En este momento estás viendo Cumbre Xi-Putin: hacia un orden posoccidental, policéntrico y multipolar

Cumbre Xi-Putin: hacia un orden posoccidental, policéntrico y multipolar

El 20 de mayo pasado, apenas seis días después de la visita de Donald Trump a China[1], el presidente de Rusia, Vladimir Putin, aterrizó en Beijing con el propósito de realizar una visita de Estado de dos días, siendo recibido por Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo.

El encuentro volvió a poner de manifiesto no solo la profundidad y el carácter estructural de la asociación estratégica entre ambos países, sino también la convergencia en torno la narrativa geopolítica orientada a la construcción de un orden internacional posoccidental y multipolar. La reunión significó la vigesimoquinta visita de Putin a China para encontrarse con Xi Jinping y, en conjunto, ambos líderes ya han mantenido más de cuarenta encuentros bilaterales, tanto en visitas de Estado como en el marco de foros multilaterales.

El encuentro sirvió como marco para renovar el Tratado de Buena Vecindad firmado en 2001, al tiempo que se firmaron más de 40 acuerdos estratégicos de cooperación bilateral y se presentó una declaración conjunta sobre los fundamentos y alcances de un “mundo multipolar”.

El eje central de la reunión: un mundo policéntrico y multipolar

La reunión ocurre en un contexto de profundización de las tensiones internacionales y de aceleración de la crisis sistémica del orden geopolítico construido luego de la Segunda Guerra Mundial. A la continuidad del conflicto en Ucrania, se han sumado (en lo que va de este año) la intervención norteamericana sobre Venezuela, la continuidad de la avanzada israelí sobre Palestina, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la profundización del bloqueo sobre Cuba. Estos hechos se dan en simultáneo con el ascenso del protagonismo del Sur Global, que desde hace al menos dos décadas viene incrementando sus cuotas de poder relativo[2] reclamando mayor participación e incidencia en la toma de decisiones internacionales.

En este marco, uno de los puntos más destacado del encuentro fue la presentación del documento “Lineamientos y fundamentos para establecer un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales”, en el cual ambos mandatarios explicitaron sus visiones acerca de la configuración que debería asumir un orden internacional policéntrico y multipolar. Según señala el documento, el orden internacional debería estructurarse en torno a cuatro principios estratégicos: 1) el respeto por la igualdad soberana; 2) una concepción integral y cooperativa de seguridad; 3) el firme rechazo al hegemonismo, y 4) la promoción del diálogo de civilizaciones. Repasemos brevemente cada uno de ellos.

En primer lugar, y en sintonía con la propuesta china de construcción de una comunidad de destino compartido[3], se plantea que en el sistema internacional no deben existir “países de primera clase” ni tampoco un único camino al desarrollo. Desde esta perspectiva, el nuevo orden internacional debería partir de garantizar la igualdad soberana de los Estados planteada en el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas[4]; todos deben tener igual voz y representación en los espacios de toma de decisiones, y ningún Estado puede arrogarse el derecho de intervenir sobre otro en sus asuntos internos.

En segundo lugar, retomando los postulados presentados por China en la Iniciativa para la Seguridad Global[5] y partiendo de los fundamentos de la Organización para la Cooperación de Shanghái[6], el documento sostiene que la seguridad no debe reducirse a una dimensión exclusivamente militar, sino abordarse de manera integral, cooperativa y sostenible, incorporando factores económicos, sociales y políticos. La idea central es que ningún Estado debería construir su seguridad a expensas de otro, lo que representa una crítica implícita a alianzas militares como la OTAN y su rol como factor de desestabilización no solo en el Atlántico Norte sino en el mundo entero.

En tercer lugar, el documento señala explícitamente que la hegemonía global es inaceptable y no debe ser tolerada, respondiendo a las críticas de ciertos círculos académicos y políticos occidentales que plantean las supuestas pretensiones hegemónicas de China y Rusia. En ese marco, se sostiene que ningún Estado ni grupo de Estados debe controlar los asuntos internacionales, dictar el destino de otros países ni monopolizar las oportunidades de desarrollo. En relación a la Organización para las Naciones Unidas, se señala que esta se encuentra deteriorada y carente de legitimidad, pero no debe eliminarse sino reformarse, para transformarla en un organismo más democrático y perfeccionar sus mecanismos de gobernanza global.

Aparece en este punto un planteo particularmente interesante. Al señalar que “los Estados grandes deben asumir una responsabilidad y una misión especiales, exigirse más a sí mismos y no abusar de sus ventajas”, ambos países reconocen que el sistema internacional es inherentemente heterogéneo, que existen países más grandes (en términos económicos, geográficos, demográficos, etc.) a los que les corresponde una responsabilidad extra en la construcción y sostenimiento de un orden armónico e inclusivo. Esta idea está planteada en el concepto de “diplomacia de país grande” (大国外交) de Xi Jinping[7], que sostiene que como el “país en vías de desarrollo más grande del mundo”, a China le corresponde una responsabilidad superior en la construcción de un orden internacional más estable, pacífico, armonioso y que permita el desarrollo de todos los países. Esta idea recupera, a su vez, la noción de “autoridad humana”[8] (gobierno benevolente) utilizada por Xunzi (313-238 a.C.), para analizar la jerarquía entre los Estados. Según Xunzi, el gobierno benevolente es el estadio más alto de poder de un estado (superior al gobernante tiránico y hegemónico), y se caracteriza por tener un fuertísimo poder moral de los gobernantes; el líder cumple con un papel activo en establecer las normas interestatales, generando cambios positivos en el sistema de las relaciones con otros estados.

Finalmente, el cuarto principio señala que la humanidad está compuesta por una diversidad de civilizaciones, cada una de ellas igualmente valiosas. Desde esta perspectiva, las civilizaciones no pueden dividirse en altamente desarrolladas y subdesarrolladas, avanzadas y atrasadas, fuertes o débiles. El sistema espiritual y moral de ninguna civilización puede considerarse exclusivo o superior a los demás. En este marco, el documento destaca el papel de las religiones como vehículos para el desarrollo de la cultura humana y como herramientas fundamentales para fortalecer los vínculos entre los pueblos, subrayando la necesidad de promover condiciones favorables para el diálogo y los intercambios interreligiosos.

Estos principios son presentados como la base para la construcción de un orden policéntrico y multipolar. El multipolarismo (eje de la narrativa china) hace referencia a la construcción de un orden más equilibrado en términos de distribución de poder; así está planteado en el Libro Blanco “China y el mundo en la nueva era”[9] publicado en 2019 por el Consejo de Estado chino, en donde se señala que “la tendencia mundial hacia la multipolaridad” es irreversible, y que “ahora es imposible que un solo país o bloque de países ejerza el dominio en los asuntos mundiales”. El policentrismo, concepto derivado de la narrativa rusa, hace referencia no solo al reparto más equitativo del poder, sino al protagonismo de otras civilizaciones más allá de la occidental. Como señaló Vladimir Putin en la 22ª reunión anual del Club Valdai en 2025, el mundo policéntrico supone que “las particularidades culturales, históricas y civilizatorias de cada país cobran ahora mayor relevancia que nunca” y que “la era en la que un grupo selecto de las potencias más fuertes podía decidir por el resto del mundo ha terminado, y ha terminado para siempre”[10].

Desde la perspectiva sino-rusa, en el orden mundial emergente no solo habrá más polos de poder, sino que será más diverso en términos de experiencias históricas, culturales y civilizatorias. Lo relevante de este documento es que ambas cosmovisiones no son presentadas como contrapuestas, sino que se ponen en diálogo, potenciando las particularidades de cada una mediante un ejercicio simbiótico de complementación.

Acuerdos estratégicos de cooperación

La reunión no se limitó a la presentación de principios geopolíticos, sino que también sirvió como un espacio para la firma de más de 40 acuerdos de cooperación en áreas estratégicas como energía, tecnología, conectividad, infraestructura y defensa.

Uno de los acuerdos más relevantes fue la decisión de acelerar el desarrollo del gasoducto Power of Siberia 2, destinado a conectar los principales yacimientos gasíferos rusos con China. La construcción de este proyecto es clave para ambos países. Para China, porque permite ampliar su capacidad industrial al tiempo que profundiza su transición energética hacia una economía baja en carbono planteada para 2030 (pico máximo de emisiones), en una coyuntura de inestabilidad energética mundial. Para Rusia, en tanto, permite profundizar la reorientación de sus exportaciones energéticas desde Europa hacia el mercado chino, un socio mucho más confiable, así como también más demandante de gas.

Al mismo tiempo, los acuerdos alcanzados profundizan la utilización de monedas locales en el comercio bilateral, consolidando una tendencia orientada a reducir la dependencia del dólar en los intercambios internacionales y fortaleciendo los procesos de desdolarización en Eurasia.

América Latina: presente en el debate

En el marco del encuentro, Vladimir Putin y Xi Jinping reivindicaron el rol de América Latina y el Caribe como “zona de paz”, criticando las políticas intervencionistas impulsadas históricamente por Estados Unidos y defendiendo el derecho de los países latinoamericanos a elegir tanto sus modelos de desarrollo como sus socios internacionales sin presiones ni amenazas de intervención. Fue un tiro por elevación al Corolario Trump de la Doctrina Monroe[11].

Asimismo, ambos países rechazaron la injerencia en los asuntos internos de los países de la región, denunciando explícitamente que el “descarado secuestro de líderes nacionales para someterlos a una farsa judicial» causa un daño irreparable a los principios del derecho internacional.

Una cumbre que acelera la construcción de un orden posoccidental

Frente a un escenario internacional marcado por el avance de conflictos armados, sanciones económicas, bloqueos y disputas por recursos estratégicos, China y Rusia vuelven a mostrarse como socios estratégicos en la defensa de un orden internacional alternativo.

Los acuerdos alcanzados muestran que esta asociación va más allá del plano meramente discursivo. El avance del gasoducto Power of Siberia 2, el fortalecimiento del comercio en monedas locales y la coordinación en materia de seguridad forman parte de una estrategia orientada construir un orden posoccidental.

En este contexto, es fundamental prestar atención a estas declaraciones conjuntas, ya que es en ellas donde comienzan a delinearse las características del nuevo orden internacional en construcción. Conceptos como multipolaridad, policentrismo, gobernanza benevolente y diálogo de civilizaciones aparecen cada vez con mayor frecuencia en la narrativa de los países emergentes, y expresan disputas concretas sobre la organización futura del sistema internacional.

Sebastián Schulz
Integrante
Centro de Estudios Chinos
IRI-UNLP

Referencias:

[1] Staiano, F. (2026, 15 de mayo). Trump-Xi en Pekín: ¿un nuevo realismo sino-estadounidense?. Instituto de Relaciones Internacionales, UNLP. Trump-Xi en Pekín: ¿un nuevo realismo sino-estadounidense? – Instituto de Relaciones Internacionales

[2] Schulz, S. (2023). «BRICS Plus» y el nuevo diseño de la multipolaridad. En W.T. Iglecias; G.E. Merino y L.M. Regueiro Bello (Coords.), Transiciones del Siglo XXI y China : China, América Latina y el Caribe y los BRICS. (pp. 11-17) Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.6379/pm.6379.pdf

[3] Schulz, S. y Staiano, F. (2022). “La construcción de una Comunidad de destino compartido para la humanidad: análisis multidimensional de un nuevo paradigma internacional”. Merino, G., Regueiro Bello, L. y Tadeu Iglecias, W. (coords.) China y el nuevo mapa del poder mundial. Una perspectiva desde América Latina. CLACSO/UNLP. Buenos Aires, pp. 87-110. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.5476/pm.5476.pdf

[4] Naciones Unidad (s/f). Carta de las Naciones Unidas (texto completo). https://www.un.org/es/about-us/un-charter/full-text

[5] CGTN (2023). La Iniciativa para la Seguridad Global defiende la seguridad común, integral, cooperativa y sostenible. https://espanol.cgtn.com/news/2023-10-30/1718783790974021634/index.html

[6] Torus, M. (2025). La Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS en la construcción de la multipolaridad. https://www.iri.edu.ar/index.php/2025/08/22/la-organizacion-de-cooperacion-de-shanghai-y-los-brics-en-la-construccion-de-la-multipolaridad/

[7] Schulz, S. (2025). “Xi Jinping y el socialismo con peculiaridades chinas para la nueva era”. En: N. Molina Medina, N. (coord.) Ensayos sobre el pensamiento de Xi Jinping (15-50). Asociación Venezolana de Estudios sobre China (AVECH). https://avech.org/ensayos-sobre-el-pensamiento-de-xi-jinping/

[8] Staiano, F. (2019). La relaciones internacionales entre China y América Latina: Encontrando un camino común hacia un nuevo orden mundial. Instituto de Relaciones Internacionales, UNLP. https://www.iri.edu.ar/wp-content/uploads/2019/09/a2019asiaCechinoArtStaiano.pdf

[9] State Council Information Office of the People’s Republic of China (2019). White Paper: China and the World in the New Era. https://english.www.gov.cn/archive/whitepaper/201909/27/content_WS5d8d80f9c6d0bcf8c4c142ef.html

[10] Putin, V. (2025).  The Polycentric World: Instructions for Use. 22nd annual meeting of the Valdai International Discussion Club. http://en.kremlin.ru/events/president/news/78134

[11] Schulz, S. (2026). Nuestro hemisferio. Tektónikos. https://tektonikos.website/nuestro-hemisferio/