La Unión Europea hoy: ¿una oportunidad para la integración en defensa?

La Unión Europea hoy: ¿una oportunidad para la integración en defensa?

El 22 de octubre de 2021, se llevó a efecto en Bruselas la reunión de Ministros de Defensa de la OTAN. El encuentro dio cuenta de una nueva mirada al interior de dicha entidad, buscando relanzar y normalizar las relaciones transatlánticas, duramente castigadas durante la pasada administración de Donald Trump en Estados Unidos, al mismo tiempo que avanzar hacia una mirada común ante el ascenso de China en calidad de potencia global.

La reunión es interesante de comentar, por cuanto demuestra un reenfoque de la Alianza, marcado por el giro de las preocupaciones de Estados Unidos hacia lo que percibe como su mayor reto geopolítico en la actualidad, cual es el posicionamiento de China. En el fondo, la OTAN da muestras de reorientar sus intereses desde Europa hacia la denominada región del Indopacífico, eje actual de relacionamiento en la geopolítica global. Junto con lo anterior, es necesario subrayar que en el evento se acordaron una serie de objetivos, relacionados con el reforzamiento de la disuasión de la Alianza, además del intercambio de ideas respecto de la situación de Afganistán y la lucha contra el terrorismo, además de la reciente decisión de la Federación de Rusia de cerrar su representación ante esa entidad.

Ciertamente, se debe considerar que la señalada reunión se da en un contexto donde ha cobrado nueva fuerza el tema de la integración europea en el ámbito de la defensa, tras el retiro de Estados Unidos de Afganistán y el acuerdo AUKUS entre esa superpotencia y Australia y Reino Unido.

Los temas vinculados con la paz y seguridad estuvieron entre los puntales de la integración de Europa desde sus orígenes, en tanto uno de los objetivos principales del continente fue la reconstrucción y desarrollo de los países tras la Segunda Guerra Mundial. Los intentos unificadores en el plano de la seguridad y defensa fueron pioneros en el proceso de integración, como lo demuestra el que los países firmantes del Tratado de Bruselas en 1948 -Bélgica, Francia, Luxemburgo, Holanda y Reino Unido- que entrega los cimientos de lo que luego será la Unión Europea Occidental (UEO), hicieran un llamado a la asistencia mutua en caso de un ataque armado. Junto con ello, cabe anotar que el establecimiento de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) en 1951 buscaba, principalmente, poner los recursos estratégicos bajo una autoridad supranacional, evitando futuros conflictos entre los firmantes.

Los temas de seguridad y defensa cobrarán nueva fuerza con el Tratado de Mastricht de 1992, que crea la Unión Europea, cuando se hace explícita la referencia a la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), involucrando la posterior definición de una política de defensa común. Luego, el Tratado de Amsterdam de 1997 reforzará la PESC, creando el cargo de Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común. Asimismo, el Tratado de Niza de 2000 dotará a la PESC de una estructura institucional como encargada de ejercer el control político y la dirección estratégica de las operaciones de gestión de crisis de la Unión Europea. El tratado de Ámsterdam resulta particularmente notable, por cuanto establecerá la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD), en tanto vertiente operativa y parte integrante de la PESC. En el Tratado de Lisboa de 2009, la PESD tomará el nombre de Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD), para verse reforzada con mayores capacidades e instrumentos de actuación en materias de mantenimiento de la paz, prevención de conflictos y fortalecimiento de la seguridad internacional. En Lisboa también se creará la Agencia Europea de Defensa, con el objetivo de apoyar el trabajo de la PCSD en temas como investigación en defensa, cooperación en armamentos, desarrollo de capacidades y creación de un mercado europeo de equipos de defensa.

En este camino de la integración, debe igualmente mencionarse la elaboración de la Estrategia Global de la Unión Europea de 2003, actualizada el año 2016. La primera ponía el foco en el contexto post 11 de septiembre de 2001, marcado por las guerras de Afganistán e Irak. El documento posterior, sin perder una visión panorámica del mundo, destacará los atentados terroristas que golpearon en ese entonces a Europa (Bruselas, Niza y París, entre otros), con sus directas consecuencias económicas y sociales.

El tema de la integración en defensa cobraría nuevos bríos el año 2018, con las declaraciones de Emmanuel Macron y Angela Merkel sobre la necesidad de avanzar hacia un ejército propiamente europeo, que entregue independencia estratégica a los países miembros de la Unión Europea, más allá de sus vinculaciones con la OTAN. Otros temas que se han debatido al respecto son la todavía insuficiente cooperación industrial intraeuropea y la debilidad de la interoperabilidad logística de las fuerzas armadas de ese continente.

Sin embargo, cabe apreciar que actualmente parece predominar una mirada pragmática y moderada, que busca hacer complementarios los aportes de la OTAN y la Unión Europea, apuntando a un marco de relaciones moderno que permita la construcción coordinada y coherente de capacidades militares en Europa. Este espíritu quedó meridianamente claro en las palabras de Joe Biden, quien sostuvo en un comunicado emitido tras una conversación sostenida con Emmanuel Macron en septiembre de 2021, que “Estados Unidos reconoce la importancia de una defensa europea más fuerte y capaz, que contribuya positivamente a la seguridad transatlántica y global y sea complementaria a la OTAN”. Esta mirada auspiciosa de Biden sobre la integración europea y su relación con la Alianza marca, desde luego, una mirada renovada respecto de su antecesor, aunque también habría que apreciarla como una estrategia de control de daños ante el golpe asestado con el acuerdo AUKUS.

En el ámbito de la integración europea en defensa, las mayores falencias parecen estar, a nivel general, en las dificultades que ha encontrado la construcción de una cultura estratégica común, elemento basal para consolidar una política exterior comunitaria, dada la preferencia de los miembros de la Unión Europea por seguir actuando de acuerdo con sus respectivos intereses nacionales, con la pretensión de tener un rol global de manera autónoma. A este respecto, será interesante conocer el documento de la Brújula Estratégica de la Unión Europea, actualmente en elaboración. El texto deberá definir los lineamientos de su política de seguridad y defensa, a la manera del Concepto Estratégico de la OTAN, a fin de profundizar la sinuosa integración europea en defensa, muchas veces marcada por la fragmentación y escepticismo. Se trata de una discusión no del todo fácil, pero de alta relevancia, considerando la necesidad de apuntalar la gobernanza global, tan severamente afectada por la retracción de los liderazgos globales, en el convulsionado contexto global generado por la pandemia.


Jorge Riquelme
Doctor en Relaciones Internacionales (IRI – UNLP)

 

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