Líbano e Israel ante un nuevo escenario regional: del conflicto armado a las negociaciones de 2026

Departamento de Medio Oriente

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Líbano e Israel ante un nuevo escenario regional: del conflicto armado a las negociaciones de 2026

Said Chaya, Sofía Gómez Mansur

Antecedentes: relaciones libanesas-israelíes en perspectiva

Desde la creación del Estado de Israel en 1948, la relación con el Líbano ha sido conflictiva. El Líbano participó de la primera guerra árabe-israelí (1948-1949) y se proclamó neutral en las tres subsecuentes (1956, 1967 y 1973). Sin embargo, en el contexto de la Nakba, recibió a más de 110 mil palestinos, desplazados forzosamente de sus hogares (UNRWA, 2011). La cantidad de refugiados dobló su número en la década de los sesenta, y los campamentos en los que vivían hacinados, en las afueras de las principales ciudades, se volvieron centros de operaciones de la resistencia armada palestina. Con un aparato de defensa muy exiguo, una clase política fuertemente dividida y fuertes presiones regionales, el Estado libanés se mostró incapaz de contener a la guerrilla palestina y evitar el desborde del conflicto en su territorio. En 1968 y 1973 Israel bombardeó el Líbano en respuesta del secuestro del vuelo 426 de El Al, su aerolínea de bandera, y los asesinatos que se produjeron en los Juegos Olímpicos de Múnich, respectivamente. Ambos ataques habían sido perpetrados por grupos palestinos que operaban desde el territorio libanés.

Con el objetivo de acabar con la guerrilla palestina, Israel se involucró de lleno en la guerra civil libanesa y llevó adelante dos invasiones a gran escala en 1978 y 1982. En la segunda, estableció la llamada “Zona de Seguridad” en la frontera sur, un territorio de 800 kilómetros cuadrados controlado por las Fuerzas Armadas israelíes y un grupo paramilitar libanés, conocido como “Ejército del Sur del Líbano”. Israel permaneció allí hasta el 2000, a pesar de las resoluciones de Naciones Unidas que exigían su salida. El contexto de la ocupación fue terreno fértil para el desarrollo de Hezbolá, un poderoso grupo local inspirado en los valores de la Revolución Islámica de Irán. La milicia comenzó a intervenir electoralmente en el país a comienzos de los noventa, hasta volverse un cuestionado actor central del ecosistema político. Entre julio y agosto de 2006, un escenario de guerra entre Israel y Hezbolá dejó más de mil muertos y un fuerte deterioro de la infraestructura civil libanesa con motivo de los bombardeos israelíes.

En 2022, Líbano e Israel alcanzaron un histórico acuerdo sobre la delimitación de sus fronteras marítimas. El descubrimiento de presuntas reservas de gas natural en el Mediterráneo oriental generó incentivos suficientes para alcanzar este entendimiento, que tuvo un carácter estrictamente técnico. El proceso negociador se desarrolló de manera indirecta bajo la mediación de Estados Unidos, representado por Amos Hochstein, representante especial del presidente Joe Biden, y con el acompañamiento de las Naciones Unidas, que facilitaron las conversaciones celebradas en la localidad libanesa de Naqoura. El acuerdo delimitó las respectivas zonas económicas exclusivas y estableció un marco jurídico para la exploración y explotación de recursos energéticos. A lo largo de su historia, el Líbano había firmado otros dos instrumentos con Israel: el armisticio de 1949, que establecía la frontera israelo-libanesa como “línea azul” de separación entre las tropas de uno y otro bando, y el acuerdo marco de 1983, derogado un año más tarde, que proponía de manera progresiva el retiro de las tropas israelíes del sur del Líbano y la normalización de relaciones diplomáticas entre ambos países. Por otra parte, en el contexto de las negociaciones israelo-palestinas que dieron origen a la Paz de Oslo, el Líbano había participado en la cumbre de Madrid de 1991, aunque se retiró poco después por las presiones de Damasco.

Con el comienzo de la guerra en Gaza el 7 de octubre de 2023, el conflicto se regionalizó rápidamente. Hezbolá, en apoyo a Hamas, comenzó a atacar posiciones israelíes ya el 8 de octubre. Aunque Israel sostuvo un conflicto de baja intensidad, en septiembre de 2024 comenzó una serie de operaciones de mayor alcance. El 17 y 18 de septiembre grupos israelíes detonaron, a distancia, una serie de dispositivos de comunicación (pagers y walkie-talkies) usados por Hezbolá y sus organizaciones conexas. El 27 de septiembre, un ataque israelí le costó la vida a Hassan Nasrallah, secretario general vitalicio de Hezbolá desde 1992. A partir del 23 de septiembre, Israel intensificó significativamente su campaña de bombardeos sobre el Líbano, provocando centenares de muertes, desplazamientos masivos estimados en más de medio millón de libaneses y graves afectaciones a la infraestructura civíl y sanitaria (UNFPA, 2024; Naciones Unidas, 2024; Reuters, 2024). A comienzos de noviembre, el representante especial de los Estados Unidos, Amos Hochstein, y el presidente de la Cámara de Diputados del Líbano, Nabih Berri, comenzaron a dialogar para establecer un alto al fuego. Berri, además de presidir el movimiento chiíta Amal – había sido autorizado por este último para negociar en su nombre, lo que lo convirtió en un interlocutor central en las negociaciones (Reuters, 2024).

El tan esperado acuerdo llegó el 27 de noviembre de 2024. El entendimiento establecía que únicamente las fuerzas militares y de seguridad oficiales del Estado libanés podrían portar armas y operar en el sur del país, y contemplaba el desmantelamiento de las instalaciones y la infraestructura militar no autorizadas. Asimismo, preveía el despliegue de las Fuerzas Armadas Libanesas en la región y la retirada progresiva de las tropas israelíes al sur de la Línea Azul. Israel y el Líbano se comprometían a impedir acciones ofensivas desde sus respectivos territorios y a implementar plenamente la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad. El cumplimiento del acuerdo sería supervisado mediante un mecanismo encabezado por Estados Unidos, con participación de Francia, al que las partes podrían comunicar eventuales violaciones (Gobierno de los Estados Unidos, 2024). Desde un primer momento, la situación fue muy crítica, y el alto al fuego resultó ignorado por Israel en repetidas ocasiones. Por el lado israelí, las quejas provenían de los escasos esfuerzos del gobierno libanés para avanzar en el desmantelamiento de Hezbolá.

2025: un año clave en las relaciones israelo-libanesas

En ese contexto de fuerte tensión regional, el Líbano daba signos de cierta regularización de sus instituciones. En enero de 2025, luego de una vacante que duró más de dos años, asumió la presidencia el general retirado Joseph Aoun. A los pocos días, nombró como primer ministro a Nawaf Salam, quien rápidamente fue confirmado por la Cámara de Diputados. Desde junio de 2022, Najib Miqati ejercía ese cargo, aunque de manera provisional, sin apoyo parlamentario. La dupla Aoun-Salam constituía una novedad: por primera vez desde la guerra civil de 1990, ninguno de los líderes del Poder Ejecutivo contó con el apoyo explícito de Hezbolá para llegar al poder. Ambos líderes encararon una agenda internacional muy intensa, destinada a lograr el compromiso internacional que permitiera mayor estabilidad para el Líbano e inversiones en materia de reconstrucción. Durante 2025, el presidente visitó Arabia Saudita en enero; Francia en marzo; Italia y Qatar en abril; los Emiratos Árabes, Egipto y Kuwait en mayo; Vaticano, Irak y Jordania en junio; Marruecos, Argelia y Bahréin en julio y Omán en diciembre. En el mismo período, el primer ministro visitó Siria y Arabia Saudita en abril; Egipto en mayo; Francia en junio e Italia y Vaticano en octubre; esta última en preparación de la visita que el papa León XIV realizó al Líbano en noviembre de ese año.

Hezbolá atravesaba un contexto de debilidad, marcado por la muerte de sus líderes, el retroceso de sus tropas, el desgaste de sus alianzas domésticas y una imagen pública cada vez más comprometida. Mientras, el nuevo gobierno lideró una ofensiva política destinada a su desarme. Esta iniciativa se enmarcaba en una narrativa concreta: el Líbano no sería auténticamente soberano si los resortes de la seguridad y la defensa no estuvieran en manos de los poderes centrales. Por eso, la existencia de las milicias constituía un desafío a la autoridad del Estado libanés. Además, había una serie de compromisos internacionales, como la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que obligaba al desmantelamiento de los grupos paramilitares. A las pocas semanas de la jura presidencial, la guerrilla comenzó a replegarse lentamente hacia el norte, mientras sus posiciones eran ocupadas por el Ejército libanés; mientras tanto, las incursiones israelíes en el país continuaban, teniendo como principal objetivo, aunque no como únicas víctimas, a los poblados chiítas cerca de la frontera sur y en las afueras de Beirut. En septiembre, el gobierno, con el respaldo de las Fuerzas Armadas, presentó un plan escalonado para el repliegue y desarme de Hezbolá, que despertó airadas quejas de sus diputados en el Parlamento y el gabinete.

La tensión doméstica sobre la cuestión de Hezbolá también se reflejó en el posicionamiento regional que adoptó el Líbano. En diciembre de 2025, el ministro de Relaciones Exteriores Youssef Rajji sostuvo una disputa en redes sociales con su par iraní, Abbas Araghchi, declinando visitar Teherán y solicitando que su gobierno no interfiera en los asuntos internos del Líbano. Irán, por su parte, se había opuesto públicamente al proceso de desarme que había encarado el gobierno de Beirut. Este enfrentamiento no fue aislado: en diferentes intervenciones, tanto el presidente como el primer ministro había rescatado la importancia de evitar la interferencia de terceros Estados en los procesos internos del Líbano.

La guerra de Irán y las conversaciones de paz

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel comenzaron una operación militar de gran escala contra Irán, que desató una guerra regional. Dos días más tarde, Hezbolá comenzó a atacar el norte de Israel, que exigió la evacuación forzosa de toda la población libanesa al sur del río Litani, avanzó sus tropas constituyendo una franja de ocupación con su Ejército y comenzó una campaña de bombardeos de gran intensidad contra el sur, la capital y los suburbios. La apertura del frente por parte de Hezbolá y la posterior escalada militar israelí fueron rechazadas por las autoridades libanesas. Desde octubre de 2023, el primer ministro interino Najib Mikati manifestó la voluntad de su gobierno de mantener al Líbano al margen de la guerra y advirtió contra la apertura de un nuevo frente en el sur del país. Asimismo, condenó reiteradamente los ataques israelíes sobre territorio libanés y sostuvo que estos amenazaban con arrastrar al país hacia una confrontación más amplia (National News Agency, 2023; 2024). El conflicto tuvo consecuencias humanas y materiales de enorme magnitud. Para finales de 2024 se habían registrado alrededor de cuatro mil muertos y daños significativos en la infraestructura civil, mientras que, en el punto máximo de la escalada, más de un millón de personas habían sido desplazadas. Los bombardeos afectaron viviendas y servicios esenciales, incluidos establecimientos sanitarios, sistemas de abastecimiento de agua, infraestructura energética y de transporte (Naciones Unidas, 2025; Banco Mundial, 2025). Frente a la imposibilidad del gobierno libanés de hacer frente militarmente a Israel y la importancia de frenar cuanto antes los bombardeos, el presidente Aoun aceptó encarar una nueva ronda de negociaciones con Israel, que incluyeran la posibilidad de normalización de relaciones. Mientras tanto, Salam declaró ilegales las actividades militares de grupos que no estuvieran dentro del paraguas de las Fuerzas Armadas, ordenó la detención de algunos cuadros intermedios de Hezbolá y declaró persona non grata al embajador iraní Muhammad Reza Shibani.

La primera ronda de negociaciones directas tuvo lugar el 14 de abril en Washington, y reunió al  secretario de Estado Marco Rubio, su consejero Michael Needham y los embajadores Michel Issa (Líbano) y Mike Waltz (ONU), el embajador israelí Yechiel Leiter y la embajadora libanesa Nada Hamadé. El grupo alcanzó una tregua dos días más tarde, anunciada por el propio presidente Trump. Una segunda reunión tuvo lugar una semana después. En la tercera ronda, la dirección de las conversaciones la tomó el enviado especial del presidente Aoun: se trataba de Simon Karam, un diplomático veterano con amplia experiencia, valorado por el gobierno estadounidense. Se sucedieron una nueva ronda en mayo y una quinta en junio. El 26 de junio, las partes firmaron un acuerdo marco trilateral de 14 puntos, que sostiene lo siguiente:

-Ambos países se comprometen a la resolución pacífica de sus controversias a través de negociaciones bilaterales auspiciadas por un tercer Estado: los Estados Unidos, con la ayuda de otras naciones árabes.

-El Ejército del Líbano recuperará el control del país y el monopolio de las armas de manera escalonada. A medida que eso suceda, Hezbolá deberá retirarse y desarmarse y las tropas israelíes se replegarán más allá de la frontera.

-Cualquier grupo armado no estatal que desafíe la autoridad del Estado para celebrar acuerdos está al margen de la ley y atenta contra la paz: son considerados ilegales y no pueden recibir financiamiento de ningún tipo.

-Las partes, en un acto de buena fe, renuncian a realizar demandas en foros internacionales y se comprometen a la liberación e intercambio de detenidos y el retorno de los restos de los fallecidos.

En 2026, la agenda internacional del presidente Aoun continuó en expansión, con dos visitas a Qatar en enero y julio, otras dos a Chipre, en enero y abril, y un viaje a España en febrero. El 21 de julio, llegó el plato fuerte: la cumbre con Trump en la Casa Blanca. El primer ministro, por su parte, visitó Francia en abril y Siria en mayo.

Mientras se anuncia que las negociaciones israelo-libanesa continuarán en Italia, se abren una serie de interrogantes sobre la cuestión. A nivel doméstico, resta saber si el acuerdo alcanzará estado parlamentario en la Cámara de Diputados libanesa, especialmente en un contexto en el cual su presidente, Nabih Berri, se balancea entre los acuerdos con Hezbolá y la supervivencia política en un momento en el cual la dupla Aoun-Salam lleva la delantera. Por lo pronto, las elecciones legislativas previstas para mayo de este año han sido suspendidas hasta 2028. Eso es una buena noticia para el mismo Berri, que de esta forma logra extender su mandato hasta la toma de posesión de una nueva Legislatura, y para Salam, que evita potenciales complicaciones en las mayorías parlamentarias. Por otro lado, la población chiíta, que constituye un tercio del total de los libaneses, mira con desconfianza el proceso de desarme, ante el temor de quedar nuevamente relegada del escenario nacional. No hay dudas de que el acuerdo alterará el delicado statu quo libanés. Resta saber cuán profundas serán las consecuencias de ello.

A nivel regional, un respaldo de Irán, o al menos su silencio frente al proceso de desarme, sería fundamental para asegurar la estabilidad política y social del Líbano. Sin embargo, en un contexto de enfrentamiento profundo con Estados Unidos e Israel, no parece ser un escenario posible. Una excepción a ello sería que Washington le otorgue ventajas generosas en el marco de la solución de la cuestión de Ormuz, o asegure el retiro paulatino de sus tropas de las bases que posee en el Golfo. Ambos escenarios son poco probables, en un momento en el cual la política exterior estadounidense muestra ciertos rasgos erráticos, a pesar de necesitar un acuerdo con Irán que resulte lo más digno posible para salir del laberinto en el que se colocó cuando decidió atacar en febrero pasado.

El primer ministro Benjamín Netanyahu ha demostrado con claridad la superioridad militar israelí y ha logrado salir indemne a nivel doméstico de las guerras que ha conducido. Tiene una posición dominante. De hecho, su figura parece acrecentarse en la opinión pública de su país, especialmente ante las elecciones legislativas que tendrán lugar en octubre. Aunque ha demostrado algunas diferencias con Estados Unidos, no es factible que éste actúe en contra de los intereses israelíes en cuestiones especialmente sensibles.

Bibliografía

National News Agency (2023, October 16). Mikati: No one interested in opening war front in south Lebanon.

National News Agency (2024, January 2). Mikati condemns southern suburb explosion: Israeli attempt to drag Lebanon into new phase of confrontation.

Reuters (2024, September 28). Hezbollah leader Nasrallah killed in Israeli airstrike.

Reuters (2024, November 19). US envoy in Beirut for talks after Lebanon, Hezbollah approve truce draft.

United Nations.(2024, September 30). Lebanon crisis: Over one million people flee strikes amid invasion fears.

United Nations Population Fund (2024, September 26). UNFPA Lebanon escalation of hostilities: Flash update #1.

United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East. (2011). Restoring dignity: Responses to the critical needs of vulnerable Palestine refugees in Lebanon 2012–2016. UNRWA. Documento de UNRWA⁠

United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East. (2025). Report of the Commissioner-General of the United Nations Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East: 1 January–31 December 2024 (A/80/13).

United States, The White House. (2024, November 26). Announcement of a cessation of hostilities and related commitments on enhanced security arrangements and toward the implementation of UNSCR 1701.

World Bank. (2025, March 7). Lebanon’s recovery and reconstruction needs estimated at US$11 billion.