A fines de diciembre del 2025, los representantes de los ejércitos de Israel, Grecia y Chipre, reunidos en la ciudad chipreana de Nicosia, firmaron un nuevo plan de trabajo de cooperación militar que entrará en vigor este año. Si bien la relación entre estos tres países se ha caracterizado por un notable acercamiento en los últimos años, esta formalización de instrumentos concretos de cooperación puede significar un hito importante en la configuración de la seguridad en el Mediterráneo Oriental.
En este sentido, el acuerdo alcanzado no es meramente técnico-militar sino que representa una clara toma de posición de estos tres Estados, en respuesta a la reconfiguración del equilibrio de poder en la región, pensando en los acontecimientos que han tenido lugar en el Medio Oriente tal como la caída del gobierno de Bashar Al Ásad en Siria, o el relativo aislamiento político y diplomático del régimen de los ayatolas en Irán en los últimos meses.
Esta convergencia de intereses entre Grecia, Chipre e Israel puede ser explicada sobre la base de dos procesos estructurales: por un lado, la presencia de yacimientos de hidrocarburos en la cuenca oriental del Mar Mediterráneo, y por otro lado, la creciente tensión entre Israel y Turquía, dos potencias con aspiraciones regionales, cuya relación se ha visto deteriorada en los últimos años.
Los acuerdos firmados el pasado mes de diciembre elevan el entendimiento funcional alcanzado años atrás hacia una arquitectura de interoperabilidad militar, que, según las declaraciones del Ministerio de Defensa israelí, se orienta principalmente a la protección de infraestructura critica, la defensa área y naval integrada y el desarrollo de capacidades disuasivas.
Para Israel, este acuerdo se enmarca en su tradicional Doctrina de la periferia, formulada por el primer ministro Ben-Gurión en los años cincuenta, coincidiendo prácticamente con la propia fundación del Estado. Esta estrategia de alianzas con países no árabes, sostenida en el tiempo, ve una actualización con la firma de los acuerdos con Grecia y Chipre, al proyectar su influencia hacia el Mediterráneo Oriental.
Para griegos y chipriotas, esta articulación con Israel busca compensar la notable asimetría militar que mantienen con Turquía. Desde el 2006, Ankara promueve una doctrina expansionista sobre el Mediterráneo oriental, el Mar Egeo y el Mar Negro, conocida como Mavi Vatan (Patria Azul), reivindicando una extensa plataforma continental y zonas económicas exclusivas, cuestionando directamente los derechos marítimos de Grecia y Chipre.
Esta arquitectura de seguridad no puede analizarse por completo sin tener en cuenta un factor clave en la configuración actual del mapa chipriota: la persistente división de la isla en dos desde 1974, con la República de Chipre al sur, de mayoría grecochipriota y con reconocimiento internacional, y la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre (RTNC), solo reconocida por Turquía.
Por ende, la isla de Chipre significa un nodo critico en el Mediterráneo. La RTNC representa para Ankara un pilar geopolítico que sustenta sus reclamos marítimos y su presencia militar en la zona. Para Israel y Grecia, en cambio, la isla funciona como un punto fundamental para mantener la seguridad energética en Europa y como una plataforma operativa en el centro del Mediterráneo Oriental.
La dimensión energética amplifica la tensión en la región. Como se mencionó anteriormente, el descubrimiento de yacimientos de hidrocarburos es clave para entender el nuevo marco de cooperación militar. Al proyecto del gasoducto EastMed, cuyo objetivo es transportar gas natural desde Israel y Chipre hacia Europa a través de Grecia e Italia, se suma el del interconector eléctrico Great Sea que busca conectar las redes eléctricas de Israel, Grecia y Chipre. En este sentido, la seguridad energética se integra CON la lógica de disuasión militar.
En paralelo, la modernización de las capacidades defensivas grecochipriotas, con tecnología y recursos israelíes, puede alimentar percepciones de militarización y reduce los incentivos para una solución diplomática de la cuestión de Chipre.
Pese al interés común de contener a Turquía en la zona, para Grecia y Chipre este actor representa una amenaza central, mientras que la prioridad estratégica de Israel continúa siendo Irán y la inestabilidad del Levante por lo que, ante un escenario de crisis simultaneas, la cohesión del eje puede tensionarse.
En definitiva, el acuerdo militar alcanzado en diciembre de 2025 entre Grecia, Chipre e Israel representa un nuevo hito en sus relaciones, y tiene el potencial de configurar un nuevo equilibrio en la región. No obstante, es necesario observar con atención la respuesta turca debido a que el acuerdo afecta directamente sus intereses geopolíticos.
Nicolás Jaimez Leguina
Integrante
Departamento de Medio Oriente
IRI-UNLP