Responsabilidad y autocrítica: implicancias políticas y mediáticas del asesinato de la periodista Abu Akleh

Responsabilidad y autocrítica: implicancias políticas y mediáticas del asesinato de la periodista Abu Akleh

Como el cuento de nunca acabar, el conflicto palestino-israelí se cobró una nueva víctima inocente en el medio de un enfrentamiento que parece ser un “loop permanente” donde la violencia aparece una y otra vez para recordar al mundo entero que la disputa entre palestinos e israelíes se mantiene tan vigente como hace décadas.

La muerte de la periodista Shireen Abu Akleh fue un nuevo llamado de atención al mundo y pareció ser, nuevamente, la gota que rebalsó el vasopara que los ojos de la opinión pública se posaran en Medio Oriente, evidenciando los distintos sesgos que el conflicto provoca y que deja, como consecuencia, un excesivo nivel de desinformación que se ajusta a la posición de quien la comparte.

El asesinato de la periodista no fue un caso “In Media Res”. Se puede apreciar que desde marzo del corriente año la violencia palestina agitada por distintos acontecimientos y el ímpetu que genera el mes de Ramadán, se empezó a extender por todo Israel. Dicho estado de situación llegó incluso a lugares céntricos en Tel Aviv como la emblemática calle Dizengoff, o en las periferias al barrio de Bnei Barak donde 5 israelíes fueron asesinados por un terrorista o incluso el día en el que Israelcelebra el día de la Independencia en la ciudad de Elad3 israelíes fueron asesinados por dos palestinos oriundos de la ciudad de Yenin, territorio palestino en Cisjordania. Posteriormente, la violencia se trasladó al Monte del Templo (también conocido como Explanada de las Mezquitas) donde manifestantes  palestinos atrincherados se enfrentaron con fuerzas de seguridad israelíes durante varios días.

Es justamente en Yenín, ciudad ubicada en el norte de Cisjordania, donde tenemos que detenernos debido a que es la localidaddonde la periodista de la red de noticias qatarí Al Jazeera, Shireen Abu Akleh fue asesinada. El pasado 11 de mayo, en una redada del ejército israelí la periodista, que se encontraba claramente identificada con su chaleco de periodista, murió por causa de un disparo cuya autoría no fue confirmada.

Como en cada ocasión en que la violencia se torna protagonista entre israelíes y palestinos, no faltaron acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad en el suceso, redactando comunicados oficiales donde se desentendían de la responsabilidad y se la adjudicaban directamente al otro. Como en otros tantos episodios, la política hizo lo suyo poniendo obstáculos para averiguar qué fue lo que sucedió. Del lado israelí, se ofrecieron a co-investigar junto con la Autoridad Nacional Palestina para dilucidar quien es el responsable del crimen, el gobierno de Mahmud Abbas rechazó el gesto adjudicando la responsabilidad del hecho en Tel Aviv aprestándose en darle funeral y posterior entierro a la periodista. Esto se tradujo en que la Autoridad Nacional Palestina, junto a Al Jazzera, notificaron que se encuentran actualmente en proceso de elevar el caso a la Corte Penal Internacionalacusando por lo ocurrido, como se dijo, al gobierno israelí.

Mientras que en las redes sociales se podía ver un video de un palestino disparando en un callejón afirmado que una de sus balas había impactado contra un soldado israelí, del lado de Israel afirmaron categóricamente que ningún soldado se encontraba en esa posición ni había sido alcanzado, con lo cual se abría la chance de que una bala palestina sea la que mató a Shireen. Para sumar aún más a la confusión el director del Instituto de Medicina Forense de la Universidad de a-Najah de la ciudad de Nablus que se encargó de la autopsia de la periodista afirmó que no se podía confirmar si la bala que le quitó la vida a Shireen provenía de un arma israelí o palestina.

Sin esperar resultados oficiales y formales del acontecimiento, tanto periodistas, políticos y mismo la ciudadanía se expresaron en los distintos medios de comunicación adjudicando responsabilidades orientadas a un interés político propio. La congresista norteamericana Rashida Tlaib no tardó en acusar a Israel como culpable de la muerte de la periodista mucho antes de que cualquier informe se desarrollara. Por su parte, Hananya Naftali, una figura pública israelí en las redes sociales subió un posteo en el que argumenta que la responsabilidad de la tragedia es de los grupos armados palestinos

El caso de la injustificada y condenable muerte de la periodista Shireen Abu Akleh mostró una vez más que civiles palestinos e israelíes son víctimas de la falta de resolución de un conflicto que no encuentra en los gobiernos de un lado y del otro cooperación para tratar de ponerle fin, sino que aprovechan cada oportunidad como instancia de rédito político.  Así mismo, el caso evidenció que los medios de comunicación tampoco demostraron estar a la altura de las circunstancias, promoviendo evidencias parciales que adjudican responsabilidades sin investigaciones. Únicamente una comprensión de la disputa en donde el otro es parte de la solución y no el único causante de todos los males traerá un nuevo paradigma donde no habrá otra Abu Akleh.


Ilan Buzny
Ezequiel Pinto
Integrantes
Departamento de Medio Oriente
IRI – UNLP

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