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Riesgo de Crisis en el Sistema Bancario Internacional

La crisis del año 2008, causada por el colapso de las hipotecas denominadas “subprime”, desató una ola de quiebras bancarias cuyo fantasma se expandió rápidamente en todo el globo. La salida de dicha crisis, que comenzó en el sector financiero y pronto afectó a la economía real, se encontró en gran medida, a través de paquetes de estímulo por parte de los gobiernos, quienes mediante una fuerte emisión monetaria, llevaron a las tasas de interés a casi cero por ciento.

Aunque esa situación intentó revertirse para evitar lo que algunos llaman el “sobrecalentamiento” de la economía, nuevamente se optó por las tasas bajas, pues, la parálisis económica provocada por la pandemia del COVID-19 hizo necesario al Estado para estimular el sistema económico.

Sin embargo, la época del “dinero barato” se agotó: el proceso inflacionario desatado a consecuencia de la suba de las commodities, las sequías en varias regiones del planeta, y los cuellos de botella generados como corolario de la guerra en Ucrania, han llevado a los bancos centrales a subir las tasas de interés, restringiendo la emisión monetaria en búsqueda de contener la inflación, que reapareció en los países avanzados, como no lo había hecho en los últimos cuarenta años.

Ese aumento de tasas tiene varias consecuencias. Por un lado, encarece el acceso al crédito para las empresas, generando restricciones en la producción que golpean el nivel de empleo. Por otro lado, se observó un “vuelo a la calidad”, es decir, salida de capitales desde países emergentes, o activos más riesgosos, hacia inversiones estables y seguras. Sin embargo, hay una consecuencia que golpeó a “pequeños” bancos norteamericanos, y esa está relacionada con el hecho de que existe una relación inversa entre tasas de interés y valor de los activos. Muchos bancos, como el Silicon Valley Bank, observaron una caída en el valor de la cartera de bonos que poseían, generando dudas acerca de su capacidad de respuesta a los ahorristas, y desconfianza respecto de otros bancos.

La respuesta inmediata ha sido el rescate y ayuda financiera por parte de otros bancos, y al mismo tiempo, la garantía estatal de depósitos, (no sólo para ahorristas pequeños, sino también para aquellos que superen los USD 250.000). La idea fuerza detrás de estos rescates, es transmitir confianza, piedra angular sobre la que se sostiene todo el sistema financiero internacional.

En Europa, le tocó el turno al CreditSuisse, uno de los bancos con mayor prestigio y solidez. Esto provocó la caída en las cotizaciones en las bolsas de todo el mundo.

Es por eso que las perturbaciones están tratando de ser contenidas mediante mensajes de “tranquilidad” por parte de las autoridades, empezando por Joe Biden, quien aseguró en un mensaje que el sistema bancario está a salvo, aunque esto no parece estar frenando las caídas.

No se puede vislumbrar claramente si esta crisis seguirá aumentando la desconfianza y con ella, las quiebras bancarias, o bien, se logrará frenar cualquier evento que pueda llevar a un escenario parecido al desatado en 2008.

Muchas cuestiones se ponen en juego en este tipo de crisis, y una de ellas es el debate acerca del rol del Estado. Ya se había debatido tras la crisis de las hipotecas si los contribuyentes debían pagar por el sostenimiento de instituciones que pusieron el dinero en inversiones riesgosas, o bien, dejar que los mercados actúen por sí solos. La oportunidad para cambiar las reglas de juego reapareció tras la pandemia. Sin embargo, la regulación financiera sigue brillando por su ausencia, a pesar de las complicadas experiencias del pasado reciente.

Leila Mohanna
Integrante
Departamento de Relaciones Económicas Internacionales
IRI – UNLP