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Israel y Gaza, ¿una nueva coreografía?

Antoine de Saint-Exupéry describe a los baobabs como plantas que, de no ser arrancadas de entrada, inevitablemente se expandirán. Prevenirlo es una tarea tediosa. Efraim Inbar y Eitan Shamir, de la Universidad de Bar-Ilan, recurren a esta imagen literaria para resumir la estrategia que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) implementaron desde el nuevo milenio. Los militares israelíes hablan de “cortar el pasto” para referirse a la táctica de combatir a un enemigo cuya eliminación no es posible y que sólo pueden neutralizar.

La cultura de seguridad que rige en Israel-Palestina desde hace décadas se monta sobre la asimetría material entre ambas partes. Asimismo, responde a la modalidad de nuevos tipos de enfrentamientos que no involucran la guerra total de ejércitos nacionales combatientes. Por un lado, la muqawama, la resistencia armada tipo guerrilla de organizaciones como Hamas y la Jihad Islámica, es paciente y procura el desgaste de un enemigo más fuerte. Por otro, las FDI “cortan el pasto” atacando blancos específicos en Cisjordania y Gaza: eventualmente despliegan tropas en el territorio, pero en general solo buscan desarmar y desgastar los recursos del adversario.

Esta coreografía implica que uno se ajusta al movimiento del otro. Cada nuevo intercambio de fuego disciplina a los participantes. No sólo ofrece una cierta rutina para comprender qué pasos son esperables, sino que empuja al rearme, a la consolidación de alianzas convenientes y al desarrollo de la tecnología bélica. La reciprocidad entre estas parejas de baile es tal que se acostumbran a aguardar el próximo encuentro: se preparan para ello. Con distintos grados de intensidad, destrucción y muertes, la danza tarde o temprano se reanuda.

Cuando una estrategia militar facilita una respuesta, también militar, a la falta de procesos políticos capaces de conducir negociaciones de paz y reconciliación efectivas, la imaginación de gobernantes, ministros y líderes partidarios puede terminar acotándose a sus términos. Desde 2009 hasta su desplazamiento del cargo de primer ministro en 2021, Benjamin Netanyahu, Mr. Security, expresó la estrategia de cortar el pasto en la Knesset, el parlamento israelí. En reiterados operativos, Netanyahu, líder de Likud, “contuvo” la latente e invencible amenaza de Hamas y Jihad Islámica. Más que eso, muchos israelíes aún creen que es el único capacitado para ello.

¿Qué pasaría si las partes abandonaran la coreografía? ¿Acaso es posible ensayar nuevos pasos? Un operativo de tres días bastó para que un nuevo e inexperto primer ministro de transición, Yair Lapid, pusiera en duda el carácter presuntamente indispensable de Netanyahu frente a las amenazas de Gaza. Por su parte, Hamas, principal protagonista de la resistencia armada en la Franja, decidió no participar.

En efecto, Lapid y su ministro de defensa, Benny Gantz, capitanearon una excepcional coordinación entre la inteligencia de las FDI y la Shin Bet para asestar un duro golpe a la dirigencia y capacidad de fuego de Jihad Islámica sin que Hamas respondiera al llamamiento a una “intifada unida”. Lapid y Gantz avanzaron sin la aprobación del gabinete -sí con autorización de la fiscal general Gali Baharav-Miara– demostrando que la seguridad es prioridad aún sin Mr. Security en el asiento del conductor.

De hecho, el “Operativo Amanecer” descabezó a la organización con una agilidad y precisión quirúrgica inéditas. Primero, porque se prescindió del despliegue de tropas y se evitaron gastos excesivos considerando que las FDI solicitan crecientes aumentos presupuestarios. Segundo, el operativo no produjo bajas militares israelíes y ocasionó un daño ínfimo en infraestructura en Gaza.

Más aún, si bien hubo muertes de civiles palestinos que provocaron críticas a nivel internacional, las FDI entendieron que no sólo fueron menos en comparación con otros operativos, sino que se ocuparon de compartir fotografías de los sitios atacados y un video que muestra cómo un cohete de Jihad Islámica se extravía y cae en territorio gazí. Es decir, las autoridades israelíes responsabilizaron a la organización palestina por las muertes palestinas ocasionadas.

En un contexto internacional convulsionado por la prolongación de la guerra ruso-ucraniana y por la tensión creciente entre Estados Unidos y China en torno a Taiwan, este enfrentamiento fue tan breve y tan preciso que fue mucho menos comentado. Pero en eso radica su originalidad. Este operativo se distingue de eventos como los de, por ejemplo, mayo de 2021. Nuevamente, no solo por la cantidad de bajas y daños materiales, sino por quiénes fueron sus participantes y por cómo se condujeron.

Como efecto inmediato, Lapid se despojó del mote de líder “inexperto”. Nuevas encuestas demuestran una redoblada confianza de potenciales votantes para las elecciones de noviembre de este año. Desde ya, es temprano para cantar victoria pero la jugada registra una pericia insoslayable. Todo empezó en Cisjordania, donde Jihad Islámica ha intensificado su actividad y extendido redes de militancia en los últimos dos años. Esta entidad es aliada de Irán y la potencial firma de un nuevo acuerdo nuclear no es una señal alentadora para Israel: si un enemigo semejante obtuviera capacidad nuclear, no sería deseable que la compartiera con otro con presencia local.

Así, el sangriento arresto de un operador político, Sheij Bassam al-Saadi, en la ciudad de Jenin, se publicitó con tal teatralidad que los comandantes militares de Jihad Islámica mordieron el anzuelo. El fuego fue respondido con fuego quirúrgico. El ejercicio de cortar el pasto permitió a las FDI valerse de dispositivos tecnológicos tan sofisticados que en tres días, la dirigencia de Jihad Islámica fue muerta y su arsenal, diezmado. Claro, habrá líderes emergentes y posibilidad de rearme, pero hay otros puntos a observar.

La no intervención de Hamas fue notable. Ni siquiera ante la provocadora arenga del movimiento colono a concurrir al Monte del Templo en ocasión de Tisha b’Av, como efectivamente ocurrió este pasado fin de semana. El silencio de Hamas se correspondió con un gesto de Lapid: la inmediata reanudación de permisos de trabajo a palestinos en Israel (y la promesa de otorgar nuevos) y la provisión de suministro de combustible a la planta eléctrica gazí. La inacción de Hamas y la acción de Israel debilitaron a un enemigo común. ¿Se asoman acuerdos mayores en el horizonte? La fórmula sería “prosperidad económica por paz”: no es novedosa, mas nunca fue aplicada. Quizás, hasta represente menos que eso: tan solo la reconstrucción de Gaza a cambio de una tregua estable.

El desenlace también favoreció a una red de actores que oficiaron como negociadores del cese al fuego: Egipto, Qatar y Turquía, que surgen como mediadores exitosos. El carácter tan expeditivo y breve de la campaña también fue un guiño para los nuevos aliados que Israel procura consolidar antes que incomodar: Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos. Para cerrar, no es claro si el carácter transicional de Lapid favoreció su aparente audacia para instrumentar una versión acotada de la poda del pasto, o si esta técnica ha alcanzado tal sofisticación que debemos leer la novedosa y medida conducta de Hamas y la aparente posibilidad de domesticación del conflicto a través de concesiones materiales, como la prevalencia de una victoria enteramente militar.

Ignacio Rullansky
Coordinador
Departamento de Medio Oriente
IRI – UNLP