La crisis en Oriente Medio y su impacto en las relaciones económicas internacionalesjueves

Departamento de Relaciones Económicas Internacionales

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La crisis en Oriente Medio y su impacto en las relaciones económicas internacionales

Marcos N. Lopez Bustamante[1]

Una vez más, Oriente Medio se ha posicionado como una región de importancia crucial para las relaciones económicas internacionales. Así, la interrupción de la ‘normalidad’ del abastecimiento de hidrocarburos por parte de los Estados de la región y del transporte por la zona encuentran una causa reciente: la guerra contra Irán. De este modo, ingresamos en un segundo capítulo, si consideramos, como primero, a la crisis del 2024 en el Mar Rojo. En este contexto, intentaremos, en este breve ensayo, exponer algunas de las consecuencias económicas del conflicto actual, que a nuestro modo de ver, presionan al mundo hacia una nueva normalidad en el transporte y abastecimiento global.

Oriente Medio es habitualmente caracterizada, en algunos aspectos, como una región poco predecible. En este sentido, no resulta novedoso el impacto de Oriente Medio en las relaciones económicas internacionales. Basta con recordar sucesos del pasado tales como la crisis del petróleo de los años 70, o más cercanos en el tiempo, el cierre del estrecho de Bab El Mandeb en 2024. Si bien no es una constante, ciertas rivalidades entre Estados de la zona suelen desembocar en conflictos armados. Como consecuencia, en el pasado cercano ha logrado, mediante su inestabilidad, recordar al mundo la importancia geopolítica y geoeconómica de la región.

Resulta meritorio recordar, que esta parte de Asia posee variables endogenas y exogenas que la llevan a poseer crisis recurrentes. En este sentido, las discrepancias religiosas, los reconocimientos o no de Estados y/o gobiernos, o las alianzas con potencias extra regionales como Estados Unidos, suelen conducir a rivalidades, escaladas armamentísticas y eventualmente a conflictos armados como el que se vive en el presente.

A consecuencia del conflicto actual, se encuentra condicionada la ruta marítima por el Estrecho de Ormuz, pero hace poco tiempo lo estuvo también el tránsito por el Mar Rojo (2024). Si bien lo analizamos en una publicación anterior[2], recordemos que este conflicto tenía por protagonistas a el grupo disidente de los Hutíes en Yemen quienes atacaban barcos comerciales que cruzaban por el estrecho de Bab El Mandeb en solidaridad con Palestina por los ataques israelíes en la Franja de Gaza. Esta situación provocó la inseguridad del tránsito por el Mar Rojo, y por ende, la inutilidad del Canal de Suez. Esto se tradujo, en el cambio de rutas de navegación -optando por la ruta del Cabo de Buena Esperanza-, lo que trajo como consecuencia el aumento de días de navegación y la suba de costos de transporte y de seguros.

La crisis actual, como es bien sabido, posee causas bélicas. Las operaciones Martillo de Medianoche (junio de 2025) -Estados Unidos c. Irán- y Furia Épica (febrero de 2026) -Estados Unidos e Israel c. Irán- tenían por objetivo retrasar y/o detener el plan nuclear de Irán. Sin embargo, lo que intentó ser una demostración de fuerza para forzar negociaciones de desarme y no proliferación nuclear, desencadenó un conflicto intermitente que ha desbordado las previsiones y objetivos planteados en el inicio. Habiendo pasado más de un año del primer ‘escarmiento’ no se ha logrado alcanzar un acuerdo de paz; Irán no ha renunciado a su plan misilístico ni al enriquecimiento de material fisible, solo se ha logrado hacer crecer el precio de los hidrocarburos y generar inseguridad en las rutas comerciales que pasan por la zona.

Así, la crisis generada por la actual guerra en Irán, provoca la obstaculización del aprovisionamiento al otro lado de la Península Arábiga. De este modo, los Estados del Golfo Pérsico -Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes, Kuwait, Qatar y el propio Irán- se ven condicionados por los efectos del conflicto. Una de ellas es el tránsito marítimo obstaculizado por el cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques a navíos civiles[3]. Sin embargo, esta no es la única consecuencia; ya que, las respuestas armadas de Irán han incluido el ataque a infraestructura productiva en Estados del Golfo, aliados a los Estados Unidos. Así, la suma de estos factores, indica que los resultados -económicos- del conflicto no cesarán con la eventual firma de un acuerdo de paz, sino que perdurarán en el tiempo.

En este sentido, Kristalina Georgieva describe al shock causado por el conflicto como de gran magnitud, de alcance mundial y asimétrico. Así, especifica:

  • “de gran magnitud porque el flujo mundial diario de petróleo se ha reducido en un 13% y el de gas natural licuado en un 20%;
  • de alcance mundial porque ahora todos pagamos más por la energía y se están produciendo perturbaciones en las cadenas de suministro en todo el mundo;

y asimétrico porque su impacto depende de la proximidad al conflicto, de si se es exportador o importador de energía y del margen de maniobra de las políticas”[4].

La Directora del FMI también explica las maneras en la que puede llegar a evolucionar el fenómeno, y define tres canales principales. Primero, el efecto sobre precios y disminución de la oferta. El juego entre el aumento de precios y la escasez afecta de manera drástica sobre la demanda. Segundo, el efecto sobre los precios implica el aumento de las expectativas inflacionarias. Esto puede desembocar en un proceso de aumento sostenido de precios, con las consecuencias que ello implica. Sin embargo, el impacto inflacionario tendría un efecto más pronunciado en el corto plazo y no tanto en el largo plazo. Tercero, se ven afectadas también las condiciones financieras (alteraciones en los bonos de mercados emergentes y apreciación del dólar)[5][6].

En este sentido, coincidimos con la Directora cuando advierte sobre la asimetría de los efectos del conflictos y la combinación de esta característica a los sucesos del pasado reciente. Así, podemos mencionar que el tránsito por el estrecho de Bab El Mandeb no se ha recuperado, y permanece muy por debajo de los niveles previos al conflicto de 2024[7].

Y, tomando en cuenta uno de los efectos del conflicto actual, podemos mencionar que el precio del petróleo se ha estabilizado en niveles muy superiores a los valores previos al conflicto de este año. En este sentido, el efecto de la suba posee un impacto diferencial en las diversas economías del globo. Así, los países insulares y del África Subsahariana son los mayores perjudicados por su dependencia del petróleo y gas importado. En otro grupo podríamos incluir a los Estados extrarregionales productores de petróleo y gas, que si bien se benefician por los términos de intercambio, sufren los efectos del aumento de precios en sus economías internas. Y en otro conjunto podríamos agrupar a los Estados de la zona del conflicto -afectados por el bloqueo o los ataques-.

Como hemos mencionado antes, algunos de los ataques se han producido sobre infraestructura productiva. Nos valemos del ejemplo de Georgieva, cuando menciona al complejo Ras Laffan (Qatar), que producía el 93% del GNL del Golfo, cuya mayoría se destinaba a Asia y el Pacifico. Se calcula que su recuperación de capacidad podría llevar entre 3 y 5 años[8]. Con esto, queda evidenciado, lo que mencionamos al principio de este ensayo; aun con un acuerdo de paz en el futuro próximo, los efectos permanecerán por un tiempo más largo que el esperado. Y si bien excede el análisis propuesto, es dable mencionar que la tendencia a la diversificación energética y de proveedores conduce al ingreso de nuevos actores como Argentina y Brasil al aprovisionamiento de energía, y al reingreso de viejos actores -mediante la relajación de sanciones- como Venezuela y Rusia.

De este modo podemos concluir que el conflicto en el Estrecho de Ormuz está potenciando un proceso ya iniciado con anterioridad, que fue identificado por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta, en su informe sobre el desarrollo de las cadenas globales de valor (2025) ya advertía la reconfiguración del proceso de Globalización que había sido desafiado por el Covid-19, y puntualizó que las cadenas globales de valor (CGV) siguen siendo importantes pero están cambiando, volviéndose más digitales -automatizadas- y regionales –nearshoring–[9]. Particularmente, consideramos que el tema seguridad es un nuevo condicionante y catalizador de este proceso. Y como consecuencia, coincidimos en avizorar una profundización en la regionalización de las cadenas de valor, un aumento de acuerdos específicos, y la relocalización de empresas y proveedores con la ‘seguridad’ como uno de los criterios principales.


[1] Abogado por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (S.M. de Tucumán), Maestrando en Relaciones Internacionales (IRI-UNLP), docente UBA Cátedra Buis de Derecho Internacional Público-CPO Gasol Varela Las Fuentes del Derecho Internacional; miembro del departamento de Relaciones Económicas Internacionales (IRI-UNLP). mnlopezbustamante@derecho.uba.ar

[2] Lopez Bustamante, Marcos N. (2024) “El Mar Rojo, el terrorismo y sus consecuencias para las relaciones economicas internacionales”, en Anuario en Relaciones Internacionales, IRI, UNLP (Disponible en https://www.iri.edu.ar/index.php/2024/08/27/el-mar-rojo-el-terrorismo-y-sus-consecuencias-para-las-relaciones-economicas-internacionales/ ultima consulta 05/08/2026).

[3]Si bien se hace hincapié en el aprovisionamiento energético, “otras cadenas de suministro también están sufriendo los obstáculos que plantea el conflicto a sus rutas comerciales habituales, lo que ocasiona aumentos de precios del flete y alarga los periodos de entrega. Un tercio de los fertilizantes consumidos a nivel mundial pasa por la zona de conflicto, lo que afecta negativamente a la producción de alimentos y eleva su precio. Lo mismo sucede con el comercio de medicamentos y con las industrias que tienen como insumos el azufre o el helio, como la de semiconductores”. Internacionales del CEI, Centro de Economía Internacional, abril 2026. p.2. (Disponible en https://cancilleria.gob.ar/userfiles/ut/2026-04_-_internacionales_del_cei.pdf ultima consulta 05/08/2026).

[4] Georgieva Kristalina (2026), Discurso “Atenuar el Shock de la Guerra en Oriente Medio” de 9 de abril de 2026 (Disponible en https://www.imf.org/es/news/articles/2026/04/09/sp040926-spring-meetings-2026-curtain-raiser ultima consulta 16/08/2026).

[5] Georgieva Kristalina (2026), op.cit.

[6] Como una de las medidas a tomar por parte del FMI ante las repercusiones de la guerra en Oriente Medio, su Directora menciona que prevén “que la demanda a corto plazo de ayuda del FMI para la balanza de pagos aumente hasta situarse entre USD 20.000 millones y USD 50.000 millones, prevaleciendo el límite inferior si se mantiene el alto el fuego”. en Giorgieva Kristalina (2026), op.cit.

[7] Algunos sectores observan una modesta recuperación. Ver Internacionales del CEI, Centro de Economía Internacional, abril 2026. p.10. (Disponible en https://cancilleria.gob.ar/userfiles/ut/2026-04_-_internacionales_del_cei.pdf ultima consulta 05/08/2026)

[8] Georgieva, Kristalina (2026), op.cit.

[9] OMC (2025) Global Value Chain Development Report2025. “Rewiring GVCs in a Changing Global Economy”, p.15. (Disponible en https://www.wto.org/spanish/res_s/publications_s/gvcreport2025_s.htm ultima consulta 16/08/2026).