La confrontación entre el gobierno de Benjamin Netanyahu y la República Islámica de Irán ha evolucionado hacia un escenario definido por la combinación de tecnología militar avanzada y percepciones de amenaza cada vez más rígidas.
Lejos de las guerras convencionales del siglo XX, el actual enfrentamiento se caracteriza por una lógica de ataques de precisión, saturación de defensas y disuasión estratégica, donde el equilibrio depende tanto del armamento como de la interpretación política de su uso.
El campo de batalla invisible: alcance, precisión y saturación
De acuerdo con el análisis de instituciones como el International Institute for Strategic Studies y el Stockholm International Peace Research Institute, el eje militar del conflicto se apoya en dos capacidades clave: proyección de largo alcance y defensa multicapa.
En las últimas décadas Irán ha desarrollado un arsenal basado en misiles balísticos de medio alcance como el Shahab-3 (hasta ~2.000 km) y el Sejjil, de combustible sólido, que permite lanzamientos más rápidos y difíciles de detectar. A esto se suman sistemas tácticos como el Fateh-110, diseñados para ataques más precisos a distancias menores.
En paralelo, la proliferación de drones como el Shahed-136 introduce una nueva dimensión: ataques de bajo costo capaces de saturar sistemas defensivos mediante volumen más que precisión.
Por su parte, Israel responde con una arquitectura militar diferente. Según evaluaciones del Center for Strategic and International Studies, su ventaja reside en la integración de: aviación de quinta generación como el F-35I y capacidad de ataque de largo alcance con F-15I y un sistema de defensa escalonado único en el mundo. Este sistema incluye:
- Iron Dome (corto alcance)
- David’s Sling (medio alcance)
- Arrow 2 y 3 (misiles balísticos de largo alcance, incluso fuera de la atmósfera)
El objetivo no es solo interceptar amenazas, sino reducir la efectividad de la estrategia iraní basada en volumen de fuego y la saturación.
La lógica de Copenhague: cuando la defensa se convierte en amenaza
Para entender por qué este equilibrio es tan inestable, analistas recurren a la Escuela de Copenhague. Este enfoque sostiene que los conflictos modernos no dependen únicamente de capacidades militares, sino de procesos de “securitización”: cuando un Estado define al otro como amenaza existencial. En este marco, Israel interpreta el desarrollo misilístico iraní como un riesgo irreversible. Irán interpreta la superioridad aérea israelí como preparación para ataques preventivos. El resultado es una paradoja central: cada medida defensiva refuerza la percepción ofensiva del adversario.
De la disuasión a la saturación: el cambio en la naturaleza del conflicto
A diferencia de guerras anteriores, el objetivo no es necesariamente ocupar territorio, sino degradar la capacidad operativa del enemigo y su sensación de seguridad. Esto explica el uso combinado de: ataques aéreos de precisión, misiles de largo alcance, drones de saturación, operaciones indirectas y ciberataques.
Según expertos de RAND Corporation, este tipo de conflictos tiende a mantenerse en una zona gris: lo suficientemente intensos para ser guerra funcional, pero sin cruzar siempre el umbral de guerra total.
Un equilibrio inestable
El riesgo central no radica solo en el volumen de armamento, sino en la dinámica que lo rodea. A medida que ambos actores refuerzan sus capacidades, el margen de error se reduce.
Un fallo en los sistemas de defensa, un ataque mal interpretado o una sobreestimación de intenciones puede desencadenar una escalada mayor.
En suma, la confrontación entre Israel e Irán refleja una transformación más amplia de la guerra contemporánea: menos visible, más tecnológica y profundamente condicionada por percepciones estratégicas. Como advierte la Escuela de Copenhague, el mayor peligro no es únicamente el poder militar acumulado, sino la forma en que ese poder es interpretado dentro de un sistema de desconfianza en aumento. En este contexto, la línea entre disuasión y conflicto abierto es cada vez más delgada.
Raul Matías Nuñez
Integrante
Departamento de Medio Oriente
IRI-UNLP