Departamento de Asia y el Pacífico
Presentación
Coordinadora: Cecilia Onaha
Secretario: Ezequiel Ramoneda
Coordinadores/as (Centros/Cátedra):
María Francesca Staiano
(Centro de Estudios Chinos, CeChino)
Bárbara Bavoleo
(Centro de Estudios Coreanos, CeCor)
Laura Cea Sugino
(Centro de Estudios Japoneses, CeJ)
Ezequiel Ramoneda
(Centro de Estudios del Sudeste Asiático, CeSEA)Sergio Cesarin
(Cátedra de la India, CI)
Asia y el Pacífico frente a una regionalización más competitiva
Entre julio de 2025 y junio de 2026, Asia y el Pacífico volvió a ocupar un lugar central en las transformaciones del sistema internacional. El dinamismo económico y la capacidad de innovación tecnológica que distinguen a la región convivieron con una competencia estratégica cada vez más intensa. No se trató, sin embargo, de un espacio organizado alrededor de un único principio de orden. En él se superponen las alianzas impulsadas por Estados Unidos y la estrategia del Indo-Pacífico, la gravitación económica y diplomática de China, la centralidad institucional de la ASEAN, la creciente proyección de los BRICS y la continuidad de foros como APEC, la Cumbre de Asia Oriental y el G20.
La rivalidad entre Estados Unidos y China siguió condicionando buena parte de la agenda regional, aunque durante este período adquirió una expresión marcadamente económica y tecnológica. Los aranceles, los controles a las exportaciones, el acceso a semiconductores avanzados, la inteligencia artificial, las tierras raras, la seguridad energética y la reorganización de las cadenas productivas dejaron de ser asuntos exclusivamente comerciales. Pasaron a formar parte de una disputa más amplia por la capacidad de establecer reglas, controlar tecnologías críticas y reducir dependencias estratégicas.
Esta transformación también se manifestó en los mecanismos de cooperación del Indo-Pacífico. El Quad (integrado por Estados Unidos, Japón, India y Australia) mantuvo su atención sobre la seguridad marítima, la conectividad, las infraestructuras críticas y la resiliencia de las cadenas de suministro. Este agrupamiento continuó funcionando como un espacio flexible de coordinación entre cuatro países que comparten preocupaciones frente al ascenso de China, pero que no necesariamente coinciden en todas sus prioridades regionales.
El Sudeste Asiático conservó, en este escenario, una función articuladora, aunque sometida a tensiones cada vez más difíciles de administrar. La ASEAN debió preservar su centralidad mientras enfrentaba simultáneamente la prolongación de la guerra civil en Myanmar, las disputas en el mar de China Meridional y las consecuencias económicas de la crisis de Medio Oriente. La cumbre celebrada en Filipinas en mayo de 2026 mostró con particular claridad esa superposición de desafíos. La interrupción del abastecimiento energético procedente del estrecho de Ormuz obligó al bloque a discutir mecanismos de coordinación petrolera y medidas comunes de seguridad energética, sin que por ello desaparecieran las diferencias internas respecto de Myanmar o de la relación con China.
La cuestión de Myanmar continuó poniendo en evidencia los límites de la diplomacia regional. Cinco años después del golpe de Estado, el Consenso de Cinco Puntos no había producido avances sustantivos, mientras persistían el conflicto armado, el deterioro de las condiciones humanitarias y la fragmentación territorial. La ASEAN sostuvo una posición cautelosa frente a las iniciativas de legitimación política de la junta militar, pero tampoco logró construir una estrategia capaz de modificar el curso de la crisis. Esta dificultad no anuló la relevancia del bloque, aunque sí expuso la distancia existente entre su aspiración de centralidad y su capacidad efectiva para intervenir en los conflictos de sus propios miembros.
India, por su parte, continuó afirmándose como una potencia económica, tecnológica y diplomática con una agenda propia. Su participación en el Quad coexistió con una política exterior orientada a preservar márgenes de autonomía y a diversificar sus asociaciones con Japón, los países del Golfo, el Sudeste Asiático y los miembros de los BRICS. Esta conducta resulta representativa de una tendencia más amplia: en una región atravesada por la competencia entre las grandes potencias, la mayoría de los Estados evitó los alineamientos rígidos y procuró multiplicar sus vínculos. La ampliación de los BRICS y la expansión de los mecanismos de cooperación minilateral pueden leerse, precisamente, como expresiones de esa búsqueda de flexibilidad en un orden internacional cada vez más fragmentado.
Argentina y Asia: vínculos diferenciados en un escenario de restricciones
Para la Argentina, los vínculos con Asia continuaron desarrollándose de manera desigual según los países y los sectores involucrados, particularmente en materia de comercio, inversiones y provisión de tecnología y bienes industriales. Esa heterogeneidad obliga a evitar una mirada uniforme de la región y a distinguir las oportunidades económicas de las restricciones políticas, financieras y regulatorias presentes en cada relación bilateral.
El vínculo con China volvió a mostrar con especial claridad esa combinación de oportunidades y vulnerabilidades. Durante 2025 crecieron las exportaciones argentinas de porotos de soja, carne bovina, minerales de plata, calamares y carbonato de litio hacia el mercado chino. Al mismo tiempo, China mantuvo una participación decisiva como origen de las importaciones argentinas, especialmente en bienes industriales, componentes electrónicos y equipos de telecomunicaciones. El resultado fue una relación profundamente interdependiente, pero atravesada por un desequilibrio comercial persistente.
A comienzos de 2026, la introducción por parte de China de cupos para las importaciones de carne vacuna y de un arancel adicional del 55 % para los envíos que excedieran esos límites agregó un nuevo elemento de incertidumbre. En el caso argentino, el cupo fijado para 2026 quedó por debajo del volumen exportado durante el año anterior. La medida mostró que la complementariedad comercial no elimina la posibilidad de decisiones defensivas destinadas a proteger sectores productivos internos.
Estas restricciones coincidieron con la voluntad de Beijing de renovar su estrategia hacia América Latina y el Caribe y de ampliar la cooperación en comercio, infraestructura, transición energética, tecnología y gobernanza global. Para la Argentina, esa coexistencia entre una agenda política expansiva y mayores mecanismos de protección comercial exigió administrar el vínculo con pragmatismo, particularmente en un contexto de mayor acercamiento político con Estados Unidos.
Con India, el período dejó señales de una aproximación más sostenida. La visita del primer ministro Narendra Modi a Buenos Aires en julio de 2025 otorgó mayor visibilidad política a una relación que venía creciendo por el peso del comercio agroindustrial y energético. Los compromisos asumidos abarcaron comercio, defensa, cooperación espacial, salud, tecnología y minerales críticos. También expresaron un interés compartido por diversificar los vínculos económicos y reducir la concentración en un número limitado de mercados.
La relación con Japón avanzó por un cauce predominantemente institucional. En diciembre de 2025, el MERCOSUR y Japón establecieron un marco de asociación estratégica, seguido por reuniones técnicas destinadas a identificar áreas de cooperación en comercio, inversiones, cadenas de suministro, economía digital, seguridad alimentaria y transición energética. Finalmente, el 30 de junio de 2026 ambas partes anunciaron el inicio de negociaciones para un acuerdo de asociación económica. De concretarse, el entendimiento vincularía un mercado de aproximadamente 400 millones de personas y ampliaría las posibilidades de inserción del MERCOSUR en las cadenas de valor asiáticas.
Corea del Sur también ofreció posibilidades que todavía no han sido plenamente aprovechadas. Las complementariedades en materia de industria satelital, economía del conocimiento, biotecnología, transición energética, tecnología agroindustrial y minerales críticos brindan una base concreta para profundizar la relación. A ello se suma una circulación cultural cada vez más intensa, que ha contribuido a ampliar el interés por Corea más allá de los ámbitos diplomáticos y comerciales tradicionales.
En conjunto, estos vínculos muestran que la relación argentina con Asia no responde a una trayectoria única. China representa una interdependencia estructural difícil de sustituir; India ofrece un espacio de expansión comercial y cooperación tecnológica; Japón aporta institucionalidad, financiamiento y posibilidades de inserción productiva; y Corea del Sur reúne complementariedades científico-tecnológicas que todavía requieren una estrategia más sostenida. El principal desafío consiste, por lo tanto, en transformar esa diversidad de relaciones en una política de largo plazo, capaz de reconocer las particularidades de cada socio sin perder una mirada regional.
En este contexto, los centros y la cátedra que integran el Departamento de Asia y el Pacífico continuaron desempeñando una función académica fundamental. A través de sus actividades de investigación, enseñanza, extensión y cooperación internacional, contribuyeron a interpretar una región cuya relevancia excede ampliamente los intercambios comerciales. Con esta introducción se presentan los aportes correspondientes al período comprendido entre julio de 2025 y junio de 2026.
Cecilia Onaha
Coordinadora
