El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín, los días 14 y 15 de mayo de 2026, no puede leerse únicamente como una cumbre bilateral entre las dos mayores potencias mundiales. Fue, más bien, un intento de reformular los fundamentos de las relaciones sino-estadounidenses en una fase histórica en la que la competencia ya es estructural, pero el conflicto abierto sigue siendo un riesgo que debe evitarse. En el Gran Salón del Pueblo, en los recorridos rituales del Templo del Cielo y en el paseo reservado por Zhongnanhai, diplomacia, simbolismo y estrategia se superpusieron de manera holística.
La visita de Trump a Pekín fue el primer viaje de un presidente estadounidense a China en casi nueve años, en un contexto marcado por tensiones comerciales, rivalidad tecnológica, Taiwán, la crisis en Medio Oriente y la guerra arancelaria. La cumbre se construyó en torno a la necesidad de edificar una “nueva coexistencia pacífica”. Trump invitó a Xi a la Casa Blanca el 24 de septiembre, mientras que Xi insistió en la idea de que Estados Unidos y China deben ser “socios, no rivales”. En ese sentido, 2026 puede convertirse en un año histórico para la apertura de un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales entre dichos países.
El núcleo político del encuentro, según lo informado por Xinhua, es la nueva fórmula china de la “relación sino-estadounidense de estabilidad estratégica constructiva”, destinada a proporcionar una guía estratégica para los próximos tres años y más allá. Xi definió cuatro pilares: estabilidad positiva con la cooperación como eje (合作为主的积极稳定); estabilidad virtuosa con competencia moderada (竞争有度的良性稳定); estabilidad constante con divergencias gestionables (分歧可控的常态稳定); y estabilidad duradera con promesas de paz (和平可期的持久稳定).
La estabilidad asume así el papel de denominador común sobre el cual basar una nueva cooperación duradera y pacífica, aún dentro de las divergencias y la competencia. Esta descripción política se eleva a paradigma simbólico dentro del pensamiento político-cultural chino, recordándonos el equilibrio dinámico e incesante entre el Yin y el Yang del taoísmo, considerada la “meta-relación” de las relaciones. Esta dicotomía necesaria, inseparable entre los opuestos, es adoptada como elemento epistemológico del pensamiento chino por todas las teorías de las relaciones internacionales chinas (Staiano, 2023). La nueva fórmula china no afirma que Estados Unidos y China estén destinados a la armonía; afirma que la competencia, al ser inevitable, debe ser institucionalizada, regulada y administrable. Es una doctrina operativa de la competencia madura: ya no se trata simplemente de rechazar la lógica de bloques, sino de construir mecanismos para evitar que la rivalidad degenere en una crisis sistémica.
Es aquí donde el simbolismo de la visita adquiere un valor decisivo. El Templo del Cielo remite a una dimensión cosmológica e imperial de la legitimidad política china, al representar la relación entre la tierra y el cielo, entre el mundo natural-humano y el mundo celeste, así como el papel especial del emperador dentro de dicha relación, que precisamente debe contar con una “legitimación celeste”, moral. Llevar a Trump a un lugar vinculado con la mediación entre el cielo y la tierra significa situar la relación sino-estadounidense dentro de un marco más amplio: no una negociación ordinaria, sino un intento de restaurar un principio de orden en un sistema internacional percibido como turbulento.
También la etapa en Zhongnanhai estuvo cargada de significados. Xi acompañó a Trump al complejo reservado que alberga el corazón del poder político chino. Xi mostró a Trump algunos árboles históricos del jardín, entre ellos el célebre 连理柏 (Lian Li Bai), formado por dos cipreses nacidos de cepas distintas pero unidos en el crecimiento de sus cortezas. El Lian Li Bai funciona así como una metáfora casi perfecta de la relación sino-estadounidense propuesta por Xi: dos troncos distintos, con raíces y formas propias, que, sin embargo, crecen juntos y terminan entrelazándose. No se funden en un único organismo, no pierden su identidad, pero tampoco pueden separarse sin daño. En términos geopolíticos, es la imagen de dos sistemas políticos, económicos e ideológicos profundamente diferentes, pero ya estructuralmente interdependientes. Por lo demás, la interdependencia necesaria propuesta por la “escuela de la Simbiosis” es la teoría de las relaciones internacionales que mejor describe el intercambio osmótico, simbiótico, que subyace a la creación de una Comunidad global de destino compartido.
Sin embargo, en el plano sustantivo la cumbre no ha eliminado las divergencias. Las hizo más visibles. Taiwán sigue siendo el punto más delicado. Xi reiteró que la cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos, y advirtió que, si se gestiona mal, podría llevar a los dos países a enfrentarse o incluso a entrar en conflicto.
Aquí emerge la verdadera prueba de fuego de la “estabilidad estratégica constructiva”. Si Taiwán constituye la línea roja china, para Washington sigue siendo también el símbolo de la credibilidad estadounidense en el Indo-Pacífico. La fórmula china de las “divergencias gestionables” no elimina el problema: intenta impedir que este se convierta en el detonante de una crisis militar. La gestión de la cuestión taiwanesa será, por tanto, el criterio principal para comprender si el nuevo marco Xi-Trump es sustancia o mera retórica.
En medio de todo ello existen numerosas cuestiones asimétricas. Trump interpreta la relación en clave fuertemente transaccional: acceso al mercado chino, compras agrícolas, inversiones, Boeing, energía, fentanilo, Irán. Xi, en cambio, la sitúa dentro de un marco sistémico: grandes potencias, “Trampa de Tucídides”, estabilidad global, nuevo paradigma de coexistencia. No son dos lenguajes incompatibles, pero pertenecen a dos temporalidades distintas: la estadounidense, orientada al resultado negociador inmediato, y la china, centrada en el posicionamiento estratégico de largo plazo.
El expediente de Irán y el estrecho de Ormuz mostraron hasta qué punto la relación sino-estadounidense es ya inseparable de los equilibrios globales. La cumbre de Pekín, por tanto, no sanciona una nueva alianza ni una pacificación definitiva. Señala, más bien, el paso hacia una fase más sofisticada de la competencia sino-estadounidense. Tras años de escalada, ambas partes parecen reconocer que una rivalidad sin marco es demasiado peligrosa. La estabilidad se convierte así no en lo contrario de la competencia, sino en su condición de sostenibilidad.
Para Pekín el mensaje es claro: China pide a Estados Unidos aceptar una relación entre grandes potencias fundada en el respeto mutuo, la no injerencia en las cuestiones consideradas esenciales y la gestión institucionalizada de las divergencias. Para Washington, China puede ser contenida, negociada y utilizada como socio selectivo en materia de comercio, energía y crisis internacionales, sin renunciar a la competencia tecnológica y estratégica.
La imagen final de la cumbre podría ser precisamente la de los dos cipreses del Lian Li Bai. No representan una armonía perfecta, sino una convivencia entrelazada. Crecen juntos sin volverse idénticos. Se tocan sin fundirse. Están separados y conectados. En esta imagen se concentra el sentido más profundo del encuentro de Pekín: Estados Unidos y China ya no pueden imaginarse como mundos separados, pero tampoco están destinados a reconciliarse plenamente.
La “estabilidad estratégica constructiva” propuesta por Xi es, por tanto, una fórmula ambiciosa y prudente al mismo tiempo, una mirada “lateral”, no directa, que subraya la habilidad china hacia una “filosofía práctica de la mediación” (Jullien, 2025). Ambiciosa, porque pretende ofrecer una nueva arquitectura conceptual para la relación bilateral más importante del mundo. Prudente, porque no promete el fin de las divergencias, sino solo su gestión. En un sistema internacional fragmentado, esta prudencia podría ser el máximo realismo posible.
Maria Francesca Staiano
Coordinadora
Centro de Estudios Chinos
IRI-UNLP
Referencias bibliográficas
Jullien F. (2025). Dénouer. Petite philosophie pratique de la médiation. FGA, París.
Staiano M.F., (2023). Las teorías de las relaciones internacionales chinas, in Javier Vadell, Leonardo Ramos, Alexandre Leite (Org.), A expansão econômica e geopolítica da China no século XXI: diferentes dimensões de um mesmo processo, Editora PUC Minas, Brasil.