La guerra en Irán y el Cáucaso sur

Departamento de Eurasia

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La guerra en Irán y el Cáucaso sur

Paulo Botta

El inicio de un nuevo capítulo de conflicto abierto entre Irán, por un lado, e Israel y Estados Unidos, por el otro, presenta un peligroso desarrollo en dos sentidos: la extensión en el tiempo y en espacio.

Iniciado a finales del mes de febrero, los ataques continúan de manera intermitente sin que se vislumbre un cese definitivo, a pesar de los intentos diplomáticos por hacerlo, que hasta este momento han sido infructuosos.

Por otra parte, los ataques han afectado no solo a los tres países mencionados sino a casi todos los actores de la región, particularmente a los países árabes del golfo quienes han absorbido un porcentaje muy elevado de la agresión iraní.

Más allá de los aspectos estrictamente militares, el conflicto ha afectado otros aspectos de la seguridad regional y global, desde la alimentaria a la energética, pasando por los flujos de comercio a inversión.

En este trabajo analizaremos lo que significa el conflicto para la región del Cáucaso sur de manera que consideremos las implicancias para esta región. 

Desde nuestro punto de vista, se está produciendo un reordenamiento en la región del Cáucaso sur como resultado del conflicto en el golfo y que el nuevo esquema emergente debe ser visto como uno donde Rusia e Irán tendrán un papel menor del que han tenido en el pasado y en donde Turquía y Azerbaiyán servirán de puente logístico para cimentar sus relaciones con Europa. Finalmente, y a pesar de su aún lejana materialización, el interés de los Estados Unidos, a través del proyecto Trump Route for International Peace and Prosperity (TRIPP), es un vector más de este cambio que estamos señalando.

Mercados energéticos

Una primera consecuencia del conflicto se vincula con la alteración de los precios internacionales de hidrocarburos, petróleo y gas, con los daños a la infraestructura del sector (pozos, plataformas off shore, refinerías y terminales portuarias) y con la disrupción global derivada del cierre del estrecho de Ormuz.

Sin embargo, la volatilidad y los efectos tendrán un efecto a mayor largo plazo. Tomemos en cuenta la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, el tercer productor de ese grupo, y las implicancias de que un país con tan grande capacidad de producción pueda colocar su petróleo en el mercado global sin las limitaciones de las cuotas asignadas en la OPEP.

En el caso del Cáucaso sur, Azerbaiyán es miembro de la OPEP+, un grupo de diez países que coordinan sus cuotas de producción con los miembros de la OPEP (doce países, ahora once) aunque sin formar parte de esta última.

Un mercado de petróleo con precios mas elevados afecta de manera diversas a los países del Cáucaso sur. Por un lado, genera mayores ingresos a los productores debido al aumento de los precios internacionales y, por otro lado, del lado de los compradores (mercados de destino), aumenta la necesidad de contar con un flujo constante y estable de petróleo y gas para lograr su seguridad energética.

Así, el Mar Caspio no se ha visto afectado de manera directa, sino ocasionalmente, en las operaciones militares, a pesar de que Irán es uno de los cinco estados ribereños, por lo que las exportaciones que países como Kazajstán realizar a través de ese mar hacia las costas de Azerbaiyán y desde allí a través del corredor sur hacia Europa no han sufrido inconvenientes sostenidos.

De hecho, esa continuidad en el flujo de petróleo y gas ha aumentado la relevancia comparativa de los hidrocarburos que provienen de esa región en comparación con los que deben atravesar el golfo a través del estrecho de Ormuz o desde el Mar Rojo a través del Canal de Suez debido a los ataques de los huzíes.

El Cáucaso y los oleoductos y gasoductos que atraviesan Azerbaiyán y Georgia y luego Turquía, son un eslabón central en la seguridad energética de muchos países, particularmente los europeos que ya se habían visto afectados a partir del inicio de la guerra en Ucrania en febrero de 2022.

La guerra en el gofo ha llevado, de esa manera, a que los países europeos miren con mayor atención a la región del Caspio (el eje Asia Central, Caspio, Azerbaiyán, Turquía) para su seguridad energética, siendo los países mencionados favorecidos por la inestabilidad generada por Irán, así como por el aumento de los precios internacionales de hidrocarburos.

De esa manera se fortalece la vinculación entre Azerbaiyán y los países del Consejo de Cooperación del Golfo, entre Azerbaiyán y Turquía, Azerbaiyán y los países de Asia Central y por supuesto Azerbaiyán y los países europeos.

Los mercados energéticos son uno de los elementos más importantes en los corredores de transporte multimodal que representan el mapa de vinculaciones comerciales a nivel global.

Corredores de transporte

El conflicto en Irán ha puesto en claro, entre otras cosas, la importancia de los corredores de transporte (terrestres, marítimos y aéreos) para el comercio internacional y su impacto en la economía global.

El cierre del estrecho de Ormuz y los peligros inherentes, así como los ataques realizados por las milicias huzíes de Yemen en el Mar Rojo han tenido un efecto internacional de gran magnitud. Desde la ruptura de cadenas globales de valor, aumento en los fletes y seguros de transporte, hasta la necesidad de buscar nuevos proveedores y rutas seguras.

El cierre del espacio aéreo de países del golfo dio una relevancia inusitada a los espacios aéreos de los países del Cáucaso para las rutas entre Asia y Europa.

La importancia del oleoducto Baku–Tbilisi–Ceyhan (BTC) o del gasoducto Trans Anatolio (TANAP) es algo que ya nadie discute. 

Lo mismo ocurre con el Trans-Caspian International Transport Route (TITR), conocido como “Corredor Medio” se ha convertido en un instrumento esencial tanto para China como para los países de Asia Central y Europa. Los problemas derivados del conflicto en Irán no han hecho más que fortalecer la necesidad de desarrollar toda la infraestructura necesaria para fortalecer esta opción que una al continente euroasiático pasando por el Cáucaso sur.

Otro proyectos, como el caso del International North–South Transport Corridor (INSTC) o del India–Middle East–Europe Economic Corridor (IMEC) nos demuestran que los mismos no solo dependen del interés de los estados por los cuales pasan estas obras de infraestructura multimodal sino de las necesidades reales de transporte, de los proveedores y de los mercados de destino.

En el caso del INSTC resulta claro que tanto Irán como Rusia buscan rutas alternativas a las ya existentes pero esas rutas que se proponen desde Moscú o Teherán no reflejan necesidades reales en cuanto a los intercambios sino la necesidad de evitar sanciones y mostrarse activos a nivel internacional. Es por ello que, hasta el momento, se trata más de proyectos políticos que proyectos que reflejen necesidades de transporte.

El corredor medio es una realidad cuya relevancia se ha visto fortalecida por los problemas y disrupciones derivadas del conflicto en el golfo. La necesidad de fortalecer la resiliencia de las cadenas de transporte internacional y generar alternativas seguras le da una importancia que es innegable. La posibilidad de que mercancías lleguen desde China a Europa en dos o tres semanas, en lugar de las seis semanas a través de las rutas marítimas es una ventaja que, sumada a la finalización de los conflictos territoriales en el Cáucaso sur le da gran atractivo para el comercio internacional.

 Orden regional

Los desarrollos que estamos viendo como resultado del conflicto en Irán generan y van a generar un impacto en el sistema regional del Cáucaso sur.

En primer lugar, la disminución relativa de la capacidad de Irán de actuar como una potencia regional es un dato de la realidad. No existen ni factores ideológicos o religiosos atractivos que puedan actuar como elementos de “poder blando” ni mucho menos capacidades reales en lo económico que puedan generar expectativas de oportunidades para los países del Cáucaso.

Por el contrario, la gran cantidad de sanciones internacionales que pesan sobre Irán lo convierten en un socio poco atractivo, donde existen más peligros que oportunidades derivadas de la aplicación de sanciones secundarias.

Sin embargo, el peso específico de Irán y su aparato militar representan una capacidad disruptiva que, combinado con una política nacionalista, debe ser tenida en cuenta. Tiene más capacidad de generar problemas que de solucionarlos.

Los países del Cáucaso sur son conscientes de ello y de que es imposible aislar absolutamente a un país de más de 90 millones de habitantes. Es por ello que las políticas exteriores de los países del Cáucaso sur hacia Irán se orientan hacia un modus vivendi antes que a una abierta confrontación. 

En segundo lugar, fruto del actual conflicto y, particularmente, de la guerra de Ucrania, Rusia también es una potencia con influencia en declive en el Cáucaso sur. Su influencia ha ido disminuyendo, aunque no siempre ha sido un proceso aceptado por Moscú que más de una vez ha tensado las relaciones con los estados del Cáucaso sur que se perciben como alejados de Rusia o que intentan alejarse.

Lo cierto es que a pesar de la relevancia histórica y de la innegable influencia lingüística, los países del Cáucaso sur buscan nuevos socios globales antes que los dos estados con pasado imperial en la región: Irán y Rusia.

Turquía por su parte, emerge como un actor con vocación de ser un polo de poder para lo cual cuenta con dos claras ventajas: por un lado, su membresía a la OTAN y el territorio por el cual transitan buena parte de los oleoductos y gasoductos que llegan a territorio de la Unión Europea, el vínculo energético entre la región del Caspio y Europa.

A ello podemos agregar su cercanía cultural con los países túrquicos (Azerbaiyán y los cuatro países túrquicos de Asia Central) así como la profusa red de organizaciones interregionales que se han ido desarrollando como resultado de ese sustrato común.

Estados Unidos, particularmente en durante la segunda administración del Donald Trump, por primera vez en décadas busca un papel activo en la región, el proyecto “Trump Route for International Peace and Prosperity” busca posicionar a Washington como un ordenador y garante de la paz en la región. Demás está decir que ese papel tiene otra consecuencia geopolítica como es el de servir de límite y contención a la influencia rusa e iraní en la región. Es por ello que tanto Moscú como Teherán se han opuesto a dicho proyecto de manera muy clara.

Para Azerbaiyán y para Armenia, por el contrario, el proyecto ayudaría a estabilizar la situación con garantías provistas por un estado que no ha tenido ningún pasado imperial ni contra uno ni otro.

La Unión Europea, por su parte, apoya cualquier iniciativa que garantice su seguridad energética, que asegure la estabilidad y la inexistencia de conflictos y que limite la influencia rusa e iraní.

La visita de la Primera Ministro de Italia, Giorgia Meloni, a Azerbaiyán el pasado mes de mayo demuestra la relevancia de Bakú para la seguridad energética europea, Meloni la calificó de “crucial”

Estamos en un contexto, desde ese punto de vista de concordancia entre los intereses armenios, azerbaiyanos, turcos, norteamericanos y europeos. Una rara oportunidad geopolítica.

En el interior del sistema del Cáucaso sur, más allá de la necesidad de implementar políticas exteriores no tendientes al enfrentamiento abierto ni a la aceptación llana con Irán que hemos mencionado, las relaciones entre los tres estados muestran tendencias que demuestran el impacto del conflicto al que estamos haciendo referencia.

La finalización del conflicto territorial entre Armenia y Azerbaiyán aún requiere de un acuerdo de paz comprehensivo que marque el inicio de un nuevo capítulo en las relaciones regionales. El mismo está en un proceso de negociación, pero resulta claro que existe la voluntad política de parte de ambos estados por llegar a su materialización.

El aumento sostenido de los precios internacionales de hidrocarburos y la disminución del papel regional de Rusia e Irán llevarán a Armenia a una posición más proclive a un acuerdo definitivo para evitar una mayor brecha entre sus capacidades y la de los otros países de la región que están involucrados en los proyectos de oleoductos y gasoductos regionales, un mayor aislamiento o una dependencia hacia Irán o Rusia. De ahí el apoyo armenio al proyecto TRIPP

La aún importante dependencia de Armenia hacia Rusia e Irán, fruto de que sus fronteras con Turquía y Azerbaiyán aún se encuentran cerradas, dificulta una política abiertamente disruptiva hacia Moscú y Teherán por parte de Ereván, aunque la disminución relativa del poder de Rusia e Irán en el Cáucaso sur no es algo que pueda modificarse a corto plazo.

En el caso de Azerbaiyán, su relevancia como productor de hidrocarburos, como operador de oleoductos y gasoductos y garante de parte de la seguridad energética europea, lleva indudablemente a un aumento de su estatus regional.

Sus fuertes vínculos con Turquía e Israel, por otra parte, así como con Estados Unidos, le aseguran una inserción internacional alejada de suspicacias.

Su política exterior hacia Irán, no está exenta de tensiones, pero el mantenimiento del status quo es un objetivo claro de Irán frente a Bakú. Con mayores niveles de conflictividad en la región del golfo y frente a los países árabes, Teherán no desea la apertura de un nuevo frente de conflicto, de ahí la relativa estabilidad existente a pesar de que desde Teherán se mire con mucha suspicacia las relaciones entre Bakú y Tel Aviv así como la existencia de sentimientos pro azerbaiyanos en la población de ese origen en las provincias del noroeste de Irán que podrían alimentar potenciales tendencias secesionistas.

Los 996 km de frontera entre Azerbaiyán e Irán podrían ser un gran factor de inestabilidad de ahí que a ambos lados del río Aras se priorice la búsqueda de acuerdos. Ello explica que a pesar de que a inicios del mes de marzo Irán haya lanzados ataques que llegaron a territorio azerbaiyano en Nakhchivan, desde Bakú se haya elegido desescalar las tensiones.

Georgia, por su parte, es el estado menos afectado directamente por el conflicto, debido no solo a su lejanía sino a que su agenda política doméstica y exterior está centrada en otros temas. Sin embargo, el actual gobierno no ha logrado ni generar apoyos ni en Estados Unidos ni en Rusia, poniendo al país en una situación muy incómoda a nivel exterior.

Conclusiones

El conflicto en el golfo (y el conflicto en Ucrania) están teniendo consecuencias en el Cáucaso sur que son de carácter estructural. No podemos asilar a esa región del resto del continente euroasiático.

La disminución del prestigio y del poder de Rusia e Irán ha hecho que estos dos estados cuenten con menor capacidad de poder, ya sea de poder duyro o de poder blando, a pesar de contar todavía con capacidades disruptivas.

En ese contexto, el alineamiento de los intereses de actores regionales y extra regionales, está generando un aumento de la relevancia del Cáucaso sur para los actores extraregionales y una voluntad de estabilización para los actores regionales. En ese nuevo escenario que está tomando forma demandará darle mayor relevancia académica a esta región, para entender sus dinámicas y las oportunidades existentes en todos los aspectos.