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Colombia tendrá segunda vuelta en un ambiente electoral marcado por la radicalización del discurso

El pasado domingo 31 de mayo se desarrolló la jornada electoral correspondiente a la primera vuelta presidencial en Colombia, la cual deparó importantes sorpresas para el escenario político del país sudamericano. A lo largo de la contienda, dos candidatos lideraron de manera constante las encuestas de intención de voto, incluso antes del inicio formal de la campaña electoral.

Por un lado, se encontraba Iván Cepeda, político de larga trayectoria adscrito al Pacto Histórico, agrupación política que tiene al presidente Gustavo Petro como principal referente. Cepeda ha sido reconocido nacional e internacionalmente por su trabajo en defensa de los derechos humanos, además de su constante participación en distintos procesos de negociación de paz desarrollados con grupos armados en Colombia.

Sin embargo, el hecho que terminó catapultándolo definitivamente al centro del debate público fue el largo proceso judicial iniciado en su contra por Álvaro Uribe Vélez, el cual derivó, en un giro inesperado, en el juzgamiento del expresidente por los delitos de fraude procesal y soborno a testigos. Aunque Uribe fue condenado en primera instancia en 2025, dicha decisión sería posteriormente revocada por el Tribunal Superior de Bogotá, absolviéndolo en segunda instancia. Este episodio consolidó a Cepeda como uno de los principales referentes del antiuribismo colombiano, sentimiento político que ya había sido determinante en la llegada de Gustavo Petro a la presidencia en 2022.

Desde la otra orilla ideológica se encontraba Abelardo de la Espriella, abogado penalista y empresario que alcanzó notoriedad pública gracias a su participación en algunos de los casos judiciales más mediáticos del país, representando tanto a víctimas emblemáticas como a figuras altamente controvertidas del ámbito político y criminal colombiano. A lo largo de los años, y mediante una constante exposición mediática, el abogado fue consolidando una posición político-ideológica cercana al expresidente Álvaro Uribe y a los sectores más conservadores de la derecha colombiana, aunque sin militar formalmente en el Centro Democrático ni aspirar previamente a cargos de elección popular.

A mediados de 2025, y aprovechando el desgaste político producido por los diferentes escándalos de corrupción ocurridos durante la administración de Gustavo Petro, Abelardo anunció oficialmente su aspiración presidencial mediante una campaña de recolección de firmas. La candidatura no estuvo exenta de controversia, debido a que su movimiento presentó más de cinco millones de firmas de respaldo, de las cuales la Registraduría Nacional validó cerca de 1,98 millones e invalidó más de tres millones por inconsistencias técnicas.

Desde entonces, la campaña de Abelardo de la Espriella construyó una estrategia política capaz de sostener, desde el inicio, un discurso altamente polarizante pero coherente, fácilmente identificable dentro de las nuevas expresiones del populismo de derecha contemporáneo, fenómeno observable también en liderazgos como los de Javier Milei en Argentina, Donald Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil o Nayib Bukele en El Salvador.

Volviendo a lo ocurrido el pasado domingo, el resultado más significativo de la jornada electoral fue, sin duda, el triunfo de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta. El candidato obtuvo 10.361.499 votos, equivalentes aproximadamente al 43,74 % de la votación validada hasta el momento por el preconteo electoral (Registraduría Nacional, 2026). El masivo respaldo obtenido por el abogado (quien adoptó durante la campaña el seudónimo de “El Tigre”) constituyó un resultado no anticipado por las principales encuestas publicadas antes del 31 de mayo (Guarumo, Atlas Intel, Invamer, entre otras).

La mayoría de los sondeos ubicaban a Iván Cepeda como ganador de la primera vuelta, con porcentajes que oscilaban entre el 33 % y el 44 %, seguido generalmente por el propio Abelardo de la Espriella. Un punto de inflexión se produjo a mediados de mayo con la publicación de la encuesta de Invamer, en la cual Cepeda lideraba con 44,6 %, seguido por Abelardo con 31,6 % y, en tercer lugar, Paloma Valencia (la candidata del uribismo tradicional) con 14 %.

Este resultado comenzaba a evidenciar un cambio significativo dentro de la derecha colombiana, al posicionar a Abelardo varios puntos por encima de Paloma Valencia, quien había resultado vencedora de la denominada “Consulta por Colombia”, realizada el 8 de marzo de 2026. Dicha consulta interpartidista, que agrupó buena parte de las expresiones tradicionales de derecha y centroderecha vinculadas a la institucionalidad política colombiana, obtuvo aproximadamente 5.857.395 votos, de los cuales 3.236.286 correspondieron directamente a Paloma Valencia.

En ese momento, la consulta parecía consolidar a Valencia como la principal figura capaz de disputar la presidencia frente al candidato del gobierno. Sin embargo, las semanas posteriores mostrarían una rápida migración del electorado uribista hacia la candidatura de Abelardo de la Espriella.

Lo que aquella encuesta anticipaba correctamente, y que a posteriori se reflejaría en los resultados de la primera vuelta, era la ruptura del orden político de derecha estructurado durante más de dos décadas alrededor del liderazgo de Álvaro Uribe. La estrategia de Paloma Valencia, orientada a captar sectores moderados y del denominado “centro político”, implicó un distanciamiento parcial del discurso radical impulsado por Abelardo. Paradójicamente, dicha moderación terminó facilitando el traslado de una parte significativa de la base electoral uribista hacia el movimiento del abogado cordobés, permitiéndole concentrar en primera vuelta una votación que muchos analistas esperaban únicamente para un eventual ballotage.

Polarización y radicalización política

La primera vuelta dejó en evidencia no solamente una disputa electoral, sino también una creciente radicalización ideológica del debate político colombiano. Abelardo de la Espriella logró asestar un doble golpe político: por un lado, desplazó a la candidata del uribismo tradicional y, por el otro, debilitó la confianza de la campaña de Iván Cepeda, la cual aspiraba a alcanzar una victoria en primera vuelta.

En términos programáticos, Abelardo encarna varias de las características propias de las nuevas derechas populistas latinoamericanas. Su discurso ha logrado conectar con sectores sociales que rechazan las posiciones progresistas impulsadas por el actual gobierno, incluyendo nichos tradicionales del conservadurismo colombiano como sectores de la reserva activa y grupos cristianos evangélicos.

En materia de seguridad (eje central de su campaña) ha propuesto la construcción de siete megacárceles inspiradas en el modelo salvadoreño del CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo), además del fortalecimiento de las operaciones militares contra el ELN, las disidencias guerrilleras y otras organizaciones criminales. Asimismo, plantea el fin de la política de “Paz Total” impulsada por Gustavo Petro y el retorno de la fumigación aérea con glifosato para combatir cultivos ilícitos, medida ampliamente cuestionada a nivel internacional debido a sus posibles efectos ambientales y sanitarios.

En el plano económico, varias de sus propuestas guardan similitud con el ideario liberal impulsado por Javier Milei en Argentina: reducción de impuestos a empresas y sectores productivos, disminución del tamaño del Estado, recorte burocrático, flexibilización regulatoria y fortalecimiento de la inversión privada. Del mismo modo, ha defendido el impulso al fracking y a la explotación de hidrocarburos como mecanismo para fortalecer la soberanía energética colombiana.

En relación con la justicia transicional y los acuerdos de paz, Abelardo propone desmontar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), rechazar nuevas negociaciones con grupos armados y priorizar una estrategia centrada en la derrota militar de las organizaciones ilegales. En esa línea, reivindica elementos de la doctrina de Seguridad Democrática impulsada durante los gobiernos de Álvaro Uribe, llegando incluso a proponer lo que ha denominado un “Plan Colombia II” (Movimiento Defensores de la Patria, 2026).

Desde lo social y cultural, mantiene posiciones conservadoras relacionadas con la oposición al aborto, las críticas a la denominada “ideología de género”, el rechazo a la adopción homoparental y la defensa de la familia tradicional y de los valores religiosos dentro de la vida pública.

En política exterior, ha propuesto romper relaciones diplomáticas con gobiernos de izquierda como Cuba y Venezuela, además de restablecer plenamente las relaciones con Israel mediante el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén.

Por su parte, Iván Cepeda representa la continuidad y profundización del proyecto político impulsado por Gustavo Petro, aunque incorporando elementos propios derivados de su trayectoria histórica vinculada a la defensa de los derechos humanos, las víctimas y los procesos de paz.

En términos de seguridad y paz, Cepeda ha defendido la continuidad de la política de “Paz Total”, priorizando las negociaciones con grupos armados ilegales y sosteniendo que el conflicto colombiano no puede resolverse exclusivamente mediante estrategias militares, sino también a través de transformaciones sociales, presencia estatal y mecanismos de justicia transicional. En esa misma línea, respalda la permanencia y fortalecimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la implementación integral del Acuerdo de Paz firmado con las FARC en 2016.

En el ámbito económico, Cepeda plantea una mayor participación estatal en la implementación de políticas sociales, reformas agrarias y estrategias orientadas a reducir la desigualdad social. Asimismo, respalda propuestas asociadas a la transición energética, buscando disminuir progresivamente la dependencia económica del petróleo y del carbón, además de fortalecer la inversión pública en salud, educación y programas sociales.

En el plano social y cultural, Cepeda mantiene posiciones progresistas relacionadas con la ampliación de derechos civiles y sociales, defendiendo políticas de equidad de género, el reconocimiento de los derechos de las comunidades LGBTIQ+ y una mayor inclusión política y económica de sectores históricamente marginados.

No obstante, tanto los medios de comunicación tradicionales como las redes sociales han desempeñado un papel central en la profundización de la polarización política colombiana. La campaña se ha desarrollado en medio de discursos cada vez más agresivos y radicalizados. El propio Abelardo de la Espriella llegó a afirmar públicamente: “Y sepan ustedes, señores de la izquierda, en mí tendrán a un enemigo acérrimo que hará todo lo posible para destriparlos y enfrentarles, determinada y decididamente. A esa plaga hay que erradicarla”.

Este ambiente de confrontación permanente ha alcanzado niveles inéditos en la política reciente colombiana. Por primera vez en décadas, los dos candidatos que disputarán la segunda vuelta presidencial no habían participado, hasta el cierre de la primera vuelta, en un solo debate presidencial conjunto. La radicalización del discurso político terminó trasladándose también a la ciudadanía, profundizando dinámicas de polarización social y desconfianza mutua.

La segunda vuelta

De cara a la segunda vuelta presidencial, la campaña de Iván Cepeda buscará ampliar significativamente su caudal electoral, especialmente mediante la captación de sectores moderados y de centro. El reto principal consiste en sumar aproximadamente tres millones de votos adicionales que le permitan superar a Abelardo de la Espriella, teniendo en cuenta que buena parte del electorado de Paloma Valencia podría terminar respaldando al abogado.

Álvaro Uribe ya reconoció públicamente la derrota de su candidata y anunció su apoyo a Abelardo de la Espriella para la segunda vuelta. Mientras tanto, figuras del denominado “centro político”, como Claudia López y Sergio Fajardo (quienes sumaron cerca de 1,2 millones de votos) han realizado intervenciones que podrían interpretarse como acercamientos a la campaña de Cepeda, aunque sin formalizar todavía una adhesión oficial.

Sin embargo, resulta poco probable que ambos ex candidatos opten por mantenerse al margen frente a la posibilidad de que un proyecto político como el encabezado por Abelardo de la Espriella alcance la presidencia, especialmente considerando el riesgo que esta candidatura representaría para la democracia colombiana.

John Mario Pineda Ospina
Integrante
Departamento de América Latina y el Caribe
IRI-UNLP

Referencias

Movimiento Defensores de la Patria. (2026). Plan de gobierno Abelardo de la Espriella. https://defensoresdelapatria.com/wp-content/uploads/2026/04/PROPUESTAS-DEL-TIGRE.pdf

Registraduría Nacional del Estado Civil. (2026). Resultado del pre-conteo electoral. Página oficial de la Registraduría Nacional de Colombia. https://resultados.registraduria.gov.co/resultados/0/00