Diplomacia de la memoria como instrumento de política exterior: la presidencia argentina de la IHRA en 2026 como herramienta de inserción internacional

Departamento de Medio Oriente

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Diplomacia de la memoria como instrumento de política exterior: la presidencia argentina de la IHRA en 2026 como herramienta de inserción internacional

Axel Chiquiar

En los últimos tres años se han hecho múltiples análisis para ilustrar y explicar las aristas que definen la política exterior argentina. La mayoría de los mismos expresó, en un mismo sentido, la dirección consciente hacia el hegemón hemisférico y el Estado de Israel. El aporte que en gran medida encauzó a todos ellos fue el que realizó Tokatlian (2024) cuando se refirió al concepto de hiperoccidentalismo. Este remite a un tipo especial de política exterior que se expresa a través de la lógica de la aquiescencia y articula una modalidad simultánea, combinada y radicalizada de las tres opciones estratégicas de la misma -estas son, acoplamiento, acomodamiento y engagement– (Tokatlian, 2024). En paralelo, sobre esta temática también se refirieron Laporte y Corigliano (2025) e hicieron hincapié en ahondar en el alineamiento estratégico por afinidad ideológica. En específico, afirmaron que se estaría más cerca de un “judeo-americanismo dentro de un Occidente selectivo y recortado, como lo demuestra su concepción parcial de este espacio identitario y sus alianzas internacionales” (Laporte y Corigliano, 2025, p.12).

 Una vez contextualizado el marco que ejerce como patrón decisional de la actividad del Estado en el plano internacional, es posible identificar una variable poco estudiada que comenzó a dejar entreverse en las últimas manifestaciones argentinas en términos de sus relaciones exteriores. Esta es: la noción de memoria histórica e identidad política como instrumento de política exterior. De hecho, un rasgo adicional es que hasta ahora la literatura en la materia tendió a estudiar estos elementos como una cuestión estrictamente relacionada con políticas domésticas, y rara vez como recurso de planificación exterior.

El tópico central de este artículo es el de los derechos humanos, que adquiere una cierta particularidad, dado que a lo largo de los últimos años ha sido parte de una agenda del Ejecutivo que fue virando constantemente de enfoque. Se volvió más heterogénea y, en algunos casos, más divergente en comparación con la actuación histórica argentina hacia la esfera internacional (Chiquiar, González Pacheco, Soratti, 2026). En otras palabras, se tomaron decisiones que fueron en dirección opuesta a la tradicional postura nacional de promoción enérgica rompiendo con la retórica del país en los espacios multilaterales. No obstante esta posición alejada de la defensa activa de los derechos humanos, sucede que la realidad demuestra que existe una nueva conexión entre la práctica política nacional y esta materia. Y este enlace puede sostenerse por medio del concepto de “diplomacia de la memoria”entendido como la actividad desarrollada por el Estado en la que se utilizan estratégicamente distintas memorias colectivas institucionalizadas con el fin de proyectar una posición y generar una inserción internacional por medio de una política exterior identitaria. El ejemplo práctico se encuentra en la memoria del Holocausto (colectiva) comprendida en el marco de la IHRA -la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto- como instrumento y aplicada como fuente de legitimidad y de inserción internacional.

Antes de introducir las concepciones teóricas fundamentales que sostienen a la idea central, es necesario primero ubicar algunos conceptos que están dentro de la definición de este tipo de diplomacia. En primer lugar, por política exterior identitaria se entiende aquella actividad del Estado hacia la esfera internacional en la que se dispone de los valores y creencias internas para guiar la agenda de las relaciones internacionales. Sobre esta temática vale destacar el trabajo de un miembro de la Escuela de Copenhague, Ole Waever (1996), cuando sostiene que la política exterior y la identidad se encuentran unidas. Por su parte, Federico Merke, cita también a este autor con el fin de hacer hincapié en que al momento de estudiar la política exterior de un país resulta crucial comprender los discursos de identidad del Estado y de la nación porque el diseño final de la planificación exterior de un sujeto soberano necesita poder articularse con una visión de su propia identidad (Merke, 2008). Desde esta perspectiva -constructivista-, la política exterior responde no solo a intereses materiales sino también a la identidad que el Estado construye y exterioriza. Así pues, la diplomacia de la memoria constituye una herramienta que permite trazar una identidad internacional asociada a la defensa de los derechos humanos y la preservación del pasado histórico.

Luego, con respecto a qué significa legitimidad, puede entenderse en este escrito como el grado de reconocimiento y aceptación que un Estado obtiene por parte de la comunidad internacional respecto de sus acciones y comportamientos. Por lo tanto, el tipo de diplomacia propuesto permite reforzar esa legitimidad al vincular el diseño de la acción exterior con compromisos reconocidos de manera universal.

En el caso de la inserción, cuando el trabajo la menciona se alude a su versión internacional, la cual es la forma en la que un Estado se integra activamente en los esquemas político-económicos internacionales. A este respecto, la diplomacia de la memoria fortalece la inserción al permitirle al país un mayor margen de maniobra al incorporarlo en redes más grandes de conexión que están basadas en valores compartidos.

Posteriormente, para poder comprender de manera concreta el entramado de la diplomacia de la memoria, es menester establecer la cadena secuencial de nociones teóricas que intervienen y pueden explicar el despliegue remarcado como producto del accionar del Estado. Estas tienen que ver con la memoria colectiva de Maurice Halbwachs, la conceptualización de poder simbólico de Pierre Bourdieu, y el aporte de la teoría constructivista de Alexander Wendt.

El psicólogo y sociólogo francés, en su obra “Memoria Colectiva”, destacó que los recuerdos no son puramente individuales ni espontáneos, sino que se trata de construcciones sociales (Halbwachs, 2004). La traducción directa de dicha proposición resulta ser que la memoria colectiva es construida por marcos de grupos sociales y no de manera aislada, generando identidad compartida. Esto representa lo que precisamente sucede con el recuerdo del Holocausto. Sin embargo, cabe destacar que aquí existe una diferencia importante en cuanto a que no es lo mismo hablar de la memoria en el plano interno que en el plano externo. Esto se debe a que en cada ámbito representa una función política diferente. Mientras que en la dimensión interna la construcción memorial cumple un rol más de tipo constitutivo; en el plano externo, en cambio, cumple más una función de instrumento de comunicación de política internacional. La principal diferencia radica en que la primera se elabora en el contexto de la comunidad política organizada interna; mientras que la segunda ya goza de su existencia y raigambre en la propia comunidad y se encarga de trascender más allá de sus fronteras, volviéndose un recurso diplomático. En el caso aplicado, la memoria del Holocausto se manifiesta internamente por medio de museos y actos conmemorativos, y externamente, mediante la presidencia de la IHRA, declaraciones diplomáticas, entre otros.

Asimismo, al ser constantemente reconstruida desde el presente, el concepto de memoria por sí solo demuestra que el pasado no se conserva con la forma en la que estrictamente ocurrió, sino que se reestablece teniendo en cuenta los intereses y marcos de referencia del presente. De este modo, no se recupera un recuerdo fijo, sino que se lo recompone cada vez que se lo necesita y dicha situación depende de la postura del grupo vigente que lo invoca. En definitiva, con esta descripción se aprecian los métodos con los que se desarrolla el recuerdo colectivo en las etapas iniciales. Ahora bien, si esta constituye una construcción en grupo, ¿cómo es que sucede dicha acción, con qué objetivos y efectos se realiza? Para responder estos interrogantes es importante traer a colación una contribución del reconocido sociólogo, Pierre Bourdieu, en referencia al concepto de poder simbólico.

Bourdieu, en su texto titulado “Poder, derecho y clases sociales” (2000), remite a la idea de poder simbólico con el fin de abordar cómo los sistemas de signos -como el lenguaje, arte y religión- no son simples formas de comunicarse sino instrumentos de poder que ejecutan una imposición de una visión particular de la realidad. Dentro de esta proposición, puede deducirse que la memoria corresponde a otro tipo de signo de los sistemas nombrados, el cual se vuelve legítimo y se transforma en un componente que genera poder. Sin embargo, este tipo de capacidad y/o facultad de influir en el comportamiento de otros funciona de manera invisible y alcanza el carácter de “simbólico”, al ocultar las relaciones de fuerza que lo sustentan. Esto quiere decir que no todo se trata de hard power, entendido como la capacidad de obtener resultados deseados por medio de la coerción -poder militar- y de incentivos -poder económico- (Nye, 2011). De ahí que también existe un poder basado en prestigio, legitimidad y autoridad moral. Y en virtud de ello, es posible extrapolar esta concepción a la realidad y determinar que la memoria histórica produce capital simbólico, lo que en consecuencia deviene en que la presidencia argentina de la IHRA, mandato asumido por Buenos Aires en marzo de 2026, podría verse como una forma de acumulación de capital simbólico internacional que otorga reconocimiento y favorece la inserción de la nación argentina.

Consecuentemente, al concebirse la memoria colectiva en los términos en los que plantea el escrito, se advierte una base a través de la cual se puede vincular y explicar el contexto imperante con ciertos elementos de la teoría constructivista de las relaciones internacionales. Uno de sus principales exponentes, Alexander Wendt, explica cómo identidades y normas tienen influencia en los intereses y comportamientos de los Estados. Tal es así que desarrolla un esquema basado en que la realidad es social por lo que se construye socialmente, añadiendo que lo material no es suficiente y que precisamente adquiere significado a partir de las ideas (Wendt, 1999). El resultado, según este enfoque, es que las estructuras de asociación de los humanos están dadas primariamente por ideas compartidas y no por fuerzas materiales. El modelo de las tres “I” -ideas, identidades e intereses- es el que mejor expone esta perspectiva: ideas ayudan a estructurar las identidades, y estas por consiguiente moldean los intereses de los sujetos. Por todo ello, el razonamiento se puede materializar en que la construcción de la identidad en función de los ideales influirá en la constitución final de una determinada política exterior de un actor. Y sobre esto se trata la lógica integral del artículo.

Retornando a la situación actual, el contexto exhibe que la memoria colectiva es codificada en instituciones como la IHRA y Argentina lo avala. Al hacerlo, el resultado de la acción exterior es el alineamiento con estos principios, decisión que depende de la idea primaria de ponderación del recuerdo de la Shoah y de la necesidad de hacer memoria como factor estructural del ejecutivo.

Teniendo en consideración las nociones de los especialistas citados, es factible elaborar la siguiente premisa. Cuando la construcción memorial es institucionalizada y ponderada en los programas de políticas públicas tiene la capacidad de ir más lejos que su dimensión conmemorativa y convertirse en un instrumento diplomático que fortalece la proyección global del país. Sin este tipo de recuerdo del pasado no existiría ningún contenido que preservar y, básicamente sin institución, la memoria permanecería fragmentada. Ahora bien, en virtud de ello, lo esencial sería que se haga efectivo aquel acto mediante el cual los Estados reemplazan interacciones por un conjunto de normas y organizaciones formales. En otras palabras, sería algo similar a otorgar a una práctica o idea el carácter de institución. Con esa formulación, se conseguiría una iniciativa que conecte la dimensión social de la memoria -aporte de Halbwachs- con la política -contribución de Bourdieu- y finalmente con su instrumentación como política exterior -aporte de Wendt-.

Siguiendo un mismo orden, entonces, la institucionalización torna a la representación del pasado en una política pública estable y con forma, y para que ello suceda es menester que se hagan realidad una serie de aspectos. Uno de estos es que el Estado debería reconocer que dicha memoria posee un valor universal y digno de otorgarle legitimidad, dejando en claro que ya no se trata de un asunto interno. En el caso que es contemporáneo a la Argentina de hoy, el Holocausto no es solamente memoria europea o judía, sino que pasa a ser estrictamente patrimonio moral internacional. Luego, el Estado debería asumir el hecho de compartir los principios que vaya a sostener la organización a nivel global. Aquí ya entra el concepto de institucionalización internacional. Este factor demuestra que debe existir afinidad con las ideas y aquí se vería reflejado el constructivismo de Wendt porque el sujeto soberano debería reconocer las normas como propias, las cuales estarían determinando sus intereses. En el caso en concreto, hay una evidencia clara de que Argentina está a favor del contenido normativo y valorativo de la IHRA, el cual gira alrededor de la educación del recuerdo colectivo y el combate en contra del antisemitismo. Otro aspecto surge de la combinación entre los dos anteriores y está relacionado con que el Estado debería demostrar una voluntad política de proyectar esa identidad que viene acarreada del hecho de memoria. Una cuestión es apoyar discursivamente una determinada postura o circunstancia, y otra totalmente diferente es realizar acciones específicas empíricas. El asunto de que una nación presida una instancia como la IHRA no es simplemente una consecuencia protocolar del propio estatuto, sino que representa una declaración identitaria del país en cuestión. El último de estos refiere a la adaptación de la estructura política interna del Estado al entramado internacional, y como en el segundo aspecto, la lógica es la misma: se produce una internacionalización institucional, la cual en su conjunto plantea la proyección a nivel global y el esquema por excelencia final de la diplomacia de la memoria.

Por añadidura, el accionar diplomático bajo esta fórmula también se lo puede explorar desde la noción de régimen internacional del politólogo norteamericano Stephen Krasner. Con este término, el autor se refiere a aquel conjunto de principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisiones en torno a las cuales convergen las expectativas de los actores en un área temática determinada (Krasner, 1982, p.185). En función de esta definición, es posible asociar que sobre la materia de la memoria y por medio de la institucionalización presentada antes existen los regímenes internacionales de memoria. Y estos mismos tratarían de conjuntos de principios, normas, reglas e instituciones que estarían destinados a preservar y difundir determinadas representaciones del pasado consideradas de significancia universal. En último término, bajo este marco, la IHRA sería uno de estos regímenes.

Lo que emerge, en el medio de la instancia institucional internacional y por la vía de la diplomacia, es una adaptación y en cierta medida una apropiación de la memoria. En el caso particular, el Estado argentino decide continuar integrándose a los marcos institucionales de la IHRA y, mientras tanto, utiliza dicha asociación para continuar con su política exterior identitaria. Por ende, la Alianza ya comentada opera como un mecanismo mediante el cual Argentina puede adquirir credenciales internacionales comprometiéndose con el recuerdo colectivo y la lucha contra el antisemitismo.

Los elementos empíricos que materializan las ideas del párrafo anterior aparecieron en los discursos que desarrollaron los más altos funcionarios que se encargan de desplegar la acción diplomática exterior de la Argentina en el marco del Poder Ejecutivo. El primero de ellos refiere al discurso del presidente Javier Milei en el primer plenario de la IHRA en junio de 2026. En este puso de manifiesto la importancia de que Argentina sea el primer país latinoamericano en presidir la Alianza y remarcó que, “bajo el lema ´Expandiendo las fronteras de la memoria´, la presidencia argentina busca proyectar el trabajo de la IHRA hacia la región” (Casa Rosada Presidencia, 2026). De este modo, se observa cómo el jefe de Estado, quien es por interpretación del artículo 27º de la Constitución Nacional el jefe indiscutido de la política exterior y de la diplomacia, se vale del marco ya plasmado y ejecuta el instrumento de la memoria como recurso diplomático. Por su parte, el canciller argentino, Pablo Quirno, también se hizo presente con su declaración. En específico, transmitió un mensaje asociado a que la República Argentina quiere que esta presidencia sirva como un puente para toda América Latina y que más Estados puedan conocer de cerca la Alianza, usen sus herramientas, adopten sus estándares y entiendan que, por sobre todas las cuestiones, la memoria del Holocausto es una defensa viva contra el antisemitismo (Cancillería Argentina, 2026). Por consiguiente, estas actuaciones reflejan la relevancia que le otorga la nación argentina a la diplomacia de la memoria como herramienta del Estado.

En conclusión, y teniendo en cuenta todo lo esbozado, el análisis completo permite sostener que la memoria colectiva tiene la capacidad de trascender el mero efecto de recordar de manera solemne un evento histórico y constituirse en un recurso de política exterior. Resulta fundamental la institucionalización porque si no sucediese esta instancia, la construcción memorial no se daría de manera consolidada y no podría erigir a la estructura de poder simbólico. Desde este enfoque, el tipo de diplomacia aportado supone un modo de proyección internacional basado en elementos simbólicos antes que en capacidades materiales. Particularmente el caso de la presidencia argentina de la IHRA materializa el esquema conceptual planteado. Al participar la República Argentina de un régimen internacional de memoria demuestra no solo el ejercicio de una responsabilidad institucional, sino también una estrategia de política exterior con finalidades establecidas.

 En resumen, el trabajo propone dar cuenta de la diplomacia de la memoria como una unidad de análisis útil adicional para examinar políticas exteriores de manera comparativa. Esto genera la posibilidad de que haya nuevos puntos de investigación sobre cómo distintos Estados utilizan el pasado como instrumento para construir identidad y posicionarse en el escenario internacional.

Referencias

Bourdieu, P. (2000). Poder, derecho y clases sociales. Editorial Desclée de Brouwer, S.A.Cancillería Argentina. (1 de junio de 2026). Discurso de apertura del canciller Pablo Quirno.https://www.cancilleria.gob.ar/es/ihra-argentina-2026/primer-plenario/ihra-opening-remarks-minister-pablo-quirno

Casa Rosada Presidencia (1 de junio de 2026). Discurso del presidente Javier Milei en el primer plenario de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA).

https://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/51268-discurso-del-presidente-javier-milei-en-el-primer-plenario-de-la-alianza-internacional-para-la-memoria-del-holocausto-ihra

Chiquiar, A., González Pachecho, M.L & Soratti, S. (2026). Informe sobre votaciones de Argentina en la ONU (2023-2025). Documento de trabajo. Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. https://cari.org.ar/views/releases/detail/?article_id=900

Halbwachs, M. (2004). La memoria colectiva. Traducción de Inés Sancho-Arroyo. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.

Krasner, S.D. (1982). Structural Causes and Regime Consequences: Regimes as Intervening Variables. International Organization, 36(2), 185-205. http://www.jstor.org/stable/2706520

Laporte, J.P y Corigliano, F. (2025). La política exterior de Javier Milei (2023-2025). Una política exterior minimalista y empresario-céntrica. Studia Politicae, 66, 4-39. https://revistas.bibdigital.uccor.edu.ar/index.php/SP/article/view/6158

Merke, F. (2008). Identidad y Política Exterior en la Argentina y Brasil[Tesis de Doctorado, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales]. Sede Académica Argentina, Buenos Aires.

Nye, J. (2011). The future of power. New York: PublicAffairs.

Tokatlian, J.G. (17 de junio de 2024). Hiperoccidentalismo, Milei y el interés nacional. Cenital. https://cenital.com/hiperoccidentalismo-milei-y-el-interes-nacional/

Waever, O. (1996). Discourse Analysis as Foreign Policy Theory: The Case of Germany and Europe. Center for Government and European Studies, University of California at Berkeley. Wendt, A. (1999). Social theory of international politics. Cambridge University Press.