Departamento de Relaciones Económicas Internacionales
Artículos
Una breve reseña sobre Afganistán y la banca islámica
Hugo Martin Sanchez
Introducción
Uno de los objetivos del presente ensayo es el de introducir y describir el sector bancario islámico, proporcionando una visión general para entender las bases de su funcionamiento. Asimismo, se examina el caso de Afganistán como ejemplo de islamización bancaria, analizando los beneficios potenciales para su economía de ese país, y detallando los obstáculos para lograr una implementación efectiva.
Dado el rol del sector bancario como intermediario al contribuir en la circulación de capital entre personas físicas y/o jurídicas, recibiendo depósitos en dinero y dándolos en préstamo a quienes lo solicitan, desempeña un papel clave en la economía moderna. De esta manera, los clientes reciben intereses sobre sus ahorros depositados, mientras que los bancos obtienen una ganancia efectuando préstamos en su rol de intermediarios financieros, lo cual conlleva, a su vez, a la creación de dinero secundario
Hoy día, una gran parte de los ahorros se encuentran depositados en el sistema bancario, lo cual se ve consolidado con una amplia gama de servicios ofrecidos, tales como cajas de ahorro, cuentas corrientes, tarjetas de crédito, cheques, cajeros automáticos y otros, que facilitan así la realización de pagos a través de los bancos para el intercambio de bienes y servicios.
Los bancos islámicos encajan en el contexto general del sistema económico global. Si bien no resultan ser un concepto novedoso, su expansión es un fenómeno ciertamente reciente. Emergieron en el mundo financiero en la década del ´70 y con el paso del tiempo esa iniciativa experimentó un éxito, contabilizándose en la actualidadalrededor de 400bancos islámicos en más de 80 países.
Este tipo de bancos son aquellos que siguen los preceptos de la Sharia o ley islámica. A diferencia de los bancos convencionales, las transacciones llevadas a cabo no pueden incluir el pago de intereses a una tasa predeterminada o fija; en cambio, se reparten los beneficios, pérdidas, riesgos, la compra y venta de bienes y servicios y la prestación de servicios a cambio de una comisión. A su vez, los bancos islámicos tienen prohibido negociar con productos financieros que conlleven riesgo, por lo que de se han desarrollado instrumentos específicos para cumplir esos requisitos. que evitan el concepto de interés e implican un cierto grado de reparto de riesgos.
El crecimiento de este tipo de instituciones se dio no solo en los países musulmanes de Medio Oriente, sino en otros como Bangladesh, Malasia, Indonesia o en aquellos no-musulmanes ubicados principalmente en Europa. Ciertos países como Pakistán, Sudán e Irán islamizaron completamente sus sistemas, lo cual conllevó a que los bancos islámicos incrementaran rápidamente en valor, participación de mercado y alcance geográfico. Actualmente se prevé que continúe expandiéndose para abarcar la mayoría de los mercados financieros a nivel internacional.
En este contexto, diversos países alrededor del mundo están implementando medidas efectivas para expandir las finanzas islámicas a través de estrategias de desarrollo y regulaciones gubernamentales, como por ejemplo la promoción de productos financieros, alianzas estratégicas y modificaciones del marco legal, entre otras. El objetivo general consiste en utilizar las finanzas islámicas como herramienta para aumentar la actividad económica general.
Hacia fines de 2023, Afganistán anunció la completa islamización de sus bancos. Esta decisión, produjo una completa transformación del sector bancario y financiero en líneas con los preceptos de la Sharia. En una economía debilitada como la de Afganistán producto de las crisis y los conflictos armados, la inclusión financiera podría ser un camino para mejorar las condiciones de vida de la población, reducir la pobreza e incentivar el desarrollo económico.
Aunque todavía es demasiado pronto para aseverar el impacto que esto tendrá en el sistema bancario y la política monetaria, es posible vislumbrar los desafíos a los que deberá enfrentar la economía afgana.
Inclusión financiera
De acuerdo con el Banco Mundial (Banco Mundial 2022). , la inclusión financiera es el “acceso que tienen las personas y las empresas a diversos productos y servicios financieros útiles y asequibles que atienden sus necesidades —transacciones, pagos, ahorro, crédito y seguros— y que se prestan de manera responsable y sostenible”.
Como elemento clave de inclusión social, es especialmente útil para combatir la desigualdad de ingresos y la pobreza ya que aumenta las oportunidades de avance de las poblaciones desfavorecidas en las economías emergentes. La inclusión financiera también desempeña un papel importante en el desarrollo económico, especialmente en términos de crecimiento del PBI. Según la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, se la asocia positivamente con el crecimiento del PBI de hasta un 14% en aquellas economías en desarrollo (United Nations Environment Programme Finance Initiative 2021). Asimismo, resulta imprescindible para alcanzar algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus metas establecidos por la ONU en 2015. [1]
Como explican Than Van y Ha Linh, a través de la inclusión financiera las empresas y los hogares también tienen la oportunidad de aumentar sus ingresos y su autosuficiencia, lo que afecta positivamente desarrollo económico de un país. La falta de acceso a productos financieros formales y servicios puede resultar en la pérdida de oportunidades de desarrollo, mayor pobreza y costo de acceso (Thanh Van et al., 2019).
Islam
El sistema financiero islámico es aquel que cumple con la ley islámica o Sharia (Shari’ah). La Sharia no traza una distinción entre lo religioso y lo secular, entre lo legal, ético, y moral, o entre los aspectos públicos y privados de la vida de los musulmanes. No se debe subestimar el factor islámico simplemente porque un estado en particular no está constituido como un estado islámico, o porque su sistema legal no pretende cumplir con la Sharia [2].
La Sharia tiene cuatro fuentes principales: el Corán (Quran), la sunna (Sunnah) o colección de dichos y enseñanzas del Profeta Mahoma, el consenso de la comunidad (ijma) y el razonamiento analógico (qiyas) (Venkatraman 1995).
El método de interpretación de la Sharia se denomina fiqh, término con el que se designa la jurisprudencia islámica en todas sus versiones y, según el Diccionario de Derecho Islámico de Oxford, es “conceptualmente, el intento humano de entender la ley divina” (Esposito 2003). Cada escuela de fiqh se denomina madhab (plural, madahib). Los juristas desarrollaron diversas metodologías interpretativas que equilibran la necesidad de autoridad, legitimidad y discreción.
Tal como señala Pallares Bosa (2011), la Sharia se encuentra compuesta por dos tipos de normas: a) las ibadaat, disposiciones que refieren a la relación del hombre con Alá, es decir, a lo que impropiamente podría reducirse como el ritual religioso. En este último sentido, se refieren a las acciones que sirven para adaptar la vida del creyente a la voluntad de Dios y a los cinco pilares del Islam, incluso prohíbe cualquier forma de innovación; b) las mualamat: normas u obligaciones civiles que gobiernan las acciones y relaciones del musulmán con los demás seres humanos, y, por tanto, incluyen aspectos de la vida social, económica, política, etc.
En esencia, existe una flexibilidad en tópicos relacionados con esta segunda categoría de la Sharia. Dicha flexibilidad está reflejada en la máxima que dice la regla o norma predeterminada con respecto a las cosas generalmente es la permisibilidad a menos que esté prohibido. Esto prevalece en todas las situaciones hasta que haya evidencia en contra del Corán o la sunna (Shafi 2022).
Asimismo, los actos diarios se clasifican en “necesarios” (wajib), “recomendados” (mandub), “desaprobados” (makruh), “prohibidos” (haram) y “neutros” (mubah) (Esposito 2003)
Por su propia esencia, el islam permanece atado a una interpretación político-jurídica de los textos religiosos, que toma como punto de partida el Corán y la sunna. Dicho esto principales escuelas jurídicas se dividen de la siguiente manera:
• Las cuatro escuelas sunnitas: hanafista, maliki, shaafi y hanbalí, que comprenden hoy en día a la mayoría de la población musulmana;
• Las escuelas chiitas divididas en diferentes grupos, cuyos principales son los jaafaristas, los zaidies y los ismailistas;
• Los ibadistas, una rama separada de los sunnitas y los chiitas, que son mayoritarios en Omán.
Estas diferencias de interpretación tienen implicancias significativas para el desarrollo de las finanzas islámicas, dado que la falta de armonización puede generar incertidumbre sobre la determinación de que instrumentos financieros son compatibles con la Sharia.
Hecha esta salvedad, y tal como se desarrollará más adelante, el Emirato Islámico de Afganistán sigue los preceptos de la escuela hanafista o hanafi de jurisprudencia sunnita (Lombardi y March 2022). Esta fue la primera dentro de la rama sunnita, cuyo fundador Abu Hanifa Al-Numan ibn Thabit, vivió a principios del siglo VIII en Kufa, actual Irak.
Según los hanafistas, la primera y fundamental fuente del derecho es el Corán y nada puede contradecirla. Después, ha de atenderse a la sunna, que contiene los hadices o dichos de Mahoma, pero solo si son auténticos y están muy extendidos, siendo la única garantía contra los falsos hadices que proliferaron en los primeros tiempos del islam. En tercer lugar, y por este orden de prelación, ha de tenerse en cuenta el ijma o consenso de los compañeros de Mahoma, los sahaba, que eran los diez primeros predicadores de la fe. La cuarta fuente es la opinión individual de un compañero de Mahoma, a falta de opinión colectiva y, en quinto lugar, para aquellos asuntos en los que ninguna de las anteriores fuentes aporta claridad, Abu Hanifa propone el razonamiento analógico o qiyas. La sexta fuente es la preferencia o istihsaan, es decir, el juez puede optar por aplicar el argumento que le parezca más adecuado a la situación, siempre inspirándose en los principios generales derivados del Corán. Por último, a falta de prescripción religiosa, es legítimo recurrir a la costumbre local, sea esta cual fuere y si no entra en contradicción con la fe. Estos últimos tres elementos -razonamiento analógico, preferencia y costumbre-, les han valido al hanafismo la reputación de liberal ante otras escuelas islámicas (Chebel 2011; Esparza 2015).
Religión y economía
El rol de la religión y la economía ha sido estudiado históricamente por los economistas. La investigación empírica existente muestra una evidencia mixta sobre la relación entre el islam y el crecimiento económico. Por ejemplo, se ha demostrado que la proporción de la población musulmana está asociada negativamente con el crecimiento económico (Barro y Mccleary 2003), mientras que en una línea similar se ha sostenido que el islam, entre las principales religiones monoteístas, es la que menos apoyo le brinda a las actividades que lo favorecen (Guiso et al. 2003). En contraste, Noland muestra que la proporción de población musulmana en un país está asociada positivamente con la productividad total de los factores (Noland 2005).
En el islam, no existe el concepto de una economía que funcione independientemente de los criterios religiosos que forman cada aspecto de la vida humana: el homo economicus no es independiente ni está separado del homo islamicus o creyente (Bayuni y Srisusilawati 2022).
Desde el punto de vista de las finanzas islámicas, los objetivos de la Sharia o maqasid al-Shari’ah incluyen la circulación continua de la riqueza en la sociedad y la inversión, el éxito económico de la comunidad mediante la satisfacción de las necesidades básicas, la transparencia financiera para reducir los conflictos y la permisibilidad de la propiedad privada y estatal de la riqueza (Heravi 2022). Para lograr estos objetivos es necesario conciliar el sistema financiero secular con los principios básicos de la fe islámica (Iqbal 1997).
Las finanzas islámicas -incluido el sector bancario- contienen tres restricciones principales, conforme la Sharia, que tienen impacto directo en las instituciones y lo reemplazan con un esquema de participación en pérdidas y ganancias.
La primera prohibición es de riba, concepto asimilable al de usura o interés (Esposito 2003). Este concepto refiere al dinero que una persona -prestamista- obtiene al darle a otra -deudor- en calidad de préstamo, el cual depende del monto y período del mismo.
La prohibición de la usura o interés también puede ser encontrada en las principales religiones del mundo como el cristianismo, el judaísmo, el hinduismo y el budismo (Mahmood 2016). Asimismo, esta interdicción tiene el consenso de todas las escuelas de pensamiento islámicas, tal como ha quedado evidenciado en un veredicto de la Academia Islámica de Fiqh (Iqbal y Molyneux 2005).
En el Corán [3] hay cuatro referencias concretas a la riba en diversos capítulos:
«Lo que pagáis como intereses para que aumente la riqueza de los hombres, no la aumenta a la vista de Al‑lah; sin embargo, todo lo que dais en Zakat buscando el favor de Al‑lah, sabed que a éstos es a quie nes se aumentará muchas veces su riqueza» (Corán 30:40).
«Así, debido a la trasgresión de los judíos, les prohibimos cosas puras que les habían sido permitidas, y también por haber extraviado a muchos hombres del camino de Al-lah; y por cobrar intereses, aunque se les había prohibido, y por devorar injustamente los bienes de las gentes. Pero para los incrédulos hemos preparado un doloroso castigo » (Corán 4:161-162).
«¡Oh, vosotros, los que creéis! no devoréis intereses que llevan inherente su multiplicación; y temed a Al-lah para que prosperéis» (Corán 3:131).
“Los que consumen del interés no se levantarán, salvo como se levanta el que ha sido derribado por Satanás con la locura. Eso es porque dicen: ´El comercio es como la usura´; cuando Al-lah ha hecho líci to el comercio e ilícito el interés. (…) Al-lah elimina el interés y hace que aumente la caridad (…) ¡Oh creyentes! temed a Al-lah y abandonad lo que os quede de usura, si es que creéis. Pero si no lo hacéis, entonces esperad la guerra de Al-lah y Su Mensajero; pero si os arrepentís, tendréis vuestras sumas origi nales; así no perjudicaréis ni seréis perjudicados. Y si cualquier deudor se encuentra en dificultades, concededle un plazo hasta que vengan tiempos mejores. Y si se lo perdonáis como limosna será mejor para vosotros, ¡si lo supierais!” (Corán 2:276-280).
Según Siddiqi, estos textos sugieren que la riba está prohibida dado que corrompe la sociedad, implica la apropiación indebida de bienes ajenos, su efecto final es un crecimiento negativo, que degrada y disminuye la personalidad humana y resulta ser injusta. Por ello, cualquier cargo excesivo en un contrato de préstamo es riba y los intereses bancarios no tienen excepción (Siddiqi 2004).
Bidabad establece algunos criterios para distinguir la usura de las transacciones que no lo son: a) el prestamista debe participar en las ganancias/pérdidas de la actividad económica del prestatario; b) el tipo de interés no deberá determinarse ni condicionarse previamente y; c) los intereses de los préstamos al consumo son usura (Bidabad 2019).
La prohibición de usura es uno de los ejes necesarios del sistema financiero y bancario islámico. En el sistema convencional, el banco gana intereses independientemente del resultado del uso de los fondos mientras que en el sistema islámico el prestamista comparte las ganancias en una proporción previamente acordada, centrándose en la solidez del proyecto para el cual se destinarán los fondos.
La segunda prohibición es la conocida como gharar. Este concepto remite a la noción de especulación, cuyo significado consiste en asumir riesgos excesivos o tener incertidumbre innecesaria en un contrato (Habib 2018). Por ello, el islam exige que todos los aspectos de la transacción o contrato sean transparentes y conocidos por todas las partes, lo que reduce significativamente el posible conflicto.
En las finanzas islámicas modernas el gharar puede ser de tipo fahish, es decir, una cantidad sustancial de lo objetable, que está prohibido, y yasir, cuya cantidad es trivial y es tolerado por las normas de la Sharia (Iqbal y Molineux 2005). Aquellas características indefinidas que constituyen gharar surgen cuando hay un desconocimiento respecto del tipo del objeto, atributo, cantidad, precio, características, incluida también la contratación sobre aquellos no existentes, entre otros (Iqbal y Molineux 2005). La existencia de gharar puede privar a las partes contratantes del mismo poder de negociación y en consecuencia provocar la imposibilidad de tomar decisiones informadas.
La tercera prohibición es la de maysir. Para clarificar este concepto es necesario considerar los tres tipos de riesgo existentes. El primero de ellos radica en el riesgo empresarial, dado que toda actividad o negocio implica incertidumbre que puede generar riesgos. El segundo de ellos refiere a la posibilidad de sufrir pérdidas por desastres naturales o calamidades. El último es aquel innecesario que no forma parte de la vida cotidiana y al cual una persona se expone voluntariamente (Iqbal y Molineux 2005). Este último tipo de riesgo es el maysir y es el que está prohibido por el islam, el cual incluye todos los juegos de azar en los que uno puede ganar sin ningún esfuerzo o perder todo por casualidad, sin ninguna actividad productiva involucrada (Habib 2018).
El Corán refiere a esta prohibición de la siguiente manera:
“(…) Los intoxicantes, el juego de azar, los ídolos y las flechas de la suerte no son más que una abomi nación de las obras de Satanás. Absteneos, pues, de cada una de ellas para que prosperéis. Satanás sólo busca crear enemistad y odio entre vosotros mediante los intoxicantes y los juegos de azar (…)” (Corán 5:91-92)
Además de estas restricciones existen dos principios que sirven a las finanzas islámicas. Uno de ellos es la participación en pérdidas y ganancias. Según este principio, quien exige ganancias sobre el capital también debería participar en las pérdidas. Esto marca la diferencia de los bancos convencionales, ya que los clientes son responsables de cualquier pérdida, debiendo pagar el capital y los intereses independientemente del éxito o fracaso de su negocio (Naseri y Sharofiddin 2020).
Finalmente, las finanzas islámicas únicamente deben solventar negocios o empresas permitidas o halal. Teniendo en cuenta que la regla o norma predeterminada con respecto a las cosas generalmente es la permisibilidad, está prohibido el financiamiento de todas actividades estrictamente prohibidas o haram, que están relacionadas principalmente con el tabaco, el alcohol, la carne de cerdo y los juegos de azar, entre otros (Hanif 2014; Hussain et al 2015).
Asimismo, para poder conjugar estas prohibiciones y principios se han desarrollado diversos instrumentos financieros o contratos islámicos que pueden ser clasificados de la siguiente manera: a) aquellos que implican la participación en pérdidas y ganancias, tales como mudarabah y musharakh; b) los de participación indirecta como murabahah y ijarah; y c) los servicios tales como wadi´ah (Hussain et al 2015).
Los contratos mudarabah son aquellos en los que el propietario del capital (rab al mal) entrega dinero al solicitante (mudareb)quien a su vez se compromete a gestionar la cantidad entregada con miras a obtener ganancias. Al concluir el contrato las ganancias son divididas entre las partes en forma porcentual, y el mudareb obtiene una cuota extra por proporcionar el conocimiento profesional para llevar a cabo el negocio o la administración de la inversión (Thomson Reuters s.f.).
Por otra parte, los contratos musharakh son de inversión conjunta. Las partes aportan capital de forma conjunta, en este caso los bancos y los clientes. Las ganancias generadas se comparten de acuerdo con los términos del acuerdo, mientras que las pérdidas se comparten en proporción a la participación de capital de cada socio (Da Afghanistan Bank s.f. a).
La diferencia entre mudarabah y musharakh consiste en que la inversión en el primer caso es responsabilidad exclusiva del rab al mal quien no participa en la gestión dado que esta le corresponde al mudareb. En el musharakh, por su parte, proviene de todos los socios, quienes pueden participar en la dirección del negocio. En el mudarabah la pérdida la sufre el rab al mal, en tanto que en el musharakh los socios comparten la misma en en la proporción de su inversión (Mastoor 2014).
Respecto a los contratos de participación indirecta se distingue el murabahah. Es un instrumento de financiación a corto plazo mediante el cual un banco compra bienes a petición de un cliente y los revende a otros clientes a un precio superior a través de pagos diferidos. Si bien funciona sobre una base bastante similar a los préstamos a corto plazo otorgados por los bancos tradicionales, este contrato difiere en que el banco es propietario temporalmente de los bienes (Khelwati 2008).
Por otra parte, el contrato ijarah funciona como arrendamiento con opción de compra o leasing, mediante el cual el arrendatario puede comprar el bien (Khelwati 2008). De acuerdo al Da Afghanistan Bank (en adelante DAB), para que este contrato sea conforme a la Sharia, el plazo debe estar estrictamente estipulado, el objeto cierto y determinado y los montos a pagarse específicamente determinados (Da Afghanistan Bank s.f. b)
Los contratos salam son utilizados en los negocios agrícolas. El banco le paga al agricultor por la entrega de los productos agrícolas que se darán en un futuro, es decir, al momento de completar la cosecha. El banco realiza una estimación del precio futuro y la diferencia entre el precio al contado, el cual se negociado al momento del contrato, y el precio futuro es la ganancia del banco (Hanif 2014).
Además, se ofrece el tipo de contrato istina, un acuerdo entre un comprador y un vendedor, donde el comprador exige que la construcción de un bien al vendedor. El comprador acude al banco islámico para que actúe como fabricante del bien o como intermediario para financiar dicha fabricación en manos de otro, firmando un istina paralelo (Habib 2018).
Entre los instrumentos financieros encontramos los sukuk, que son la alternativa a los bonos convencionales y que han sido declarados legítimos por la Academia Islámica de Fiqh (Habib 2018). Estos son certificados que representan la propiedad proporcional de una parte indivisa de un activo, mientras que el titular del certificado tiene todos los derechos y obligaciones relacionados con dicho activo. Estos pueden aumentar de valor cuando los activos hacen lo propio, por lo que el precio está fijado por dicho valor y puede ser vendido como activo. La diferencia con los bonos convencionales es que estos son obligaciones de deudas cuyo precio se basa en la calificación crediticia y los beneficios son los intereses, prohibidos estos por la Sharia (Mohammed 2014).
Respecto a los servicios, están los depósitos de dinero o wadi´ah. A través de estos una persona deposita una cierta cantidad de dinero en el banco a la vista, o al cumplirse el plazo acordado. La diferencia con el depósito convencional es que este dinero no genera interés dada la prohibición de riba y tampoco puede utilizarse. Sin embargo respecto a este último punto, la responsabilidad del banco difiere entre las diferentes escuelas islámicas. Según los malikitas, el banco no es responsable si devuelve un bien idéntico, lo cual no es admitido por los hanafitas, mientras que según los shaafitas es responsable en ambos casos (Ibrahim y Mohd Noor 2011).
En el sistema bancario también entran en juego los bancos centrales, cuyas funciones en una economía islámica resultan similares a los convencionales, teniendo la facultad de regular las operaciones bancarias y financieras, tanto para asignar recursos de conformidad con las prioridades de la sociedad como para dirigir la política monetaria hacia objetivos específicos (Khan y Mirakhor 1986). Sin embargo, la necesidad de cumplir con los principios de la Sharia complica la implementación de la política monetaria.
En aquellos países musulmanes en los que las instituciones financieras deben cumplir con la Sharia o en los sistemas duales que permiten operar tanto a los bancos convencionales como a los islámicos resulta obligatorio la creación de un Consejo de Supervisión de la Sharia (Habib 2018). Aunque las características y funciones exactas de los Consejos difieren entre países, su implementación es un factor esencial que determina si un banco es islámico o no y resulta ser un requisito para ser incorporado a la Asociación Internacional de Bancos Islámicos (Warde 2000). El Consejo actúa como un organismo independiente formado por al menos tres expertos en jurisprudencia islámica -que también tienen conocimientos en instituciones financieras-, cuya tarea es supervisar la implementación de la Sharia en los bancos. Para ello pueden emitir fatwas [4], las cuales son obligatorias para las instituciones y realizar interpretaciones o ijtihad para otorgarles claridad y certeza a los operadores (International Islamic Fiqh Academy 2009).
El primer país musulmán que promovió la creación de un banco islámico de la historia fue Egipto en 1971, cuando comenzó a operar el Nasser Social Bank. Sus objetivos eran principalmente sociales, su enfoque incluía la provisión de préstamos a aquellas personas con recursos limitados, el otorgamiento de becas a estudiantes y de microcréditos para proyectos de pequeña escala. En 1975 se estableció el Banco Islámico de Dubai en Emiratos Árabes Unidos, el primero con iniciativa privada, y también el Banco Islámico de Desarrollo como institución financiera multilateral que surgió por iniciativa de los países de la Organización de la Conferencia Islámica (Iqbal y Molyneux 2005).
Entre 1975 y 1990, los bancos islámicos experimentaron una consolidación significativa, impulsada por la creciente necesidad de servicios financieros conformes a la Sharia, la estrecha asociación entre las principales instituciones bancarias y los gobiernos, así como por la abundancia de recursos petroleros en los estados del Golfo Pérsico (Al Amer 2018).
Según señalan Salman y Nawaz (2018), los bancos islámicos y los convencionales no presentan diferencias entre sí en términos de su desempeño. Esto ha evidenciado un crecimiento de los bancos islámicos, a raíz de su mejor desempeño en los últimos años y que no se ha visto afectada por las crisis financieras mundiales en la misma medida que la banca convencional. No obstante, la Academia Islámica de Fiqh prohibía a los musulmanes utilizar bancos convencionales si había un banco islámico presente en su zona (Wilson 1998),
Desde un punto de vista teórico, en el sistema bancario tradicional se espera que el banco garantice el valor nominal del depósito, por lo que un shock puede causar una divergencia entre el valor real de los activos y los pasivos. Si el banco no puede absorber pérdidas a través de sus reservas y préstamos del banco central, esta divergencia bien puede traducirse en un posible colapso del mecanismo de pagos. En el sistema bancario islámico, el valor de los depósitos -la principal fuente de fondos- está directamente vinculado a las ganancias. En consecuencia, este valor va a fluctuar según el desempeño del banco y cualquier shock en las posiciones de activos será absorbido por los cambios en el valor de los depósitos, excluyendo la posibilidad del colapso (Khan y Mirakhor 1989). Por ello, los bancos islámicos estarían menos expuestos a la naturaleza cíclica de la tasa de rendimiento del capital, aunque ello obedece a que las personas que depositan dinero no buscan sacar provecho de sus ahorros.
| Aspecto | Bancos convencionales | Bancos islámicos |
| Principio básico | Operan bajo el sistema financiero convencional y basado en intereses. | Operan bajo principios islámicos, basados en la Sharia, que prohíbe, entre otras cosas, el interés (riba) |
| Intereses | Cobran y pagan intereses sobre los depósitos y préstamos. | El interés está prohibido. Los productos financieros ofrecidos promueven la participación en ganancias y pérdidas (mudarabah, musharakah) |
| Riesgo y participación | Asumen el riesgo financiero, pero suelen transfieren el riesgo al cliente. | Comparten el riesgo con el cliente, lo que fomenta una mayor equidad y colaboración. |
| Productos financieros | Ofrecen productos tradicionales como préstamos con interés, cajas de ahorro, tarjetas de crédito, etc. | Ofrecen productos conforme a la Sharia, como murabaha (venta con margen de ganancia), ijara (arrendamiento) y sukuk (bonos islámicos). |
| Inversiones | Pueden invertir en cualquier tipo de activo, siempre que sea conforme a las leyes. | Prohíben las inversiones en actividades que contravengan la ética islámica, como el alcohol, el juego, la especulación y otras actividades no permitidas. |
| Garantías | Los préstamos suelen requerir garantías y un alto nivel de endeudamiento. | Los préstamos en bancos islámicos a menudo no requieren intereses, pero pueden implicar acuerdos de compartir activos o ganancias y riesgos. |
| Rentabilidad | Los bancos tradicionales generan ganancias principalmente a través de los intereses sobre los préstamos y las inversiones. | Los bancos islámicos generan ganancias a través de la compra y venta de activos, participaciones en empresas y otros contratos de asociación. |
En la actualidad se estima que los activos de los servicios financieros islámicos a nivel global alcanzaron los 4.5 billones de dólares, de los cuales el 72% pertenecen a los bancos islámicos. Esto implicó un aumento en el período 2012-2022 del 163% y se espera que alcance los 6.7 billones de dólares en 2027 (Islamic Corporation for the Development of the Private Sector 2023). El crecimiento registrado es significativamente mayor que el del sector financiero en su conjunto, que experimentó una contracción del 5,2% en activos en dólares entre 2021 y 2022 (Statista 2024).
Aunque las finanzas islámicas constituyen menos del 2% del sistema financiero global (Tashtamirov y Abdurakhmanova 2021), la banca islámica resulta ser sistemáticamente importante en 15 países, los cuales representan el 92% de la totalidad de los activos bancarios islámicos a nivel global. Tres de estos países, Irán, Pakistán y Sudán tienen un sistema bancario completamente islamizado. El resto ha implementado sistemas financieros duales en los que los bancos islámicos coexisten con los bancos convencionales (Islamic Financial Services Board 2023). Asimismo, varios bancos occidentales poseen sucursales que ofrecen servicios financieros islámicos a sus clientes, tales como el Citibank, Bank of América, HSBC, entre otros (Khan 2010).
Sistema en Afganistán
El sistema bancario afgano tuvo su origen con el establecimiento del Bank Millie Afghan (BMA) en el año 1933, que fue nacionalizado en 1976 (Bank-e-Millie Afghan s.f.). En 1939 nació el Da Afghan Bank (DAB), que comenzó a cumplir las funciones bancarias estatales de Afganistán como banco central, las cuales eran realizadas previamente por el BMA (Da Afghanistan Bank s.f.).
El principal objetivo del DAB es preservar la estabilidad de los precios internos. Asimismo, y subordinados al objetivo principal, se encuentran fomentar la liquidez, la solvencia y el funcionamiento eficaz de un sistema financiero estable basado en el mercado, y promover un sistema seguro, sólido y eficiente de pagos, buscando el crecimiento económico sostenible (Da Afghanistan Bank 2018a).
A lo largo de la historia, y producto de los diversos conflictos armados civiles e internacionales, Afganistán ha tenido una limitada conexión con el sistema financiero internacional. Cuando los talibanes tomaron el control por primera vez en 1996, el país tenía cuatro bancos que participaban internacionalmente: el DAB y otros tres bancos estatales, el BMA, el Banco de Desarrollo Agrícola de Afganistán y el Banco Pashtany. Durante el gobierno talibán, que duró hasta 2001, el sistema bancario se volvió inoperable y los bancos comerciales estatales no poseían la infraestructura básica para sustentar ningún tipo de negocio(Naseri y Sharofiddin 2020). Por ello durante este período el hawala era el único sistema confiable y eficiente para la transferencia de fondos dentro de Afganistán (Frantz 2001).
A finales del 2001 solamente el DAB permanecía vigente, aunque sus funciones consistían en administrar los ingresos del gobierno, ser responsable de los pagos de salarios y otros desembolsos que formaban parte del presupuesto estatal, la emisión de dinero y la administración del circulante (Fondo Monetario Internacional 2003).
Durante los años posteriores a la caída de los talibanes, el sistema bancario se restableció con el apoyo internacional, logrando avances significativos hasta 2010 cuando el Kabul Bank, uno de los bancos comerciales más importantes, entró en quiebra (Naseri y Sharofiddin 2020). Una de las principales causas del colapso del banco tuvo su origen en la participación de la institución en actividades fraudulentas que derivaron en una corrida bancaria de aproximadamente 1.300 millones de dólares, casi la mitad de sus depósitos (Choudhury 2021).
Hacia el año 2011, el DAB le solicitó un crédito al Fondo Monetario Internacional proponiendo un programa económico para el trienio 2012-2014, cuyos objetivos planteados eran lograr una posición macroeconómica estable y sostenible, fortalecer el sistema bancario, avanzar hacia la sostenibilidad fiscal y mejorar la transparencia y eficiencia del gasto (Fondo Monetario Internacional 2011). Este programa fue aprobado por el FMI otorgándole un crédito por 134 millones de dólares, todo ello mientras se presentaban los desafíos de enfrentar la retirada de las tropas extranjeras que permanecían desde 2001 (Voa News 2011).
Luego de varios años de inestabilidad política, se produjo el avance talibán que culminó con la caída de la capital, Kabul, el 15 de agosto de 2021. El colapso gubernamental fue el corolario de una rápida ofensiva que sumió al país en una grave crisis política y económica. Mientras los talibanes tomaban las principales instituciones, el presidente Ashraf Ghani y la mayoría de los miembros de su gabinete abandonaron el país. Las evacuaciones en el aeropuerto de Kabul eran caóticas, mientras cerraban comercios, los servicios públicos se interrumpieron y la población rápidamente retiraba sus ahorros de los bancos.
Los talibanes liderados por el mullah Hibatullah Akhundzada inmediatamente restablecieron el Emirato Islámico regido por una interpretación fundamentalista de la Sharia, formando a su vez un gabinete conformado por miembros del grupo que enfrentaban sanciones de la ONU (Maizland 2023). A su vez anunciaron la abolición de la Constitución Nacional del año 2004 para reimplantar temporalmente la de 1964, es decir, la vigente durante la era monárquica salvo en aquellos artículos contrarios a los principios islámicos (Anadolu Agency 2021). No obstante, en octubre de 2022 el mullah Akhundzada anuló todas las leyes existentes, incluida la Constitución, por lo que el único marco legal imperante en Afganistán es la Sharia hanafita y sus fuentes son el Corán, la Sunna y la itjidahi (Kamali 2022; Sharai 2022).
Luego de que los talibanes tomaran el poder se suspendieron las ayudas internacionales. El Departamento del Tesoro estadounidense congeló las reservas internacionales del país en más de 9 mil millones de dólares (Al Jazeera 2021), el FMI también restringió el acceso de los Derechos Especiales de Giro (DEG) y otros recursos por 400 millones de dólares (Swiss Info 2021), mientras que el Banco Mundial suspendió los fondos de asistencia humanitaria (BBC 2022).
Estas acciones tuvieron como objetivo bloquear el uso indebido de los fondos por parte de los talibanes, pero los bancos comerciales entraron en una crisis de liquidez. Esto provocó un shock en el sistema financiero, lo cual llevó a que el nuevo gobierno impusiera la restricción al retiro de fondos de la población (Xinhua 2021). En este contexto, la ONU pidió medidas inmediatas para evitar esto y el consecuente colapso del sistema bancario de Afganistán, el cual podría llevar décadas en ser reconstruido (Bashiri et al. 2023).
Desde fines de 2021 la ayuda humanitaria llega a través de los envíos de dólares estadounidenses en su formato físico, los cuales se entregan bajo la coordinación de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA). Estos fondos han sido utilizados para pagar salarios y adquirir alimentos y suministros (Special Inspector General for Afghanistan Reconstruction 2024).
En este contexto, la crisis política y humanitaria agravó la debilidad de la economía afgana. Según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el PBI de Afganistán supera ligeramente los 14 mil millones de dólares, con un ingreso per cápita de tan solo 359 dólares, encontrándose el 85% de la población debajo de la línea de pobreza ( Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2023:3-7). Hacia 2024 se estima que 23.7 millones de personas requieren asistencia humanitaria, es decir, más de la mitad de los habitantes (United States Agency for International Development 2024). Estas dificultades económicas se ponen de relieve por la ubicación en el Índice de Desarrollo Humano, ocupando el puesto 182 de 193 países en 2023 (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2024:276).
Durante las últimas cuatro décadas, Afganistán ha experimentado un estado de guerra permanente, con ataques terroristas casi diarios que tienen un impacto negativo en el crecimiento económico, amén de la falta de gobernabilidad, paz y estabilidad en el país. Una parte sustancial de la población depende de actividades agrícolas, enfrentándose a inversiones mínimas en su economía y a una infraestructura gravemente comprometida (Hussona 2019). Al mismo tiempo, no debe dejarse de perder de vista la prohibición del cultivo de opio por parte de los talibanes, lo cual se traduce en la pérdida de ingresos a la población rural de aproximadamentee 1.000 millones de dólares (Byrd 2023).
Según Zaheer, la fuga de cerebros después de agosto de 2021 ha provocado una falta de experiencia y capacidad en el DAB bajo control de los talibanes, lo que complica las regulaciones y la supervisión financieras en el país, al afirmar que la ausencia de personas capacitadas aumenta los riesgos de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo y conduce a un mayor aislamiento del sistema financiero de Afganistán de los mercados internacionales (Zaheer 2023)
La normalización de las operaciones bancarias requería que se inyecte liquidez en el sistema, lo cual también dependía de la liberación de reservas de divisas y un aumento de los ingresos del gobierno liderado por los talibanes. Sin embargo, la ONU a partir de agosto de 2023 comenzó a destinar fondos para ayuda humanitaria en dinero en efectivo (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2023).
De acuerdo el Banco Mundial el alcance total de la crisis en el sector bancario no está del todo claro debido a la limitada disponibilidad de datos. Se estima que desde 2020 se ha reducido un 25 por ciento la base total de activos lo que indica una tendencia preocupante para un sector que ya de por sí es limitado. La disminución de activos y la transición a las finanzas islámicas han precipitado una mayor dependencia del efectivo y del hawala, lo que ha propendido a restringir la oferta monetaria, provocando una recesión económica y una presión deflacionaria (Banco Mundial 2024).
No obstante, el nuevo gobernador interino para el DAB, Hedayatullah Badri. emitió un mensaje en el que describía el enfoque para mantener la estabilidad monetaria y reformar el sector bancario. Las principales prioridades indicados han sido la transición a la banca islámica, mejorar las relaciones bancarias con otros países, combatir el lavado de dinero y el contrabando, regular a los agentes de cambio y proveedores de servicios monetarios, y promover el diálogo para descongelar las reservas de divisas (Badri 2023).
También Afganistán presenta desafíos importantes en su sector financiero, particularmente en la prestación de servicios esenciales en su economía. Incluso antes de la llegada al poder de los talibanes, era uno de los países con menor cantidad de servicios bancarios del mundo. Según el Banco Mundial, hacia febrero de 2020 aproximadamente el 85 por ciento de los afganos no tenían ninguna cuenta bancaria, siendo sus principales causas la baja alfabetización, los problemas de seguridad, la falta de fondos suficientes, la ausencia de documentación requerida creencias culturales y religiosas, la poca confianza en los bancos y los servicios financieros inadecuados y costosos (Da Afghanistan Bank 2020; World Bank, 2020). Asimismo, es uno de los países con menor cantidad de cajeros automáticos por persona (1,6 cada 100.000 adultos), los cuales se encuentran concentrados en Kabul y en otros grandes centros urbanos (Da Afghanistan Bank 2020).
Por ello, el sistema hawala continuó siendo relevante en diversas transacciones debido a la familiaridad del público con sus operaciones, adaptándose mejor a las necesidades locales por el procedimiento simplificado para transmitir y recibir fondos (Azizi 2023).
En el año 2022, el DAB anunció que islamizarían el sistema bancario través de un proceso gradual (Tolo News 2022). Para ello, se le asignó a un grupo de expertos y eruditos religiosos de la Academia de Ciencias de Afganistán la tarea de examinar la eliminación del sistema basado en la usura, asignando también un comité interno para revisar el marco legal del sector bancario conforme la Sharia (Alavi 2022).
En comparación con los principales países con bancos islámicos, el sector bancario de Afganistán es relativamente pequeño. En la actualidad existen 12 bancos operando, de los cuales 3 son estatales, 7 privados y los 2 restantes son sucursales de bancos extranjeros, además de las instituciones no bancarias.
| Nombre | Tipo de banco | Fecha de licencia |
| Bank Millie Afghan | Estatal | 26/07/2004 |
| Pashtany Bank | Estatal | 26/06/2004 |
| New Kabul Bank | Estatal | 18/11/2011 |
| Azizi Bank | Privado | 13/06/2006 |
| Afghanistan International Bank | Privado | 22/03/2004 |
| Islamic Bank of Afghanistan | Privado | 18/03/2009 |
| Maiwand Bank | Privado | 31/12/2008 |
| Afghan United Bank | Privado | 04/10/2007 |
| The First Micro Finance Bank | Privado | 18/03/2004 |
| Ghazanfar Bank | Privado | 01/03/2009 |
| National Bank of Pakistan | Sucursal de banco extranjero | 01/12/2003 |
| Bank Alfalah Ltd. | Sucursal de banco extranjero | 21/05/2005 |
“Fuente: Elaboración propia con base en el sitio web https://www.dab.gov.af/Licensed-Finacial-Institutions
En particular, dentro de las más de 500 instituciones financieras islámicas que existen a nivel global hay cinco bancos de Afganistán que se encuentran entre las 205 principales, siendo estos el Azizi Bank (151°), el Bank Millie Afghan (185°), el Maiwand Bank (198°), el Afghanistan International Bank (199°) y el Afghan United Bank (201°) (The Banker 2023).
Según Iqbal y Molyneux (2005), para que un sistema financiero islámico sea viable precisa tres elementos fundamentales, un importante número de actores, una amplia variedad de instrumentos y un mercado monetario islámico. La transición de Afganistán comenzó con la promulgación del Reglamento para la Conversión de un Banco Convencional en un Banco Islámico de 2018 en cuyo capítulo VII se sentaron las bases para el otorgamiento de licencias a los bancos islámicos a través del DAB, las actividades que debían cumplir y los instrumentos a otorgar. Además de ello, ha emitido regulaciones bancarias islámicas específicas, tales como directrices, reglamentos, descripciones de productos, parámetros de la Sharia, entre otras.
Tal como señalan Disli y Jalaly (2024), la decisión de Afganistán de islamizar el sector financiero, alineándolo con los valores religiosos del país, ha introducido complejidades, dado una serie de desafíos a los que se enfrenta el DAB, entre ellos la ausencia de un marco legal, la ambigüedad en torno a la islamización bancaria y el déficit de capacidad profesional y técnica para supervisar eficazmente el sector financiero.
Dentro de estas regulaciones resulta relevante las directrices para la conversión de un banco convencional en un banco islámico. Aquellos bancos que ya ofrecían instrumentos financieros compatibles con la Sharia debían presentar un plan de conversión al DAB, quien, una vez que este lo examina, emite la licencia. Recién en abril de 2018 el DAB otorgó la primera licencia para un banco islámico, el Islamic Bank of Afghanistan o IBA (Reuters 2018)
Además, en el año 2019 se implementó un reglamento específico para los bancos islámicos. Este reglamento describe los principios rectores sobre los cuales actuaran los bancos conforme a la Sharia, sirviendo como un documento de referencia básico.
Según el artículo 4 de este reglamento se detalla la forma en que los bancos obtienen sus ganancias, es decir, aplicando la participación en los beneficios y asumiendo las pérdidas, utilizando los mudharabah.
Desde la toma del poder por los talibanes en 2021, el marco legal de Afganistán se ha caracterizado por la falta de nuevas leyes o normas, sumado a que la normativa bancaria se basa en la Constitución de 2004, que fue abolida, lo que ha contribuido a una mayor complejidad. Todos los bancos comerciales han recibido instrucciones del DAB de adoptar el sistema bancario islámico. Sin embargo, un obstáculo importante resultar ser la capacidad del DAB y del gobierno para hacer cumplir y supervisar eficazmente la implementación del sistema bancario islámico en todo el país.
No obstante, en una reunión mantenida entre Hedayatullah Badri y Stephen Rodriguez, director del PNUD, se destacaron los logros del DAB en la estabilización monetaria, el control de la inflación y la gestión del sector bancario, comprometiéndose a cooperar en el desarrollo de la banca islámica (Bakhtar News 2024). En este contexto el valor del afganí se ha mantenido estable frente al dólar en comparación con otras monedas de la región mientras que los depósitos en el sector bancario islámico han aumentado (Afghanistan Internatioanl 2024).
Sin perjuicio de estas regulaciones, los bancos islámicos en Afganistán se enfrentaron a la inestabilidad, tanto por la falta de clientes, de confianza en el desempeño, regulación legal y de expertos en materia bancaria. Respecto a las principales razones de la falta de clientes son la falta de conciencia pública sobre el sistema bancario islámico. La desconfianza en el desempeño resulta evidente en un país que se ha visto inmerso desde hace tres décadas en permanentes guerras y conflictos que han alejado a personas que no están familiarizadas con los bancos y los servicios bancarios. El bajo nivel de confianza del público en los bancos se vio erosionado por la crisis del Banco de Kabul y el sistema bancario afgano perdió la confianza del público (Heravi 2022).
La falta de participación e interés hacia los bancos islámicos también puede explicarse por el hecho de que en Afganistán ofrecían principalmente banca convencional. Los ciudadanos de los países islámicos tienden a responder mejor a un sistema bancario compatible con la Sharia, ya que se sienten más protegidos y confían en las normas y regulaciones que cumplen con la Sharia. En efecto, el sistema financiero islámico brindaría la oportunidad a clientes musulmanes -y no musulmanes- de ahorrar e invertir sus ahorros de manera más ética, dado que se encuentra basado en principios morales.
En efecto, poder proporcionar productos financieros que resulten compatibles con la Sharia para satisfacer la demanda de los clientes resulta ser una cuestión importante para los bancos islámicos.
Conclusión
Pese al anuncio de la culminación del proceso de islamización bancaria en Afganistán, resulta evidente que dicho sector se enfrenta a varios desafíos. Dado que Afganistán ha sido un país que resultó devastado por diversas guerras durante más de cuarenta años, la economía del país se encuentra destruida, mientras que el sector financiero presente problemas estructurales. La inestabilidad política y los conflictos internos dificultan la seguridad de las operaciones bancarias segura en todo el país. Esto afecta la confianza de los clientes y limita el alcance de los servicios bancarios islámicos.
La falta de conciencia y comprensión de las finanzas islámicas entre la población resulta ser una barrera para concretar los objetivos planteados. Es posible que muchos afganos no estén familiarizados con los principios y beneficios de la banca islámica en comparación con la banca convencional, lo que obstaculiza su adopción y crecimiento.
Además, el marcos regulatorio y legal de la banca islámica en Afganistán aún se encuentra en pleno desarrollo, pero presentando inconsistencias, lo que podría disuadir a los inversores.
Esto resulta un importante desafío para un nuevo sistema financiero que requiere instituciones acordes a las circunstancias y un entorno geopolítico más favorable. Con el cambio de autoridades tampoco el DAB se encuentra fortalecido, ya que aún atraviesa un proceso de transición para realizar sus actividades propias y para consolidar la política monetaria. A esto se suma la informalidad respecto al manejo de activos, que ayudan a promover el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, a menudo habitual en la región. Además, los bancos islámicos enfrentan otro desafío, ya que carecen de capital humano experimentado y que cuenten con conocimientos técnicos.
En conclusión, si bien la promoción de los bancos islámicos es prometedora en Afganistán para ofrecer soluciones financieras éticas alineadas con los principios islámicos, superar estos desafíos requiere esfuerzos concertados de diversos ámbitos, cuyo potencial podría contribuir a la estabilidad macroeconómica del país.
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[1]ODS 1: “acabar con la pobreza en todas sus formas, en todas partes”; ODS 8: “Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.
[2]Algunos países como por ejemplo Arabia Saudita o Irán aplican la Sharia en su sentido clásico, mientras que otros lo aplican de manera híbrida o solamente para la población musulmana. Por su parte Turquía, con mayoría de musulmanes, adopta un sistema legal sin la influencia de la Sharia.
[3] Dado que el Corán se difunde originalmente en su idioma original, árabe clásico, la traducción al español que se toma como base es la que se encuentra en: https://www.ahmadiyya-islam.org/es/coran/
[4].- La fatwa suele considerarse como una opinión jurídica consultiva sobre un punto de la Sharia dada por un calificado jurista en respuesta a una consulta realizada por cualquier individuo
