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18 de septiembre de 1931 – El Incidente de Manchuria y el fracaso de la seguridad colectiva de entreguerras

A fines de la década de 1920, la Sociedad de Naciones mostraba serias limitaciones para garantizar la seguridad colectiva frente a las grandes potencias, mientras la crisis económica desatada en 1929 impulsaba en distintos países pretensiones expansionistas como respuesta a las dificultades internas. En Manchuria, el Ejército de Kwantung, desplegado para proteger los intereses ferroviarios y comerciales japoneses en la región, observaba con creciente inquietud los avances del gobierno nacionalista de Zhang Xueliang hacia la unificación política y militar de China, un proceso que amenazaba con poner en jaque la posición que Japón venía consolidando en la región desde la guerra ruso-japonesa.

 

La noche del 18 de septiembre de 1931, oficiales del Estado Mayor del Ejército de Kwantung, entre ellos el teniente coronel Ishiwara Kanji y el coronel Itagaki Seishiro, hicieron detonar una carga explosiva en un tramo del ferrocarril del sur de Manchuria, cerca de Mukden. El daño fue mínimo: apenas un tramo de vía de menos de un metro. No obstante, esto alcanzó igual como pretexto para atribuir el sabotaje a fuerzas chinas y desatar de inmediato una ofensiva militar de gran escala que, en cuestión de días, puso bajo control japonés prácticamente la totalidad de las principales ciudades manchurias.

El gobierno civil en Tokio, todavía guiado por los principios de cooperación internacional de la diplomacia de Shidehara Kijuro, quedó completamente desbordado por una decisión tomada de manera unilateral por sus propios mandos militares en el terreno, sin autorización previa. Ante la denuncia china, la Sociedad de Naciones envió a la Comisión Lytton a investigar lo ocurrido; sus conclusiones reconocieron la responsabilidad japonesa sin llegar a condenar abiertamente la ocupación, y resultaron del todo insuficientes frente a los hechos ya consumados sobre el terreno. Japón, lejos de replegarse, formalizó al año siguiente la creación del estado títere de Manchukuo y, ante el rechazo internacional a reconocerlo, optó por notificar su retiro de la Sociedad de Naciones en 1933. El organismo de Ginebra nunca se repuso del todo de ese fracaso, y el episodio quedaría como uno de los antecedentes más claros de que, frente a una potencia decidida a imponer sus intereses por la fuerza, la seguridad colectiva de entreguerras carecía de instrumentos reales para contenerla.

Por Aimé Rojas Petruccelli
Departamento de Historia
IRI-UNLP