En Medio Oriente, los auspicios iraquíes preparan la visita de Biden a la región

En Medio Oriente, los auspicios iraquíes preparan la visita de Biden a la región

El primer ministro de Irak, Mustafa Al-Kadhimi, llegó el lunes, muy temprano, al aeropuerto de Teherán, para mantener una serie de reuniones con el presidente de ese país, Ebrahim Raisi. La visita no es casual: tiene lugar menos de veinticuatro horas después de haberse reunido con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Muhammad bin Salman. El objetivo del titular del gobierno iraquí es oficiar de puente que permita retomar las negociaciones entre ambos líderes regionales. Por ahora, esas reuniones han generado únicamente expectativa: una primera serie de conferencias, que se extendió a lo largo de la primavera boreal de 2021 en Bagdad, fue seguida de una cumbre en abril en esa misma ciudad. Siempre a puertas cerradas, los temas giraron en torno a la estabilidad regional: la guerra en Yemen, los escenarios electorales en Líbano e Irak, la situación en Palestina y la estabilización de Siria. Tras las reuniones, Muhammad bin Salman dio dos pasos tímidos, pero consistentes: anunció la voluntad de dar inicio a una era de convivencia con su vecino iraní y manifestó que no se opondría al regreso de Siria a la Liga Árabe. Por otra parte, Raisi, sin abandonar la retórica confrontativa, se mostró dispuesto a avanzar en negociaciones con Estados Unidos para alcanzar un nuevo acuerdo nuclear. La situación económica en Irán es apremiante, mucho más en un contexto de creciente malestar político y social. En Teherán urgen los resultados: necesita que se levanten las sanciones.

Aunque lo niegue, Al-Kadhimi sabe que el resultado del acercamiento irano-saudita que está promoviendo impacta directamente en su permanencia en el cargo, por ahora provisoria. Tras las legislativas de octubre, la Legislatura aun no ha podido ponerse de acuerdo para sugerir un nuevo candidato al presidente, cuyo mandato expiraría este año. Los partidos kurdos y los chiítas del sadrismo saben que el primer ministro no entregará el país a los intereses de Teherán: su amistad con Muhammad bin Salman es prueba de ello. Raisi, por su parte, entiende que Al-Kadhimi es el único eslabón que le queda para sostener de manera relativamente pacífica su influencia en Irak, donde el diálogo entre los partidos chiítas alineados con Irán y el resto de las agrupaciones en la Legislatura está prácticamente cortado. En un país atravesado por la violencia cotidiana, la posibilidad de ciertos acuerdos internos en Irak brindan una esperanza a la población.

Al-Kadhimi es el tercer mandatario extranjero en visitar Teherán en menos de una semana. Antes estuvieron Sergey Lavrov, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, y luego Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea. Ambos se fueron con los bolsillos llenos: el compromiso iraní de volver, sin condiciones, a las negociaciones que permitirían una actualización del Acuerdo Nuclear de 2015. Mientras tanto, en Israel, Yair Lapid se manifestó contrario a estas visitas, y se lo hizo saber, al menos a Bruselas, de forma contundente. La crisis del gobierno israelí, que implicaría una nueva elección legislativa, la quinta en menos de cuatro años, limita en el corto plazo la atención de Bennet y su gobierno a este tema. También se muestra expectante ante la visita que Joe Biden hará a Riad en julio. Bennet y sus aliados esperan que sirva para denunciar a Irán, y no para integrarlo pacíficamente al escenario regional. El presidente estadounidense, ansioso por un acuerdo para focalizar recursos en el extremo oriental, acude a la capital saudita en persona para intentar traer a Muhammad bin Salman de vuelta al redil de los amigos. La imagen de su antecesor bailando con el rey Salman al ritmo de la percusión autóctona parece muy, muy lejana. El príncipe heredero, por su parte, ha hecho gala de su autonomía en la cuestión ucraniana, y junto a él, sus aliados del Golfo Pérsico, cosa que en Washington no cayó bien.

En un contexto donde cada cual atiende su juego, queda esperar pacientemente, y con cierta esperanza, las posibilidades de un acercamiento irano-saudita auspiciado por Irak. Eso allanará las negociaciones con Estados Unidos, a pesar de los pesares. Independientemente de los fuegos de artificio, habrá que ver qué quedará en limpio de estas semanas de gran agitación y giras diplomáticas.

Said Chaya
Integrante
Departamento de Medio Oriente
IRI – UNLP

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