Estados (Leal, 2025, p. 198). Es innegable que esta tecnología constituye un pilar estratégico de la política exterior, cuyo carácter distintivo radica en las necesidades de grandes inversiones y en su naturaleza intrínsecamente dual –aplicaciones tanto en el ámbito civil como militar–. Se deduce de ello que el despliegue de estas capacidades posee un carácter que impacta directamente en la seguridad nacional, el desarrollo socioeconómico, la provisión de conectividad, el monitoreo ambiental, la gestión y mitigación de catástrofes naturales, control de fronteras y el control de recursos agropecuarios y marítimos (López et al., 2017).

En suma, se infiere de aquí que, para lograr que esta agenda trascienda los ciclos de gobierno, la institucionalización es imperativa. Al respecto, Pienizzio (2025) sugiere que la inclusión de una “cláusula espacial” en la Constitución Nacional es vital para fortalecer el área y erigirla como una auténtica Política de Estado. Esta necesidad de consolidación constitucional cobra un sentido clave en el sector espacial, donde los tiempos de investigación, inversión y desarrollo de tecnología satelital exigen una continuidad temporal que excede los mandatos presidenciales. Queda en pie un hecho sin duda notable: la diplomacia científica no puede quedar relegada a la coyuntura del momento. Solo mediante un marco legal supremo se evitará que los proyectos que requieren de capital intensivo se cancelen frente a los vaivenes políticos locales, garantizando así los objetivos nacionales y afianzando de manera permanente el posicionamiento de nuestros activos tecnológicos en el exterior (Blinder, 2017).

De esta primera advertencia deriva una segunda: en el escenario internacional contemporáneo es necesaria una relectura que posicione al conocimiento técnico como un activo de influencia de primera importancia. Ante contextos de tensión geopolítica, la diplomacia científico-técnica se erige como un puente de resiliencia para reconstruir vínculos que a veces la estrategia tradicional no puede sostener. Para que esto funcione, el punto de partida de esta condición radica en articular la diplomacia científica como una estrategia soberana vinculada directamente a la producción de bienes de alta complejidad. De este modo, asegurar la viabilidad de este “ecosistema espacial argentino” —que integra transversalmente a agencias, universidades, instituciones especializadas y el sector privado— permitirá sostener una agenda a largo plazo. En definitiva, este enfoque busca trascender el monopolio exclusivo de las relaciones Estado-Estado, fomentando vínculos transnacionales equilibrados con el exterior. Es menester pensar cómo adaptar y aplicar de manera eficaz estos mecanismos institucionales en América Latina, teniendo en cuenta que estos marcos teóricos de la diplomacia científica han sido conceptualizados y diseñados en principio desde la experiencia institucional europea. En definitiva, el verdadero desafío para el pensamiento latinoamericano radica en dejar de ser meros consumidores de teorías; el sector espacial nos exige que reinterpretemos la diplomacia científica como un modelo que es dinámico y que exige una resignificación acorde a las capacidades y prioridades de la región para ser utilizada como una herramienta geopolítica.

Referencias

Blinder, D. (2017). Argentina en el espacio: política internacional en relación a la política tecnológica y el desarrollo industrial. Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, 12(1), 159-183. http://dx.doi.org/10.18359/ries.2468

Diez, E. (2016). Cooperación nuclear y espacial: El caso argentino-brasileño: de la competencia a la colaboración. Perspectivas Revista de Ciencias Sociales, 1(2), 157–175. https://doi.org/10.35305/prcs.v0i2.263

Gluckman, P. D., Turekian, V., Grimes, R. W. y Kishi, T. (2017). Science Diplomacy: A pragmatic perspective from the inside. Science & Diplomacy, 6(4). http://www.sciencediplomacy.org/article/2018/pragmatic-perspective

Leal, M. A. (2025). Hacia la conquista del espacio: Retos y perspectivas de la política aeroespacial argentina. Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú, 4(1), 193-220. https://doi.org/10.56221/spt.v4i1.79

López, A., Pascuini, P. y Ramos, A. (2017). Al infinito y más allá: Una exploración sobre la economía del espacio en Argentina (Documento de trabajo 2017-17). Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) UBA-CONICET.

López, A., Pascuini, P. y Alvarez, V. (2021). Integración local y derrames tecnológicos en el sector espacial argentino: Situación y potencialidades (Documento de Trabajo del CCE N° 8). Consejo para el Cambio Estructural – Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.

Melchor, L., Lacunza, I., Elorza, A., McGrath, P., Rungius, C., Flink, T. y Aukes, E. J. (2020). What is science diplomacy? En S4D4C European Science Diplomacy Online Course, Module 2. S4D4C.

Nye, J. S. (2008). Public Diplomacy and Soft Power. The Annals of the American Academy of Political and Social Science, 616(1), 94-109. https://doi.org/10.1177/0002716207311699

Nye, J. (2017). Soft power: The origins and political progress of a concept. Palgrave Communications, 3(17008). https://doi.org/10.1057/palcomms.2017.8

Pienizzio, A. (2025). La Constitución Nacional y el Derecho del Espacio Ultraterrestre: La inclusión de una ‘cláusula’ como forma de constitucionalización de la Política Espacial [Trabajo Final de Investigación de Especialización, Instituto Nacional de Derecho Aeronáutico y Espacial].

The Royal Society. (2010). New frontiers in science diplomacy: Navigating the changing balance of power. The Royal Society. Vera, N. y López, M. P. (2023). Diplomacia científica en la Argentina contemporánea. Un mapeo de iniciativas en los Ministerios de Ciencia, Tecnología e Innovación y de Relaciones Exteriores (2019-2022). Estudios Internacionales, 55(204), 153–185. https://doi.org/10.5354/0719-3769.2023.67792


[1] Stefanía Pintos es estudiante avanzada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la Facultad Teresa de Ávila de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA – Paraná) e integrante del Grupo de Estudios Espaciales y Nucleares (GEEyN – IRI – UNLP). Diplomada en Periodismo Internacional (UNC) y ayudante de la cátedra de Historia Política Contemporánea en dicha facultad, es voluntaria del área de divulgación científica en el Observatorio de Oro Verde de la Asociación Entrerriana de Astronomía (AEA), en la provincia de Entre Ríos. Correo de contacto: stefipintos03@gmail.com.