Kazajistán ante el alfabeto túrquico común entre diplomacia cultural, integración regional y soberanía lingüística

Departamento de Eurasia

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Kazajistán ante el alfabeto túrquico común entre diplomacia cultural, integración regional y soberanía lingüística

Marcia Alejandra Castro Sepúlveda[1]

Introducción

La construcción de un espacio túrquico común ha adquirido una nueva dimensión durante los últimos años. Junto con la cooperación política, económica y cultural desarrollada por la Organización de Estados Túrquicos, la cuestión lingüística se ha convertido en uno de los instrumentos más visibles de acercamiento regional. En este contexto, entre el 9 y el 11 de septiembre de 2024 se celebró en Bakú, Azerbaiyán, la tercera reunión de la Comisión del Alfabeto Común del Mundo Túrquico, organizada por la Academia Túrquica (Turkic Academy) y la Asociación de la Lengua Turca (Türk Dil Kurumu) (Turkic Academy, 2024a). Como resultado de esta reunión, los especialistas acordaron una propuesta de alfabeto latino común compuesto por 34 letras, concebidas para representar los diferentes sonidos presentes en las lenguas túrquicas (Turkic Academy, 2024b).

El proceso avanzó el 15 de junio de 2026 con la cuarta reunión de la Comisión del Alfabeto Túrquico Común, celebrada en Astana, organizada por la Academia Túrquica. (Turkic Academy, 2026a). Durante este encuentro se discutieron los mecanismos de aplicación del sistema y se aprobaron alfabetos recomendados para el kazajo y el kirguís, elaborados sobre la base del modelo común de 34 letras. (Turkic Academy, 2026b, 2026c).  No obstante, estas decisiones no implican la adopción automática de un único sistema de escritura por todos los Estados túrquicos. Su incorporación depende de las políticas lingüísticas, los procedimientos legislativos y las necesidades fonéticas de cada país. (Turkic Academy, 2024b).

El alfabeto túrquico común no constituye solamente una reforma ortográfica. También puede ser interpretado como un instrumento de construcción regional mediante el cual las instituciones túrquicas buscan transformar una afinidad histórica y lingüística en una comunidad política y cultural más visible. La escritura común facilitaría, al menos potencialmente, la circulación de publicaciones, el intercambio educativo, la comunicación digital y el conocimiento recíproco entre sociedades que actualmente utilizan alfabetos diferentes. Al mismo tiempo, el proyecto posee una dimensión simbólica, pues contribuye a representar el mundo túrquico como un espacio cultural compartido y relativamente autónomo. (Turkic Academy, 2024a).

Desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, el alfabeto túrquico común permite analizar la relación entre la lengua, identidad e integración regional. Las regiones también se construyen mediante instituciones y símbolos compartidos (Neumann, 1994, p. 54). En este sentido, el alfabeto puede funcionar como instrumento de diplomacia cultural y poder blando (Nye, 2004, p. 11), aunque su aplicación plantea tensiones entre la unidad cultural y la soberanía lingüística de los Estados. Kazajistán ocupa un lugar central debido a su participación en la Organización de Estados Túrquicos y a su transición hacia el alfabeto latino.

Este artículo plantea la siguiente pregunta: ¿en qué medida el alfabeto túrquico común puede contribuir a la integración regional y a la formación de una identidad compartida? Se sostiene que su principal función es simbólica y cultural, aunque su aplicación depende de las diferencias lingüísticas y de las decisiones de cada Estado. Su importancia radica más en reforzar la idea de un espacio túrquico común que en establecer una escritura uniforme.

Antecedentes históricos

Los pueblos túrquicos han utilizado distintos sistemas de escritura a lo largo de su historia. Los testimonios más antiguos fueron redactados en escritura túrquica rúnica, seguida por sistemas como el antiguo alfabeto uigur. Con la expansión del islam, numerosas lenguas túrquicas adoptaron variantes de la escritura árabe, que se mantuvieron durante varios siglos (Johanson, 2021, pp. 153–155).

Durante las décadas de 1920 y 1930, la Unión Soviética impulsó la latinización de las lenguas de sus diferentes pueblos. Esta política buscaba ampliar la alfabetización y sustituir sistemas considerados poco adecuados por las autoridades soviéticas. Sin embargo, desde mediados de la década de 1930, el Gobierno cambió de orientación y ordenó reemplazar los alfabetos latinos por sistemas basados en el cirílico. El proceso de cirilización se completó, en términos generales, hacia 1941 y fortaleció la presencia del ruso en las repúblicas soviéticas (Alpatov, 2017, pp. 13–14).

Fuera de la Unión Soviética, Turquía adoptó oficialmente un alfabeto latino en 1928 como parte de las reformas de la nueva república (Yılmaz, 2011, p. 677). Después de la disolución soviética, varios Estados túrquicos también iniciaron procesos de latinización. Azerbaiyán restauró el alfabeto latino en 1991 y completó su transición durante la década siguiente. Turkmenistán anunció la sustitución del cirílico por un nuevo alfabeto latino en 1993, mientras que Uzbekistán aprobó ese mismo año una ley para introducir una escritura de base latina, aunque el cirílico continuó utilizándose en algunos ámbitos (Clement & Kataeva, 2018, p. 391; República de Azerbaiyán, 1991; República de Uzbekistán, 1993).

Kazajistán y Kirguistán presentan situaciones diferentes. Kazajistán inició oficialmente en 2017 su transición hacia un alfabeto latino y posteriormente estableció un proceso gradual previsto hasta 2031, pero la reforma todavía no se ha completado (Gobierno de la República de Kazajistán, 2021). Kirguistán, por su parte, conserva oficialmente el alfabeto cirílico y no ha aprobado una transición estatal hacia el latino. En julio de 2026, la Administración presidencial afirmó que el alfabeto kirguís permanecería sin cambios (Kabar, 2026). Por ello, el alfabeto túrquico común se desarrolla en un espacio marcado por experiencias nacionales y ritmos de implementación distintos.

El proyecto del alfabeto túrquico común

La propuesta contemporánea de un alfabeto túrquico común tomó forma en el Simposio Internacional sobre los Alfabetos Túrquicos Contemporáneos, celebrado en la Universidad de Mármara, en Estambul, entre el 18 y el 20 de noviembre de 1991. El encuentro reunió a especialistas de diferentes pueblos y Estados túrquicos para debatir la elección de los sistemas de escritura y las posibilidades de establecer una base gráfica compartida (Devlet, 1992, p. 6; Altuğ, 2014, p. 2). Los participantes recomendaron un alfabeto de base latina compuesto por 34 letras, formado a partir de las 29 letras del alfabeto turco y cinco caracteres adicionales destinados a representar sonidos presentes en otras lenguas túrquicas (Kara, 2009, p. 1307). También establecieron el principio de que los sonidos equivalentes debían representarse mediante las mismas letras, con el propósito de facilitar la comprensión y la circulación de textos entre las distintas comunidades túrquicas (Ercilasun, 1999, p. 65; Altuğ, 2014, p. 8). Aunque la propuesta no fue adoptada de manera uniforme, se convirtió en un punto de referencia para las reformas alfabéticas posteriores y para el proyecto retomado por la Academia Túrquica en 2024 (Turkic Academy, 2024a).

El proyecto adquirió una dimensión institucional con la creación de la Comisión del Alfabeto Común del Mundo Túrquico, impulsada por el Consejo de Ancianos de la Organización de Estados Túrquicos. La Comisión celebró su primera reunión en Astaná el 29 de mayo de 2023. Sus actividades se desarrollan bajo los auspicios de la Academia Túrquica y en coordinación con la Secretaría de la Organización de Estados Túrquicos (Organization of Turkic States, 2023; Turkic Academy, 2024b).

Durante su tercera reunión, celebrada en Bakú en septiembre de 2024, la Comisión revisó la propuesta de 1991 y acordó un alfabeto común de base latina compuesto por 34 letras. El sistema busca representar los diferentes sonidos presentes en las lenguas túrquicas y servir como marco de referencia para los alfabetos nacionales, pero no pretende sustituirlos de manera automática (Turkic Academy, 2024a).

Las decisiones de la Comisión tienen carácter consultivo y se adoptan por consenso. Por ello, las propuestas deben ser examinadas por las instituciones competentes de cada país y aplicadas de acuerdo con sus respectivas legislaciones y políticas lingüísticas (Turkic Academy, 2024b).

En junio de 2026, la cuarta reunión de la Comisión aprobó orientaciones para promover un uso coordinado del alfabeto común. También fueron presentados alfabetos recomendados para el kazajo y el kirguís. Estas orientaciones funcionan como un marco general para su aplicación práctica, mientras que la decisión final continúa siendo responsabilidad de cada Estado (Turkic Academy, 2026a; Turkic Academy, 2026b; Turkic Academy, 2026c).

El papel de Kazajistán

Kazajistán ocupa una posición central en el desarrollo del alfabeto túrquico común, tanto por su participación política como por su función institucional. La Academia Túrquica fue inaugurada en Astaná en 2010 por iniciativa kazaja y posteriormente se transformó en una organización internacional vinculada a la Organización de Estados Túrquicos. Su sede continúa situada en la capital de Kazajistán, desde donde coordina proyectos científicos y educativos relacionados con las lenguas, la historia y la cultura de los pueblos túrquicos (Turkic Academy, s. f.). Además, Astaná acogió la primera reunión de la Comisión del Alfabeto Común del Mundo Túrquico, celebrada el 29 de mayo de 2023, y su cuarta reunión, realizada el 15 de junio de 2026 (Organization of Turkic States, 2023; Turkic Academy, 2026a). Por ello, la ciudad se ha convertido en uno de los principales centros institucionales de la cooperación lingüística túrquica.

La participación kazaja no se limita a proporcionar una sede para estas instituciones. Los especialistas del país han intervenido activamente en la elaboración y discusión de las propuestas para la latinización del kazajo. En 2017, el proyecto nacional contó con la participación del Instituto de Lingüística A. Baitursynuly y del Centro Nacional de Coordinación y Metodología para el Desarrollo de las Lenguas. Asimismo, las autoridades organizaron debates públicos y recibieron propuestas de especialistas, asociaciones y ciudadanos (Akorda, 2017). En 2021, la Comisión Nacional examinó más de cuarenta variantes del alfabeto y realizó pruebas de lectura y escritura en instituciones educativas antes de presentar una versión mejorada (Gobierno de la República de Kazajistán, 2021). Esto muestra que los lingüistas kazajos no son únicamente receptores de una propuesta regional, sino actores que intentan adaptar el modelo latino a las características propias de su lengua.

La transición nacional hacia la escritura latina comenzó oficialmente en 2017 como parte de un programa más amplio de modernización cultural y lingüística. Las autoridades kazajas presentaron la reforma como un medio para desarrollar la lengua estatal, facilitar su incorporación al espacio informativo internacional y mejorar su adaptación a las tecnologías contemporáneas (Akorda, 2017). La versión discutida en 2021 estaba compuesta por 31 caracteres destinados a representar 28 sonidos del kazajo y seguía el principio de «un sonido, una letra». El plan gubernamental contemplaba una aplicación progresiva entre 2023 y 2031, lo que demuestra que la sustitución del cirílico constituye un proceso gradual que requiere cambios educativos, tecnológicos y administrativos (Gobierno de la República de Kazajistán, 2021).

La reforma también posee una dimensión regional. En la declaración de la Sexta Cumbre del entonces Consejo Túrquico, celebrada en 2018, los Estados miembros valoraron la decisión de Kazajistán de adoptar el alfabeto latino por considerar que podía favorecer la comunicación entre las lenguas túrquicas y ampliar su presencia en los espacios educativos y comunicativos internacionales (Organization of Turkic States, 2018). La latinización del kazajo facilita así una mayor proximidad gráfica con Turquía, Azerbaiyán, Turkmenistán y Uzbekistán, cuyos sistemas oficiales ya se basan en caracteres latinos. Sin embargo, la reforma nacional kazaja y el alfabeto túrquico común no constituyen proyectos idénticos. El primero responde a las necesidades internas de Kazajistán, mientras que el segundo funciona como un marco de coordinación entre varias lenguas.

Esta diferencia explica la principal tensión del proceso. Un alfabeto común debe facilitar la lectura entre comunidades túrquicas, pero cada lengua necesita representar de manera precisa su propio sistema fonológico. En el caso del kazajo, deben distinguirse sonidos específicos mediante grafemas como ä, ö, ü, ū, ğ y ş. (Gobierno de la República de Kazajistán, 2021). La propuesta nacional intenta conservar el principio fonemático, según el cual cada fonema debe poseer una representación gráfica suficientemente estable (Bazarbayeva & Chukayeva, 2023, p. 9). Una aplicación demasiado rígida del modelo común podría ignorar ciertas particularidades fonológicas del kazajo, mientras que una adaptación excesivamente nacional podría reducir la semejanza gráfica con los alfabetos de las demás lenguas túrquicas.

La recomendación para el alfabeto kazajo presentada por la Comisión en junio de 2026 intenta conciliar ambas dimensiones. Se basa en el inventario del alfabeto túrquico común, pero conserva signos destinados a representar los sonidos particulares del kazajo (Turkic Academy, 2026b). Su carácter es consultivo, por lo que no sustituye las decisiones de las instituciones nacionales ni representa por sí misma la adopción oficial de una nueva ortografía. Esta situación muestra que la integración lingüística regional depende de un equilibrio entre la búsqueda de símbolos compartidos y el respeto de la soberanía lingüística de cada Estado.

Por otra parte, la transición presenta desafíos sociales y educativos. El cambio de escritura requiere preparar docentes, adaptar materiales escolares, convertir archivos y garantizar que los hablantes acostumbrados al cirílico no queden excluidos. Algunos estudios advierten que una implementación acelerada o poco participativa podría generar desigualdades entre generaciones y grupos lingüísticos (Bekzhanova & Makoelle, 2022, pp. 11–13). Kazajistán funciona, por tanto, como un puente entre la reforma lingüística nacional y la integración cultural del mundo túrquico, pero su experiencia también demuestra que la unidad simbólica debe ajustarse a las necesidades lingüísticas y sociales de cada país.

El alfabeto como instrumento de diplomacia cultural de Kazajistán

El alfabeto túrquico común puede analizarse como un instrumento de diplomacia cultural y poder blando. La diplomacia cultural busca influir en el entorno internacional mediante la difusión de recursos y logros culturales, así como mediante la facilitación de intercambios culturales en el exterior (Cull, 2009, p. 19). Desde esta perspectiva, la participación de Kazajistán en el proyecto alfabético no responde únicamente a una reforma lingüística interna, sino también a su interés por consolidarse como un centro cultural e institucional del mundo túrquico.

Kazajistán ocupa una posición destacada debido a que Astaná alberga la sede de la Academia Túrquica y ha acogido varias reuniones de la Comisión del Alfabeto Común. Mediante estas instituciones, el país participa en la elaboración de símbolos y proyectos destinados a reforzar una identidad túrquica compartida. El alfabeto puede funcionar como un recurso de poder blando porque promueve la cooperación cultural y la proximidad entre los pueblos túrquicos mediante la atracción, sin recurrir a mecanismos de coerción (Nye, 2004, p. x).

La publicación de Qara Sözder, de Abai Kunanbaiuly, en el alfabeto túrquico común constituye un ejemplo concreto de esta estrategia. La obra fue presentada en Ankara en 2025 junto con Aq Keme, de Chingiz Aitmatov, como una de las primeras publicaciones experimentales realizadas con el sistema de 34 letras (Turkic Academy, 2025; TÜRKSOY, 2025). La elección de Abai resulta especialmente significativa para Kazajistán, ya que el escritor ocupa un lugar central en la identidad cultural y literaria del país. La publicación de su obra en un alfabeto compartido permite proyectarlo más allá del ámbito nacional y presentarlo como parte del patrimonio intelectual del mundo túrquico.

Este proceso muestra cómo una figura nacional puede incorporarse a un canon cultural regional. La obra de Abai deja de circular solamente como expresión de la identidad kazaja y adquiere una función diplomática, al representar los valores culturales de Kazajistán ante otras sociedades túrquicas. La literatura se convierte así en un medio para aumentar la visibilidad internacional del país y reforzar su liderazgo cultural dentro de la cooperación regional.

El proyecto también puede analizarse desde la perspectiva de la construcción regional. Según Neumann, una región es definida y redefinida continuamente por sus miembros mediante discursos en los que cada actor busca ocupar una posición central dentro del espacio regional (Neumann, 1994, p. 53). El alfabeto común y la circulación de obras kazajas contribuyen a representar el mundo túrquico como un espacio cultural compartido. Al mismo tiempo, pueden favorecer la formación de una comunidad imaginada, cuyos integrantes se reconocen como parte de una tradición común, aunque no se conozcan personalmente y pertenezcan a Estados diferentes (Anderson, 2006, p. 6).

La publicación de Aq Keme de Aitmatov complementa esta estrategia al reunir en un mismo proyecto editorial a dos figuras representativas de Asia Central. Sin embargo, desde la perspectiva de Kazajistán, la publicación de Qara Sözder posee una importancia particular porque vincula la reforma alfabética, la proyección internacional de Abai y el papel institucional de Astaná. De este modo, el alfabeto túrquico común funciona para Kazajistán como un instrumento de integración regional y como una plataforma para difundir su patrimonio cultural.

No obstante, su impacto dependerá de un uso más amplio en la educación, la edición y la comunicación digital. Por ahora, su valor es principalmente simbólico y refuerza el papel de Kazajistán en la cooperación cultural del mundo túrquico.

Límites y controversias

El alfabeto túrquico común no representa una unificación ya alcanzada, sino un marco de coordinación entre lenguas con sistemas fonológicos y tradiciones ortográficas diferentes. Aunque las lenguas túrquicas comparten ciertos rasgos, cada una posee sonidos particulares que requieren soluciones gráficas propias. Por ello, un sistema excesivamente uniforme podría no representar con precisión algunos fonemas nacionales. En el caso kazajo, por ejemplo, la escritura debe mantener la correspondencia entre sus fonemas específicos y los grafemas empleados para representarlos (Bazarbayeva & Chukayeva, 2023, p. 9).

Otro límite es la diferencia entre los procesos nacionales de latinización. Turquía, Azerbaiyán y Turkmenistán utilizan alfabetos latinos, mientras que Uzbekistán todavía presenta una coexistencia práctica entre las grafías latina y cirílica (Salaev et al., 2022, p. 43). Kazajistán continúa preparando su transición y Kirguistán conserva oficialmente el alfabeto cirílico. Por tanto, los Estados avanzan a ritmos diferentes, lo que dificulta la creación inmediata de un sistema gráfico común.

En Kazajistán, la transición también implica desafíos educativos, administrativos y tecnológicos. Será necesario formar docentes, modificar libros escolares, adaptar documentos públicos, teclados, bases de datos y plataformas digitales. Además, durante un periodo prolongado deberán coexistir materiales redactados en cirílico y en grafía latina. Esta situación puede dificultar el acceso a la información, especialmente para las generaciones educadas exclusivamente en cirílico. Algunos estudios también advierten que una reforma poco participativa puede producir divisiones entre grupos lingüísticos y afectar la inclusión educativa y la cohesión social (Bekzhanova & Makoelle, 2022, pp. 11–13). Las actitudes sociales hacia la latinización continúan siendo diversas y sus efectos a largo plazo siguen siendo objeto de debate (Honkasalo & Temirbekova, 2024, p. 48).

El proyecto también genera una tensión entre las prioridades nacionales y la integración regional. Cada Estado busca proteger las características de su lengua, mientras que el alfabeto común intenta acercar sus sistemas de escritura. Por ello, su éxito dependerá de equilibrar la cooperación regional con las necesidades lingüísticas de cada país.

Finalmente, las decisiones de la Comisión no tienen carácter obligatorio. La propia declaración de 2024 establece que sus acuerdos se adoptan mediante consulta y consenso, poseen naturaleza consultiva y se presentan como recomendaciones dirigidas a las autoridades correspondientes (Turkic Academy, 2024b). La aprobación definitiva de cada alfabeto permanece bajo la competencia de los Estados y depende de sus procedimientos legislativos y políticas lingüísticas. Por ello, el alfabeto túrquico común debe entenderse como un proyecto gradual de cooperación cultural, no como la imposición jurídica de un único sistema de escritura.

Conclusión

El alfabeto túrquico común no debe entenderse únicamente como una reforma lingüística. También constituye un mecanismo de construcción regional mediante el cual las instituciones túrquicas intentan transformar una afinidad histórica, cultural y lingüística en un espacio contemporáneo de cooperación. La propuesta de 34 letras, las reuniones de la Comisión y la publicación de obras literarias muestran que el proyecto ha comenzado a adquirir una expresión institucional y cultural concreta.

Kazajistán ocupa una posición central en este proceso. La presencia de la Academia Túrquica en Astaná, la participación de especialistas kazajos y la transición nacional hacia una escritura de base latina fortalecen su papel como promotor de la cooperación lingüística regional. Asimismo, la publicación de Qara Sözder, de Abai, en el alfabeto común permite proyectar el patrimonio cultural kazajo dentro de un marco túrquico más amplio. De este modo, el alfabeto puede funcionar como instrumento de diplomacia cultural, poder blando e integración simbólica.

Sin embargo, el proyecto todavía enfrenta importantes limitaciones. Las diferencias fonológicas entre las lenguas túrquicas, los distintos ritmos de latinización, la coexistencia con el cirílico y los costos educativos y administrativos dificultan su aplicación uniforme. Además, las decisiones de la Comisión tienen carácter consultivo, por lo que cada Estado conserva la autoridad para adaptar o rechazar las propuestas según sus necesidades lingüísticas y políticas.

Por ahora, la importancia del alfabeto túrquico común reside más en su valor político, cultural e institucional que en su uso cotidiano por todos los pueblos túrquicos. Su futuro dependerá de la capacidad de las instituciones regionales para equilibrar la búsqueda de compatibilidad gráfica con el respeto de la soberanía lingüística de cada país. En consecuencia, el alfabeto común no representa una unificación ya alcanzada, sino un proyecto gradual que contribuye a reforzar la idea de un mundo túrquico compartido,

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[1] Universidad de Szeged (Hungría). Mail de contacto: marcia.castro@hung.u-szeged.hu