La muerte de Ratko Mladić, ocurrida el 27 de agosto de 2026 en La Haya, donde cumplía una condena a prisión perpetua, devolvió al primer plano una cuestión que Serbia no ha resuelto más de tres décadas después de las guerras que acompañaron la disolución de Yugoslavia: cómo afrontar públicamente el legado de los crímenes internacionales cometidos en aquellos conflictos armados.
Mladić murió a los 84 años, hospitalizado y bajo custodia del Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales de las Naciones Unidas. El 3 de septiembre, sus restos fueron entregados a sus familiares en el aeropuerto de Róterdam-La Haya y trasladados a Serbia. Según precisó el propio Mecanismo, la repatriación y el destino final de los restos correspondían exclusivamente a la familia.
La controversia no nació allí, sino en lo que ocurrió después en Serbia.
El 7 de septiembre, miles de personas asistieron al funeral de Mladić en Belgrado. El féretro, cubierto con la bandera serbia, se exhibió junto a sus condecoraciones y a otros símbolos de su carrera militar. Hubo honores militares, participaron miembros del Ejército y asistieron varios ministros en ejercicio. Días antes se había celebrado una conmemoración en instalaciones oficiales del Ejército serbio.
Las autoridades habían aclarado que no se trataba formalmente de un funeral de Estado. Sin embargo, la intervención de instituciones y de altos funcionarios públicos dio al acto una dimensión que excedió con holgura la esfera privada.
El dato es decisivo desde la perspectiva de la justicia transicional. Mladić no murió simplemente como antiguo comandante del Ejército de la República Srpska: murió mientras cumplía una condena firme a prisión perpetua por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.
Una responsabilidad establecida judicialmente
El 22 de noviembre de 2017, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia declaró a Mladić culpable de esos crímenes: entre otros, del genocidio cometido en Srebrenica en julio de 1995 y de los crímenes vinculados al prolongado sitio de Sarajevo. El 8 de junio de 2021, el Mecanismo Residual confirmó en apelación los aspectos centrales de la sentencia y la pena de prisión perpetua.
De ahí que el debate posterior a su muerte no verse sobre su responsabilidad. Esta fue objeto de un extenso procedimiento judicial internacional y quedó establecida por sentencia firme.
La pregunta es otra: ¿cómo debe una sociedad tratar públicamente la memoria de alguien cuya responsabilidad por algunos de los crímenes internacionales más graves ha sido judicialmente establecida?
En Serbia, el interrogante pesa aún más, porque la glorificación de personas condenadas por crímenes cometidos durante las guerras de los años noventa no es un fenómeno nuevo.
El diagnóstico de las Naciones Unidas
Entre el 22 de noviembre y el 2 de diciembre de 2022, el entonces Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Fabián Salvioli, realizó una visita oficial a Serbia y Kosovo. Su informe fue presentado ante el Consejo de Derechos Humanos en su 54.º período de sesiones, celebrado entre el 11 de septiembre y el 6 de octubre de 2023.
Salvioli reconoció los avances logrados en determinadas áreas, en particular en la búsqueda de personas desaparecidas y en el establecimiento de mecanismos nacionales para el enjuiciamiento de crímenes de guerra. Junto a ello identificó deficiencias importantes en los distintos pilares de la justicia transicional: la lentitud de los procesos penales, la dificultad para investigar y juzgar a responsables de alto rango, las insuficiencias del sistema de reparaciones, los obstáculos de acceso a determinados archivos, la falta de mecanismos eficaces de esclarecimiento de la verdad y el deterioro de la cooperación regional.
Una de sus preocupaciones centrales fue, precisamente, el trato público dispensado a las personas condenadas por crímenes de guerra. El Relator constató numerosos casos de glorificación de criminales de guerra condenados, de negación de crímenes y de relativización de las sentencias dictadas por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y por los tribunales nacionales. Señaló también los murales y grafitis dedicados a personas condenadas, así como los obstáculos que enfrentaban quienes, desde la sociedad civil, intentaban oponerse a esas manifestaciones.
Su recomendación a Serbia fue inequívoca: en el párrafo 110 del informe instó a las autoridades a hacer frente a la glorificación de criminales de guerra y a la negación de crímenes establecidos por tribunales internacionales y nacionales, de conformidad con las normas internacionales de derechos humanos.
La recomendación se inscribía en un planteamiento más amplio. El Relator reclamó políticas de memoria capaces de ofrecer narrativas plurales, completas y precisas sobre las violaciones cometidas, junto con políticas educativas, culturales y mediáticas que no reprodujeran sentimientos nacionalistas divisivos.
Serbia respondió formalmente al informe y objetó varias de sus conclusiones. Rechazó, entre otros puntos, las imputaciones de negación y de glorificación, y reivindicó el derecho a criticar las decisiones del Tribunal para la ex Yugoslavia y del Mecanismo Residual.
Tres años después, el funeral de Mladić ofrece una ocasión para medir la vigencia de aquel diagnóstico.
Entre el duelo privado y el homenaje público
Conviene precisar los términos. Ni el derecho internacional ni los principios de la justicia transicional impiden que la familia de una persona condenada por crímenes internacionales le dé sepultura. Tampoco la sola presencia de funcionarios públicos en un funeral convierte una ceremonia privada en un acto estatal.
La cuestión cambia cuando las instituciones públicas contribuyen a rodear a un condenado de los honores, símbolos y formas de reconocimiento reservados a quien ha prestado un servicio meritorio al Estado o a la nación.
En el funeral de Mladić, la frontera entre duelo privado y homenaje público quedó considerablemente desdibujada. La participación de miembros de las fuerzas armadas, los honores militares, el uso de símbolos castrenses, la presencia de varios ministros y la conmemoración previa en dependencias del Ejército no son datos neutros desde el punto de vista de las políticas de memoria.
Las imágenes provocaron una fuerte reacción internacional. La Unión Europea recordó que la glorificación de criminales de guerra condenados, la negación del genocidio y el revisionismo histórico son incompatibles con los valores europeos. Las organizaciones de víctimas y de derechos humanos fueron aún más severas.
No hace falta, sin embargo, calificar jurídicamente el funeral como «acto de Estado» para advertir el problema. Lo relevante para la justicia transicional es que instituciones y representantes estatales tomaron parte en prácticas capaces de conferir reconocimiento público a una persona condenada en forma definitiva por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.
Glorificación y negacionismo
Conviene asimismo distinguir dos fenómenos próximos, pero diferentes: la negación de los crímenes internacionales y la glorificación de quienes los cometieron.
No es preciso negar el genocidio de Srebrenica para sostener una narrativa incompatible con los objetivos de la justicia transicional. Es posible aceptar formalmente los hechos y, al mismo tiempo, presentar a uno de sus principales responsables como héroe nacional, atenuar su responsabilidad o desplazar el centro de la memoria desde las víctimas hacia las supuestas virtudes patrióticas o militares del condenado.
Por eso Salvioli trató por separado la «glorificación» de criminales de guerra y la «negación» de los crímenes establecidos judicialmente.
La distinción revela además uno de los límites de la justicia penal internacional. Los procesos penales individualizan responsabilidades, establecen hechos mediante procedimientos rodeados de garantías, imponen penas y ofrecen a las víctimas una forma de reconocimiento difícil de sustituir. Lo que una sentencia no puede hacer por sí sola es determinar cómo una sociedad recordará después esos hechos.
El caso de Mladić es paradigmático. Tras un proceso de varios años, su responsabilidad quedó establecida y confirmada en apelación; para una parte de la sociedad serbia, sin embargo, siguió siendo una figura heroica. Entre la verdad judicial y la memoria social persiste una distancia considerable.
Memoria y garantías de no repetición
El problema conecta directamente con otro de los pilares de la justicia transicional: las garantías de no repetición. Estas no se agotan en reformas institucionales, en el control civil de las fuerzas armadas o en la separación de los funcionarios responsables de violaciones. Poseen también una dimensión social: el modo en que una sociedad enseña, recuerda y representa las violaciones del pasado contribuye a crear —o a cerrar— las condiciones para que vuelvan a producirse.
Una sociedad democrática puede, desde luego, debatir y criticar decisiones judiciales, incluidas las adoptadas por tribunales internacionales. Pero una cosa es cuestionar jurídicamente una sentencia y otra muy distinta rendir reconocimiento público a quien ha sido definitivamente condenado por genocidio, y hacerlo, además, por la actividad militar en cuyo marco se cometieron los crímenes.
En 2023, Salvioli había advertido sobre los riesgos de las narrativas etnocéntricas, nacionalistas, sesgadas o incompletas acerca de las guerras de los años noventa. La manipulación política del pasado y la exaltación de sentimientos nacionalistas, sostuvo, pueden obstaculizar la reconciliación e incluso contribuir a generar condiciones propicias para la repetición de la violencia. Lo ocurrido en septiembre de 2026 confirma la actualidad de aquella advertencia.
Una asignatura pendiente
Sería excesivo concluir, únicamente a partir del funeral de Mladić, que Serbia no ha realizado progreso alguno en materia de justicia transicional. También sería jurídicamente inexacto hablar de una «violación» de las recomendaciones de Salvioli, pues las recomendaciones de un Relator Especial no son jurídicamente vinculantes.
El funeral es, más bien, un indicador especialmente visible de que uno de los problemas identificados durante aquella visita oficial permanece sin resolver. Tres años después de que un experto de las Naciones Unidas recomendara a Serbia adoptar medidas frente a la glorificación de criminales de guerra condenados, la muerte del más conocido de ellos dio lugar a homenajes públicos en los que participaron instituciones y representantes del Estado.
Quizás allí resida la enseñanza más significativa del episodio. Ratko Mladić murió cumpliendo prisión perpetua, con su responsabilidad por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra definitivamente establecida. Las circunstancias de su funeral muestran, no obstante, que la disputa por el significado público de esos hechos continúa abierta.
En Serbia, al menos en lo que respecta a la glorificación de los responsables de los crímenes cometidos durante las guerras de los años noventa, las recomendaciones formuladas por el Relator Especial de las Naciones Unidas en 2023 siguen siendo una asignatura pendiente.
Fabián Raimondo
Integrante del IRI
Profesor de Derecho Internacional
Universidad de Maastricht
Doctor en Derecho
Universidad de Ámsterdam
Abogado
Magíster en Relaciones Internacionales
Universidad Nacional de La Plata
Referencias esenciales
Consejo de Derechos Humanos, Visita a Serbia y Kosovo. Informe del Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Fabián Salvioli, A/HRC/54/24/Add.2, 10 de julio de 2023.
Human Rights Council, Report of the Special Rapporteur on the promotion of truth, justice, reparations, and guarantees of non-recurrence, Fabián Salvioli, on his visit to Serbia. Comments by the State, A/HRC/54/24/Add.4, 6 September 2023.
Reuters, «Funeral of convicted war criminal Mladić draws thousands, opens old wounds», 7 September 2026.
UN International Residual Mechanism for Criminal Tribunals, Case Information Sheet, MICT-13-56, Ratko Mladić.
UN International Residual Mechanism for Criminal Tribunals, «International Residual Mechanism for Criminal Tribunals hands over remains of Ratko Mladić to next of kin», 3 September 2026.