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11 de octubre de 1976: fin de la Revolución Cultural de China, detienen a la Banda de los cuatro

La Revolución Cultural fue una campaña socio-política lanzada en 1966 por  Mao Zedong, el líder comunista que unificó China. Este proceso supuso una especie de regeneración del pueblo chino: quería crear una “persona nueva” para una “sociedad nueva”, libre de dominación, y para ello era necesario execrar el pasado.  El Gran Timonel contó con el férreo apoyo de la Banda de los Cuatro cuya cabeza era Jian Qing, su esposa.

La revolución cultural tenía como objetivo primario ratificar la conducción del líder que se había visto desplazado por los pésimos resultados del segundo plan quinquenal conocido como El Gran Salto Adelante. Fue introducido en 1958 con el propósito de promover el desarrollo industrial y resolver el problema estructural del hambre. Sin embargo, trajo consecuencias humanitarias como la gran hambruna en la que murieron entre 15 y 40 millones de personas.

En este sentido, la revolucion cultural era una ofensiva de Mao contra la dirección revisionista que estaba adoptando el gobierno de Liu Shaoqui, quien hace unos años lo había reemplazado en la presidencia de la República Popular de China.  Este enfrentamiento se desplegaba sobre todo en el plano económico, donde la facción derechista del partido comunista buscaba reintroducir en el sistema comunista elementos de la economía privada. Sin embargo, para Mao esto significaba una traición.

Para el Padre de la revolución, el grupo que estaba dirigiendo el partido no era más que una elite que había renunciado al socialismo y que ahora gozaba de privilegios. De esta manera, para frenar el frenar el revisionismo, Mao vio en la juventud radicalizada -los guardias rojos- el gran motor para purgar a los líderes que lo habían acompañado desde los años 30.

Así, el aspecto cultural de esta movilización era fundamental, estaba orientada a la destrucción de los cuatro viejos: pensamiento, cultura, costumbres y tradiciones. Por lo tanto, los culpables de la vigencia del viejo sistema eran los intelectuales, los profesores y los especialistas.

Esta campaña tuvo implicancias generacionales, sociales e ideológicas: los jóvenes se alzaron contra los viejos, los comunistas radicales contra los revisionistas. Así mismo, el combate trastocó los vínculos sociales: los hijos delataban a sus padres, hermanos y vecinos entre sí, los estudiantes denunciaban a sus profesores. Todos eran sospechosos.

Con la movilización de los guardias rojos, se instaló el terror, donde las humillaciones públicas, el asesinato, el acoso y las mutilaciones eran cada vez más frecuentes. Pronto, arremetieron contra los funcionarios del partido. Hacia 1968, con el sistema de gobierno paralizado y los enfrentamientos entre las facciones internas de los guardias rojos, Mao recurrió al Ejército del Pueblo que hasta ese momento se había mantenido neutral. Los guardias rojos fueron desarticulados y enviados a los campos para su reeducación o ejecutados.

El Gran Timonel había triunfado una vez más. Un mes después de su muerte, la Banda de los Cuatro fue desarticulada el 11 de octubre de 1976 dando por finalizada la Revolución Cultural.

Varios opositores de Mao recuperaron el poder como Deng Xiaoping, quien condujo a la nueva era de China con sus reformas económicas.

Actualmente la versión oficial del partido acerca del legado de Mao es que el líder “tenía razón en un 70 por ciento y estaba equivocado en un 30”. La Revolución fue juzgada como la gran catástrofe para el partido y para el pueblo.


María Emilia Hassan
Colaboradora de la Red Federal de Historia de las Relaciones Internacionales (CoFEI)
Departamento de Historia
IRI – UNLP