El conflicto en el golfo Pérsico y sus implicancias para la transición energética en Argentina y el mundo

Departamento de Medio Ambiente y Desarrollo

Artículos

El conflicto en el golfo Pérsico y sus implicancias para la transición energética en Argentina y el mundo

Emiliano Dicósimo[1]

Introducción

El conflicto entre la República Islámica de Irán, Estados Unidos y sus respectivos aliados en la región del golfo pérsico, es de larga data, y si bien las relaciones entre estos países han oscilado a lo largo del siglo XX y XXI, con periodos de menor o mayor conflicto, en febrero de este año el inicio de la operación “Furia Épica” (Epic Fury) desató un conflicto bélico de impacto mundial, de resultado incierto y de difícil resolución.

Diversos factores llevaron a Estados Unidos e Israel a atacar al país islámico. En primer lugar, la Guerra de los 12 días de junio de 2025 entre los países de medio oriente, que, si bien demostró las capacidades de guerra asimétrica y mislísticas del país islámico, concluyó con Estados Unidos bombardeando los sitios nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán, y mostró vulnerabilidades en las defensas persas, aspecto que luego fue matizado a la luz de los resultados del conflicto iniciado en 2026. Por otro lado, las protestas civiles en Irán a lo largo de 2026 dieron una ventana de oportunidad para intentar forzar la caída del gobierno islámico mediante la presión militar y diplomática. Finalmente, el crecimiento del programa misilístico y nuclear (dual) iraní genera temores entre los aliados de Estados Unidos, buscando así frenarlo por diversos medios.

Un factor relevante de este conflicto, es que se da en un marco de hiperglobalización y de financiarización de la economía norteamericano (Rodrik, 2011), el compás de la guerra fue marcado en gran parte por dos factores la política interna de Israel y la evolución del mercado de capitales norteamericanos. En cuanto al primero, el partido Likud de Benjamín Netanyahu se aferraba al poder en medio de un juicio por corrupción contra el primer ministro, que inicio en 2019 y se fue demorando al calor de los diversos episodios militares, a esta causa se le suma las denuncias en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad en la Franja de Gaza por las cuales se emitió de una orden de arresto contra Netanyahu (France 24, 30 de noviembre de 2025) (Corte Penal Internacional, sf). A este factor interno se le suma la concepción de la derecha israelí, y de gran parte de la burocracia estatal, de inteligencia y militar del gobierno, de que Irán representa uno de los pocos actores regionales (junto a Turquía) a dominar para poder ejercer una “pax israelita”.

Este orden regional se asienta sobre el uso grupos de presión políticos en Estados Unidos y los países de la región, redes de inteligencia y el apoyo ideológico al movimiento sionista, profundamente arraigado en Washington. De esta forma las fuerzas de defensa israelíes han obtenido un acceso ilimitado a tecnología, apoyo financiero y cooperación militar con Occidente (Ali, 2026). En esta línea, las repercusiones del caso Epstein, con sus posibles vínculos con la inteligencia israelí y además figura relevante en la comunidad político-financiera no solo de Estados Unidos sino también a nivel internacional, demostraron la influencia sobre figuras claves de la economía y la política norteamericana, incluso con vínculos con el propio presidente (Cardona, 2026) (Nilsson-Julien y Paternoster, 2026). El poder de lobby de sectores de la política israelí sobre el gobierno norteamericano, incluso comenzó a sonar como una amenaza para miembros de las agencias de seguridad e inteligencia estadunidenses (La Nación, 6 de junio de 2026), especialmente ante las críticas que suscitaron los continuos sabotajes a los procesos diplomáticos de paz por el gobierno israelí.

El impacto de la guerra en la dinámica de la economía norteamericana y mundial

El segundo factor señalado como compás de la guerra, se corresponde con la dinámica propia de la economía norteamericana, durante los últimos años el motor de la misma, especialmente a nivel financiero, es el desarrollo de la inteligencia artificial, y sus múltiples aplicaciones productivas, científicas y militares. Sin embargo, esta flamante industria, necesita de grandes inversiones de capital por parte de las siete magníficas (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta Platforms, Nvidia y Tesla) líderes del mercado de Wall Street, junto el resto del sector tecnológico, y por las empresas proveedoras de memorias, semiconductores, materiales eléctricos, insumos eléctricos, agua y energía, que tendrán que suplir una demanda récord en los próximos años y superar diversos cuellos de botella.

Estas grandes inversiones de CAPEX con un horizonte de repago largo, y con unos ingresos por los servicios de inteligencia artificial que brindan las empresas como Antropic, Palantir, OpenAI, que son crecientes pero progresivos, generan una enorme presión al sistema financiero norteamericano. Si la tasa de interés de referencia de los bonos de la Reserva Federal se eleva, o si el precio mismo de los bonos disminuye su precio y por ende sube su rendimiento, la capacidad de financiarse o refinanciarse de estas empresas se compromete, y teniendo en cuenta que las empresas de este ecosistema son clientes entre ellas, se puede generar un efecto dominó entre las mismas acarreando una crisis bursátil de magnitudes similares a la de marzo del 2000 en la llamada “burbuja puntocom”. Junto a este factor financiero el gobierno norteamericano observa la dinámica de los precios internacionales del petróleo para apaciguar o incrementar el conflicto bélico. Teniendo en cuenta que además las empresas tecnológicas se abastecen de energía eléctrica generada con hidrocarburos, aunque también impulsan la instalación de proyectos de energía renovable dentro de las propias firmas, o mediante contratos de aprovisionamiento[2].

Si bien Estados Unidos mediante la revolución del shale oil and gas, pasó de importador a exportador neto de hidrocarburos (no convencionales), aumentando su peso en las exportaciones globales, y especialmente a Europa luego de la crisis del suministro de gas ruso (impulsada y aprovechada por la potencia norteamericana), el flujo de hidrocarburos no puede apaciguar la pérdida del 20% del suministro mundial que pasa por el Estrecho Ormuz, cerrado en el marco del conflicto por parte de las fuerzas militares iraníes, subiendo así el precio de los mismos (Giokos, 2026). Esta problemática se agrava por la coyuntural situación de las refinerías a nivel mundial, con varias fuera de servicio por conflictos armados (Rusia-Ucrania), paradas técnicas, o accidentes industriales (Seba, 2026) (Cuesta, 2026). El cierre del estrecho no solo afecta al suministro de hidrocarburos, sino también al flujo de alimentos para la región del golfo Pérsico, de fertilizantes producidos en la región (30-35% comercio mundial), e incluso de aluminio (8% de la producción mundial) (El Grand Continente, 30 de marzo de 2026) (Grandgeorge, 2026), entre otros productos.

Es por ello que Estados Unidos apeló a mecanismos financieros como intervenir en los futuros del petróleo para calmar las expectativas de un mayor precio del commodity (con un coste fiscal para el tesoro norteamericano) y a comerciales como las Reserva Estratégica de Petróleo liberando petróleo en el mercado para apaciguar el precio, movimiento que fue coordinado con otros socios internacionales, sin embargo el stock de las mismas está en su nivel más bajo desde 1983 y no es seguro que pueda recuperarse en el año (Egan, 2026). De esta forma el impacto inflacionario del alza del costo de la energía está afectando a la economía mundial, y especialmente a las industrias intensivas en energía como la aviación, y los propios centros de datos que necesitan un alto suministro eléctrico[3].

Y sobre este punto se focalizará en este trabajo. El conflicto geopolítico de medio oriente, demostró nuevamente la importancia para los países de contar con un suministro seguro de energía. Asegurándose uno de los cuatro aspectos del cuadrilema energético[4](Sabbatella, 2023). Así, la actual transición energética en marcha tímidamente desde las previas crisis del petróleo (1973-79) (Smil, 2017), se ha ido acelerando en las últimas dos décadas al ritmo de las políticas de promoción y de los desarrollos tecnológicos en Europa, Norteamérica y más recientemente en China. El desarrollo de las energías renovables[5], permitió reducir importaciones de energía en diversos países, al no necesitar insumos para generar energía eléctrica más que la irradiación solar, la velocidad del viento, entre otros recursos. Asimismo, la vida útil de los equipos, que superan las dos décadas con un mantenimiento adecuado, implica reforzar esa seguridad energética, y obtener energía de manera sostenible y equitativa[6]. La reducción del precio de la energía renovable, mediante el aumento en la economía de escala y la mejora tecnológica volvió a estas energías competitivas con las fósiles, aun sin ser subsidiadas y sin tener en cuenta las externalidades negativas de las energías fósiles.

Los anuncios de inversión en energías renovables no se dieron esperar, los países asiáticos, mayormente importadores de combustible fósiles[7], como Corea del Sur y Japón anunciaron grandes parques solares y eólicos marinos para aumentar la oferta local (Ámbito Financiero, 19 de mayo de 2026) (Mugo, 2026). La transición energética también está afectando a las firmas de hidrocarburos, que han optado por tres estrategias, algunas como Shell se han enfocado en su core business, oscilando o dilatando sus políticas de descarbonización, otras como la francesa EREN, lanzaron su propia empresa de energías renovables desarrollando parques en todo el planeta, es decir dejando de ser una empresa de hidrocarburos para ser una empresa energética en general (Dicósimo, 2024), o incluso empresas como Repsol transformaron a sus refinerías en complejos industriales multienergéticos, reduciendo las emisiones de las mismas y explorando nuevos combustibles con menores emisiones (Roca, 2020). Y finalmente en convivencia con las anteriores estrategias, algunas firmas ampliaron su participación en la cadena de valor de los hidrocarburos, entendiendo que, si bien el petróleo puede ser reemplazado por otras fuentes de energía, los subproductos del mismo no lo serán en el mediano plazo (Gardiner, 2020), incluso algunos crecerán a la par de la demanda de semiconductores, fibra óptica y los materiales de embalaje avanzados (Markert Research Intellect, 2024).

Si bien en la coyuntura actual de elevación de los precios de hidrocarburos, las empresas afines están obteniendo ingresos extraordinarios, esto no implica que haya temores entre los inversores y accionistas de que estas firmes queden con activos varados en el mediano plazo, al reducirse el consumo de estas energías por aspectos económicos y/o ambientales, mediante políticas públicas que castiguen a las mismas, como los impuestos al carbono, o el propio Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) europeo (Johnston et al, 2022).

En la práctica la transición energética sigue en marcha, el porcentaje de generación eléctrica en base a energías renovables a nivel mundial aumentó de 29% a 35% en 2025 liderada por la energía solar fotovoltaica y eólica. De esta forma igualaron por primera vez a la generación eléctrica con carbón mineral, anclada en países como India y China. Este último, lidera la transición a nivel tecnológico, productivo y en términos de capacidad instalada con un 55% del total de las inversiones en solar fotovoltaica en 2025, sumando también nuevas inversiones en energía eólica y nuclear[8] (IEA, 2026). Tanto el gobierno chino como indio buscan a su vez reducir la producción de carbón, el primero tiene como meta alcanzar un pico de emisiones en 2030, sin embargo, esta meta puede incluso adelantarse ante la trayectoria del despliegue de energías renovables, y de electro movilidad (Climate Action Tracker, 6 de noviembre de 2025).

A su vez, el parque automotor eléctrico dio un salto a nivel mundial, sobre todo en Europa y Asia, de ser un 4% de las ventas de autos nuevos a inicio de la década, en 2025 superaron el 22%, multiplicándose la cuota de mercado por más de 6 veces. La IEA estima que el stock global de vehículos eléctricos continúa expandiéndose aceleradamente y que hacia 2030 habrá alrededor de 250 millones de vehículos eléctricos (sin contar motos y triciclos eléctricos), aproximadamente cuatro veces más que a fines de 2024 (IEA, 2026b). Nuevamente se observa el liderazgo chino, con un 60% de las ventas mundiales, mientras que ya un 55% de los nuevos autos fueron eléctricos en el país. De esta forma, el liderazgo de las economías asiáticas, y particularmente de las firmas exportadoras chinas, en las tecnologías de la actual transición energética, hacen al país menos vulnerable al conflicto geopolítico de medio oriente, teniendo en cuenta que se adquiere hidrocarburos de Irán y a otros países del Golfo Pérsico. Siendo una política del estado chino el fomento de estas tecnologías, teniendo como norte el trilema (o incluso el cuadrilema) energético.

Perspectivas para Argentina

En Argentina el crecimiento de las energías renovables en los últimos años fue notable superando el 16,7% del abastecimiento de la demanda eléctrica. El continuo crecimiento en los parques de generación, principalmente eólicos y solares implica un desafío a mediano plazo para los operadores del despacho de cargas del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), ante la intermitencia natural de estos tipos de energías, una de sus principales desventajas. Por esta problemática han surgido a nivel mundial políticas públicas para el impulso de sistemas de almacenamiento a gran escala, como las centrales hidroeléctricas de bombeo, novedosos vectores energéticos (como el hidrógeno verde) y el almacenamiento por sistemas de baterías (BESS) (Dicósimo, 2025).

Esta última, se perfila como la más exitosa por su modularidad, sus menores tiempos de construcción y su reducción de precios. Las BESS han tenido un notable crecimiento a nivel mundial en esta década, acelerándose a partir de la reducción de costos que implica la economía de escala asiática y los avances técnicos. Para tomar una magnitud de la curva de aprendizaje de esta industria, en 2010 el costo de las baterías de ion litio (las más populares ) rondaba los 1200 USD/kWh mientras que se redujo a 115 USD/kWh en 2024 (IRENA, 2023: 135) (Acetech, 2025). Asimismo, se ha superado los 150 GW de capacidad instalada en 2024, creciendo en un 55% la instalación de este tipo de sistemas, dentro del mismo las baterías de Ion Litio constituyen casi la totalidad del despliegue (Volta Foundation, 2024). Estas tendencias continuaron en 2025, con China nuevamente liderando fuertemente el mercado.

Es por ello que la empresa argentina mixta CAMMESA lanzó exitosamente su primera licitación de baterías para al área metropolitana de Buenos Aires, denominada AlmaGBA, mientras que se adjudicó su primera convocatoria a nivel nacional AlmaSADI en julio del 2026, donde las ofertas redujeron su precio con respecto a Alma GBA y superaron ampliamente a la capacidad licitada, demostrando un interés de actores del sector industrial como ALUAR y de empresas nacionales de energía como GENNEIA, 360 Energy y DQD Energy en invertir en estas tecnologías (Dicósimo, 2025). Otros países de la región también están fomentando las primeras plantas de BESS, o incluso impulsando que los nuevos proyectos de energías renovables, ya tengan integrado un sistema de baterías, en este sentido Chile es referente en la región (Dicósimo, 2025).

Conclusión

A modo de reflexión final, se observan desafíos para los diversos actores. Las empresas productoras de hidrocarburos tienen sus propias agendas y estrategias de transición, los países importadores de combustibles por su parte, en una coyuntura crítica para los mismos, buscan continuar impulsando la transición energética teniendo en cuenta el cuadrilema energético. Mientras que, para Argentina, en su rol de exportador de combustibles (de escala reducida en términos mundiales), debería avanzar en nuevas fases de la transición, sumando almacenamiento mediante baterías, ampliando las redes de alta tensión, explorando nuevos productos como el hidrógeno verde o insumos para las empresas tecnológicas y fomentando en las empresas petroleras locales una transición propia. Tal como se observa en YPF y su subsidiaria YPF Luz. En contrapartida hay que destacar que YPF se desprendió de su participación accionaria en PROFERTIL productora de fertilizantes, (que utiliza gas natural) para focalizarse completamente en la producción de shale oil y shale gas en Vaca Muerta, por lo que quedará por ver que tan sostenible (en varios aspectos) se vuelve esta estrategia en el mediano y largo plazo, ante una eventual caída en la demanda de combustibles fósiles.

Finalmente hay que señalar que la transición energética argentina, no debe descuidar la capacidad técnica-industrial del cuadrilema energético, buscando oportunidades en las que las empresas industriales y energéticas argentinas se inserten como proveedoras de equipos y servicios de mayor valor agregado, en un país que cuenta con amplios recursos naturales renovables y no renovables, y que si bien se encuentra alejada de los centros de consumo, también se encuentra alejada de los centro de conflictos.

Bibliografía:

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[1] Mg en Relaciones Internacionales (IRI-UNLP). Doctorando en Historia (FCH-UNICEN). Coordinador del Departamento de Medio Ambiente y Desarrollo (IRI-UNLP). emilianodicosimo@gmail.com

[2] Las empresas tecnológicas presentan la particularidad de haberse sumado rápidamente a la actual transición energética aun con los vaivenes de la política norteamericana, incluso en 2017 ante la salida del Acuerdo del Paris en la primera presidencia de Donald Trump (2017-2021) se generó el movimiento “We are still in” donde instituciones y firmas como Amazon, Facebook, Google y Apple bregaron por la vuelta al mismo, así como también impulsaron inversiones en energías renovables (Dicósimo, 2021). La nueva presidencia de Donald Trump también implicó el abandonó de la política de fomento a las energías renovables y la electro movilidad en el país instaurada por Joe Biden en la Inflaction Reduction Aact (IRA) y otros programas estatales (Sabbatella, 2026).

[3] Una experiencia pionera a destacar es la del centro de datos submarino abastecido por energía eólica off shore, de la empresa china China Communications Construction. Lo que elimina las necesidades de agua dulce para enfriar los servidores, reduce las necesidades energéticas y territoriales del emprendimiento tecnológico y de manera revolucionaria se abastece mediante energías renovables directamente, sin la necesidad de conectarse a la red eléctrica (Yu, 2026). La colocación de centros de datos submarinos también está siendo explorado también desde hace algunos años por las start up norteamericanas Network Ocean, Subsea Cloud e incluso Microsoft en Escocia donde ha realizado pruebas comprobando la posibilidad real de implementar estos centros de datos (Pareshy Reece, 2024). Estos proyectos pioneros no están exentos de críticas ambientales, por la alteración que producen en la temperatura circundante al área en el que se instalan, pudiendo producir algas y otros organismos.

[4] El cuadrilema energético añade la variable de capacidad técnica-industrial al trilema tradicional impulsado por la Agencia Internacional de Energía (seguridad, equidad y sostenibilidad).

[5] En Argentina, el marco normativo clasifica como energía renovable con convencionales a la energía eólica, solar, biomasa, biogás y los pequeños aprovechamientos hidroeléctricos (PAH), estos últimos con una potencia instalada menor de 50 MW (Ley Nacional N.º 27.191/2015).

[6] Las energías renovables tienen entre sus usos más frecuentes, brindar energía a usuarios aislados de las redes nacionales o provinciales. Al ser una inversión modular, y solo necesitar de recursos naturales abundantes en prácticamente cualquier lugar del planeta para operar.

[7] Los impactos de la restricción en el flujo de hidrocarburos se hicieron sentir también en otras industrias conexas, por ejemplo, en Japón, se observó un faltante de tinta, aplicándose momentáneamente tinta negra a los paquetes de la industria alimenticia (Río Negro, 14 de mayo de 2026).

[8] Entendida como una energía descarbonizada pero no renovable.