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Sobre la primera vuelta de las elecciones generales en Brasil

El domingo 4 de octubre se celebró en la República Federativa del Brasil la primera vuelta de las elecciones generales, en las que más de 158 millones de ciudadanos estuvieron habilitados para elegir presidente y vicepresidente, renovar la totalidad de la Cámara de Diputados, dos tercios del Senado Federal y los veintisiete gobiernos estaduales. De acuerdo con los datos oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE), con el 99,99% de las urnas escrutadas, el senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal) obtuvo el 47% de los votos válidos y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores) el 45,16%. Al no haber alcanzado ninguno de ellos la mayoría absoluta, ambos disputarán la Presidencia en una segunda vuelta el próximo 25 de octubre.

Recordemos que los resultados de esta primera vuelta contradijeron a la mayoría de las encuestas, que anticipaban una ventaja del presidente Lula. Flávio Bolsonaro superó los 56 millones de votos, unos 2,3 millones más que el mandatario y alrededor de cinco millones más que los obtenidos por su padre en la primera vuelta de 2022, mientras que Lula quedó por debajo del 48,4% que había alcanzado en aquella ocasión. A ello se suma que los candidatos que ocuparon del tercer al quinto lugar pertenecen al espectro de la derecha. Estos datos confirman la profunda polarización de la sociedad brasileña y se inscriben en una tendencia que atraviesa a buena parte de América Latina, donde las opciones de centro tienden a diluirse en medio de una confrontación ideológica cada vez más aguda.

Las dos candidaturas que llegan a la segunda vuelta expresan visiones muy distintas sobre la inserción internacional del país, su relación con los Estados Unidos y con China, y el lugar que debe ocupar la integración regional.

La relación con Brasil es una política de Estado que debe situarse por encima de las afinidades ideológicas de los gobiernos de turno. Desde la Declaración de Foz de Iguazú de 1985 y la creación de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) en 1991, ambos países transformaron una antigua rivalidad en una alianza estratégica que hizo posible el MERCOSUR y convirtió al Cono Sur en una zona de paz y confianza mutua. Brasil es, además, uno de nuestros principales socios comerciales y ha acompañado de manera sistemática el legítimo reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Cualquiera sea el resultado del 25 de octubre, la Argentina debe preservar y profundizar la agenda bilateral con Brasil en materia comercial, energética, nuclear, espacial, de defensa y de cooperación en el Atlántico Sur y, a su vez, fortalecer el MERCOSUR como herramienta de desarrollo y de autonomía regional, sobre la base del respeto a la soberanía popular de cada pueblo y del principio de no intervención.

Instituto de Relaciones Internacionales

Universidad Nacional de La Plata