El despertar de la «nueva» Europa

El despertar de la «nueva» Europa

Hoy se celebra un nuevo “Día de Europa” en conmemoración de la célebre “Declaración Schuman” emitida el 9 de mayo del año 1950, siendo este hecho trascendente dado que fue el punto de partida de la actual Unión Europea y, a su vez, el generador del ADN de la nueva criatura, el que ha sido mantenido y fortalecido desde su nacimiento.

Dicho ADN está compuesto por principios y valores esenciales, pudiéndose mencionar dentro de los más significativos a los siguientes: paz, democracia, diálogo, estado de derecho, protección de los derechos humanos, protección del medio ambiente, supranacionalidad, desarrollo, multilateralismo y solidaridad.

Pero, sin duda alguna, este no es un aniversario más. La invasión por parte de la Federación Rusa a Ucrania -ocurrida el pasado 24 de febrero- se ha convertido en un“acontecimiento disruptivo” para el bloque comunitario, de una gravedad superlativa, que ha desafiado los principios y valores en que se basa desde sus orígenes el proceso de integración europeo.

Con motivo del retorno de la guerra al territorio europeo, el 10 y 11 de marzo se realizó en Francia una reunión informal de los Jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea adoptándose la “Declaración de Versalles”. Este es un documento de una importancia extraordinaria en razón que a partir del mismo se amplía  la composición del ADN europeo referido anteriormente. En dicha Declaración los líderes del bloque regional europeo, ante el peligroso e inestable escenario internacional actualy en particular teniendo en cuenta el accionar ruso en Ucrania, deciden asumir mayores responsabilidades en conjunto y tomar medidas decisivas para la construcción de la soberanía europea reduciendo sus actuales dependencias externas. Para lograrlo ponen el foco en tres dimensiones que se consideran claves: el refuerzo de la capacidad de defensa y seguridad común, la reducción de la dependencia energética y el desarrollo de una economía común sobre bases más sólidas.

En cuanto al refuerzo de la capacidad de defensa y seguridad común, en dicha Declaración se afirma que una Unión Europea más fuerte y con mayores capacidades en tales materias va a contribuir positivamente a la seguridad transatlántica y mundial, complementando a la OTAN que aún sigue siendo el pilar de su defensa colectiva. También destacan lo establecido en el artículo 42 apartado 7 del actual Tratado de la Unión Europea que dice:

 

“Si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Ello se entiende sin perjuicio del carácter específico de la política de seguridad y defensa de determinados Estados miembros”.

Con el fin brindar protección a sus ciudadanos frente a las amenazas externas reconocen que deben invertir más, mejor y de manera más decidida. Por ello, resolvieron aumentar sustancialmente el gasto en defensa, estimular en ésta área la participación de los Estados miembros en proyectos conjuntos, invertir en ciberseguridad, en conectividad espacial, en tecnologías emergentes y en desarrollar su propia industria de defensa. Asimismo, para estar mejor preparados frente a los nuevos desafíos que enfrentan reconocen que deben proteger sus infraestructuras críticas y mejorar la movilidad militar en todo el territorio de la Unión. Además, señalan la importancia del documento denominado “Una Brújula Estratégica para la seguridad y la defensa”[1] donde se encuentran las orientaciones para la actuación del bloque regional en todas las dimensiones de los referidos ámbitos.

Con relación a la reducción de la dependencia energética de la Unión, acuerdan eliminar gradualmente, y lo antes posible, las importaciones de gas, petróleo y carbón rusos. Para ello, proponen implementar diversas medidas, tales como: acelerar la reducción de su dependencia general de los combustibles fósiles, diversificar su abastecimiento en especial mediante el uso de gas natural licuado y el desarrollo de biogás, profundizar el desenvolvimiento del mercado del hidrógeno en Europa, agilizar el desarrollo de las energías renovables, completar y mejorar la interconexión de las redes europeas de gas y electricidad, garantizar niveles suficientes de almacenamiento de gas, poner en marcha operaciones de reabastecimiento coordinadas, y canalizar la inversión conjunta en su sistema energético.

Con respecto al desarrollo de una economía común más sólida, establecen una serie de sectores que se consideran sensibles para evitar ser dependientes, haciendo mención a las materias primas fundamentales cuyo abastecimiento deberá ser garantizado por la Unión a través de asociaciones estratégicas y a la vez promoviendo la economía circular. También, apuntan a incrementar su capacidad de producción de semiconductores con el objetivo de asegurarse una cuota del 20 % del mercado mundial en los próximos años. De igual manera, deciden apoyar la producción europea sostenible de medicamentos y de productos esenciales para responder a futuras crisis sanitarias, proponiéndose a la vez convertir a Europa en líder mundial en el campo de los medicamentos biológicos. De igual modo, hacen alusión a las tecnologías digitales, en las que se invertirá fuertemente en inteligencia artificial y en el desarrollo de redes 5G dentro y fuera de Europa, promoviéndose la creación de asociaciones digitales. Del mismo modo, se comprometen a mejorar su seguridad alimentaria mediante la reducción de su dependencia de productos agrícolas e insumos fundamentales importados, procurando también aumentar la producción de proteínas vegetales en todo el territorio de la Unión.

También, cabe hacer mención a los discursos pronunciados ante el Parlamento Europeo por el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. El jefe de la diplomacia europea el 1º de marzo manifestó:

“…no podemos seguir confiando en que apelar al estado de derecho y desarrollar relaciones comerciales van a convertir al mundo en un lugar pacífico donde todo evolucionará hacia la democracia representativa, las fuerzas del mal que pugnan por seguir utilizando la violencia física como una forma de resolver los conflictos siguen vivas, y frente a ellas tenemos que mostrar una capacidad de acción mucho más poderosa, mucho más consistente y mucho más unida que la que hemos sido capaces de hacer hasta ahora”.

Por su parte, el 6 de abril el Presidente del Consejo Europeo expresó:

“…me gustaría hablarles con cierta solemnidad sobre la seguridad y la defensa. Me gustaría decir, solemnemente, que la ingenuidad de Europa a este respecto debe acabar. Por supuesto, no debemos olvidar nunca que la Unión Europea es un proyecto de paz y, precisamente porque somos un proyecto de paz, debemos ser capaces de hablar la lengua del poder”.

Por cierto, el nuevo componente del ADN europeo que se suma a los ya existentes es la “autonomía estratégica”, habiéndose producido en consecuencia el despertar de la “nueva” Europa: la “Europa geopolítica”.


Referencias:

[1] 21 de marzo de 2022 (Bruselas).


Juan Carlos Pérsico
Coordinador
Departamento de Europa
IRI – UNLP

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