En los últimos treinta años hemos asistido al progresivo vaciamiento de la importancia del papel regulador del Estado frente al fortalecimiento del libre mercado y de las estructuras vinculadas a él. Los Estados se han convertido progresivamente en “vacíos decisionales y democráticos” dando lugar, a través de la globalización, a nuevas formas de poder transnacional. En efecto, “en el plan interno, los Estados deben hacer frente a una demanda de seguridad, solidaridad y descentralización, que crece en proporción a los efectos desestabilizadores de la globalización” (Supiot, 2012). Esto ha conducido a que el neocorporativismo y el neoliberalismo hayan convertido al Estado en un “instrumento sometido a fuerzas que lo superan” (Supiot, 2012).
Hoy observamos a los Estados occidentales como ejecutores implacables de tales propósitos, abandonando completamente cualquier lógica o límite jurídico. Estados Unidos, desgastado por una crisis interna autofagocitante, ha retomado una “estrategia del caos y de la amenaza”, generando un intento de aniquilación de todo el derecho internacional humanitario y de todas las convenciones internacionales en materia de derechos humanos, incluida la Carta de las Naciones Unidas. Un intento que ha conducido a un estado de guerra permanente y a una forma de acoso internacional contra quienes no se pliegan a la “ley” del más fuerte. Por lo demás, ya Simone Weil, para describir las derivas totalitarias, retoma Mein Kampf, donde Hitler afirmaba:
En un mundo donde los planetas y los soles siguen trayectorias circulares, donde las lunas giran en torno a los planetas, donde la fuerza reina en todas partes y como única dueña de la debilidad, a la que obliga a servirle dócilmente o a la que doblega, el hombre no puede depender de leyes especiales (Weil, 1999).
Son muchos los signos de esta deriva: Palestina, Venezuela, Irán, entre otros. Una señal adicional fue la resolución de la Asamblea General del 25 de marzo sobre la Declaration of the Trafficking of Enslaved Africans and Racialized Chattel Enslavement, en la que Estados Unidos, Israel y Argentina votaron en contra, mientras que todos los países europeos se abstuvieron.
En este contexto, definido por muchos autores como de “transición hegemónica”, “policrisis”, “crisis sistémica” o “metamorfosis”, el cambio no afecta solamente a los Estados centrales pertenecientes al Norte Global. En efecto, más interesantes que la decadencia del Norte parecen ser los países del Sur Global implicados en propuestas evolutivas del orden internacional.
El X Foro CELAC, acompañado por el I Foro CELAC-África, se ha celebrado en Bogotá los días 18-21 de marzo, y ha representado un signo del despertar de los pueblos del Sur Global. Representa una conciencia emergente de la riqueza social, étnica, natural, tecnológica y humana de dos continentes que estuvieron unidos en el supercontinente Gondwana hasta hace aproximadamente 140-150 millones de años. Hoy, esta conexión renovada adquiere un valor absoluto en el contexto internacional en el que vivimos. Por eso el Foro recibió el mensaje de saludos y felicitaciones del Presidente Xi Jinping, enfatizando que:
China será siempre un buen amigo y socio de los países de la región, apoyándolos firmemente en la salvaguarda de su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo”, y expresando “la voluntad de China de trabajar junto con la región para defender la equidad y justicia internacionales, escribiendo así un nuevo capítulo en la construcción de la comunidad de destino China-América Latina y el Caribe.
Cabe marcar que en la fecha símbolo 10-12-2025, por el 77 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas y los 80 años de la derrota de las fuerzas nazi-fascistas de la segunda guerra mundial, China difundió el Tercer Documento de China sobre la Política hacia América Latina y Caribe, conocido como Libro Blanco sobre América Latina y Caribe (State Council, 2025). En este documento China define las relaciones con ALC como una “asociación estratégica integral del Sur Global”, con proyección política, cultural, tecnológica y geopolítica. Se presenta como “nueva etapa de cooperación bilateral y birregional” para que la cooperación futura sea más estructurada, sostenible, orientada al desarrollo y articulada con las iniciativas globales promovidas por Beijing, que se basan en los cinco grandes programas de solidaridad, desarrollo, civilización, paz e intercambio entre pueblos. Estos son los valores, según Beijing, que China comparte con América Latina y que fundamentan sus bases de cooperación.
De hecho, también a nivel interno es notable el esfuerzo de China en armonizar su forma de desarrollo, a través de una visión orgánica unitaria de la relación entre el Estado de Derecho y el desarrollo. Esto se nota con la implementación del primer Código Ecológico-Ambiental de la historia (中华人民共和国生态环境法典) que abroga contestualmente todas las Leyes en tema de medioambiente, porque construye una arquitectura sistémica de protección e implementación jurídica sin precedentes. El concepto de “medio ambiente ecológico” se formula en términos amplios e integrales, abarcando no solo el aire, el agua, el mar, el suelo, los bosques, los humedales, la fauna y la flora, sino también los espacios urbanos y rurales, los bienes naturales y culturales, y las áreas protegidas. Asimismo, resulta significativo el alcance extraterritorial de la legislación: el código se aplica, dentro de su ámbito de aplicación, también a las conductas fuera de China que causen o puedan causar daños ambientales a China o a las zonas marinas bajo su jurisdicción. El Código aprobado en marzo 2026, segunda obra magna después del Código Civil de 2020, será vigente a partir del 15 de agosto de 2026.
Como observó de manera controvertida Samuel Huntington, Occidente no llegó a dominar el mundo principalmente por la superioridad de sus valores, sino por la superioridad en la aplicación de la “violencia organizada”. Ese recordatorio es importante porque pone al descubierto las raíces históricas del orden internacional actual: jerarquía, coerción y elaboración desigual de las normas. Si ese orden ha de volverse más justo, los países del Sur Global no deben limitarse a buscar inclusión dentro de las estructuras existentes, deben actuar conjuntamente para transformarlas sobre la base de la igualdad soberana, el respeto mutuo y un multilateralismo centrado en el desarrollo.
La importancia de la X Cumbre de la CELAC en Colombia, reforzada por la celebración conjunta con el primer Foro de Alto Nivel CELAC-África, puede entenderse como una extensión global de Bandung en el siglo XXI: el esfuerzo de los países de regiones anteriormente colonizadas por construir cooperación entre sí, defender la paz, oponerse a la dominación y crear una voz propia en los asuntos mundiales.
Lo crucial ahora es institucionalizar ese espíritu. La agenda oficial presenta el foro como un paso hacia un diálogo político estructurado y sostenido, así como hacia la institucionalización de la cooperación birregional, mientras que las negociaciones en torno a la Declaración de Bogotá y el propuesto Grupo de Trabajo sobre Vinculación Externa indican un esfuerzo por traducir el diálogo en mecanismos duraderos. La cooperación entre los países del Sur Global debe ir más allá de la solidaridad simbólica y construir canales permanentes de coordinación en los foros multilaterales sobre desarrollo, comercio, financiación climática, justicia reparadora y vinculación externa.
Dentro de este proceso más amplio, China se ha convertido en uno de los promotores más visibles de la cooperación del Sur Global. En la propia formulación diplomática de Beijing, la Iniciativa para el Desarrollo Global (GDI), la Iniciativa para la Seguridad Global (GSI), la Iniciativa para la Civilización Global (GCI) y la Iniciativa para la Gobernanza Global (GGI) se presentan como bienes públicos complementarios que apoyan la construcción de una comunidad global de futuro compartido, mientras que la cooperación de alta calidad de la Franja y la Ruta constituye su materialización, la plataforma práctica de esa visión.
En conclusión, parece claro que el diálogo entre los países del Sur Global se fortalecerá cuando combine tres dimensiones: conciencia histórica, continuidad institucional y autonomía estratégica. Si el proceso CELAC-África logra hacerlo, podrá contribuir a renovar el multilateralismo desde abajo y a construir un orden internacional más democrático, plural y equitativo.
En este sentido, resulta crucial construir una “normatividad” de las relaciones internacionales. China propone una “simbiosis internacional”, la construcción de un “nuevo tipo de relaciones internacionales”, regido por un Estado de derecho global (Li, 2025), y este Foro encaja perfectamente con la resignificación que el Sur Global está impulsando en las arquitecturas normativas internacionales.
Maria Francesca Staiano
Coordinadora
Centro de Estudios Chinos
IRI-UNLP
Referencias bibliográficas
Huntington, S. (2002). Clash of Civilizations and the Remaking of World Order. Simon & Schuster UK.
Li, Lin (2025). “弘扬全人类共同价值:论中国对国际法治进步的贡献”. Promoting the Common Values of Humanity: On China’s Contribution to the Advancement of the Rule of International Law. Journal of University of Chinese Academy of Social Sciences, N. 6. Available at: 李林:弘扬全人类共同价值:论中国对国际法治进步的贡献_爱思想
Supiot, A. (2012). Homo juridicus. Ensayo sobre la función antropológica del derecho. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores.
State Council (2025). China’s Policy Paper on Latin America and the Caribbean. Texto íntegro disponible en:
https://english.www.gov.cn/news/202512/10/content_WS693962c3c6d00ca5f9a08069.html
Weil, S. (1999). L’Enracinement. Prélude à une déclaration des devoirs envers l’être humain (1943), en Oeuvres, Gallimard, “Quarto”, 1999, Raíces del existir: preludio a una declaración de deberes hacia el ser humano, Buenos Aires, Sudamericana 1954.